viernes, 31 de enero de 2014

R-E-S-P-E-C-T

En navidad mi ahijada me regaló "The book of Jezebel" y ahí estaba en mi librero, al alcance de mi mano para cuando Fefé se ponía a ver algo en la tele que yo no quería ver.

Cuando Harry se enteró que mi estancia en el hospital iba a ser de más de un día, empacó el libro junto con la bolsa que Fefé me armó con calzones, peine, cepillo y pasta de dientes. Bien basicote, él.
Los primeros dos días no pude leer mucho. Me la pasé hecha ovillo de fiebre en fiebre. Pero para el tercero ya pude leer tranquilamente e incluso llegué hasta la letra S, justo en la palabra "sponge", refiriéndose al anticonceptivo que en "Seinfeld" se hiciera tan famoso gracias a Elaine Benes.

(Amo a esta mujer, a Elaine y a Julia Louis-Dreyfus)

El libro está hermoso. Las definiciones, las ilustraciones, todo.
Leer sobre Laurie Anderson, Maya Angelou, Hannah Arendt (apenas en las primeras dos hojas de la letra A), mezcladas con las definiciones para "Aqua net",  "ass" o "Atkins diet",  ha sido una experiencia reveladora. Y confío que también rebeladora.

En la letra D leí sobre Geena Davis, Ani DiFranco y Beth Ditto.
También leí sobre Joan Didion y paseándome por Brainpickings di con un texto suyo que comparto.
Me enamoré y quiero leer más de ella.
La traducción es mía y es bastante malita. Si no les gusta, por ahí está en ingles.
Es de un ensayo llamado "Sobre el autorrespeto".

Lo lamentable del hecho es que el auto-respeto no tiene nada que ver con la aprobación de los demás - que pueden ser, después de todo, engañados con bastante facilidad; tampoco tiene nada que ver con la reputación, la cual, como Rhett Butler dijo a Scarlett O'Hara, es algo de lo que las personas valientes puede prescindir.
(...)
Sin respeto por uno mismo, somos un público involuntario de un documental interminable que se ocupa de cada uno de nuestros errores, tanto reales como imaginarios, con imágenes frescas, empalmadas en cada proyección. Ahí está el cristal que se rompió en un momento de enojo, está el dolor que causamos en el rostro de X (…) Vivir sin amor propio es estar despierto alguna noche, con la leche caliente y el fenobarbital fuera del alcance de la mano, contando los pecados por comisión y omisión, los fideicomisos traicionados, las promesas rotas de manera sutil, los regalos desperdiciados irrevocablemente a través de la pereza o cobardía, o el descuido. Por mucho que queramos posponerla, terminamos acostados en esa cama notoriamente incómoda, una cama que nosotros mismos hacemos. Si dormimos o no en ella, depende por supuesto, de si nos respetamos o no a nosotros mismos..
(...)
El auto respeto es una disciplina, un hábito de la mente que no se puede fingir, pero puede ser desarrollado, entrenado sucesivamente. Una vez se me sugirió que, como un antídoto para el llanto, pusiera mi cabeza en una bolsa de papel.  Da la casualidad de que hay una razón fisiológica, algo que ver con el oxígeno, que detiene el llanto, pero el efecto psicológico por sí solo es incalculable: es extremadamente difícil seguir creyéndose la heroína de Cumbres Borrascosas cuando se tiene la cabeza bajo una bolsa de papel de supermercado (…).

:)

Yo estos días me sentía como Margarita Gautier, de "La Dama de las Camelias", como tuvo a bien una amiga en comentármelo. Pero con lo de la bolsa en la cabeza, creo que fácilmente puedo pasar a sentirme tan llena de vida como Margarita la Diosa de la Cumbia.
¿Y no es lo que todxs en realidad queremos?
R-E-S-P-E-C-T dijo Aretha Franklin (quien aparece, por cierto, en la página 106 del libro).
Y más más más importante aun, S-E-L-F-R-E-S-P-E-C-T.

