jueves, 28 de junio de 2012

En mi casa se juegan videojuegos.
Y yo los compro.
Porque si alguien va a alienar a mis hijos, ésa soy yo.
Lo que sí no hago es jugarlos. La última vez que intenté usar el Wii terminé con los nudillos raspados y un reloj despertador destruido. Aunque debo mencionar que la semana pasada sí estuve jugando al Rock Band de Los Beatles (por "jugar" entiéndase estar sentada con el micrófono monopolizado).
El cartón de arriba es más que acertado en lo que se refiere al uso del XBox Kinect en mi hogar. Es de lo más divertido comunicarnos con la estúpida consola que nunca entiende cuando decimos "reproduce" o "capítulo siguiente". Más divertido aún es ver que el XBox se detiene y tratar de adivinar quién dijo una palabra que hizo que el equipo se parara. Y últimamente también lo usamos mucho más para ver Netflix que para jugar.
Mi casa no suele estar en silencio. Entre las pláticas de los hijos con sus amigos por XBox Live, los gritos de "¡Tómala, Noob!" y otras jergas adolescentes, y los debates que se generan con las películas o los programas de televisión, no hay mucho lugar para el silencio.
Personalmente disfruto el silencio, pero en esta etapa hormonal de mis hijos agradezco mucho el ruido.
Una de mis amigas se queja de los problemas de comunicación que tiene con su hijo de quince años y las cosas que el moconete le responde y cómo la hace sufrir. Lo más que puedo decirle es que su hijo es inteligente, le va bien en la escuela, es responsable y no es irrespetuoso. Mucho más de lo que se puede decir de otras madres y otros hijos. Pero finalmente no debería yo estar diciéndole nada ni dando consejos porque no he pasado por su misma experiencia. Ignoro cómo es eso que tus hijos no quieran hablarte o que contesten cosas propias de adolescentes. 
Será que mis hijos aun son niños.
Tal vez.
Pero no puedo asegurar que no vaya a pasar. Supongo que no podré hacer nada por evitar que quieran guardar secretos, que se rebelen contra la autoridad materna y paterna, que padezcan la horrorosa pubertad y que un día se levanten sin ganas de hablar.
Por eso disfruto el desmadre de estos días, los sobresaltos de William cuando descubre algo nuevo y se pone a explicarlo (como por qué el Mar del Norte y el Báltico no parecen unirse), las carcajadas de Harry con los gatos y cómo me las cuenta, la hora de la comida escuchándolos hablar sobre sus amigos y el grupo musical que van a formar,  la narración en vivo y en directo sobre una partida en un videojuego y las desveladas (aunque me pese levantarme al día siguiente) por ver películas que nos gustan.

¿Quién puede saber cuánto nos queda de esto?

miércoles, 27 de junio de 2012

Noticias bonitas

Y que tanta falta hacen.

Fíjense que Raquel Castro, mejor conocida en el cibermundo y la blogósfera como Rax, acaba de ganar el premio de literatura Gran Angular.
Les dejo la nota de su blog.
Ojalá tengan oportunidad de leer otras entradas suyas. El humor, el uso de la ironía, el ejercicio de la imaginación, además de gatos, zombies y pingüinos, todos están presentes en sus textos. ¿Qué más pueden pedir?

lunes, 25 de junio de 2012

Tiempos electorales

Para aquellos que van a estar en las casillas les dejo un enlace al blog de Chidoguan: el manual del funcionario de casilla.

Necesito hacer algo para distraerme un poco de todo este proceso.
Siguen días muy angustiantes. Y es probable que después de estos días sigan años peor de angustiantes.

