jueves, 30 de agosto de 2012

Búsqueda laboral

Hace unos días leí una nota en FB que escribió Cume y me acordé de una experiencia de búsqueda laboral muy... ¿interesante? ¿curiosa? ¿divertida? ¿escalofriante? Yo diría que eso último es lo que mejor la describe.

Corría el año del 99 y yo ya estaba en la búsqueda de trabajo. En el periódico apareció un aviso que decía algo así: "Se solicita señorita soltera, de 20 a 35 años, con disponibilidad de horario y estudios universitarios, guste de la lectura, cultura general, buena conversación... " Palabras más, palabras menos.
Como me intrigó bastante qué clase de trabajo podría hacer una persona con esas características acudí a la cita, sin ser ni señorita ni soltera. La "entrevista" fue en una casa, por lo que le pedí a Fefé que me esperara afuera y que si no salía en veinte minutos entrara.
Me recibió un señor maduro, chaparrito y medio calvo. Comenzó a platicar conmigo mientras yo trataba de descifrar para dónde iba el asunto, mientras de reojo veía la decoración de la sala y la cocina, o más bien la falta de decoración. Y de muebles. Me preguntó sobre mis estudios, sobre mis libros favoritos, sobre la música que escuchaba y yo pensaba que a lo mejor era algún editor de revista o algo así. Pero no. No había mencionado nada del trabajo. Los minutos seguían pasado y yo me imaginaba lo peor, mientras el pinchi Fefé leía el periódico muy agusto en el auto. Finalmente el individuo soltó la sopa.
-- En realidad, jeje, no estoy ofreciendo ningún trabajo, es que quiero conocer mujeres y lo del aviso en el clasificado fue una ocurrencia. ¿No le parece una buena idea?
-- ¡No! Me parece una porquería de idea que traiga con engaños a personas a su casa, a personas que están buscando un trabajo y que vienen aquí con toda la esperanza de encontrarlo. Me parece una porquería que abuse del tiempo de los demás y como método de búsqueda de novia, me parece patético, estúpido y lastimero. ¡Adiós!

Bueno, en realidad no dije eso. La situación me pareció tan humillante para mí y tan lastimera para él, que sólo me levanté de la silla, le deseé suerte y me fui.
Todo el camino a casa no pude pronunciar palabra. Por la noche le platiqué a Fefé y fue cuando me di el lujo de soltarle la retahíla que hubiera querido decirle al galancete, pero que en el momento por el impacto, no pude siquiera articular.

Y ésa, señor@s, ha sido mi más triste y escalofriante experiencia de búsqueda labora.
¿Cuál ha sido la tuya?

lunes, 27 de agosto de 2012

Casa

Estamos haciendo reparaciones en casa. Por las necesidades que hay nos la vamos a llevar cuarto por cuarto y así hasta el año nuevo porque sólo podemos estar con los trabajadores los fines de semana. Eso va a resultar muy cansado considerando que hay que dejar la casa desescombrada cada domingo por la noche para que los hijos no se nos vayan a atacar de alergias.
Los que han realizado reparaciones en sus casas saben que incluso el polvo del hoyo de la pared que haces con un taladro, se mete hasta el congelador.
Ayer nos dejaron hechos los huecos para unos ductos del aire acondicionado.
Harry, después de ver las capas de polvo tras polvo sobre absolutamente todas las superficies de la casa, decidió que sería buena idea solicitarle asilo a su abuela.
Ni aguantan nada.
Finalmente, entre todos logramos hacer la casa habitable por esta semana, aunque sabemos que el siguiente fin será lo mismo y que tendremos que desescombrar la noche del domingo y llegar agotados a nuestro inicio de semana laboral.
De aquí al año nuevo.
Pero ¿saben qué?
Se siente bonito darle una resanada al hogar. Es como darse una resanada en el alma.
Porque pues (¿quién lo dijo? ¿Neruda?) uno es su casa.

* * * * *
Cuando dije "entre todos" no necesariamente quise decir "todos".

Ringo pasó más tiempo llevándose el polvo a otros cuartos, dándole sustos a los trabajadores o dejando huellas sobre la mesa y la estufa.

Y Lucky...

Se metió en un cajón y no salió de ahí en todo el fin de semana.