* * * * *
Ya estoy en mi casa pero ahora sigue una incapacidad de diez días porque soy un pinche foco infeccioso.
Todos en casa con cubrebocas, echando lysol a diestra y siniestra y yo tratando de mantenerme encerrada entre las paredes de mi cuarto.
Es bueno.
Voy una semana atrasada con mi tesis y esto puede ser una oportunidad para ponerme al día.... si antes no me atrapa Netflix, o mis libros, o las ganas que le traigo a organizar la lavandería-taller-estudio-clóset.

Que la inspiración de todas mis musas (hasta la letra S) me acompañen.

miércoles, 29 de enero de 2014

Negativo

Así han salido los exámenes.
Y eso es bueno.
El diagnóstico oficial es neumonía.
(Sin embargo, seguiré con el tamiflú por más tiempo porque a decir del doctor es muy raro esto del incremento de neumonías, y deben seguir con los antivirales por las cochinísimas moscas).
Aún con la confirmación de los exámenes, seguiré en aislamiento. Debo confesar que eso me gusta porque la idea de que me visiten cuando estoy en cama, despeinada, con bata enseña traseros, no es agradable.
Sólo extraño a los hijos quienes seguramente estarían más interesados en el contenido del refrigerador para la visita que en mí y eso sería de lo más saludable.
Tal vez no extraño tanto a la gente porque, bendita tecnología, me he podido mantener en contacto con la familia y amigos por diversos medios, desde el Whatsapp hasta el Skype.
Entre mi libro y los mensajes que me ponen en FB me la he pasado entretenida y con buen ánimo, pero ya estoy harta de cama y descanso.
Quiero cama pero de otra variedad. ;)
Dijo el doctor que mañana, tal vez, negociaríamos mi alta.
Si negociar es posible, yo empezaría pidiendo que le pusieran caramelo al flan del postre. No necesito ni deseo más.

lunes, 27 de enero de 2014

Tratamientos

Cuando eres maestrx lo peor que puedes hacerle a tus alumnxs es dejar que te vean en algún lugar fuera de la escuela. 
Por alguna razón esto causa un enorme shock a los estudiantes, quienes no se recuperan fácilmente de la revelación de que sus maestros son, a pesar de toda evidencia en contra, humanos.
Yo ya no soy maestra, pero para mis exalumnos lo seguiré siendo, así como ellos seguirán siendo mis alumnitos.
A veces me los encuentro, en antros y cafés. Y trato de verme tan respetable como es posible, aunque no siempre lo consigo. Y en los últimos dos días, menos que nunca.
Ayer, después de un día y noche de fiebres altísimas, fui a dar al hospital. Por los síntomas, me atendieron de inmediato y la doctora que me recibió resultó ser mi ex alumna L. Preciosa la chamaca, más alta de la última vez que la vi, su voz menos aguda, pero básicamente la misma L, vaguilla y lista.
Cómo me pudo que la pobre haya tenido que verme en ese estado, temblorosa, afiebrada y llorosa.
Ella me hizo unos exámenes que salieron negativo para influenza y positivo para neumonía. Le habló también al especialista quien sugirió que me internaran para cuidar los síntomas, ya que no podía descartar todavía sin otro examen, lo de la influenza por estar enmedio de una epidemia (¿pos no que no?).
Hoy ya me he sentido bastante mejor. La fiebre finalmente cedió en la madrugada y me queda una tos horrible y un dolorón de cabeza.
En ese estado me bañé esta mañana, y luego me di cuenta que traigo ni peine. Pero al menos ya no me sentía tan incómoda.
Después del baño me acomodé en la cama, tapada hasta la nariz cuando escuché una vocecita que decía: vi su nombre y vine a ver si no es mi maestra a la que están tratando por influenza.
Y sí era porque incluso con su tapabocas la reconocí, los mismos ojos soñadores de D, y su dulzura en cada gesto.
Qué horror que ellas tengan que verme así, mientras ellas se me muestran poderosas,  hermosas y jóvenes. Qué terrible que tengan que darle indicaciones a su maestra cuando era yo quien corregía sus cuadernos.
Fue un gusto verlas pero espero que acaben pronto sus turnos porque no se merecen verme así.
(De todos modos este orgullo no se va a ir tan pronto como la neumonía.)

