lunes, 27 de octubre de 2014

So

Intento ser una persona empática, a pesar de mis frecuentes desconexiones humanas,  así que al ver la cara de mi compañera, le pregunté qué tenía.
- El período, me responde.
Y claro, cómo no tratar de animarla si yo sé lo qué es eso, así que le conté algunas anécdotas cómicas, mágicas, musicales y sobre todo sangrientas, de mis legendarios períodos.
Ella me veía un tanto extrañada pero asumí que se debía a sus cólicos hasta que poco a poco me cayó el veinte.
- ¿Te refieres a que acabamos de comenzar el segundo período del año fiscal?
- Sí. Éste es muy pesado.
- Oh.

Y me gustaría tener una punchline pero la vida no siempre nos las ofrece.

Eso sí, las ganas de congeniar no se me van a quitar aunque probablemente para ahora más de una persona sepa del incidente aquel del tampón secuestrado cuya historia aquí no pienso contar (otra vez).

sábado, 25 de octubre de 2014

Planes

Ya tengo cubículoficina, de esas en las que tienes un grado muy limitado de privacidad porque la pantalla de tu máquina da directamente a la entrada y porque a falta de techo, se escucha cualquier conversación.
Mis metas profesionales van a tener que cambiar.

Extraño un poquito los gustos musicales variados de mis excompañeros y las posibilidades que teníamos en nuestra oficina, de escuchar a cualquier volumen, cantar, bailar, hablar, discutir y maldecir como marineros.
Mis compañeras nuevas no maldicen. Son buenas personas.
Extraño a mis muchachos.
Pero por otro lado, lo que voy aprendiendo del trabajo que debe hacerse en mi departamento, está muy interesante. Acá no padecemos la reportitis de mi extrabajo y hay posibilidad de enfocarse en cosas más importantes. Las cuales todavía no sé qué son pero las espero con ansias.
Por lo pronto ya me invitaron a trabajar al equipo de resolución de problemas de ingeniería y ya empecé a trabajar con los proyectos de la gerencia de operaciones. O sea, chidito todo.
El ambiente en general es muy agradable y en cuestión de alimentos, me van a echar a perder.

Es bueno que me han permitido empezar muy poco a poco, porque por parte de la maestría he estado perdidísima. Me tocó trabajar con un equipo de genios y yo siempre voy atrás. Y aunque hemos podido trabajar bien juntos y obtener buenos resultados, me siento como lastre y la sensación no es padre. Ya quiero que termine el semestre.

Ahora con este movimiento de trabajo, creo poder concretar un plan que traemos de hace tiempo.
Queremos comprar una casa más amplia y hemos estado buscando y viendo y parece que ya encontramos una que fue del gusto de todos. Porque en esta casa hay que pensar en todos y no me refiero únicamente a los hijos o a Fefé y yo. Tenemos que pensar en Lulú, Hobbes, Ringo y Lucky.
Encontrar un espacio adecuado para dos adultos, dos adolescentes, dos perros y dos gatos, situado cerca de escuelas y trabajos, con espacio para que los caninos corran y los felinos duerman, no ha sido fácil, pero creo que ya estamos por finalizar la búsqueda.
Si es así, vienen unos meses bien movidos. No sabemos aun si vamos a vender ésta que tenemos. Yo preferiría que no por el momento, para tener tiempo de mudarnos con calma.
No me gusta anticiparme aunque no puedo evitar pensar en un jardín donde mis gatos se meen, en una sala donde no choque con los muebles, un patio que Hobbes pueda destruir... y todas esas cosas bonitas que se hacen en familia.

Hagan changuitos.







jueves, 16 de octubre de 2014

Primis

Hoy fue mi primer día en mi nuevo trabajo.
Y ni lloré ni nada.
Mi asistente es una chica listísima y en general todo el equipo de mi área, me parecieron muy agradables.
Además, hay café. Glorioso y maravilloso café. Seis jarras listas en todo momento.

Terminada la jornada, la sensación general es...