Yo quiero ser mi gato.

sábado, 25 de agosto de 2012

El amor de las polillas

Ringo (antes conocido como Vicio) es un excelente cazador. No hay insecto volador ni rastrero que se le escape. Nos llena de orgullo.
El problema con sus prácticas no eran las cucarachas muertas en la cama o el ruido de los objetos caídos en el cumplimiento del deber durante la cacería de madrugada. El problema es que Ringo lloraba. Cada vez que no podía alcanzar una palomilla plantada obstinadamente en el techo, Ringo lloraba.
Y nos resultaba triste.
Pero ya no porque después de observarlo durante varias semanas concluimos que Ringo no llora, sino canta.
Así es.
Les canta dulces serenatas a las polillas y a las moscas para hacerlas bajar hacia donde él está.
Dulcemente las enamora.
Los insectos caen rendidos de amor y él procede al actuar más antiguo del mundo: matar lo que se ama. Sin  compasión o miramientos.

Oscar Wilde estaría tan orgulloso.


jueves, 23 de agosto de 2012

Manías

Trato de pensar en qué hay en el mundo hoy de bello y maravilloso.
Supongo que mucho pero lo primero que se me viene a la mente son los huevos estrellados sobre enmoladas que les hizo Fefé a los niños esta mañana para desayunar.

¿Les dije que estoy "a régimen"?
La nutrióloga no quiere que use la palabra dieta (ay, ya lo hice) con eso de que me entra la ansiedad.
Era justo ya. Mi bolsillo se estaba viendo seriamente afectado con los cambios en el guardarropa y con mi vicio de café helado y galletas.
También resultaba un poco penoso con la costurera que nos hace los uniformes. Ella viene dos meses antes del cambio de temporada a tomar medidas y a mí siempre me tenía que andar haciendo ajustes porque ya cuando llegaba la ropa, no me quedaba bien.

La voluntad.

¿Les he dicho que a veces sí tengo fuerza de voluntad?

Me remito a los hechos:
* Tomé biberón pasados los cuatro años de edad. Llegaba del kínder y "no te preocupes, mamá, yo me lo preparo". El día que mi madre cuestionó seriamente mi práctica, yo le dije "el día que cumpla cinco años lo dejo". La mañana de mi cumpleaños, malosa como solo las madres pueden serlo, me ofreció mi progenitora un biberón. Yo me negué. Ya tenía cinco años y cumpliría mi palabra.
* Creo que a raíz de lo del biberón comencé a comerme las uñas. Fue un hábito de muchos años hasta que un día, siendo una quinceañera,  un noviecillo que tuve me dijo: "Tienes unas manos muy lindas. Se te verían bien las uñas largas." De inmediato dejé de morderlas. Y dejé al novio. Mis manos lindas se merecían algo mejor.
* El tiempo que estuve tomando prozac ("como mentitas" decía una amiga) fui muy feliz, pude arreglar mis asuntos, comencé a dejar todo en orden pero no quería dejar de tomarlo. Hasta que me di cuenta de cómo me afectaba el libido (¿o líbido?) y dejé inmediatamente de hacerlo. Luego fui feliz otra vez. O sea, sexo ¿no?
* Pero el sexo no cura los transtornos maniaco-compulsivos que se encuentran tratando de reptar desde el oscuro abismo de los infiernos personales. Comencé a fumar. Y mi comadre dice bien: "No eres adicta al cigarrillo, es otra de tus manías". No fumo todos los días, sólo cuando salgo a cafetear o cantinear.
* Si esperaban que les contara una historia exitosa sobre dejar el cigarrillo se las voy a dar: dejar de fumar es bien fácil. Lo hago cada semana.
Bueno pues, no.
No lo he dejado porque no me lo he propuesto; sin embargo, me parece que el "régimen" sería un excelente sustituto. Y aquí es cuando me doy miedo. El biberón, las uñas, los antidepresivos y la nicotina, nunca me parecerán tan perversos como una obsesión con la comida.
Por eso no.

Déjenme con el cigarro, que es lo único que me queda.

miércoles, 22 de agosto de 2012

Así es como se muere un blog

Así mismo, con la promesa de ir a verlo cada día y dejándolo para después.
Hasta se me olvidó que este mes el blogcito cumplió ocho años.
Pero no pasará.
Aquí seguimos.