miércoles, 29 de noviembre de 2006

Y de Robert Altman ¿nadie se acuerda?

Cuando estas cosas suceden, siempre me duele un poquito, sobre todo porque tenía tres días viendo la película A prairie home companion, sin saber que fue su última película y que él ya había fallecido.

sábado, 25 de noviembre de 2006

Dice Harry que ya huele a navidad. La verdad es que huele a calentón encendido.
Y no de los españoles, por aquéllo de que nuestra casa se decida a explotar como pasó aquí cerquitas. (Ahora la inmobiliaria se hace publicidad a costa del accidente: Con nuestros nuevos materiales, si se te cae la casa encima, ¡no te mueres!)

También huele a navidad en las reuniones. Vamos a hacer un intercambio escucho por todos lados. Y me doy cuenta que aún siendo lo antisocial que soy, pertenezco a grupúsculos sociales varios. Eso significa gastar más dinero en intercambios. Por eso me encanta el grupo (Y).
- Hay que hacer un intercambio.
- ¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja!
(Al unísono por parte de los otros cuatro integrantes del grupo)

Conforme se acerca diciembre sólo puedo pensar en partidos de fútbol, conciertos de navidad y recitales de música. Pero terminandito... ¡ja! el día 27 de diciembre nos pelamos. Lista la ruta Chih-Mty-La Habana-Mty-Chih. Por cierto ¿Ya vieron los precios de la aerolínea Viva Aerobus? Bara, bara... creo que sus aviones se impulsan por fuerzas ajenas a las conocidas. No regalan cacahuates. No hay aeromozas. No tienen boletos. Posiblemente los aviones tampoco tengan turbinas. Pero nos prometieron que de que llegamos, llegamos.


Hoy vi un señor muy gordo con unas nalgas enormes.
Raro, muy raro.

William quiere un teclado (no de computadora), un globo terráqueo y un reproductor de mp3 en navidad.
Harry quiere un karaoke, una bicicleta y un reproductor de mp3.
Yo nomás quiero que se me quite esta pinche tos que me tiene hasta la madre.
Y también que avisen si se vuelve a presentar Astrid Hadad en esta ciudad (o sea, nunca).

Y no hay más.

sábado, 18 de noviembre de 2006

Después de profundas reflexiones, Harry me comunicó su más reciente teoría:
- Los niños feos, cuando crecen se vuelven bonitos. Los niños bonitos, cuando crecen se ponen feos.
- Y tú ¿cómo vas a ser cuando seas grande? -le cuestioné.
- (suspiro) ... feo.

Aquí debí haber aprovechado la ocasión para hablar sobre la futilidad de la belleza, sobre la importancia del espíritu, sobre la emoción, el valor y el sentimiento... pero me ganó la risa.

jueves, 16 de noviembre de 2006

Corría el año del 84.
Yo estaba de vacaciones y mi madre decidió deshacerse de mí.
Me mandó a un curso de gimnasia. Yo tenía ocho años y en mi vida me habían llamado la atención las acrobacias, saltos, giros y piruetas, que a veces, y por error, llegaba a ver en la televisión.
Pero fue la forma más sencilla de deshacerse de mí, ya que entonces teníamos por vecina a Ana Gregorievna Kovalenkova, gimnasta olímpica, mejor conocida como "Ana la rusa". Así que mi madre pensó enviarme con ella cada mañana al lugar donde estaba impartiendo un curso. Funcionó para ella los primeros tres días. No para mí, que la pasé improvisando saltos de gacela y giros sin gracia. Al cuarto día, Ana olvidó que me había llevado. Y peor aún, olvidó que había que regresarme. Una niña grande, de ¡once años! ofreció llevarme al lugar donde trabajaba su hermana y de ahí hablarle a mis papás (si mis hijos llegaran a saber que fui llevada por una extraña a un lugar desconocido...). En la tienda de la hermana, resolvimos el problema, sin embargo mi madre decidió que la gimnasia no era para mí, al menos hasta que ella tuviera un auto con el cual llevarme al curso. Yo respiré aliviada y seguí disfrutando de mis vacaciones.
¿A qué venía esto? Nada. Sólo comentar los cuatro días más bochornosos de mi infancia y relacionarlo con algo que me pasó esta mañana.
Pero antes...
Ana la rusa estaba casada con un mexicano de apellido Vilchis. Y tenían una nena muy bonita llamada Jessica. En esa época ella tendría unos cuatro años. El Sr. Vilchis por las tardes daba clases de aerobics para las gordas de la colonia. Yo acompañaba a mi madre y me iba a jugar con Jessica. Otras veces la dejaban en casa y a mí madre le encantaba platicar con ella o verla hacer piruetas de gimnastita. Era muy buena. Desenvuelta, desenvuelta la niña. A mí madre le caía mucho en gracia como Ana se exasperaba con Jessica porque Jessica no quería hablar una palabra en ruso. Se lamentaba pensando en la futura visita de la abuela desde... desde.. una de esas repúblicas que se independizaron...y que Jessica no pudiera hablar con su abuela. Mi madre le decía que no se preocupara, claro, nosotros sabíamos muy bien que Jessica hablaba el ruso fluidito, en casa lo hacía cada vez que se lo pedíamos.
Y sí, la abuela llegó (con un joyero y unas matrushkas para mi mamá, por cierto) y ante el impacto de Ana y su esposo, Jessica sólo habló en ruso.
Era una niña simpática. Nos pudo que tuvieran que irse a vivir a Chicago tiempo después.
Pero a qué íbamos...
¡Ah!
Hoy no fui a trabajar. La Shelle se las arregló para contagiarme vía messenger. Y mientras deliraba de frío en mi cama, vi The Break up . Me quedé dormida y desperté en los créditos, justo cuando pasaban por la pantalla todos los extras. Alcancé a leer Hot girl-Jessica Vilchis.
Mmm. Me dejó pensando. ¿Cuántas Jessicas Vilchis de veintitantos años, morenas, puede haber en Chicago (donde se desarrolla la película)?
Google lo arregla todo.
Esto fue lo que encontré:
Ahora, si no alcanzan a leer, traduzco:
Perfil personal: Jessica es una gimnasta y clavadista de alto nivel. Disfruta bailar y patinar. También habla español.
¿Será la misma Jessica?
Sería lindo saberlo. Pero me conformo con la sensación de imaginar que está bien y sigue haciendo de las suyas con su encanto.

