sábado, 10 de marzo de 2012

Qué hermosura

Les presento a Bonitasaura salgadoi.
No sólo ella es mona, su nombre también es monísimo.
Y mientras leía un artículo sobre ella, no pude evitar pensar en cómo sería la vida, el universo y todo lo demás, si los paleontólogos dejaran de jalársela y ponerles nombres tan extraños a los dinosaurios.
Para empezar, probablemente de niña me habrían llamado la atención los dinosaurios. Con nombres como Bonitasaura, claro que me habrían llamado la atención. O qué tal Rastafasaura, lagarta herbívora muy buena onda  o Bataclasaura, lagarta lagartona (científic@s del mundo, ese nombre ya está apartado). Y seguramente la ciencia no me habría parecido esa cosa tan lejana que siempre me pareció.
Por otra parte, estoy absolutamente convencida que con nombres agradables, los dinosaurios no se habrían extinguido.
Imagínense la escena:
- Hola, mi nombre es Masiakasaurus knofleri.
- ¿Cómo?
- Masiakasaurus kno...
- ¡Jajajajajaja!
Y ya de ahí no soltaron al pobre Masiakasaurus, le pusieron de sobrenombre Maraca y comenzaron a burlarse de él diciendo que se hacía él solo la maraca, lo que llevó eventualmente a su aislamiento y con el tiempo a la extinción.
Porque el bullying es la causa de la extinción de los dinosaurios, por si no lo sabían.
Y los nombres de los dinosaurios, la causa de la extinción de los científicos.

Pensaba esta mañana sobre esto y una nota que leí hace unos días en un periódico local.
La nota era sobre una maestra de una escuela a la que los padres de familia acusaban de maltrato psicológico a los estudiantes.
Mi reacción normal habría sido: Psss... ni aguantan nada... si hubieran conocido a la maestra de laboratorio que tuve en la secundaria...
Ésa habría sido mi reacción, si no hubiera sido porque la maestra acusada era mi maestra de laboratorio de la secundaria.
Vi la foto e inmediatamente recordé el pánico que me invadía cuando teníamos que ir al laboratorio.
Nuestra maestra de naturales era una mujer muy estricta, le llamaban cariñosamente La Hitler. Pero el día que le tocaba llevarnos al laboratorio y ver a la maestra encargada, se volvía mamá gallina, protegiendo a sus pollitos. Hasta queríamos a La Hitler en esos momentos.
El estilo de la laboratorista no era estricto. Era cabrón.
Más allá de pegar chicles en el cabello o mandarnos a lavar la cara si veía el mínimo rastro de rubor en las mejillas de las niñas -no sin antes sermonearnos sobre la zorrez- era el lenguaje que utilizaba. Era humillante. Era cruel.
No nos traumó ni mis compañeros tuvieron que ir con el psicólogo, que yo sepa.
Pero hay algo más grave al respecto.
Era tanto mi rechazo a ir al laboratorio, que el mismo aroma del lugar me producía dolor de cabeza. Rechacé todo lo que tuviera que ver con física o con química, por la aversión que desarrollé al lugar y a las palabras de esta mujer cuando algo nos fallaba en un experimento.
Ya en el bachillerato mejoró un poco la cuestión. Mi maestra de física era una mujer maravillosa: era disciplinada y exigente, y también con un sentido humano excepcional. Mi maestro de química era un hombre chaparrito, de apariencia tímida por su voz de volumen bajo, pero con una capacidad enorme para la enseñanza. Una vez me sacó del salón por estarme riendo. Y hasta eso lo hizo con un tacto... no nos avergonzó frente al grupo. Simplemente pasó a nuestro lado y en un murmullo nos dijo: cuando terminen la actividad, quiero que salgan del salón. Nadie se enteró que habíamos sido expulsados del aula. Al terminar la clase nos disculpamos hechos un mar de lágrimas por haberle ocasionado al profesor la molestia.
Con todo, el daño estaba hecho y yo ya había decidido que mi vida sería encauzada a los estudios humanísticos.
Le di oportunidad el último año de bachillerato al cálculo. Dije, por si me arrepiento y termino entrando a una ingeniería.
Mi maestro de matemáticas era un tipazo. A veces al borde de la desesperación, comenzaba a recitar: Pájaros azules, pájaros bermejos, entre más grandotes, más..." a lo que nosotros respondíamos con una sonrisa y más ecuaciones. Otra de sus palabras favoritas era "tortas". Éramos unas tortas. Pero sábado tras sábado estaba en la escuela para quien necesitara apoyo extra, tratando de destortearnos.

Mientras más pensaba en la nota, más recordaba todo esto.
Fui muy afortunada. Tuve excelentes maestros y maestras. Todos los estudiantes merecen tener gente como la que yo tuve en las áreas. Nadie se merece apodos o chistes crueles sobre su persona cuando está en la secundaria. Y más allá del daño a la autoestima que pueda hacerse a un adolescente, está lo otro.
El rol de la laboratorista era muy importante. En sus manos recayó que más estudiantes se hubieran sentido atraídos a sus enseñanzas, a no temerle a la ciencia, a saber que se puede fallar y en el fallo y el intento, la experimentación y la observación parten los nuevos conocimientos.

Pienso en William y en su clase de física y cómo discute con Fefé sobre las moléculas, sobre las propiedades de la materia, sobre el tiempo, sobre la luz, sobre la relatividad, sobre tantas cosas que su maestro le ha motivado a investigar.
Pienso en Harry y en cómo desea estudiar Historia, y ser un investigador, y ser después un gran maestro de Historia. Tiene una excelente maestra, claro.

No sé qué vaya a pasar con el reclamo de los padres de familia sobre la maestra del laboratorio. Hay quien lo juzga como algo exagerado. Yo no.
Ni como la alumna que fui, ni como la madre que soy ni como la maestra que alguna vez también fui.
Que se trate de una escuela pública no significa que el alumnado tenga que quedarse callado y que las madres y padres tengan que aguantarlo.

Mejor me retiro a seguirme carcajeando con los nombres de los dinousaurios, porque pensar en todo esto la verdad me encabrona.

Bambiraptor.
¡JAJAJAJAJAJAJAJA!

* * * * *
Una notita sobre jóvenes científicos que me acabo de encontrar.





4 comentarios:

jimeneydas dijo...

Todos tuvimos un maestro así, por eso tuvo tanto éxito el personaje de Dolores Umbridge en Haay Potter 5, al parecer es un arquetipo universal, jeje

Ministry of Silly Walks dijo...

No faltan, no faltan.

Brenda dijo...

Tuve varios así, pero en particular un profesor en la Universidad una vez nos dijo: "Ahora se quejan, pero un día me lo agradecerán" Se refería, claro, a lo estricto que era. Como dices, no es lo mismo estricto que cabrón. Y sí influyen mucho en el camino que tomará cada alumno. Hay algunos que abusan de su poder. Muchos lamentablemente, pero no todos.
Me gustan mucho los dinosaurios, jejeje.

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