viernes, 20 de julio de 2007

Memorias de mis gordas felices

No diré cómo ni por cuáles medios pero aquí su servilleta ya tiene dos puntotes para el concurso. Y como soy un alma alegre, me dispuse a celebrar con L mi triunfo personal.
Nos dispusimos a ir a un antro (era con el fin de buscar más puntos, pero es mal inicio decidir el antro por el chamorro que ahí sirven), llegamos a dicho lugar y nos asustamos.
No somos chicas de fácil asombro, pero... qué degenere: todas las niñas iban en mini shorts!
Contra eso, cómo competir.
Dejamos el lugar un tanto decepcionadas. Luego fue todavía mayor la decepción cuando no nos dejaron entrar a un lugar cercano. Ya no tenemos edad para estar soportando que el estúpido de la puerta decida quién entra y quién no. Ni cuando era joven y buena moza.
Seguimos nuestro camino hacia otro lugar donde seguramente encontraríamos menos competencia. Y así fue, pero las bebidas del antro anterior comenzaban a ocasionar estragos en nuestros ya consumidos cuerpos y no fuimos capaces de reaccionar ante la testosterona que inundaba el ambiente.
Ya con el alma por los suelos, y resueltas a digerir unos dogos, salimos de ahí, tomamos el auto y enfilamos hacia los dogos, no sin antes meternos en sentido contrario por el periférico. Pero oh espíritus... las cosas siempre pasan por algo, y ese algo fue que los de la camioneta de enseguida, que no eran feos, hicieron un par de comentarios con respecto a nuestro estado de embriaguez (y como dice uno de los personajes de Virgen a los cuarenta, está en el ADN masculino perseguir drunk bitches) los pasajeros de la camioneta comenzaron a coquetear con L. Yo fui testigo, yo asumo las responsabilidades que de ahí se generen, pero L ya tiene dos puntotes a su favor.
La noche terminó con los dogos y las reflexiones que siempre surgen de estas salidas: dónde chingados están nuestros contemporáneos?.
Nunca lo sabremos.
Por otra parte, en una reunión posterior y para ponernos al día de los avances, resultó que a R ya ni le estamos contando los puntos. Ahora es su carpintero. Le manda flores, le regala cosas, le manda mensajes. La ama.
Cómo luchar contra eso?
Mini shorts? Nunca.

Acabo de recordar algo que sucedió en uno de los antros.
Entré al baño y me encontré una escena muy típica a esas horas de la noche.
Estaba una chica junto al retrete devolviendo todos sus dentros.
- Qué tienes, weeeeey?
- No sé, creo que algo me hizo daño.
Já! Já!
Yo he estado ahí. Todos sabemos que te hizo daño, tarada.
Pero me hizo reflexionar sobre algo (yo siempre encuentro momentos adecuados para reflexionar): las mujeres seremos muy competitivas, pero hay situaciones que hacen externar nuestra solidaridad.
Recuerdo una escena similar, hace ya bastantes añitos, en el baño de un antro. No diré quién, pero ahí estaba, devolviendo la "pizza contaminada" que se había echado horas antes.
Yo ya nomás esperaba, mientras me consumía una cajetilla de cigarros que ni siquiera sabía fumar. Entonces comenzaron a entrar chicas al baño.
- Orales... quieres que te traiga un agua mineral?
- No -decía otra- agua mineral no, mejor una soda de toronja.
- No -intervenía una más- mejor déjenla que devuelva todo y luego un vaso con agua y limón.
Yo nomás escuchaba pensando que la mejor hora de esa noche la estaba pasando encerrada en el baño, en un despliegue de mi propia solidaridad.

Sí, las mujeres podemos ser muy solidarias, aunque afuera del baño, nos miremos con odio y/o indiferencia.

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