sábado, 25 de enero de 2014

Espacios abiertos

Uno de los pedos de las oficinas con espacios abiertos es que si una persona se enferma, el virus pasa de escritorio a escritorio hasta que da la vuelta, y tantas vueltas da, que el virus muta durante meses hasta evolucionar en un organismo al que próximamente habrá que vestir y mandar a la escuela.
Yo ya voy en la segunda vuelta, pero francamente ya no sé de qué estoy enferma.
Ayer me dolía la cabeza y traía mucha tos.
Hoy me dolían las rodillas y sentía harto frío.
Se me quitó un rato (benditos genéricos) pero algo amorfo regresó.
Tengo frío de nuevo.
Tos.
Síntomas de "por qué chingados no tomo más agua edición 2014".
Y esa sensación general de "qué cabrones siento" con el consiguiente llanto porque no me gusta no saber qué pedo. O a lo mejor no es por eso sino mero sentimiento asociado a la enfermedad. O a lo mejor tampoco es eso sino un malestar indefinible.
Puede ser eso último.
Recuerdo que en mis enfermadas de hace muucho tiempo, entre escalofríos y fiebre, me daban ganas de llorar.
Pero hacía mucho no pasaba.
Y no dejaré que siga pasando porque estoy a punto de ver "Sherlock" con los hijos y no pienso echar a perder el momento.


miércoles, 22 de enero de 2014

Veintes

Desde que compartimos oficinas abiertas he tenido más contacto con un departamento con el cual no tenía mucho trato. Me han caído muy bien las tres chicas que mayormente lo conforman, especialmente la mayor de las tres, P, que aunque es la mayor no llega a los treinta años de edad.
Nuestras muchas ocupaciones diarias sumadas a la diferencia de diez años me habían impedido ponerle más atención o intentar profundizar más en la relación. Somos buenas compañeras, compartimos historias por la mañana que llegamos, que es la hora del café y nos reímos con las anécdotas de unos y otras. Una buena relación laboral, pues. Además de eso yo no veía que nuestras vidas tuvieran mucho en común.
Hoy hicimos un viajecillo juntas porque ambas teníamos que visitar una agencia de una ciudad cercana. En el camino tuvimos tiempo para platicar y resultó que nuestras vidas están llenas de vivencias muy similares en varios aspectos.
De regreso de esa ciudad llegamos a comer al pueblo de donde es mi papá y de donde también son los papás de P. Luego de platicar otro rato nos dimos cuenta que hasta compartimos algunos primos, pues una tía suya está casado con un tío mío.
Más allá de los lazos de parentesco me parecieron curiosas las demás coincidencias.
Qué raro que habiendo tanta gente en este mundo una termine compartiendo un auto con alguien tan similar.
O tal vez no es tan raro. Será que aunque vamos por la vida creyendo ser bien especiales, la realidad es que somos muy ordinarios, con vidas comunes parecidas a otras.
Esto último no me importa mucho.
Me interesa más la caída de veinte de todo. Que el rostro bello y los cabellos rubios de una jovenzuela no me impidan ver qué más hay; que aunque me creo desprejuiciada aun tengo muchas ideas de las cuales deshacerme; que las apariencias no me distraigan y que busque siempre, siempre, siempre, un momento en el día para hablar con alguien a quien no conozco, no nada más por la búsqueda de coincidencias sino mejor aun, por las diferencias.

viernes, 17 de enero de 2014

Viernes.

Y no lo escribo entre signos de exclamación porque la verdad es que yo disfruto ser una persona productiva.
Y porque trabajo los sábados.
De todos modos se siente bien llegar a viernes, sobre todo después de esta semana de muchos sentimientos encontrados, entre la despedida a la exjefa, la llegada del nuevo patrón, el problema de salud de T y la carga de trabajo por las razones anteriores. Además tuve salida a una ciudad donde hace dos años implementamos preparatoria abierta para los trabajadores y tuvimos la primera graduación del sistema escolar. Much feelings, many proud.
El viernes, después de todo, es mejor que el lunes, martes, miércoles y jueves, porque no tengo que llegar a atender los asuntos domésticos de los que nos encargamos los demás días. Además en viernes alcanzo el nirvana poniéndome la pijama y viendo "30 Rock". Así bien facilita que soy.
Mañana será otra cosa. Pendientes temprano, tarea en la tarde, dos fiestas de cumpleaños por la noche. Y el domingo, más tarea y mi acongojamiento dominical.
Por eso, dejaré esto para regresar a mis ocupaciones de viernes.
Me lo merezco.