Por eso déjenme reír ahora que puedo.

domingo, 17 de junio de 2012

Decidí, como bien me aconsejaron, dejar a un lado mis preocupaciones hasta que no fueran hechos.
Esto también lo hice a raíz de que en un momento ocioso me puse a mirujear Google Maps y a buscar fraccionamientos, casas, escuelas, y así. Con la información adquirida decidí que no sería mala idea buscar más datos del fraccionamiento "x". Empecé por las imágenes y cuando lo hice sólo me aventó fotos de gente asesinada y mutilada. Dada que no fue la mejor idea empezar por las imágenes, hice la búsqueda regular, cuyos primeros resultados hablaban de "el fraccionamiento x, famoso por los hechos sangrientos y violentos..."
Casi casi como el fraccionamiento en el que ahora vivo.
No es buena idea, pues, adelantarse a los hechos.
Lo que necesitaba para pasar del estado de inquietud a éste, era hablar con mi jefe y decirle: Contémplame para el puesto.
Ya lo hice. Platiqué también con Fefé y con mis hijos sobre esta posibilidad a futuro.
Así las cosas, a la vida sólo le queda seguir y yo a fluir con ella.

* * * * *
Los hijos andan en un plan muy musical.
Ahora que tienen sus recámaras separadas han aprovechado para refinar sus intereses artísticos, lo cual equivale a invitar a los amigos cargados con guitarras eléctricas, bajos y amplificadores, hacer ruido media hora y luego dedicar seis a jugar al Guitar Hero.
Como mamá, me está resultando muy divertida la adolescencia de mis hijos, con todo y los añadidos de rigor.

El viernes llevé a William con una dermatóloga, por un problemita de su piel y otro para el cual me enviaron mejor con un cirujano. Pero en la charla final de recomendaciones sobre sus cuidados personales, la doctora hizo un par de comentarios:
- Debes evitar acciones que contribuyan a que te salga acné. ¿Tienes tu propia habitación?
- Sí.
- Ah, eso es un problema, porque seguramente puedes ver canales... como el Edge... a altas horas de la noche... y que te emociones...
- En mi casa sólo hay una televisión y no tenemos cable. 
- O en el internet...
- ¿Se refiere a que me masturbe con pornografía?
La doctora en ese punto volteó a verme y le dije que el joven ya sabía lo que eran las dos cosas, y también entendía las razones de nuestra oposición a la segunda.
Para aligerar la incomodidad del momento, la doctora preguntó a William algo sobre sus audífonos, que si cómo funcionaban. La respuesta fue una elaborada disertación sobre electricidad y magnetismo al final de la cual, la doctora sólo aclaró: "Me refiero a dónde van conectados."
William dice que no quiere volver con una persona que no sabe cómo conectar unos audífonos a un celular. Y yo creo que por dentro ha de pensar "y que además prohibe la masturbación".

Les dejo la selección musical de la semana, seleccionada por los hijos que ya me tienen loca porque es lo que están ambos practicando:

De Harry:


Mi glam rock star se cuelga su guitarra a la espalda dos veces por semana, sube a su bicicleta y llega a sus clases de música. Va despacio. Lo tenía muy ocupado una obra de teatro que él escribió, dirigió, actuó y hasta hizo la escenografía. La sinopsis de la obra iba más o menos así: En un reino lejano, un rey corrupto y autoritario impone su poder, pero los ciudadanos están hartos ¿serán escuchadas sus protestas?
Luego les cuento el final.

De William:


No deja de sorprenderme esta critura. Tenía cuatro años sin siquiera mirar su teclado -la única canción que se sabía era "Noche de paz"-, y el jueves lo tomó nuevamente, lo acomodó en su recámara, buscó la partitura de la canción y ya tiene aprendida una parte. Se escucha muy bien. Quiere tenerla lista para cuando llegue su papá de California. Aun está considerando tomar clases de música nuevamente.

jueves, 14 de junio de 2012

Todo está muy confuso.
Es cuestión de que te digan dos que tres frases sueltas y ya estás haciendo planes a futuro.
Hasta un cambio de ciudad.

No tengo la más pinche idea de qué es lo que quiero.

Vicio siempre sabe lo que quiere.

¿Les había presentado a Vicio?
Conózcanlo. Mis hijos le llaman Ringo, pero pa mí es mi Vicio.

Lo envidio.