domingo, 22 de febrero de 2015

Gigi Colita

Así se llama ahora el gatito.
Gigi, por la película de Miyazaki (lo cual en sí mismo, es garantía de que el nuevo hogar de Night Fury -así le llamaron aquí- es lo que queríamos para él) y Colita, porque la hija de mi amiga que lo adoptó advirtió que si el gato tenía una cola bonita, se llamaría Colita. Y por lo visto, la cola de Gigi estuvo a la altura de los estándares de belleza de la nena.
Como siempre que se van, los extrañamos montón. Incluso Ringo que al principio se puso celoso, estuvo buscándolo estos dos días.
Así es la vida.

Y también es movida y ocupada.

Un amigo me invitó a participar en un proyecto teatral que trae entre manos. A mí y a otros amigos. Muy acertadamente aclaró "NO ES MUSICAL", lo cual implica que ya se resignó a que nunca podré ser esclava de los tiempos y la afinación. Lo siento, marcho a mi propio ritmo. Y sí soy afinada. En escalas que nadie conoce.
La invitación me gustó. Estuve leyendo el guión de una versión inglesa y me pareció fantástico. Y personalmente me aviento a cualquier cosa que no implique una actividad física demandante. Como caminar. O que no vaya contra mis principios. Como caminar.
Me gusta hacer cosas que me fuerzan a verme de otra manera. Me gusta hacer cosas que en otras circunstancias me apenarían. Me gusta contrariar a la Mrs. Right que hay en mí. Me gusta dejar de tomarme tan en serio.
Y era una oportunidad indicadísima.
Ayer iría a ver una película a su casa  pero no pude.
Me tocó un equipo de trabajo en la maestría hiperperfeccionistas y la tutora se la pasa haciendo comentarios sobre lo mucho que anticipa la entrega de nuestros trabajos. Así que todo el día debo estar al pendiente de comentarios de sugerencias, correcciones, etc. para los trabajos que hacemos. Así estuve anoche. Y la anterior. Y la anteanterior.
Sumado a eso traemos un ritmo doméstico muy raro. Diferente. Y termino sentándome después del trabajo y la casa, a las 9:30 de la noche. A hacer tarea.
Me cayó el veinte anoche, mientras trataba de que terminara la actividad del equipo, que no es momento para agregarme otra tarea. Porque a este ritmo voy a terminar picando cebollas sobre mi escritorio del trabajo, si  me agrego algo más.
Ni modo. Ya será el año que entra que me libere de la escuela. Si no me pega la loquera de empezar el doctorado (toco madera, lagarto, lagarto).
Por lo pronto puedo practicar seguir haciendo el ridículo. Ni que necesitara un escenario para eso. Y si se requiriera, ahí está el karaoke bar que no raja y mis amigas.
Bendita sea la ridiculez.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Sola

Sin padres ni marido.

Los padres salieron de nuevo fuera de la ciudad. Y el marido va a reiniciar sus toures. Por fin va a estrenar su maleta para laptop que le regalé en navidad del año antepasado. Claro que nueva nueva, no está. Yo me aseguré que así fuera utilizándola en mis viajes. Muy chida la maletita, con su cargador para gadgets incluído.

Son bonitos los recesos maritales. Y los regresos más.

El que la está pasando maravillosamente es Lucky, que se cree el dueño de mi  cama cuando Fefé no está. Y otro muy contento, es una pulga pedorra que nos hallamos ayer.

Resulta que anoche cuando regresábamos Harry, Hobbes y yo de la caminata nocturna, escuchamos maullidos de gatito. El llanto venía de una glorieta. Atravesamos para acercarnos sin mucha esperanza de hallar nada, porque estaba sumamente oscuro y además el alumbrado público no estaba funcionando bien. Pero Harry tiene un cierto magnetismo animal que permite que los gatos lo encuentren a él. Y así se acercó el minino, negro, peludo y pequeñito.

Por la situación del área, no había manera de que hubiera llegado solo. Y por lo confianzudo, no era un gato que hubiera nacido ahí, entre la maleza. No estaba muy sucio, ni flaco, ni enfermo. Lo abandonaron y tenían poco de haberlo hecho.

Sin corazón para dejarlo ahí, lo llevamos a casa. Apenas entró, localizó el plato de comida, luego el sillón y por último la cama.