* * * * *
El hijo mayor acaba de entrar raspado y sangrando de la calle, acusándome de no hacer mi trabajo de madre prohibiéndole aventarse en patineta desde la calle de arriba.
Ni siquiera esa labor hago en viernes por la noche.

* * * * *
Sobre mi compañera T...
Ayer la internaron. Parece que su episodio se extendió a su familia y no reconocía ni a su esposo. Hoy comenzaba a recuperarse un poco de la amnesia. Espero que esté mejor pronto. :(

miércoles, 15 de enero de 2014

Mediados de semana

En mi trabajo los dramas suelen suceder los viernes y sábados, cuando el trabajo es mayor y las ganas, menos; no en un bonito ombligo de semana.
Lo que pasó hoy -y ayer- es más triste que dramático.

Tenemos una compañera de departamento, T, muy eficiente. Su trabajo es delicado y siempre lo ha hecho muy bien. Sabe más que el resto de los sistemas y procesos que utilizamos. Es pues una parte fundamental del equipo que conformamos. Por otro lado, T es muy introvertida. No suele relacionarse mucho más allá del trabajo, a pesar de que solíamos invitarla cuando festejábamos el cumpleaños de alguien de nuestra área, o si se nos ocurría una salida nocturna, o si nos íbamos a comer o desayunar algún día especial. Jamás fue con nosotros. El día que se casó, con una persona de la empresa, tampoco nos invitó. Y bueno, cada quien.
La verdad es que T me cae bien. Me caía. No sé. Aunque es callada, tiene un sentido del humor afinado y en nuestras pocas interacciones bromeamos y reímos.
Había, sin embargo, detalles que me conflictuaban. Por ejemplo, no tenía ninguna intención de compartirnos lo que sabía, aunque eso le aliviara su carga de trabajo o simplemente ayudara a alguien más a hacer mejor su propio trabajo. Tampoco aceptaba ofrecimientos de ayuda de nadie, tal vez por no soltar el control de sus cosas. Y además en varias ocasiones tuvo respuestas muy fuertes y duras hacia quien hasta el día de ayer fuera nuestra jefa, cuando ella era un amor con su gente. T recientemente estuvo incapacitada por embarazo y entendimos que no fuera a responder el teléfono porque estaba en descanso. Lo que nos sacó terriblemente de onda fue que dejara bloqueada su máquina, que era muy necesaria para hacer lo que ella hacía y que se llevara documentos que hubieran facilitado el trabajo de quienes se quedaron sustituyéndola.
Raro todo esto.
Pese a eso seguimos en una relación cordial.

