martes, 12 de febrero de 2013

Hace unos meses falleció una buena conocida. Era un par de años mayor que yo. Su hijo menor tiene la edad de Harry. Me dolió su muerte como me dolió pensar en su familia.
Ayer falleció la hija de un amigo. Una leucemia detectada a destiempo.
Nuestra consternación, de Fefé y mía, fue más grande tal vez por la cercanía o quizá por el hecho de reflexionar sobre la posibilidad siempre presente de perder a tus hijos.

El mundo se vuelve un lugar tan peligroso cuando pienso en ellos.
Pienso en mis hijos que andan tanto a pie y recuerdo las historias de adolescentes asaltados a punta de armas de fuego o armas blancas, como mi sobrino. Pienso en ellos cuando van a sus clases de música o entrenamientos deportivos. Me preocupan los golpes del futbol americano. Me preocupan los malos conductores de automóviles. Me alarman las enfermedades. Me he vuelto miedosa.
Y yo creo que no se quita ni con el paso de los años, porque oigo a mi madre al teléfono preocupada por mí  al escucharme con tos.

Pienso mucho en mi amigo.
La muerte de un hijo o hija, no es una pérdida, es una mutilación.


3 comentarios:

Amalthea dijo...

Cierto... cuando uno es joven y te vas comiendo el mundo a cada paso, porque como sea haces tuyo al mundo y te das cuenta que puedes ser el rey del universo, y lo eres... y de pronto tienes hijos, y los autos son un arma mortal, y las ardillas son peligrosas, y las nubes son dañinas, y el sol cancerígeno, y el humano junto a tu hijo es asesino, y el adulto frente a tu hijo es pederasta, y el otro niño junto a el tuyo es un pésimo ejemplo, y el mundo que querías comerte a cada paso toda tu vida de pronto es un arma filosa por todas partes y te duele la panza y te preocupas y de todas formas tienes que dejar que tus hijos aprendan a comerse su mundo a su propio paso... que rudo es ésto!!!

Implicada dijo...

La canción es una excelente compañía para el miedo.

:) Besos y abrazo para ti

la MaLquEridA dijo...

Yo simplemente moriría.