Ahora sigue la parte más complicada. Es difícil hallar un hogar para un gatito y menos si es negro. Pero nadie que rechace un gato negro se merece uno de otro color.

La Internetósfera podrá estar llena de gatos y gente a la que le gustan. En mi vida cotidiana no es así. Y ya casi he desarrollado la intuición suficiente para saber a quién le gustan y a quién no. Eso simplificará la búsqueda de un humano para Night Fury.

Me voy.

Tengo una capacitación para ser auditora de ISO chingo mil.

Ya con eso me siento finalmente dentro del mundo maquilero.

 

martes, 10 de febrero de 2015

Giving up

Llega un punto en la vida en que tocas fondo y es momento de admitir que necesitas ayuda.

El momento llegó la semana pasada cuando al despertar me di cuenta que Hobbes se había comido mi bicicleta.

OK. No se la comió puesto que no hubo acto de digestión, pero se encargó de desmembrarla y ubicar los trozos en cada rincón de la cochera. Me sorprendió mucho no haber despertado y encontrar los manubrios sobre mi cama.

Somos los peores padres del mundo. Creí que la pedagogía utilizada con nuestros hijos iba a funcionar también con Hobbes. Es la pedagogía perfecta y se resume en: “Ya se cansará.”

Y así las cosas, tuvimos que recurrir a un entrenador.

Por fortuna no lo habíamos echado a perder por completo y el entrenador no lo desahució.

Incluso ayer que fue una mera valoración, Hobbes reaccionó de maravilla.

Pinche perro.

Pero ya estamos aprendiendo nosotros. Después de todo el entrenamiento es para uno. Y soy optimista sobre los resultados.

Yo creo que en un par de semanas Hobbes y yo estaremos listos para una competencia de baile. Aunque mi madre diga que bailar no es la respuesta apropiada ante una amenaza.

Madre: Bailar es SIEMPRE la respuesta apropiada para todo.

viernes, 6 de febrero de 2015

It's not lupus

Salmonelosis sin síntomas. Sangre para dar y regalar. Bilirrubina a observar. Examen médico en seis meses para ver si sigue apareciendo positivo para enfermedades autoinmunes. Tratamiento para los movimientos involuntarios los próximos meses y hasta que desaparezcan.

Todo bien dentro de la amplia gama de posibilidades que la madre naturaleza nos regala en forma de virus, bacterias, microbios y demás.

Y también muy bien por el lado de su hobby-trabajo. Porque ya considera un trabajo lo de su canal en YouTube. Lo que gana lo invierte en equipo. Ya cambió de computadora, se regaló una consola de videojuegos nueva, compró micrófono, silla ergonómica y el siguiente mes espera comprarse una cámara de mayor calidad, para entrar a un taller de cine. Se organizó también un horario para hacer sus videos, para editarlos y para subirlos.

En diciembre se propuso comprarse un carro. A mí la idea no me gustaba mucho. Prefería que siguiera tomando camiones. Pero lo entiendo. Ahora con el “nuevo y mejorado” sistema de transporte, al cual honestamente yo le tuve fe, el pobre tiene que tomar más camiones y los tiempos de espera de cada uno de ellos aumentaron. El sábado pasado tardó dos horas en regresar de casa de su novia, que vive a no más de 10 kilómetros de distancia. De las dos horas, media hora la pasó a la espera de cada uno de los tres camiones que necesitó. Sólo media hora la pasó dentro de uno. Y de pie. El hijo todavía no conoce lo que es ir sentado. Sin embargo, decidió esperar por su carro hasta que esté completamente bien de sus músculos. Además parece que su hobby le va a seguir dando al menos hasta que sus más de 160,000 suscriptores cumplan trece años. Perdón, más de 170,000. Acaba de aumentar. Y ahora hasta apoyo está recibiendo por parte de una “asesora de desarrollo de socios” o algo así, de Google. Cada mes y medio recibe llamada desde Mountain View (¿ni ellos utilizan Hangouts?) para revisar la implementación de estrategias. Muy interesante el asunto. Pensar que a su edad yo todavía me comía los mocos.

