domingo, 29 de noviembre de 2015

Cést fini

Cuando asistí a la primera entrevista en mi trabajo actual, me tocó esperar en recepción a la hora de la salida. Vi salir a ingenieros y operadores, todos grandes, hoscos y rudos, y la verdad me preocupó. Dudé de mi capacidad de trabajar con gente en un ambiente tan diferente al que estaba acostumbrada.
Pero fui aceptada y por el tipo de trabajo que realizo, tuve la oportunidad de ir conociendo a toda la gente.
Poco a poco las facciones de las personas me dejaron de parecer tan hoscas, sus facciones se suavizaron y a un año de conocerlos, me da gusto verlos día a día. Los rostros de mis compañeros los encuentro cada vez más bellos. Mis paseos por la planta, cada vez más satisfactorios.

Comparto este proceso como preámbulo a la siguiente afirmación enfática y decisiva: Fefé me parece el hombre más hermoso del mundo. Siete mil días juntos han tenido ese efecto. ¿Será que cuando seamos dos ancianos seguiré viéndolo igual de bello? Ojalá. Es chido amanecer con un hombre más guapo cada mañana.


* * * * * 


Terminó el proyecto laboral que traía desde agosto, al parecer en forma exitosa, con sus detalles a mejorar.
Y también recibí calificaciones finales de la escuela. No estuvieron mal. Un 96 de promedio es bastante decente.
Los hijos presentan trabajos finales esta semana y a vacacionar un mes y medio.
Yo también pedí vacaciones. Voy a necesitar días para la mudanza, aunque la verdad no es mucho lo que nos vamos a llevar de aquí. Probablemente sean sólo los colchones, el refrigerador y un escritorio, más algunos electrónicos.
Ya se le está viendo más movimiento a la casita nueva. Ya tenemos cosas instaladas y dentro de unas dos semanas estará habitable, que es cuando espero poder empezarme a mudar.
Ya me estoy emocionando otra vez.
Tuvimos serios problemas con el negocio que nos estaba haciendo la cocina y la experiencia me estaba jodiendo. Pero decidimos cortar ya que no era bueno ni para ellos ni para nosotros y nos regresó el ánimo.
Ya quiero estar allá, jugando futbol con Hobbes en el patio o echada en la sala viendo la tele con los hijos.
Pronto.
Prontito.




miércoles, 25 de noviembre de 2015

Momento


Dos días más para que el proyecto que traigo encima culmine.
Y después de ahí el año se va a ir de bajadita y todos con la inercia hasta el año nuevo.

La semana ha pintado bien, pese a todo.
Para los hijos ha sido una semana emocionante.
Harry había estado esperando una oportunidad para trabajar en una empresa y finalmente le avisaron que había sido seleccionado. Va a estar trabajando justo frente a donde yo lo hago. La novedad lo tiene emocionadísimo.
William ya tiene licencia de manejar y conduce a la escuela todos los días. Y con esto ya puede llevar a la novia al cine.
Cuando empecé este blog Harry estaba en el kinder y William empezando la primaria. Aun jugaban con carritos.
Zas, con el tiempo.



Sigo dedicándome tiempo para la belleza.

Les comparto la de hoy.





Y un pilón.

....

lunes, 23 de noviembre de 2015

Logro desbloqueado

El semestre terminó y con ello mi paso por el posgrado.
Soy libre.
(Dice la que acaba de salir de la chamba a las nueve de la noche)

jueves, 19 de noviembre de 2015

U-f-f

Ruido, tumulto, harto trabajo.

Son fechas de muchas cosas en la chamba.

Nos brincan auditores de donde menos esperamos.

Se suma a esto algo que llaman “Reingeniería de Puestos” que no es otra cosa que, en mi caso, haber perdido a mi asistente y quedarme con el doble de carga de actividades.

 

No me quejo.

Bueno, sí pero poquito.

En una queja pasajera. Traigo algo de trabajo extra por unos eventos que se realizan una vez al año. Y se suma que esta semana es mi última de clases. Sólo un trabajo más y soy libre.

 

Ya quiero que sea  fin de mes, cuando este desmadrito acabe.

Ya quiero que sea fin de mes, porque entonces empezará mi mudanza a la nueva casa.

Ya quiero que sea diciembre porque la carga de trabajo se reduce considerablemente.

Ya quiero que sea  diciembre para ir a mi graduación.

Ya quiero que sea 23 de diciembre para salir de vacaciones.

 

Mientras tanto mis socios y allegados aligeran mis días.

Uno de ellos, mi proveedor de momentos bizarros, me hizo llegar un video hoy.

Quedé de encerrarme a verlo pero con la cantidad de pendientes, realmente no pude evadirme de la pantalla de mi computadora. Así que solo me puse mis audífonos y seguí trabajando.

 

Uno realmente tiene que tomarse momentos para la belleza.

No importa cuán ocupados, uno debería dedicarle unos minutos a respirar belleza.

Sumo esto a mis pendientes de cada día: además del laburo, cumplir obligatoriamente con la ejecución excelentísima de al menos cinco carcajadas, la entrega y recepción de un mínimo de diez abrazos, el envío de cinco cumplidos harto halagadores y cada día, aunque sea por cinco minutos, dedicárselos a la belleza.

