domingo, 6 de febrero de 2005

Platicaba que en ocasiones me desespero por no tener nada nuevo que leer. Me gustan las relecturas pero tengo libros que van por la quinta o sexta lectura y siento la necesidad de encontrarme con letras nuevas, metáforas diferentes, significados no viciados por mis lecturas anteriores.
Curiosamente esta semana se me juntaron algunos libros. Además de los que ya había comentado, mi jefe me llevó un par de textos de teatro: uno de García Lorca y otro de Wilde.
Tres días la pasé con una deliciosa sensación en la boca del estómago, viendo los libros sobre mi escritorio, ansiando degustar cada palabra, deseando el momento de estar a solas y encontrar el silencio para tomar uno al azar y comenzar a leer sin tiempo siquiera para tomar aire.
Uno tiene sus métodos de selección de libros. A veces es algo aleatorio, otras veces la selección guarda mucha relación con la extensión, el título, el autor o la recomendación.
Mi único método es leer lo que me cae en las manos. Y cuando tienes las manos llenas... qué hacer.
Tuve una semana difícil. El viernes me encontró con el corazón hueco y el saco de dudas, a rebosar.
No sé qué me llevó a elegir La resistencia, porque la relación que guardo con el autor es compleja. Mi única lectura de Sabato ha sido Sobre héroes y tumbas. El referente no era propicio para mi estado anímico.
Tal vez fue la imagen de la fotografía del escritor en la contraportada. Recordar que mi abuela y el escritor nacieron el mismo año, y que mi abuela cumpliría 94 años al siguiente día.
Ahora que lo pienso mejor, seguramente fue el tamaño de la letra. Sigo medio ceguetas y la letra era bastante cómoda para mi cansada vista de las 2 de la madrugada.
Hoy ya estoy convencida. Como le decía a Alejo, después de todo, yo no elegí el libro. El libro de alguna manera me eligió a mí.
A medida que leía, mi corazón dejó de sentirse tan hueco. El costal seguía rebosante de dudas. Aunque eso no importa cuando escuchas latir de nuevo el corazón.
No todos los remedios sirven para la misma enfermedad. Y se siente uno realmente místico cuando llega a sus manos el remedio idóneo para el mal que nos aqueja.
Y lo sublime de verdad es cuando ese remedio se convierte en la elíxir que te falta para entender al otro, para que el mal sea verdaderamente erradicado.


8 comentarios:

Antropomorfo dijo...

y para cerrar, Remedios Varo. Que buena elección

Guendi dijo...

Mi pintura favorita :D

Cuando fui a Chihuahua, me traje un monton de litografias (entre ellas Papilla Estelar) autoctonas para ponerlas en las paredes de mi cajita de zapatos, y obiamente, no las hayo. Se las comio el aeropuerto o la maleta, no se.

Nada que ver con tu post, lo siento. es que todavia me da coraje.

Ministry of Silly Walks dijo...

Usté desahóguese, no se apure..

Thomas dijo...

Hello.

Anónimo dijo...

no manches!, te presto dinero para que le pagues a un psicoanlista, pero deja de estate quejando tal mujer no castrada que goza con el hartazgo de las cosas totalmente vanales....

Ponte a leer el periodico para ver si se te quita lo histérica..

me das pena ajena

Anónimo dijo...

no manches!, te presto dinero para que le pagues a un psicoanlista, pero deja de estate quejando tal mujer no castrada que goza con el hartazgo de las cosas totalmente vanales....

Ponte a leer el periodico para ver si se te quita lo histérica..

me das pena ajena

Ministry of Silly Walks dijo...

Sobres! que se arme lo del psicoanalista please. Yo ya decía que desde hace tiempo lo necesito.

Anónimo dijo...

Con respecto a lo de la pena ajena...
No sea pene, mijo, no sea pene.