lunes, 13 de noviembre de 2006

Una amiga se iba a casar hace un año. Tenían todo listo para la fiesta, la misa. Entonces a él le diagnosticaron cáncer. Ella lo apoyó y estuvo con él. Él le dijo que la boda se cancelaba, que no quería verla sufrir junto a él. Ella dijo que juntos lo superarían. Él no lo admitió.
Él acaba de morir. A ella le informaron entre una lluvia de reclamos injustos. Estaba desolada. Quería asistir al funeral, pero también tenía miedo. Finalmente decidió ir. Iba bien acompañada. La recibieron con abrazos. Pudo llorar su pena. Es muy grande. Sin embargo, ahí, entre quienes le reclamaban su ausencia, se sintió liberada.

Hoy no tengo moraleja.

viernes, 10 de noviembre de 2006

Charla motivacional de la semana

- Muchachos, sean coherentes. No es posible que cuando me preguntan por su grupo yo diga que son maravillosos, respetuosos y responsables, y me dé cuenta que en las otras clases, todas las maestras se quejan de ustedes.
- Es que las demás maestras están bien feas.
(A punto de soltarle un sopapo, un chico a mi derecha dice "Maestra, viniendo de B., eso es un halago." B se queda un momento pensativo y prosigue.)
- Pero... la de inglés está pero bien fea y la respetamos... Mmmm... entonces eso no es. Déjeme lo pienso un poco más.

¡Ahhhh...! las delicias de la docencia.

miércoles, 8 de noviembre de 2006

"No" me dijo, con la mirada más firme que le he conocido.
"No" me volvió a decir, cruzado de brazos y apretado contra un rincón del auto.
No me estaba retando ni intentaba demostrarme alguna clase de rebeldía. Simplemente, por primera vez, se sostuvo en su posición para decirme que ya no era un bebé y que era capaz de comenzar a tomar ciertas decisiones por sí mismo y afrontar sus consecuencias.

William y yo ya teníamos algunos días enfrentándonos. Eran luchas en las que, en muchas ocasiones, él tenía la razón. Me ha sido difícil aceptar estos errores, no por orgullo, sino por no querer aceptar que los niños en algún momento dejan de ser niños.
El gran problema es que los adultos seguimos siendo adultos.

domingo, 5 de noviembre de 2006

Me vale.
Yo no voy a estar jugando que con el frente frío y que la onda cálida y que la chingada.
Yo ya guardé la ropa de verano.
Y si mañana está a 25 grados como hoy, yo de todos modos me voy a poner mi cuello de tortuga.
He dicho.

jueves, 2 de noviembre de 2006

¡Aquí estoy!

Me siento toda oxidada.
Nomás para calentar y acostumbrarme nuevamente a la búsqueda de información trivial e inútil a la que suelo dedicarme en la red, les dejo estos datos.

Esta niña aquí, es Kitty Pride. Ahí está la X en el cuello de la chamarra.
Usualmente soy buenísima para eso de grabarme las caras y ver otra película y decir: A ese güey yo lo vi en...
Pero estoy envejeciendo.














La semana pasada vi Hard Candy y me impactó el personaje de Hayley. Y hasta me dije: Yo quiero el cabello así, o sea, así de fuerte fue el impacto.



Y esta mañana, viendo de nuevo X-Men, me di cuenta que ambas eran Ellen Page.

Mundo, puedes seguir dando vueltas.
Gente, pueden seguir con sus vidas.