Y todos coinciden en que lo hago muy bien.

jueves, 9 de octubre de 2014

Nos salva

Harry llegó de forma suave a este mundo.
Sus primeros meses de vida también fueron de un suave y armónico estar. Incluso cuando el asma lo atacaba, se mantenía tranquilo. Su rostro fue pacífico y paciente hasta que llegaron a sus manos las sonajas.
Con qué fuerza las apretaba... con qué desesperación las hacía sonar para luego estallar en carcajadas.
Más adelante, recién dominando su caminar, caminaba hacía mía cuando me encontraba frente a la computadora, y me pedía música y sonidos. Yo le daba sonidos con mi voz y él los repetía. Cuando después comenzó a sufrir transtornos de sueño, también llevaba a Fefé hasta la computadora y le pedía música. No se dormía pero parecía sufrir menos su insomnio.
Cuando iba a cumplir tres años tuvimos que cambiarlo de guardería. Había pasado más de dos años en la misma estancia, y el cambio le pegó muy fuerte, tanto que dejó de hablar en la escuelita, no jugaba, ni reía. Hacia el término de ese año la guardería montó un espectáculo navideño, y tres veces por semana una maestra de música iba a ensayar con un coro conformado por nenes de entre uno y cuatro años. Harry se volvió otro. O más bien, en la escuelita empezó a ser el mismo niño que nosotros conocíamos.
Una navidad Santa le trajo un Pianosaurio. Pensamos que lo haría muy feliz. Lo estuvo, como por tres horas hasta que lo botó porque las teclas no sonaban como él quería. Fefé le consiguió después un pequeño teclado que junto con un violín y multitud de tambores, lo acompañaron todos sus años de infancia.
A punto de entrar a la adolescencia, decidió que un violín no se vería bien en un grupo de rock y quiso una guitarra. Conseguimos una que fue con la que empezó a tomar las clases de música. Más que buscar ser un virtuoso de la tocada, a él le gusta componer y cantar. Sus composiciones son hermosas y tristes. Tristes como la depresión que trae y de la que intentamos sacarlo a veces, para darnos cuenta que es la música lo que lo salva.
Tal vez sea la edad, tal vez comorbilidades asociadas a su TDAH o la genética, no lo sabemos todavía y él no puede explicarlo, pero se entristece, se encierra y escribe.
Así estuvo varios meses, desde las vacaciones hasta hace unas semanas, tiempo por cierto durante el cual no pudo ir a sus clases de música, primero por las vacaciones y después porque entró a la preparatoria y no tenía tiempo para dedicarlo a sus clases.
Recientemente lo invitaron a cantar en una presentación escolar. Ahí se reunió con algunos compañeros de la escuela de música y después de mucha plática, decidieron reunirse a ensamblar piezas juntos.
Desde entonces, es otro. O más bien, el mismo chico conversador y apasionado que conocemos y que recuperamos de su tristeza, porque canta.

Fefé y yo ya no podemos hacer mucho. "Nada ni nadie puede impedir que sufran" dice la canción. El cono de nieve o el chocolate cuando estaba enojado o triste no son suficientes. Sólo nos queda acompañarlo mientras le dura esto, estar atentos si existen otros síntomas de mayor preocupación, invitarlo a salir de su cueva cuando es posible y seguir siendo sus groupies más fervientes.

La música lo salva, pero él con su ética, disciplina y pasión, nos salva constantemente.



sábado, 4 de octubre de 2014

Ya

Contrato firmado. Renuncia firmada.
Empiezo en semana y media.
Me puse a recordar mi entrada a esta empresa, en el 2010. Recuerdo que el proceso fue largo: tres entrevistas, varios exámenes y una presentación frente a quien sería mi coordinador regional.
Cada que visitaba la empresa y cruzaba las líneas amarillas de peatones, me repetía que yo quería ese trabajo, que era para mí... Tiempo después, al tenerlo, pasar por esas líneas me provocaban cierta emoción.
Espero sentir lo mismo aquí, mientras subo los escalones que llevan a mi área.
Quiero sentir esa emoción del asombro, de la novedad, del deseo cumplido, de un logro merecido.
Practicaré mis pasos esta semana.
No quiero olvidar nada ese primer día.