miércoles, 8 de noviembre de 2006

"No" me dijo, con la mirada más firme que le he conocido.
"No" me volvió a decir, cruzado de brazos y apretado contra un rincón del auto.
No me estaba retando ni intentaba demostrarme alguna clase de rebeldía. Simplemente, por primera vez, se sostuvo en su posición para decirme que ya no era un bebé y que era capaz de comenzar a tomar ciertas decisiones por sí mismo y afrontar sus consecuencias.

William y yo ya teníamos algunos días enfrentándonos. Eran luchas en las que, en muchas ocasiones, él tenía la razón. Me ha sido difícil aceptar estos errores, no por orgullo, sino por no querer aceptar que los niños en algún momento dejan de ser niños.
El gran problema es que los adultos seguimos siendo adultos.

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