domingo, 29 de abril de 2012

Sobre la tolerancia

No me gusta la palabra "tolerancia" porque me suena como a ponerse en una posición de supremacía desde la que te veo como un infante, y te doy tus palmaditas en la espalda cuando te equivocas. También me suena a aguantarme porque no tienes la culpa de ser tan tonto. Y a estar siempre al filo de ponerte un zape porque acabaste con mi paciencia.

Me gusta la palabra "respeto".
Cuando me dicen que en pareja tienes que ser tolerante con la otra persona, yo pienso que no, hay que respetar a la otra persona, justo como es (si no te gusta así, pues te hubieras juntado con alguien más ¿no?).
No "tolero" a las personas que diferentes opiniones, gustos, orientaciones. Las respeto. O eso debería hacer.

Tal vez no sea un problema de significado sino de uso.
Tolerancia significa  "aceptación de la diversidad de opinión, social, étnica, cultural y religiosa", según leí en el primer link que encontré porque esto no es un artículo de investigación.
La intolerancia, según Wikipedia, se relaciona con la intransigencia, que es "la diferencia en el prójimo, ya se base ésta en características de género, culturales, ideológicas o religiosas, contra lo que arremete el intolerante. Formas comunes de intolerancia son el racismo, el sexismo, homofobia, la intolerancia religiosa y la intolerancia política."
¿Soy intolerante por no tolerar al intolerante?
Wikipedia dice algo más: "Lo práctico acaso sería atacar el problema REAL (identificar y desarrollar la forma de la "intolerancia de la intolerancia") y no atacar a los bandos; pues al tomar partido, se pudiera ser cómplice de los disparos o de los muertos que se den: "Donde no hay coexistencia hay codestrucción" (Rabindranath Tagoré, premio Nobel de la India)".

Un buen manejo de la intolerancia sería entonces ir a las causas de las mismas ¿no? A la educación para liberarnos de prejucios. Sería ir contra el la intolerancia, no contra el intolerante. ¿Algo así?


Me falta un chingo para ser buena persona.
Y por eso hay que contar siempre con alguien que nos tolere (ya no me sonó tan fea la palabrita).
Ahí ustedes disculparán el debraye, pero lo requería antes que nada para entenderme y tolerarme yo.

Encontré este enlace que, si el tema les interesa, podría ser útil.
Lo leeré.

Les dejo este video, para que discutan:



La actitud del humano del gato ¿tolerancia o respeto?


sábado, 28 de abril de 2012

Sobreviví la semana

Y no sólo sobreviví, pude interactuar saludable y asertivamente incluso en conversaciones que contenían estas perlas:
-- ¿Viste qué gorda quedó la vieja ésa después de su embarazo?
-- Me invitaron a una fiesta naquísima. Yo quería ir a un antro donde hubiera DJ y mi amigo en lugar de eso, me llevó a una fiesta donde había gente bien feíta, unos con barba y otros con unas rastas larguísimas. Es que mi amigo es muy de cultura, y eso.
-- (Hablando sobre un conductor que amablemente nos pidió si lo dejábamos meterse en nuestro carril) ¡¿Viste los tatuajes que traía?! Qué bueno que lo dejaste pasar, si no quién sabe que nos hubiera hecho...
-- Los tres de ese departamento en nuestra agencia son unas nenas ¿puedes creer eso? (inserte aquí una larga lista de chistes homofóbicos)

No estoy inventando estas líneas, lo juro.
De hecho, son sólo líneas de un par de personas que dieron lugar a respuestas igualmente cargadas de misoginia, homofobia, prejuicios.
En la mayoría de las pláticas intervine amablemente.
En una de ellas tuve que ser más tajante llevando incluso a mi jefe a intervenir y conminar a todos que dejaran de hacer esos chistes, que eran una falta de respeto. Les eché a perder su ánimo chistoretín del desayuno.
Y a mí me gusta bromear, créanme, pero como me dijo alguna vez mi amiga la Florecita: búrlate del pedófilo, haz chistes del político corrupto... hay tanto material...

Con todo, sobreviví.
Son buenas personas, como también quiero serlo yo.
Y bueno, formé buenas relaciones -que era parte del objetivo de la reunión-, suficientes para realizar mi trabajo y colaborar como equipo y las necesarias para que no se quedaran con ganas de agregarme a su FB.
Un éxito.

