viernes, 31 de julio de 2015

Vienes

Desconfío enormemente de los días laborales ligeros.

Es cierto que la semana ha estado retacadita pero prefiero tener la agenda llena y saberlo de antemano a llegar el viernes y verla vacía.

Debo evitar emocionarme con ello, porque ya sé… ya sé cómo son estos días. Llegas temprano, te asomas al calendario, auguras día relajado y justo cuando comienzas a recargarte en tu silla y poner tus manos detrás de tu cabeza… ¡ÑAC! El chingazo inesperado. Las llamadas telefónicas. La avalancha de correos. Las visitas del jefe a mi cubil.

Mejor me pongo en plan de punching bag y venga nos el trabajal.

Quialcabos que me gusta mucho y está chido y hay café y me pagan decente y mi jefe no me acosa y mis compañeros son un amor y mi asistente es la onda.

¿Algo más que se pueda pedir en viernes?

Una idea de regalo de cumpleaños para el marido.

Por favor.

 

Esta semana también fue cumpleaños del hijo mayor. No sé con qué derecho se ha atrevido a crecer tan pinche guapote, inteligente, interesante y atrevido.

Nomás para bajarle a su mitote, el destino le regaló una visita al dentista el mero día de su cumpleaños. Y por su parte el ortodoncista le dio el regalo de un set de brackets en su dentadura.

Téngale, pá qué vino.

Al hijo menor eso le tocó la semana pasada y yo sólo tengo un consejo para todos los padres y madres del mundo: planeen estos pedos. ¿Cómo se les anda ocurriendo tratar a ambos hijos de los dientes al mismo tiempo?

Envidio al ratón de los dientes que nunca salió desfalcado.

 

Que este fin de semana les sea leve.

Me regreso a mi hábitat a seguir fingiendo que estoy ocupada mientras espero a que caiga la tormenta.

jueves, 23 de julio de 2015

Sadness

"(...) yo nunca vi a mi madre forrar mis cuadernos. Eso lo hacía mi papá.
A la semana de estrenar nuevo año escolar, llegaba yo cargada de esos hermosos libros de texto que usábamos en primaria (hermosísimos, gracias a ellos conocí a Federico García Lorca y a José Martí, y a Nicolás Guillén). Mi papá llegaba de trabajar y se sentaba en la mesa del comedor con todo su instrumental. Yo detenía entonces mi carrera loca en la calle para ir a sentarme durante una hora para ver trabajar las manos de mi papá. Sus manos siguen siendo igual de bellas que antes. Tiene unos dedos finos y largos, rematados por lo que a mí me parecía algo excepcional... las uñas largas... Jejeje! Mi papá usaba uñas de señorita y debo decir que las tenía muy bien cuidadas. Decía que eran su principal herramienta de trabajo cuando se metía con sus máquinas y había que desarmar y desatornillar. Los pequeños tornillos cedían al momento con las uñas-desarmador de mi papazo. Esas uñas me parecían lo más extravagante y maravilloso del universo y verlo forrar mis libros, era un espectáculo. Como todas aquellas personas que no son buenas con las manualidades, me gusta ver trabajar a las personas con sus manos. (Gran admiradora de Bob Ross... se acuerdan del greñudito afro que pintaba arbolitos felices?)
Qué hacía mi padre?
Primero le quitaba los forros a los libros. Luego tomaba un trozo de mezclilla que compraba para la ocasión y lo cortaba de la medida del lomo. Enseguida ponía pegamento al lomo y a la mezclilla y los unía. Finalmente pegaba nuevamente el forro a la mezclilla y envolvía el libro en plástico. Mis libros jamás se deshojaron.
Tengo grabados esos momentos con mi papá, una persona callada, reservada que rara vez manifestaba cariño en las formas tradicionales. Pero para mí, el estar callada a su lado, dejándome verlo trabajar, era el abrazo más largo y cálido de todos los que hubieran podido darme."

lunes, 13 de julio de 2015

Plan be

Las cosas en mi trabajo están curiosas.

Uso la palabra “curiosas” en su acepción menos conocida que significa “De la rechingadísima, todos nos vamos a ir al cabrón”.

A mí me encanta este trabajo. Caí en blandito al cambiar de empresa. Francamente no tengo muchas ganas de dejarlo. Sin embargo, hoy pensaba en qué haría si eso sucediera y así hizo su aparición el plan Be chica, el cual resumo a continuación.

Si me liquidan:

1.       Pagaría la tarjeta que planeaba liquidar en noviembre.

2.       Pediría en el banco la aplicación del seguro de desempleo por lo del pago de mi casa.

3.       Cursaría con tranquilidad el último infame semestre de mi maestría.

4.       Aplicaría para el puesto de asesora de programas educativos en la escuelita donde estudio.

5.       Me inscribiría en un taller de diseño de e-learnings.

6.       Le ayudaría a mi madre con las necesidades de mi papá.

7.       Disfrutaría de la casa nueva a la que aun no me mudo.

8.       Y ya en enero me lanzaría con muchas ganas a la búsqueda laboral, eso si lo del curso de diseño o lo de asesora no rindiera muchos frutos todavía.

Se ve bonito el panorama alterno.

Pero no. No se me antoja irme de aquí.

No es sólo el hecho de que la actividad que realizo me gusta y que el pago correspondiente también. Tampoco que tengo un buen jefe y más que excelentes compañeros de trabajo.

La verdad es que soy  presa fácil de Doña Procrastinación y por más agradable que suene el plan Be chica, mi inquietísima mente (así me gusta decirle y no pichi desmadrito) no puede con tanta libertad.

NI modo.

Al que nace pa´ Godínez, del cielo le caen las tandas (y las deudas con Avon).

viernes, 3 de julio de 2015

Happy birthday

Pasé la noche acompañando a mi papá en el hospital.

Es la primera vez que me toca cambiarlo de pañal y asearlo.

No sé cómo logré controlar las ganas de llorar. No por mí. Por él. Porque vi su cara de angustia y de vergüenza de que su hija lo viera desnudo.

Tiene ya casi una semana sin comer y varios días sin tomar agua. Los médicos consideran que en este momento es mayor pérdida que ganancia que coma. Pero esta madrugada ya tenía mucha sed y sólo podíamos humedecer sus labios con una gasa mojada.

Hay buenos pronósticos para las próximas dos semanas. Si se cumplen, se podría revertir el proceso de infección sistémica que trae así como sus problemas renales.

Y ni siquiera hemos empezado a tratar el cáncer.

Hoy cumple 70 años.