El día de ayer tenía su carga habitual de trabajo pre quincenal. Nada que ella no hubiera podido manejar antes. Pero andaba extraña.
A mediodía llegaron un par de compañeras de otras ciudades, para ir a comer con nuestra jefa en su último día, y se portó muy grosera con ambas. En algún momento me culpé: tal vez esté enojada porque no la invitamos (pero es que la invitamos a otra de las despedidas de la jefa días antes y no había ido, y considerando que jamás nos había aceptado las invitaciones, ni si quiera me tomé la molestia de decirle algo) pero no era sólo que se notara molesta. Se notaba rara. Perdida. Nuevamente las chicas le ofrecieron ayuda, le dijeron que se fuera a comer con nosotras, que descansara un momento y no quiso.
Nosotras sí nos fuimos a comer. Y también se invitó el nuevo jefe mostrando una insensibilidad tremenda, pero eso es otra historia.
Por la tarde, regresé a casa y un par de horas más tarde me habló la jefa. Muy dolida, me contó que T, frente a J, el nuevo jefe, le había dicho que no quería volverla a ver, que le tenía miedo (¿?), que le estorbaba y no la dejaba trabajar... y una serie de cosas incoherentes y extrañas.
Traté de calmar a la jefa. Le dije que no lo tomara personal porque T no parecía estar bien, que podía ser efecto de gran cansancio (con un bebé de tres meses en casa) sumado al estrés, que tal vez no lo había podido manejar y simplemente hizo Snap. Como cuerda que se rompe.
Esta mañana, J habló en privado conmigo para preguntarme si la exjefa tenía algún problema con T. Yo respondí que no, que en todo caso si alguien tenía algún problema era T, que S había sido una jefa respetuosa y además tolerante con el carácter de T, siempre tratando de acercarse a ella, de ayudarla. Que ignoraba qué le sucedía a T, pero suponía que era producto de cansancio y estrés, que ojalá él pudiera hablar con ella a ver qué le pasaba y en qué podíamos ayudarla nosotras.
Así quedó.
Por la tarde y con retraso de varias horas, finalmente quedó depositada la nómina, que es un proceso que ella realiza. Luego nos dimos cuenta, y porque nuestros compañeros son honestos, que había salido mal. Eso es un broncón en una empresa como la mía cuyos salarios llevan una cantidad de ajustes y cálculos.
El nuevo jefe se estrenó en su primer día teniendo que afrontar un problema que no habíamos tenido antes. Tuvo que ir con los gerentes y pedirle a T que lo acompañara, sólo para explicar qué había sucedido y cómo lo íbamos a resolver.
T, por su carácter tranquilo y callado y su eficiencia, es respetada. Habría sido muy sencillo decirle a los gerentes "la regué, tenía mucho trabajo y cometí errores, no va a volver a ocurrir" y estoy segura que nada habría pasado. Todo hubiera quedado en un par de recomendaciones del gerente.
Pero no.
T dijo que alguien le había echado a perder su trabajo, que alguien se había metido al sistema para moverle y que no saliera bien.
Después de esa reunión, T simplemente se fue. El nuevo jefe se fue a buscarnos a mi compañera y a mí, que ya teníamos dos horas tratando de resolver la situación, y nos platicó lo sucedido. T dijo que quien le había movido al sistema había sido yo.
Creo que sonreí cuando lo escuché... ¡PORQUE YO NO TENGO NINGÚN CHINGADO ACCESO AL SISTEMA! Para eso se necesitan claves y contraseñas. Y aunque las tuviera... para eso se necesita saberle al pedo ése y yo no sé.
Mi compañera C en cambio, no sonrió. Ya estaba bastante encabronada con lo que le había dicho a la ex jefa la noche anterior como para todavía chutarse esto. Por eso, primero se disculpó y dijo "así hablo yo" y luego se soltó hablando, sobre cómo hacíamos el trabajo aquí, cómo nos apoyamos entre compañeras -menos T-, cómo sabemos que si algo falla nos impacta a todos, cómo sabemos que si algo falla, entre todas lo resolvemos. Fue un discurso genial, sobre todo porque cada cuarta palabra era "pinche", "puto", "culero", "chingado" y "cabrón".
El jefe dijo que él nos creía, que si lo compartía con nosotras era porque quería entender qué pasaba y no porque desconfiara de nosotras.
Después de doce horas en la empresa, C y yo pudimos finalmente salir. De camino al estacionamiento, ella seguía encabronada.
Yo no podía hablar. Ni siquiera estaba enojada por la acusación, de tan extraña e ilógica que fue.
Y tampoco puedo estar encabronada, porque la verdad sospecho que T no está nada bien.
Cuando me siento bajo presión, tengo mis mecanismos de apoyo. En casa una familia que cuando me ve con mi cara de cárcel, hace lo posible por ayudarme y consentirme. El solo ofrecimiento de ayuda es confort suficiente. Luego tengo mis reuniones con amigas y amigos, con quienes puedo despotricar y luego reírme. Tengo el trago, los cigarros, la música, la comida, los libros... todo eso que da perspectiva y permite que llegando el lunes una pueda seguirle.
Pero T no.
Su pareja tiene tanto trabajo como ella.
Su bebé no ha de dormir mucho por las noches.
Y no cuenta siquiera con el desfogue con un grupo de amigos.
Y es triste.
No me enojo por lo que dijo, porque para decir algo tan absurdo se requiere haber perdido algo, no sé qué.
:(
Y apenas es miércoles.



martes, 14 de enero de 2014

Último día

Pensé que no podía pero lo hice.
Triunfé.
El domingo pasé doce horas sentada frente a la televisión.
Y lo voy a decir, me gusta mucho la televisión, pero desde los domingos de mi infancia no la había visto más de dos horas seguida.