Y aprovechando la belleza, les dejo el blog de mi proveedor de momentos bizarros.

http://edrodriguezchain.blogspot.dk/

Les advierto que va a ser bien famosote, así que más vale que entren a ver su página para que puedan verse bien hípsters y decir: Yo ya conocía su obra antes de que fuera famoso.

 

De nada.

viernes, 6 de noviembre de 2015

Estrés

Nunca he sabido si mi vida ha estado medio carente de presiones o si simplemente soy muy buena manejándolas porque es sumamente raro que yo me sienta estresada.
Hoy a mediodía, enmedio de la vorágine que representaba haber perdido a mi asistente (eso sonó gacho; no la perdí, se la llevaron a otro departamento), tener una carga doble de trabajo, estar a tres semanas de terminar la maestría y tener al mismo tiempo la coordinación de un evento muy importante para la empresa, alcancé a tomar el teléfono y teclearle a Fefé: "Estoy muy estresada."
Como me conoce bien, se preocupó y me habló. Tuvo que aguantar mi retahíla quejumbrosa hasta que lo dejé hablar y dijo exactamente lo que yo necesitaba escuchar: "Estrésate".
Tenía razón.
Tomé aire un par de veces para ahogar las ganas que tenía de soltarme llorando y luego dejé que me fluyera la energía por todo el cuerpo. Con eso pude avanzar bastante a mis pendientes laborales e irme a casa a seguir con los escolares. Bueno, bueno, hice una pequeña desviación hacia un bar para llegar por una cerveza y alitas, combustible indispensable para seguir la jornada. Además era justo y necesario detenerse un momento y platicar con el marido. Es el otro tipo de combustible que necesito.

Los días se están yendo muy rápido, dicen todos alrededor.
Debe ser que cada vez tenemos menos horas de sol o tal vez que rumbo a diciembre el camino es de bajada. No sé. Hay quienes están felices de que ya vengan las fiestas, el ahorro, el aguinaldo. Yo no tengo problema con nada de eso, es sólo que no me gusta viajar a tanta velocidad.
Cuando termine la escuela he de tomarme un tiempo para hacer nada y frenarle tantito a este relajo.
El estrés puede ser útil, en dosis medidas, pero también es un aviso. Yo ya entendí el mensaje.

Además el estrés trae consigo a su amiguito "Stress eating" y yo nunca lucho contra ellos, me les uno.


lunes, 2 de noviembre de 2015

Usos

Me gusta eso de la noche de brujas.

Me gusta ver el desfile de niños disfrazados por mi casa y escuchar las risas y los gritos, y los pasos de la gente por la calle. Pero este año no compré dulces. El año pasado se me quedaron todas las bolsas porque Hobbes y Lulú decidieron que debían proteger la casa contra los espíritus malignos y no dejaron que nadie se acercara a la puerta. Así que me dije ¿cuál es el caso? Me voy a terminar atacando otra vez los dulces yo sola. Y aunque la perspectiva era tentadora, decidí que no. No habría dulces porque no habría niños. Lamentablemente no conté con la astucia de L. que se aprontó con las criaturas valiéndole gorro el punto de vista de mi fiera guardiana. Y yo sin un dulce. Pero creo que L. va a disfrutar el vaso de Bud Light que le hice llegar. Fue lo más cercano a un dulce que pude encontrar.

Harry y William, quienes están aprendiendo ya a adolescentear y han dejado de ser un par de antisociales, se fueron con sus amigos. Fefé se había ido a vender y cobrar cosas y yo no conseguí plan con nadie para esa noche. O al menos un plan que me gustara. Así que agarré mi libro en turno, mis cigarros y me fui a un café a que me cantaran “La Llorona”. Afuera del café desfilaron los espectros, los vampiros, los zombies, las calaveras. Muchas calaveras del Día de Muertos.

Hace mucho dejé de ser purista. Ahora disfruto del eclecticismo. Sin embargo me di cuenta que a mucha gente sí le causó molestia que se mezclaran los motivos del Día de Muertos con el Halloween. Bueno, empezando con que se celebrara.

Entiendo el punto de vista de los defensores de las tradiciones propias (que luego “propias” hasta cierto punto) pero también entiendo que toda tradición y costumbre proviene de una larga historia en la que las mismas se han visto enriquecidas por otras culturas, así que es imposible encontrar por ejemplo, una sola forma de poner un altar de muertos. Las tradiciones no son inamovibles y se está poniendo más interesante ahora que vemos viajar más rápido la información y con ella la influencia de otras culturas.

A mí me gusta ver desfilar catrinas con fantasmas. Me recuerda que aquí y allá, en América y Europa, y tal vez en otros lugares cuyas costumbres desconozco, por unos días las puertas de otros mundos se abren al nuestro para permitirnos reflexionar sobre la muerte, sobre el bien y sobre el mal.

Y encima de todo me encanta ver cómo niños, adolescentes y adultos, salen a reclamar las calles en un acto de saludable convivencia.

El año que entra le enseñaré a Hobbes a respetar a los espíritus y aviso, tendremos muchas bolsas de dulces.