sábado, 19 de mayo de 2007

Soy una mamá de ésas

como todas las demás.

El coito, la fecundación, la gestación, el parto, dolores más, dolores menos, han sido iguales por los últimos no-tengo-la-menor-idea-de-cuanto-tiempo-tenemos-como-especie-sobre-la-tierrallones de años.
¿Por qué habría de ser distinto el ejercicio de la maternidad?

He sabido sortear algunas dificultades maternales. He podido manejar algunos aspectos de disciplina de mis hijos y de la mía también. Hay cosas que me siguen fallando. Por ejemplo, Harry tiene siete años de su vida viajando en automóvil, o sea 84 meses, es decir, aproximadamente 2520 días. Y todavía cada mañana debo decirle que se abroche el cinturón.
Las broncas de autoestima de William, las distracciones-desobediencias de Harry, son situaciones para las que, aunque ni Fefé ni yo tenemos una fórmula perfecta para solucionarlas, las hemos podido manejar.
Pero hay otras que requieren de una concentrada atención mía, de un esfuerzo que me es agotador y desalentador a la vez, de la existencia de un gen que tal vez no poseo y me frustra porque... como ya dije... ¿no ha sido la maternidad lo mismo todos estos siglos? Entonces... ¿por qué soy incapaz de ejercer debidamente mi rol de madre-diseñadora-planeadora-de-eventos?

Esta mañana William hizo su Primera Comunión.
Estuve al pendiente de todo: juntas, pagos, túnicas, retiros, padrinos... sólo me faltó un detalle, y al parecer muy importante en estos casos: los recuerditos de la primera comunión.

Ayer a las 17:00 hrs. me hallé con la mente en blanco frente a una dependiente de mercería. Cuando al fin atiné a hablar sólo pude balbucear "psmera mmmnión". La señorita ya debe tener experiencia en casos como el mío, así que sacó su kit de muestras de Recuerditos, eligió un par por mí y ante mi indecisión, me surtió de material para ambos.

He aquí:

Aunque terminé con los dedos llenos de pegamento, llagados por el silicón caliente y medio drogada por efecto de un adhesivo que curiosamente se llama Cristal, no puedo decir que haya yo quedado insatisfecha con el resultado.

Supongo que es cuestión de práctica. También debo relacionarme con más madres que sepan de estas cosas y me transmitan sus conocimientos, a falta del gen de las manualidades.

No me frustraré más. La Primera Comunión estuvo bellísima, mi hijo lucía hermoso en su túnica blanca y a pesar de lo que pienso que pienso y lo que creo creer, fue muy emotivo ver a William en la iglesia. Y un gran motivo de orgullo para Fefé y para mí.

Tengo un año para planear los recuerditos de Harry. Y entonces, van a ver, qué recuerditos ni qué recuerditos... Seré la envidia de todas las madres.

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