PD. Sigo bien intolerante. Tal vez ya sea una condición como la intolerancia a la lactosa. O tal vez comience a creer en eso de que la única intolerancia justificable es hacia la intolerancia misma.
O no.
(No me gusta la palabra tolerancia)

viernes, 27 de abril de 2012

Celebridades

Hoy comimos con Luis Felipe Tovar.
Bueno, al lado. Se sentó a comer en la mesa de al lado.
Una amiga se encargó de recordarme la más celebre de sus frases cinematográficas:
"¡Chichis, flaca, chichis!"



No le pedí una foto porque me iba a ganar la risa.
Y porque además no me gusta eso de las fotos con las celebridades.
Sólo tengo una foto de ese tipo y fue con Arturo Márquez, que no es precisamente una celebridad así en el sentido popular de la palabra, pero es una de las personas a las que más admiro. Si me animé a pedirle una foto fue porque dudo que a él lo estén molestando cada dos minutos con un autógrafo o una fotografía. Y si sucede es sólo en ciertos medios, en cambio a Luis Felipe Tovar lo estuvieron molestando durante toda la comida.
Aunque creo que de todos modos no lo habría hecho.

¿Cuáles son las razones para tomarte la foto con una celebridad?
Como recuerdo... para presumir... como cotorreo...
(Una vez compartí vuelo con el ex gobernador del estado. Hubo gente que lo detuvo para tomarse fotos con él. ¿Cómo para qué quieres una foto así? O es para presumir o es como cotorreo ¿no? Porque como recuerdo, no gracias, hay cosas que mejor olvidar.)

Me tomé una foto con el maestro Márquez porque verlo me hizo emocionarme como adolescente en concierto de Justin Bieber. Porque la visión de su imagen es un recordatorio de cuánta belleza y cuánta genialidad pueden caber en el espíritu humano, un espíritu que cabe perfectamente bien en un cuerpo de menos de 1.70 m.
Hay algunas otras fotos especiales en mis carpetas: con Marcela Lagarde, Francesca Gargallo, Jesusa Rodríguez. Pero no son las fotos rápidas de aeropuerto, sino el momento final de algún encuentro en el que tuve la fortuna de dialogar con ellas, de estar de acuerdo o en desacuerdo también en algunos momentos. Eso sí lo quiero recordar.
Ha habido otras oportunidades, que he dejado mejor pasar, de conocer a personas a quienes tengo admiración por aspectos más superfluos y con quien no me gustaría cruzar palabras por no distorsionar la imagen que guardo en mi cabeza, con algún gesto distraído o molesto de parte de ellas. Es un riesgo que no he querido tomar.

Por eso no tengo muchas fotos así, aunque me ha tocado ver algunas celebridades en aeropuertos, y de la talla de Niurka o el Temerario mayor, por ejemplo (no me envidien).

Finalmente, si alguien quiere una foto así bien chida, puede pedirme permiso, con toda confianza y yo con gran humildad autorizaré que se saquen una foto conmigo.


jueves, 26 de abril de 2012

Pláticas con la jefa

-- ¿No te parece que al hijo de "R" le quedaron secuelas de la meningitis?
-- Mmmm... ¿qué edad tiene?
-- Diecisiete.
-- A esa edad, imposible decirlo.

miércoles, 25 de abril de 2012

No me gusta el fútbol

Le di una oportunidad en la final de la Concacaf, Santos vs. Rayados.

El portero

Muchos fanses.

Mucho drama.

Más drama.

Un medio tiempo con todos creyendo que la tenían ganada.

Los otros.

La banca son como las porristas ¿no?




Otros fanses bien chistosos. Y por chistosos quiero decir groseros, intolerantes, racistas y apestosos.



El joven Schwartz que ya no es joven.

Y la celebración del equipo ganador.

Y con todo, cuando algo no te gusta, no te gusta.
Por ahora el único fútbol que digiero es el de Unseen Academicals, que es el libro que estoy leyendo.


Aunque siendo honesta, los hinchas que vi hoy no diferían mucho de los de Ankh-Morpork.
Tuvimos varios altercados,

Y hasta un conato de incendio.

-- Oye ¿nos aventaron cerveza?
-- Ehhh... sí, cerveza.

