lunes, 30 de enero de 2012

Malita de mi lado izquierdo

No es metáfora.
Todos mis males están cayendo en el lado izquierdo de mi cuerpo.
Estoy sufriendo reumas en mi mano izquierda. La doctora dice que no son reumas, que es por el uso de la computadora, pero quién va a saber más ¿ella o yo?. Son reumas. Me duele la mano al punto de no poder abrir ni siquiera la pasta de dientes los días en que el clima está más frío. Empezó los primeros de diciembre del año pasado, un día que estuvo nevando en Juárez.
Luego un premolar del lado izquierdo se me enfermó. Estoy en un proceso de endodoncia que se está llevando más tiempo del que yo quisiera, pero es que ya del diente no me queda más que la pura fachada.
Hace unas tres semanas me chocaron. Apenas un raspón. Y, adivinaron, del lado izquierdo. La persona que me chocó dijo que no me había visto (soy invisible en los momentos menos requeridos).
Esta semana he traído un dolor horrible en un pulgar de la mano... eso: izquierda. Paroniquia, dijo la doctora que es, o en términos más vulgares, uñero.
Joder, cómo hace falta el pulgar, neta.
Olvidé lo difícil que fue abrocharme el pantalón esta mañana y acabo de tomarme dos tazas de café.
¡Ah! Y no crean que acaba ahí.
Esta mañana amanecí con un orzuelo en el ojo. No tengo que aclarar cuál ¿verdad?. Orzuelo es una perrilla pero me choca tanto ese nombre como el de uñero.
Estoy haciendo una revisión de mis lados del cuerpo y me parece que ya, que es todo del lado izquierdo. La chichi izquierda la tengo más grande que la derecha, pero eso es normal.

Yo espero que ya termine esta racha. Mi lado siniestro sufre y yo con él.
Además me choca el aroma de los consultorios.
¿Que no podrán darle a mi mamá permiso de vender antibióticos y ya?
Porque los remedios que me ha dado han sido exactamente los mismos que me ha dado mi doctora, empezando por la combinación estrella: paracetamol y diclofenaco (no apta para estómagos delicados) y las compresas de agua caliente que aplican para mis varios males.

Los mantendré informados porque sé que sufren casi tanto como yo.

* * * * *

Llegó Fefé. 
Y me trajo esta tacita que tuvo a bien aguantar el viaje adentro de la maleta pero justo cuando me la llevaba a enseñar, se le cayó.
La culpa la tiene la gente de allá que no sabe envolver cosas como los másters de Tlaquepaque y Tonalá.
¿Cómo chingaos iba a sobrevivir con una miserable capa de papel cebolla?

Me trajo algo más, pero eso no se enseña. :)





sábado, 28 de enero de 2012

Vulgar y superflua como pocas

-- Uy, sí, qué fina te viste acomodándote el cabello. - me grita mi amiga desde su oficina. Y digo me grita, porque, a pesar de que mi oficina está separada por unos tres metros de la suya, estamos rodeadas de vidrios que dificulta las conversaciones.
-- ¿Cuál fina?--le respondo-- intento quitarme un pelo que no pertenece a la cabeza.
Y en eso entran tres compañeros de administrativo a nuestro edificio a quienes les toca escuchar esa parte de la conversación.

Es cierto.
Las mujeres podemos ser unas verdaderas guarras.
Antes éramos cuatro mujeres en la planta baja del edificio. Ahora somos dos mujeres y dos hombres. Y los pobres individuos tienen que fletarse nuestras pláticas. Bueno, tampoco tan pobres, bien que les divierten. Curiosamente, si las cosas fueran al revés, si ellos fueran los guarros que hablan de las compañeras de trabajo, ya les hubiéramos puesto un buen regañadón.

Y no digo que esté bien lo que hacemos mi amiga y yo. Está mal, pero a veces, cuando no tienes mucho en común con una mujer con la que tienes que convivir varias horas al día, te agarras a los únicos temas con los que te puedes comunicar. En este caso específico: los hombres... los hombres jóvenes (no hay de otros, hay puro lepe aquí) y fuertes (no hay de otros, puro trabajo físico aquí) y guapos (algunos) y simpáticos (muchos) y divertidos (la mayoría). Pero básicamente hablamos sobre los de la primera y segunda categoría y con palabras de las que luego me arrepiento por mis compañeros de al lado.

-- Ay, Adrianita -- le grito a mi amiga --ojalá hubiera otra forma de platicar para que estos vecinos no escucharan.
Y me responden de la oficina de al lado:
-- ¡Se llama teléfono, par de babas!

