martes, 22 de agosto de 2006

Dejé mi bolsa olvidada en casa de una amiga, ayer. No me preocupó porque sabía dónde estaba. Por la noche la fui a recoger. Antes de dormir efectué el cambio de bolsas. Los martes toca azul. Me puse a sacar madriola por madriola (en palabras de mi sobrina) para trasladarlas de la bolsa blanca y de repente comencé a sentir comezón por todo el cuerpo. Mis cosas-madriolas estuvieron durante cinco horas en una casa ajena. Cosas, cosas... a saber:
* Mi biblio-cuaderno, donde guardo servilletas de todas las pelangochijuntas.
* Mi agenda, donde además de fotos y direcciones, guardo retazos de ideas, libros leídos y por leer, datos de deudas y abonos y alguna que otra idea original para hacerme millonaria.
* Mi cartera. Sólo tarjetas, nada de efectivo. Bueno, los cinco pesos que siempre terminan sacándome de apuros.
* Dos o tres labiales para el retoque del día, que nunca recuerdo usar.
* Una pluma que no sirve.
* Mis lentes que traigo de adorno, uso cuando me acuerdo y necesito con urgencia cuando están descuadrados.
* Unos aretes que no hallaba hacía un mes.
* Una cajetilla de cigarros vacía. Las colecciono. Un día valdrán una fortuna.
* Tres encendedores robados... ejem... tomados por descuido.
* Y enseres varios para el uso personal y privado.
Qué descuido.
Mis intimidades regadas por ahí, en cualquier parte.
Luego recordé que tengo un blog y pude dormir.

* * * * *
Noticias del imperio
Primer día de clases y William tuvo una llamada de atención por platicar sin pausa dentro del salón.
Segundo día de clases. William tiene que escribir cien veces "Debo guardar silencio en el salón."
Y Harry, para sorpresa de propios y extraños, lleva por dos días una conducta intachable.

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