sábado, 20 de octubre de 2012

Ya no tengo niños. Soy la madre de dos adolescentes a quienes sigo llamando niños. La verdad es que no veo cuándo deje de llamarlos así. Hasta hace poco mis papás nos cambiaron la etiqueta de "los niños" a "los muchachos". Y eso que el menor de mis hermanos ya tiene 31 años. Así que yo creo que lo de "los niños" va para largo.
Harry cumplió trece años esta semana. Me tiene tan malacostumbrada a ser este niño maravilloso y complaciente, que no sé cómo me vaya a ir cuando se despierte completamente a la adolescencia.
Quiero pensar que toda su rebeldía se agotó de los tres a los ocho años de edad.
Qué transformaciones ha pasado mi bebé. De ser un nene tranquilo de recién nacido al año de edad, a ser un bebé inquieto e insomne del año a los dos años de edad, a ser un niñito rebelde e inmanejable hasta los ocho, a ser este pequeño paladín de la justicia, luchador por las causas justas, crítico social, gran fan de la historia, melómano insufrible e hijo perfectísimo ahora que cumple trece.
Me equivoco.
Siempre ha sido perfecto.

Harry recibió de regalo de cumpleaños una guitarra eléctrica, réplica de una Les Paul, además de su consiguiente amplificador. Yo aparte le compré un celular. Tuvo un celular hace unos años, uno que se compró con su propio dinero y que extravió el día que se lo entregaron. Hablamos y coincidimos en que no era buena edad para tener un teléfono. Ahora que tiene trece y que va caminando a sus clases de música y que regresa caminando de la escuela, y que va caminando a sus actividades extraclases (es el presidente del Club Ecológico, practica tenis, tochito y está en el club de literatura de su escuela) necesitaba más yo ese teléfono que él.
Lo primero que recibió fue el teléfono y se volvió loco. Luego lo mandamos a mi carro para que me "ayudara con unas bolsas". Salimos tras él para verlo descubrir la guitarra en el asiento trasero.
"¡Era la que yo quería!" no dejaba de gritar.
Y ahora no deja de tocar. Acaba de descubrir la distorsión y de estar tocando Obladi-obladá, le ha entrado a Nirvana.
Realmente tiene trece años.


Ahora... ¿alguien me puede decir dónde consigo unos buenos tapones para mis oídos?


3 comentarios:

Anónimo dijo...

tapones para tus oidos? no los cierres, dejalos abiertos y dale una llave a tu hijo para que el tambien pueda abrirlos
mariana

Amalthea dijo...

:') Que emoción!! 13!! Felicidades de mi parte, enviaré un regalo más apropiado que los patitos para los libros, ya es un hombre.
Los tapones en home depot, yo pensé que las clases de guitarra serías inocuas, pero nunca sobran los tapones para la menos bajarle al volumen.
13...
Que viejo es...

Brenda dijo...

Felicidades mana! Trece años...bueno también a él Felicidades jejeje.
Mi hijo empieza a mostrar interés en la música, pienso en que entre a clases...la que me espera, jejeje pero me encanta la idea.
Que la vida de tu hijo sea igual y más de feliz que hasta ahora.