El domingo pasado me desperté sorprendentemente temprano -a las 9 de la mañana- algo muy raro, porque ese día me dormí a las cuatro de la madrugada, después de una reunión donde hubo tamales, café, galletas con chocolate, vodka, vino y tequila. No necesariamente en ese orden.
Cuando mis hijos tenían la insana costumbre de levantarse temprano (en esta familia temprano en domingo significa 9 o 10 de la mañana) a mí me gustaba levantarme un poco antes. En el silencio de la mañana, Fefé y yo nos escurríamos a la cocina a preparar café y pan tostado. Luego nos hacíamos bola en el sillón, con la tele bajita para que los dos engendros no pensaran que la televisión encendida era una invitación a despertarse.
Pero no pasaba ni una hora cuando ya teníamos a las criaturas juzgando nuestras elecciones televisivas y cambiando de canal como consecuencia.
Con el tiempo los hijos se fueron despertando cada vez más tarde (mi mayor triunfo materno) y yo también. Teniendo un solo día para levantarme tarde, lo trataba de exprimir aunque me dolieran los riñones. Fefé siguió con la costumbre de levantarse a preparar café pero también aprendió que después de tomármelo voy a volverme a dormir unas horas más.
Por eso me resultó sorprendente que el domingo la cama me vomitara tan temprano.
Fefé ya tenía listo el café y yo calenté algo para comer.
A las diez de la mañana vimos una película italiana.
Luego empezó "Mama". Cuando llego a ver alguna película de suspenso o miedo, es en la comodidad de mi casa con las luces encendidas.
Terminando la película, comenzó el partido de futbol americano. La mayor cualidad de Fefé, incluso mejor que el café de los domingos, es que no es gran fan de ver deportes por televisión y no es seguidor de ningún equipo en específico, pero como exjugador de americano, de vez en cuando disfruta ver uno que otro partido, y este domingo lo hizo.
A mí no me entretiene, pero ya tenía más de dos horas frente a la televisión, y me puse como reto un par de horas más, durante las cuales la verdad es que no vi el partido, pero le adelanté hasta la letra C en The Book of Jezebel.

Cuando terminó el partido, empezó la entrega de los Golden Globes. Más allá de la credibilidad de los premios, yo quería ver otra vez a Tina Fey y a Amy Poehler conduciendo. Fefé entonces se quejó de dolor en la espalda, pero lo obligué a quedarse. Yo estuve con él en todo el partido. Era lo justo.
Y todavía después de los premios, nos aventamos el inicio de la nueva temporada de Shameless.
Fue cuando me di cuenta que habíamos comido pura basura, no nos habíamos bañado y estábamos sintiéndonos como marinados en nuestros propios jugos.

¿Qué me dejó esta experiencia?
Nada. O tal vez una horda de neuronas menos.
¿Me arrepiento?
Jamás.
¿Lo volvería a hacer?
No lo veo plausible en el futuro cercano.
La realidad es que si me aferré a hacerlo fue porque este domingo fue mi último día de libertad plena, pues el lunes comencé clases de nuevo, y aunque mi elección de sillón y televisión sean cuestionables, no me importa.