Ah, pero lo más importante de todo, no es la asesoría de Google, ni el número de suscriptores, ni que tenga un club de fans en Facebook, ni los impostores que le han salido. El indicador más importante de su éxito es que tiene un detractor que lo difama en YouTube. Buena estrategia del chavito. Atrae a los suscriptores de William y los hace ver unos enlaces con publicidad. Le pregunté a William si piensa responderle y dice que aun no lo decide. Que al momento lo único que se le ocurre decir es LOL.

Ya estamos saliendo de esto, creo.

Harry sigue mejorando. Practica karate de lunes a viernes, corre los fines de semana, se duerme temprano, se concentra mejor en sus tareas y su nivel de ansiedad ha disminuido.

Ahora siguen los dentistas.

Qué bueno que sí salí sana, caray.

miércoles, 4 de febrero de 2015

A la espera

Cuando llevamos a William a consulta hace unas semanas, el médico quedó convencido de que sus molestias eran psicosomáticas. A mí no me convenció tanto.

A lo largo de su vida William ha padecido diversas condiciones.

Nació faltándole algunas semanas de gestación, por ello  su evaluación Apgar no fue muy buena y tuvo que estar en observación unos días antes de poder salir del hospital. Posteriormente y posiblemente por la inmadurez de su sistema digestivo, desarrolló reflujo nivel “poseído”, acá de proyectil y todo.

Unos meses después, en la guardería sufrió una fractura de cráneo. El neurocirujano que lo atendió no vio que hubiera efectos del golpe, aunque yo pienso que un problemita de lenguaje que tuvo  se debió a esto o a los fórceps que tuvieron que usar cuando nació.

Como a los tres años de edad comenzó a presentar rinitis, situación que lo ha acompañado todos estos años, con sus temporadas muy buenas y otras no tanto, pero nada que una pastillita  de vez en cuando, en primavera o en otoño, no resolvieran. Sólo en una ocasión la alergia fue tan fuerte que tuvo un episodio tipo asmático que por fortuna no se ha vuelto a repetir (eso fue hace cuatro años y yo de todos modos le compro periódicamente un salbutamol –que nunca usa- y que cambio cuando caduca y lleva a todos lados obligado por mí).

Tuvo como a los diez años un padecimiento muy raro. Al correr o nadar o hacer un ejercicio intenso, se quedaba sin aire muy rápidamente. Le hicieron algunos estudios y presentó braquicardia en la prueba de esfuerzo.  Su ritmo cardiaco en lugar de aumentar, disminuía. Pero no hallaron nada en su corazón, excepto un pequeño soplo. El cardiólogo dijo que todo estaba bien y que no nos preocupáramos. Y como al poco tiempo William ya andaba en friega con su equipo de futbol, pues dejamos de preocuparnos.

Mentiría si dijera que su vida ha sido completamente saludable, pero sus padecimientos van a sonarle familiares a muchas mamás que pasen por aquí. Los niños se enferman, se curan, desarrollan inmunidad y siguen siendo tan felices.

Y eso tenía William. Enfermaba y no podía esperar a estar bien para seguir jugando, seguir corriendo. No me tocó una queja para llamar la atención. Las molestias que expresaba fueron siempre síntoma de alguna enfermedad que pudimos atender.

Así que no, no me convenció la parte de lo psicosomático. El médico por ello y para descartar cualquier cosa, mandó hacerle algunos estudios. En el que más me preocupaba, una electromiografía, salió todo bien. Para mí fue un respiro. William no lo vio así: “Si no sale lo que tengo ¿cómo me lo van a resolver?”. Con mucha razón.

En el estudio de laboratorio en cambio salió con bilirrubina alta, tres elementos de la sangre fuera de rango, salmonelosis y positivo en una enfermedad autoinmune.

Estoy pensando que no fue tan buena idea decirle: “Más te vale que tengas algo porque la aseguradora no me va a reembolsar ni madre si todo es un desorden mental.”

Pensé “¿Acaso será tan poderosa su voluntad como para crearse una enfermedad de a de veras?”

Pero pues no tiene voluntad ni para levantarse temprano, qué chingados para enfermarse.

Hoy toca consulta y espero que ya nos den razón porque a estas alturas estoy como William: que salga algo para poder atender ya, de preferencia la pura salmonelosis y no lo demás, aunque no tenga nada que ver con sus síntomas.

Seguiremos informando.