Le di su oportunidad.
Sólo puedo agregar que sí, soy fan. 
Yo soy fan del Santos... Discépolo.




martes, 24 de abril de 2012

Llego a la habitación del hotel, me pongo mi pijama, preparo un café y me dispongo a hacer la tarea.
Sola.
Si alguna vez quise vivir sola, quedó atrás hace mucho tiempo.
Aun pienso que tod@s deberíamos hacerlo antes de vivir con alguien, pero cuando me toca estar así, en una habitación tan grande que hace casi palpable cada centímetro cúbico de ausencias, creo que ya no es el momento para mí.
Quiero ruido, quiero caos.
Quiero gritar que le bajen a la tele, que tocan a la puerta, que alimenten al gato...
Quiero quejarme de que no se puede hacer nada en casa, que ya nos queda chica, que no hay privacidad.
Luego duermo en un cuarto como éste, con la cama de al lado vacía, y extraño los murmullos vecinos. Extraño la luz que se asoma bajo la puerta a pesar de mis demandas. Extraño el tener que taparnos las bocas o apretar labios contra labios para que no nos vayan a escuchar.

Hay mucho silencio.

Tengo tarea.

lunes, 23 de abril de 2012

Muere después de salir de su trabajo, al ir a un bar a relajarse, víctima más de una masacre.
En el funeral su familia se ve devastada.
La hermana del difunto toma una foto de sus sobrinas, hijas del fallecido.
Y la sube a Facebook.

Hoy ando medio intolerante.

domingo, 22 de abril de 2012

Y entonces pasan cosas.


Y personas.

Y una recupera un poquito la esperanza.

* * * * *
Anoche que regresábamos a casa, Fefé en su auto y yo en el mío, llegamos por unos hot dogs para los nenes.
Bajé del carro y le encargué los dos hot dogs al chico del carrito quien me respondió que claro que sí, pero que yo iba después del joven. El joven a quien se refería era Fefé, que ya había pedido la comida.
Insistí con el chico.
- A mí primero, hágame ese favor, ya es noche y no quiero llegar tan tarde a mi casa.
- Es que el joven llegó primero, lo siento.
- Déjeme lo convenzo de que me dé su turno.
Entonces me acerqué al auto, abrí la puerta, me metí y besé al joven.
- Dijo que no hay ningún problema.

* * * * *
Ñé.
Habría sido chido hacer eso, pero en realidad sólo dije:
- Ah, mi marido ya los pidió. Gracias,
Aunque luego sí me metí al auto y besé al joven.

* * * * *
Ando en Torreón.
Hace calor.

sábado, 21 de abril de 2012

Harry me dio la noticia.
Luego juró que no volvería a salir a la calle y se encerró en su cuarto.
A los minutos salió y se recostó junto a mí.
"Estoy mal. No estoy saludable. No debo comer tanta pizza ni jugar tanto en la computadora. Debería salir más a la calle. No quiero salir a la calle. No debo ver tanta tele. A veces no me lavo los dientes antes de acostarme. Y los sábados no me baño. No estoy bien. ¿Dónde está mi papá? Háblale a mi papá. Tengo que arreglar mi bicicleta. ¡Háblale a mi papá!."

Cuando era pequeño, hacer las cosas significaba tener todo bajo control.
Cada palomita en su cuadro de responsabilidades reflejaba un orden en su a veces caótica organización interna.

Hace mucho que desterramos el cuadro de responsabilidades.
Hace tiempo también que no es necesario ni deseable estar sobre él.
Su ataque de anoche fue una forma de querer comprender lo que sucedía alrededor y la impotencia de no poder hacerlo, lo llevó a culparse.