Me gusta la televisión.
Con ella tuve mi primera relación amorosa saludable y no la pienso dejar, aunque por ahora la escuela y el trabajo nos separen.

sábado, 11 de enero de 2014

No hay consuelo

Soñé que William tenía novia.
Y yo que juzgaba de payasas a las madres celosas, desperté sintiéndome ligeramente incómoda.
Todavía no quiero que los hijos tengan novia o novio, lo que finalmente elijan. No porque crea que son muy jóvenes sino por mis muy egoístas motivos.
Si William comienza a hacer visitas románticas vespertinas... ¿con quién voy a hablar al llegar del trabajo sobre el nuevo episodio de la serie x o el director de la película y?
Si súbitamente le comienzan a llenar su muro de FB con mensajes amorosos... ¿tendrá tiempo de leer los enlaces que le comparto?
Fefé me intenta tranquilizar cuando le cuento el sueño.
- Despreocúpate. La única nena que va a hacerle caso, será una igual de geek que él y así no habrás perdido un hijo, sino que habrás ganado dos nerds.

Pero a mí no me gusta compartir.
:(

martes, 7 de enero de 2014

Se aceptan sugerencias

Como decía, nunca nada sobra.
El tiempo tampoco me anda sobrando últimamente.
Con esta excusa he pasado meses y meses sin leer algo que me plazca. Sí, he leído un chingo de libros de la escuela, pero nada para mí, para mis dentros.
Hoy llegué a esta frase de Sontag: “Literature can train, and exercise, our ability to weep for those who are not us or ours.”. Luego recordé lo que había leído sobre unos estudios que concluían que la lectura de obras de ficción mejoraban la empatía. Nota aquí.
Por supuesto que la hermosa Susana tenía razón.
(Nomás lean "Ante el dolor de los demás" y "Sobre la fotografía", temas más que más que más que presentes e importantísimos en este  momento.)
Pero volviendo a la frase... ando queriendo leer algo rico, muy rico de ficción para despertar un poco.
Y acepto recomendaciones.
Gracias.

* * * * *
Mi Magnolia me regaló en navidad "Pan y Rosas" pero sé que sabrá perdonar que me espere un poco a leerlo.
Y a propósito de Magnolia y de lecturas, una lectura muy recomendable suya por aquí.

lunes, 6 de enero de 2014

Berrinchitos Lili Ledy

La primera (y única, hasta el momento) parte de mi tesis, la entregué haciendo berrinches porque debía explicar la forma en que analizaría los datos y no pude. Estadísticas e Investigación con el mejor maestro del mundo en la universidad y no pude responder cómo haría un análisis bien sencillo.
Estoy a una semana de reiniciar otro semestre y continuar el proyecto de investigación. Ya tengo los datos.
¿Y el análisis? Bien, gracias, el ijoeputa.
Así estaba rumiando todavía esta mañana cuando recordé que tenía dos módulos pendientes de una certificación online en White Belt que nos asignaron en el trabajo. Para evitar más berrinches, me puse mis audífonos y a darle. El módulo abordaba el análisis de datos. Mientras leía el temario del módulo sentí que el cielo se abría en pythonesca secuencia...
Algo así:
Y luego que comencé a estudiarlo y a bajar los tutoriales de los distintos tipos de análisis así como las herramientas en Excel (formato incluido), me metí al baño a cantar Hallelluja, Leonard Cohen style. Pero mejor.
Ya sé cómo analizar los datos de mi tesis.
:)

Hace unos años, en el despacho donde trabajaba, nos solicitaron que nos recertificáramos en una norma técnica que yo ya había hecho y que me había tomado meses anteriormente. Y no sólo el tiempo. Fue una época compleja, pues Fefé estudiaba y trabajaba, yo trabajaba, los niños iban a la guardería y sólo teníamos un auto. Debíamos programarnos muy bien. El sistema no admitía faltas ni puntajes menores a 90. Pero lo hice. Lo hicimos. Así que la idea de volver a certificarme me parecía nefasta. Luego me explicaron que la norma había cambiado, que la habían separado, que ahora tendría no una sino dos certificaciones en el CONOCER y que además no me dolería tanto, sólo serían 32 horas divididas en dos fines de semana.
Es cierto, no dolió tanto. Excepto una mañana de mayo, el día primero, en que me apetecía quedarme más en mi casa porque amaneció nevando. Cosas más raras ocurren.
Pero fui. A regañadientes. Y a regañadientes hice mis evaluaciones. Porque ¿para qué iba a servirme todo eso ya?
Un mes después, a la búsqueda de un trabajo más estable, me llamaron de una empresa. Me entrevistaron en tres ocasiones, me aplicaron varias baterías de exámenes (¡123 en el Therman!) y por último un examen muy extenso sobre los procesos de capacitación. Todo muy teórico y basado en las normas técnicas de competencia laboral. El examen no lo hubiera podido pasar de no haber hecho mi recertificación un mes antes.

