sábado, 15 de noviembre de 2014

Out

El fin de mi semestre se acerca y coincide con el descubrimiento de que no me falta una materia para terminar la maestría. Me faltan dos. Estúpido cerebro.
O sea que estas semanas de sobresaltos y angustias se extenderán por al menos un año más, porque básicamente me resisto a trabajar mucho. Además planeo solicitar apoyo de la empresa para que me pague la última materia y eso sólo puedo hacerlo hasta junio del año entrante.
Mañana enviaremos un artículo académico a una revista. Ese hecho de por sí ya es nuestra calificación de la última unidad. Si lo publican es cosa aparte. Sería interesante tener eso en el currículum. Me cuenta si quiero hacer un doctorado... ¡JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA!
Pero no siento el trabajo como mío mío, porque el trabajo fue sobre un proyecto que realiza el ministerio de educación de un país que no pienso nombrar y cuyo secretario está en mi equipo de trabajo. Básicamente le ayudamos a hacer su chamba. Y la verdad el proyecto está bien bonito. Y todo lo que leí en el semestre hablaba sobre proyectos bien bonitos de países tan tercermundistas como el nuestro, cuya aplicación jamás he visto por aquí en mi ciudad, estado, país.
Triste.
Eniwey.

Todavía tengo trabajo. Aun no se dan cuenta que soy una farsante y mi choro mareador nos salvó en una auditoría. Punto para mi choro mareador.
Tengo un jefe que está bien curioso, pero de buena manera. Me cae bien pese a ser, en sus palabras, sumamente puritano. Al menos no me quiere exorcizar. Todavía.

En casita, las cosas en trámite. Todo en trámite.
La semana que entra el hijo menor irá a visitar a un terapeuta. Los síntomas son cada vez más claros y nos hablan de una depresión, y no una fase o una racha, que era lo que yo deseaba que fuera con toda mi alma. Pero tengo un hijo que me maravilla y tiene toda la disposición de salir de este hoyo.
Todos vamos a salir.


1 comentario:

Ana María Sánchez Pacheco dijo...

Ese trabajo de tu maestría me recuerda a una investigación que hicimos en la carrera de la que dependía nuestra calificación del semestre y que utilizó nuestra catedrática para acreditar una materia de su maestría.
Y con respecto a lo de tu vástago, espero que la fortaleza de espíritu que ha demostrado tener lo ayude a salir de ese bache. A veces los hijos nos demuestran su grandeza y nos maravillan con ella y seguramente saldrán airosos de esto. El primer paso es reconocer que se tiene un problema y por lo visto eso ya sucedió. Un abrazo.