Mañana saldremos a la calle, compraremos nuevas cámaras para su bicicleta y visitaremos la Feria del Libro.
No lo obligaré a bañarse.

jueves, 19 de abril de 2012

"Acusan a circos de maltrato de animales, pero no protestan contra el rey de España"

La última vez que fui a un circo fue hace como quince años.
En realidad no entré, sólo llevé a Fefé a que viera a los elefantes.
Afuera de la carpa tenían en exhibición a los animales: camellos (o dromedarios, para mí es como si fuera "aun" y "aún", no he aprendido a diferenciarlos), elefantes, caballos, leones y monos.
Después de saludar a los elefantes, nos acercamos a un pequeño mono que se encontraba amarrado del cuello. Fefé acercó su mano al monito, y éste se agazapó temblando. A los minutos se fue acercando hasta que tuvo la suficiente confianza para treparse a sus brazos y dejarse mecer. Lo tuvo en sus brazos un rato. Los trabajadores del circo venían e intentaban separarlo, pero él se aferraba más y lloraba acurrucado a Fefé, quien tampoco a esas alturas quería separarse de él.
"Ve cómo llora" me decía angustiado mientras planeaba cómo liberar al mono y adoptarlo.
Finalmente los separaron. Fue doloroso.


Si yo visitara una familia y sus hijos se abrazaran a mí y lloraran si quisieran separarlos, me preocuparía mucho y pensaría seriamente en mandarles al DIF.

Mis hijos nunca han ido a un circo.
No sé si un día me lo reclamarán pero creo que han entendido bastante bien por qué no lo hemos hecho.
Una vez nadaron con delfines y ellos mismos sacaron sus conclusiones con respecto a este tipo de negocios.
Eso sí, extraño los payasos.

Por cierto, señor empresario circense, sí hubo protestas contra el Rey de España.

miércoles, 18 de abril de 2012

El colon

Sé que existe porque me duele, pero antes de eso pensaba en él como algo en que creen las señoras hipocondriacas. Igual que el vágido, el tramafat y la angurria.
Será que ya soy una señora y además, gracias a que tenemos médico en la agencia, en camino a convertirme en hipocondriaca.

Pienso que no ayudó mucho irme a comer hoy a una cantina de mala muerte con una prima, y echarnos unas cervezas con comida tailandesa.
Sin embargo yo sigo opinando que la razón para el estado actual de mi colon es el licuado que me he estado tomando últimamente, que consiste principalmente de aserrín sabor a nuez.
El doctor no me cree porque es "saludable". Tampoco cree que a mí lo saludable me hace muchísimo daño.
No quiero tener que contar aquí mi experiencia con la soya, por ejemplo.
Pero sí diré que médicos como él, que no creen en sus pacientes, son la principal razón por la cual una se convierte en asidua seguidora de Dr. Google.
.
.
.
.

¿Que tengo cáncer dónde, doctor?



martes, 17 de abril de 2012

La última vez que me subí a una bicicleta fue hace quince años y recorrimos los 16 kms. de Creel a Cusárare, entre pinos, arroyos y montañas. Del regreso sólo hicimos 10 kms. en bici. El resto fue en la caja de la camioneta de un amable lugareño que tuvo a bien llevarnos.

Entonces yo tenía una condición física decente.

Y aún después, ya como madre, seguí teniendo buena condición.

Y como maestra, ni se diga.

Pero ahora, en un trabajo más cómodo y con hijos que no necesitan que los ande persiguiendo a medio centro comercial, no puedo decir lo mismo.


Me encantan las bicicletas, aunque debo confesar que me gustan más como objetos estéticos que como medios de transporte. Y es que hay pocas cosas tan bellas como una bicicleta.

Al respecto de su uso como transporte... siempre le he sacado en esta ciudad poblada de lomas y topes. Y están, claro, las excusas.

Que si no puedo llegar sudando al trabajo, que si el tráfico, que si la ciudad está siendo convertida en Carrópolis... eso último es verdad. Me es difícil pensar en más de una ruta que sea amigable para el ciclista de mi casa al trabajo.

Verdad pero al fin de cuentas, excusa, prueba de ello son los más de diez ciclistas que me topo cada día camino al trabajo.

A muchos podrá parecerles una cantidad muy baja, pero si vivieran en esta ciudad donde desde muchos años es barato comprar un auto chueco, pues ya no les parecían tan pocos.

De hecho me parece que puede ser una tendencia que va en aumento. Por desgracia esta tendencia no responde a una convicción ecológica o de salud. Es más bien un asunto económico. Y por cierto, la imagen del ciclista en mi ciudad va ligada a dos tipos de ciclismo: el deportivo y el de por necesidad.

Lo último hace que mucha gente se preocupe por la imagen que dan viajando en bicicleta.

Es verdad.

Triste ¿no?


Hoy William me prestó su bici.

