domingo, 31 de marzo de 2013

Esta semana tuvimos las vacaciones de la escuela. Al menos la de una materia, porque uno de los maestros decidió que las vacaciones no eran lo suyo y asumió que lo de sus alumnos, tampoco. Así que debíamos trabajar esta semana pese a que dos integrantes del equipo se encontraban en alguna jungla o algún bosque o encerrados lejos del alcance de alguna red. La chica ecuatoriana y yo nos pusimos de acuerdo para avanzar y además convenció al maestro de dejarnos presentar el trabajo unos días después de la fecha.Tuve pues toda esta semana para avanzar con un contenido temático.
Pero el lunes y martes fue tremendo, con cursos y además la planeación presupuestal de mi departamento (sí, en marzo).
Y el miércoles, una salida fuera de la ciudad y por la noche me vi obligada a ir al cine.
Y el jueves, nos dejaron salir temprano. Qué bueno, porque por la noche me reuní a salsear con mis compas de la secundaria.
Viernes y sábado no iría a trabajar, así que tendría suficiente tiempo para la tarea.
Pero el viernes me pareció de mal gusto hacer tarea cuando no tenemos días de asueto muy a menudo en el trabajo. Por la noche no me desvelé con esto tampoco, porque el sábado me quería ir a desayunar con un amigo. La clase de desayunos que abarcan hasta después de la hora de la comida. Y después del desayuno tenía cosas que arreglar en mi casa para una carne asada.
Como ven, ocupadísima.
Finalmente hoy, me levanté decidida pero recordé que el pinche Windows 8 con el que venía mi lap top es una porquería y requería que William me pusiera la versión anterior. Esto se llevó un rato porque William se despertó a las dos de la tarde. Mientras tanto vi la tele y tomé café por la mañana. Porque para eso son los domingos. A las cuatro estuvo lista mi máquina. A las cinco me puse a trabajar.
Terminé a las cinco y media.
El trabajo que me tocaba no era nada del otro mundo.
Pasé toda la semana PREO-CU-PA-DÍ-SI-MA para terminar la tarea en treinta minutos.
Pfffft...




Menos mal que no fue una tarea difìcil, si no mejor me habría evadido en internet.

Imagen.

martes, 5 de marzo de 2013

Este invierno ha sido la primera temporada en que la ropa de Harry no es de una talla menos que su edad.
Recuerdo que hasta los cinco años le compraba ropa del departamento de bebés y siempre fue bien difícil encontrarle pantalones que le quedaran bien.
Ya no.
Fefé lo surtió el año pasado de sudaderas y ninguna le quedó.
Anoche se paró junto a mí.
Ya sólo soy más alta que Lulú, Lucky y Ringo en casa.

Cuando mi hermana cumplió catorce años, ya era más alta que mi madre así que mi estatura nunca me preocupó porque ya tendría yo también catorce años y sería más alta que mi mamá.
Cumplí catorce, quince... y el momento nunca llegó.
Para ser honesta, tampoco me preocupó después de eso.
Dos o tres veces al año mi papá y yo nos abrazamos y en esos momentos me llama cariñosamente "chaparrita". Me gusta cómo suena pero no he conseguido que tenga significado.
Tal vez, por cuestiones de género, la altura no me ha preocupado mucho.
Pero tampoco es algo que me llamara la atención en los hombres. Fefé es apenas más alto que yo.
Hace un año llevamos a William con su doctora. Requería un medicamento que al final la doctora decidió no prescribirle porque podría afectar su altura. Y durante cinco minutos habló del tema: que si hacía suficiente ejercicio, que si jugaba basketball, que tenía que hacer ejercicios de estiramiento, que si el promedio de altura en la actualidad...
Eso me llamó mucho la atención.
¿Es tan importante la altura?
Mi mamá también me insistía en que llevara a Harry con un médico para que revisaran su estatura. Toda su estancia en guardería lo hicimos porque siempre estuvo abajo de los mínimos establecidos y la respuesta del médico era la misma: el niño está muy saludable y -después de ver al papá y a la mamá- no tiene de quien sacar más peso o más altura.
Además tuve alumnos sometidos a tratamientos de crecimiento (todos hombres) y realmente yo no quería que pasara por lo que ellos, que ya bastante tenían con ser adolescentes.
Y la pregunta me sigue inquietando.

¿Realmente es tan importante ser alto o alta?