lunes, 21 de septiembre de 2009

Estoy resfriada y odio los pañuelos Kleenex.
Rechinan.
Y aunque me sentía bien mal el sábado, pues además había salido de la ciudad por la mañana, no pude dejar de ir a cenar con mis gordas golfas para festejar a las dos cumpleañeras de septiembre.
Además del cumpleaños, celebramos a "L" que hace unos días recibió una llamada del gerente a nivel Latinoamérica, de una importante trasnacional para felicitarla por el producto que mi amiga tuvo a su cargo desarrollar.
Me llena de gusto ver cómo se mueven muchas cosas: "M" ya invirtiendo el dinero de su liquidación en una empresa personal; "L", planeando mudanzas; "W" en su habitual chingaloca haciendo tanto a la vez.
Las cosas se mueven y a veces se desvían. "Ll" nos contó que le habían diagnosticado diabetes hace un par de semanas. Sin embargo, su ánimo no decae y nos dice que no nos preocupemos, que aunque ha perdido algunos kilos, ella seguirá siendo gordibuena y que mientras pueda tomarse una chela de vez en cuando, todo estará bien.
"M" también se nos desvía. O más bien, se nos atora. Ya lleva un atoramiento de años en los que no puede estar sin desear lo que no puede tener. Ni contigo ni sintigo, dijo Astrid. Así está "M".
"W" en cambio es contigo y contigo, viviendo al límite, jugando a la ruleta rusa, teniéndolo todo y al mismo tiempo, a punto de perderlo todo en cualquier movimiento en falso.

La noche del festejo nos pusimos a planear un viaje.
El tren y las montañas se presentan invitantes, como un oasis entre tanta incertidumbre.

Hemos de viajar para acostumbrarnos a todo el movimiento que viene.

2 comentarios:

sandygallia dijo...

el movimiento es importante en la vida, preocupate cuando todo parezca estar igual, acá por estos lares ha sido un año también movidísimo... =D bienvenidos los tiempos de cambios, un abrazo para ti y para todas tus gordas =)

Ministry of Silly Walks dijo...

Sí, todo cambia y nos cambia. Yo necesito un poco más de lo primero y un poco menos de lo segundo.