Con su edad y dadas las condiciones del transporte urbano y de las rutas, sí lo ve como una opción viable para ir de un lugar a otro. Y lo hace. Incluso ya no piensa en tener un auto para ir a la prepa o la universidad pues ya tiene en qué moverse.

Y se animó a prestarme su tesoro rodante, después de hacerle unos ajustes al asiento y darme mil recomendaciones.

Fue muy chido.

El aire se sentía rico. El terreno que elegí era llano. No había mucho tráfico. Todo agradable.


Regresé con la llanta trasera ponchada y me recibió la mirada recriminadora de Lula echándome en cara que hubiera cambiado su compañía en nuestras caminatas vespertinas por ese armatoste.

Además vomité.


Es cierto que no olvidas cómo andar en bici, pero tu cuerpo sí que olvida avisarte que debes empezar despacio y no queriendo entrar a una competencia.


Seguiré intentándolo, verán.

Y tal vez un día los invite a hacer un viaje, como mi amigo Facundo, en bicicleta por el país de los topes.


O tal vez sólo vaya al trabajo en ella.

* * * * *



Published with Blogger-droid v2.0.4




COLECTIVO INSOLENTE

lunes, 16 de abril de 2012

Cada que quiero escribir sucede algo que me lo impide.
Y no es que me amarren las manos o súbitamente me quede sin conexión a internet (lagarto, lagarto).
Lo que sucede es la vida.
Me suceden cosas muy felices, así como alrededor suceden cosas terribles. Y éstas también ME suceden.
No escribo las alegrías porque me siento egoísta pero tampoco las tristezas, por no convertir esto en un muro de lamentaciones.
Termino simplemente por no escribir.
Y no quiero.

Así que me sobrepondré a los extrañamientos, las familias separadas, mis niñas que se fueron, mis niñas que se irán y escribiré... o lo intentaré... unas cuantas líneas cada día, unas líneas que cuenten lo que quiero guardar.
Y que lea, el que se quiera enterar.

* * * * *
Que se casa mi comadre, la monógama serial, single lady empedernida.
Y no podría estar yo más contenta.

* * * * *
El asunto de Fefé en el IMSS, resuelto a su favor.
Yei!

* * * * *
Reinicié la maestría, una en educación.
Seré una estudiante de nuevo, una muy pobre.
Pinchis colegiaturas.
Pero, yei!

* * * * *
Para leer:
Y si alguien quiere cooperar con una manta, écheme un correíto a sillywalkings@gmail.com y le digo cómo.


* * * * *
No me costó tanto trabajo ni dolió tanto.
:)

martes, 3 de abril de 2012

Como gata panza arriba


Te quiero como gata boca arriba,

panza arriba te quiero,

maullando a través de tu mirada,

de este amor-jaula

violento,

lleno de zarpazos

como una noche de luna

y dos gatos enamorados

discutiendo su amor en los tejados,

amándose a gritos y llantos,

a maldiciones, lágrimas y sonrisas

(de esas que hacen temblar el cuerpo de alegría)

Te quiero como gata panza arriba

y me defiendo de huir,

de dejar esta pelea

de callejones y noches sin hablarnos,

este amor que me marea,

que me llena de polen,

de fertilidad

y me anda en el día por la espalda

haciéndome cosquillas.

No me voy, no quiero irme, dejarte,

te busco agazapada

ronroneando,

te busco saliendo detrás del sofá,

brincando sobre tu cama,

pasándote la cola por los ojos,

te busco desperezándome en la alfombra,

poniéndome los anteojos para leer

libros de educación del hogar

y no andar chiflada y saber manejar la casa,

poner la comida,

asear los cuartos,

amarte sin polvo y sin desorden,

amarte organizadamente,

poniéndole orden a este alboroto

de revolución y trabajo y amor

a tiempo y destiempo,

de noche, de madrugada,

en el baño,

riéndonos como gatos mansos,

lamiéndonos la cara como gatos viejos y cansados

a los pies del sofá de leer el periódico.

Te quiero como gata agradecida,

gorda de estar mimada,

te quiero como gata flaca

perseguida y llorona,

te quiero como gata, mi amor,

como gata, Gioconda,

como mujer,

te quiero.

Gioconda Belli.


lunes, 2 de abril de 2012