Ningún conocimiento sobra.
Conseguí el trabajo.
Y empecé la maestría.
En algún momento me consideraron para un ascenso, por experiencia, conocimientos, por estar estudiando la maestría.
Esa oportunidad pasó porque el puesto nunca alcanzó a ser creado. Incluso los existentes a ese nivel, desaparecieron.
Pero yo seguí.
Trabajo, no sé si tendré en algunos meses, con tantos cambios que siguen sucediendo.
La maestría, ahí va. Me cuesta desprenderme de cada peso que pago y a veces me dan ganas de llorar los domingos frente a la laptop, pero no hay vuelta atrás.
Si me quedo sin trabajo, ahí afuera algo habrá. Y de algo servirá la maestría.
O de algo servirá haber trabajado donde trabajo.

Nunca nada sobra.



sábado, 4 de enero de 2014

Vicks

Las canas presentan una desventaja: si los ojos no lucen tiltilantes y joviales cuán estrellas (como en la foto) y en cambio se ven reducidos hasta en un 70% en tamaño, aparecen llorosos y enrojecidos y la nariz es una bola húmeda y goteante, ya no soy la mujer de 37 años que «se ve muy joven para tener canas» sino la de 70 años que es más o menos como me siento ahora.
El jueves fue la primera vez en casi cuatro años que falto al trabajo. Y ayer y hoy fui devuelta a mi hogar porque nomás estoy dando lástima, dijeron. No que no me haya enfermado antes. Es que creo que no me veía tan jodida. Sospecho que son las canas. O tal vez no deba culpar a mis pelos y deba asumir que así, solita y sin ayuda, si me veo jodidísima.
Pero qué tiene, quialcabos al rato se me quita y en una de ésas ya no me enfermo para mi cumpleaños, como ha sucedido los últimos cinco años.
Quialcabos qué.
Mientras sigo metiéndome Vicks hasta donde la moral y las buenas costumbres lo permiten.
Actualización (17:46 hrs.)
Hasta el momento, lo único que he logrado con el Vicks es convertir mis fosas nasales en el hábitat ideal para koalas diminutos.
Actualización (23:19 hrs.)
Hallazgos científicos al someterme como sujeta de investigación en el estudio titulado «La efectividad del Vicks en los procesos descongestivost»:
1. El Vicks huele bien pinchi fuerte (duh).
2. Tan fuerte que incluso con las vías respiratorias congestionadas lo puedes oler y sentir.
3. Eso te hace creer que el Vicks está trabajando.
4. Esta creencia se fortalece cuando finalmente, por efecto del tiempo o algún antigripal, tu nariz se descongestiona.
5. Preferimos creer en remedios mágicos o naturales.
6. Mis conclusiones científicas no impedirán que siga utilizando Vicks pese a su probada ineficacia porque huele chido y en estos momentos es lo único que puedo oler (aunque con la combinación de pastas que traigo, puedo ver los sonidos y escuchar la dulce música de los olores).
Seguiremos informando.

viernes, 3 de enero de 2014

Propósitos

A los 23 años me comenzaron a salir canas.
Empecé a teñirme el cabello a los 25.
Algo sorprendente sucedió el mes pasado: en lugar de incomodarme ante la vista de mis canas en el espejo, sentí un débil y ligero orgullo, suficientemente fuerte para evitar correr a ocultarlas.
Usualmente me molestan mis canas porque son feas (las mías), cenizas y sin gracia. Ahora las veo distintas... como más vivas y con cierta personalidad.
Tal vez no sea necesario esconderme un año en una cueva. A lo mejor mi propósito del año va a ser evitar la tentación de cambiar de color y liberar a mi anciana interna.
(Será divertido ver la estupefacción de la gente que al verme seguramente pensará: «¡¿Cómo?! ¿Canas con ese rostro de quinceañera?»)