martes, 16 de junio de 2015

Ollitas quebradas

En momentos como éste aprecio profundamente mi falta de creencias religiosas.
De tenerlas, seguramente tendría que pasar por el proceso de estarme preguntando "por qué", "por qué a él", "por qué a nosotros", seguido por el reclamo a alguna deidad. Luego, según me cuentan, pediría perdón por mi falta de fe y enfocaría mi energía en pedir, rezar. Me dirían que esa divinidad es omnipotente, que tendría que rezar con más fervor, pero si las cosas no salieran según lo solicitado, tendría de todos modos que agradecer ya que todo pasa según la voluntad divina.
Y eso es demasiado complejo.
(Si pidiera algo y se me concediera, me sentiría tan enojada por todos aquellos que piden y no les dan nada.)
En este momento sin más creencia que en la vida, me siento triste. Pero no tengo nadie a quien culpar y eso es bueno. Tampoco tengo a quién reclamarle que mi padre, ese hombre que vivió sin vicios ni desvelos, tenga ahora cáncer pulmonar. No tengo a quién y no lo necesito.

Me siento triste. Y angustiada a veces cuando pienso en lo que viene.
Pero eso todavía no está aquí.
Ahorita aquí está mi padre todavía.
Lo que suceda será porque así es, porque así son las células y la mierda de aire que respiramos. Porque así es. Porque desde que nacemos nos vamos muriendo. Se nos escurre el tiempo.
Nada de esto es prueba de fe ni lección divina.

Sólo así es.
Es un alivio no creer.

lunes, 1 de junio de 2015

Fin y principio.

Entre mi absoluta ignorancia y la capacidad desinformativa de las instituciones públicas y privadas involucradas, pasé por un proceso largo y tortuoso para finalmente conseguir las llaves de mi casa.

Pero ya están en mis manos.

Ahora estamos en la fase de las cotizaciones para equiparla. Y eso  se siente sumamente bien, aunque probablemente nos cueste el divorcio a Fefé y a mí por diferencias estilísticas irreconciliables.

Aunque bueno, eso del divorcio ya ni siquiera es tema de discusión. Mientras firmaba los documentos en la notaría el marido me susurró al oído:

--¿Te das cuenta que con esta deuda que nos acabamos de echar encima ya no nos va a alcanzar para un divorcio?

Un romántico, él.

Cuando empezó el año pensé que ningún acontecimiento podría superar al 2014, conocido también como el año de “Influenza, me la pelas”. Pero parece que sí. 2015, el año en que compré casa. Y el año en que espero también termine la maestría.

Por caridad.