domingo, 6 de enero de 2019

Propósitos

Empecé a pensar en propósitos de año nuevo hace dos días. Para mí el nuevo año empieza hasta como la segunda semana. La primera es un soberano desperdicio. El peor momento para iniciar algo nuevo y positivo. Apenas andamos reajustándonos a la chamba, muy probablemente con los estragos de fin de año (durísimos y con evidencia en video que me niego a ver) y bajo esas condiciones, todo propósito está condenado al fracaso.

De la lista que armé, hice cuatro categorías: salud, trabajo, medioambiente y familia (el dinero ha quedado fuera de mis categorías desde hace un par de años porque estoy condenada al fracaso).
De salud, pretendo tomar más agua, consumir menos azúcar y tratar de que la elíptica no tenga toallas colgadas encimas. 
De trabajo, tratar de concentrarme más y dejar de pensar tantas pendejadas inútiles para concentrarme en pendejadas prácticas. 
En medioambiente, hay mucho que quiero hacer pero siempre se me atraviesa el confort cuando empiezo a hacer algo. Pero puedo comenzar con las bolsitas de las verduras para el súper, el uso de agua fría exclusivamente para lavar, meter más cuerdas para secado de ropa y así usar menos la secadora, baños más cortos, menos compras innecesarias (el fracaso el ámbito económico me puede ayudar con eso) y bueno, de esa categoría hay mucho de dónde elegir pero quiero empezar con poco. 
Y de la categoría familiar, más que propósitos, tengo un par de ideas para involucrar a los hijos.
Dejé además, un par de ideas sueltas que podrían quedar en la categoría de salud supongo o una categoría nueva que se llame Autocuidado. 
Noté durante el año, que requiero un escape. No del estrés ni desahogo emocional. Estoy bien por ahí. Más bien un escape creativo. La escuela y el trabajo me han secado.
Solía escribir mucho. Tengo guardados cuentos, poemas. Me gustaba tocar la guitarra y aunque todavía lo hago de vez en nunca, me he estado sintiendo atraída a la idea de trabajar con cerámica. Todo por culpa de Pinterest. 
Probablemente no empiece con la cerámica este año pero me gustaría empezar por ir a alguna clase y ver qué saco de eso.
Este año no pensé en nada para la casa. Se lo dejé a los propósitos de Fefé. 
En el súper, ya empezaron a promocionar, aparte de la ropa deportiva, todo tipo de de enseres para organizar la casa. Al parecer son dos de las principales preocupaciones de la gente al iniciar el año.
Hasta Netflix lo consideró en los programa de inicio de año con el show de Marie Kondo.




Ayer comenzamos a verla. Descubrí que me gustan estos programas porque me gusta juzgar a la gente en silencio. ¡Nah! Ni tan en silencio. Veo la tele con Fefé lo que me permite quejarme en voz alta del consumismo y de la desequilibrada distribución del trabajo doméstico. Además el programa nos enseñó un método de doblado de ropa que permite usar mejor el espacio y por alguna razón, resulta terapéutico. Ayer mismo, después de dos episodios, ordené mi ropa.¡Me quedaron dos cajones libres! No sé qué hacer con ellos, si convertirlos en camas para los gatos o guardar los libros que tengo regados.
Esto viene a cuento porque voy a incluir otra línea en mis propósitos: ordenar mi cuarto. Bueno, el clóset. Bueno, no. Nomás mi ropa. Y habiendo hecho eso, QUE YA HICE, voy a agarrar mi sharpie rojo y sobre la línea dibujaré una hermosa palomita y me daré por satisfecha porque cumplí con uno de mis propósitos de año nuevo, lo cual hace este año el más exitoso en materia de cumplimiento de las últimas tres décadas ¿y a quién le importan los demás propósitos si ya cumplí con uno?

2020.
Estoy lista.

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