jueves, 16 de noviembre de 2006

Corría el año del 84.
Yo estaba de vacaciones y mi madre decidió deshacerse de mí.
Me mandó a un curso de gimnasia. Yo tenía ocho años y en mi vida me habían llamado la atención las acrobacias, saltos, giros y piruetas, que a veces, y por error, llegaba a ver en la televisión.
Pero fue la forma más sencilla de deshacerse de mí, ya que entonces teníamos por vecina a Ana Gregorievna Kovalenkova, gimnasta olímpica, mejor conocida como "Ana la rusa". Así que mi madre pensó enviarme con ella cada mañana al lugar donde estaba impartiendo un curso. Funcionó para ella los primeros tres días. No para mí, que la pasé improvisando saltos de gacela y giros sin gracia. Al cuarto día, Ana olvidó que me había llevado. Y peor aún, olvidó que había que regresarme. Una niña grande, de ¡once años! ofreció llevarme al lugar donde trabajaba su hermana y de ahí hablarle a mis papás (si mis hijos llegaran a saber que fui llevada por una extraña a un lugar desconocido...). En la tienda de la hermana, resolvimos el problema, sin embargo mi madre decidió que la gimnasia no era para mí, al menos hasta que ella tuviera un auto con el cual llevarme al curso. Yo respiré aliviada y seguí disfrutando de mis vacaciones.
¿A qué venía esto? Nada. Sólo comentar los cuatro días más bochornosos de mi infancia y relacionarlo con algo que me pasó esta mañana.
Pero antes...
Ana la rusa estaba casada con un mexicano de apellido Vilchis. Y tenían una nena muy bonita llamada Jessica. En esa época ella tendría unos cuatro años. El Sr. Vilchis por las tardes daba clases de aerobics para las gordas de la colonia. Yo acompañaba a mi madre y me iba a jugar con Jessica. Otras veces la dejaban en casa y a mí madre le encantaba platicar con ella o verla hacer piruetas de gimnastita. Era muy buena. Desenvuelta, desenvuelta la niña. A mí madre le caía mucho en gracia como Ana se exasperaba con Jessica porque Jessica no quería hablar una palabra en ruso. Se lamentaba pensando en la futura visita de la abuela desde... desde.. una de esas repúblicas que se independizaron...y que Jessica no pudiera hablar con su abuela. Mi madre le decía que no se preocupara, claro, nosotros sabíamos muy bien que Jessica hablaba el ruso fluidito, en casa lo hacía cada vez que se lo pedíamos.
Y sí, la abuela llegó (con un joyero y unas matrushkas para mi mamá, por cierto) y ante el impacto de Ana y su esposo, Jessica sólo habló en ruso.
Era una niña simpática. Nos pudo que tuvieran que irse a vivir a Chicago tiempo después.
Pero a qué íbamos...
¡Ah!
Hoy no fui a trabajar. La Shelle se las arregló para contagiarme vía messenger. Y mientras deliraba de frío en mi cama, vi The Break up . Me quedé dormida y desperté en los créditos, justo cuando pasaban por la pantalla todos los extras. Alcancé a leer Hot girl-Jessica Vilchis.
Mmm. Me dejó pensando. ¿Cuántas Jessicas Vilchis de veintitantos años, morenas, puede haber en Chicago (donde se desarrolla la película)?
Google lo arregla todo.
Esto fue lo que encontré:
Ahora, si no alcanzan a leer, traduzco:
Perfil personal: Jessica es una gimnasta y clavadista de alto nivel. Disfruta bailar y patinar. También habla español.
¿Será la misma Jessica?
Sería lindo saberlo. Pero me conformo con la sensación de imaginar que está bien y sigue haciendo de las suyas con su encanto.

1 comentario:

VILCHIS dijo...

Si lo es!! jajaja Es mi prima, aunque no la conozco en persona, solo a mis tíos "Vilchis" y "Ana la Rusa".