* * * * *
Pero no me critiquen... compréndanme.
Porque yo les aseguro, que si tuvieran que viajar a la Riviera Maya con un nene que se parece a él...

...serían igual de ordinarias que yo.

Que lance la primera piedra aquella que nunca ha sido guarra.




jueves, 26 de enero de 2012

Cuando comencé a trabajar en la empresa donde estoy ahora, en el 2010, sabía que iba a viajar bastante. Y la idea me gustaba, así fuera solamente a algunas ciudades dentro de mi estado. 
Me gusta manejar en carretera, salirme un poco de la rutina de la oficina, tener un par de horas para perderme en mis pensamientos o para escuchar la música para la que no siempre tengo tiempo.
Alguien me dijo que un día terminaría por cansarme. Por fortuna aun no es así. Todavía me gusta salir, quedarme en algún hotel donde puedo elegir qué programa ver, pedir comida a la habitación y dormir a pierna suelta en una cama sólo para mí.
Pequeños placeres egoístas.
Pero hay algunas cosas que han cambiado.

Fefé entró a trabajar a fines del año pasado y por lo visto él también va a viajar mucho.
Ya no será tan fácil como agarrar mi maletita, que está siempre lista, cuando tengo que salir.
Ahora habrá qué planear.

Febrero nos plantea un gran reto.
Fefé estará yendo y viniendo a California y yo tengo planes tanto dentro como fuera del estado.
Lo bueno es que mis papás no rajan. Y ahora que mi papá ya se jubiló, nos pone las cosas un poco menos difíciles. 
No para todos. Harry y William preferirían quedarse en casa, pero somos equipo y apechugan.

Me gusta pensar que todo llega en el momento justo. 
Hace unos tres años no podría haber tenido un trabajo como éste, que me gusta y que me da un poco más que para mis chicles.Y además que me da la oportunidad de prepararme un poco más, como con el diplomado del año pasado o la maestría que, ahora sí, este año pretendo retomar.
Para Fefé igual. Con su nuevo trabajo llegó también la resolución que necesitábamos del IMSS por lo de la demanda que metimos el año pasado. Una situación con un accidente de trabajo.

Me gusta que pueda viajar y que me diga que está comiéndose unos ostiones frente a la playa.
(Me gusta más contestarle que el mes que entra yo estaré cenando frente al Mar Caribe. Cosas del trabajo, qué le voy a hacer...)
Me gusta, a pesar de haber sido difícil, que la decisión de cambiar a los hijos de escuela también nos haya favorecido.
Me gusta que tengo un par de hijotes de los que no tengo que preocuparme ya con tareas y trabajos porque se han convertido en expertos organizadores de sus agendas, que saben ser independientes, que siguen interesados en aprender y que aun con las hormonas encima, les agrada hacerse bolas con nosotros en el sillón para ver una película.

Espero haberme portado bien en mis vidas pasadas. Espero estarme portando bien en ésta, porque si no, cuando el karma me lo empiece a cobrar, me va a salir muy muy caro.

lunes, 23 de enero de 2012

Hace un par de días festejamos el cumpleaños de una amiga.
Como siempre en estas celebraciones, hablamos de la edad, de las arrugas, de las dolencias de viejitas...
Pero también hablamos de los conocimientos adquiridos, de la sabiduría, de la experiencia.
Comentábamos que la edad en que la mujer tiene un cuerpo perfecto, en cuestión física, estética y de salud, es como a los 16-18 años. Después de eso, tal vez se mantengan las cosas en su lugar un rato pero después la gravedad comienza a ejercer su poder (Oh Gravitythou art a heartless bitch. Sheldon Cooper) y el cuerpo comienza a pedir cosas, y las hormonas se ponen más exigentes...
Pese a esto, la mayoría de las mujeres no sabemos a esa edad que somos perfectas y no sabemos cómo hacer uso de tanto. Sixteen, clumsy and shy, cantaría Morrisey sobre mi vida.
Sin embargo a los 16 habría querido decirle a quien era a los catorce, que no se estresara tanto, que disfrutara la vida... y a los 18 habría querido decirle a mis 16 que no había por qué sufrir, ni sentir culpas... y a los 21... Y  ya entendieron lo que quiero decir.
De lo que me doy cuenta es que a mis 35, casi 36, aun hay cosas que quiero enseñarme y muchas por aprender y al parecer nunca, nunca, nunca, NUNCA, voy a estar al día.
¿Qué chingados, verdad?


Amo a muchas mujeres, empezando por mis amigas que son grandes maestras y otras que han sido maestras aunque nunca hayamos sido amigas: filósofas, escritoras, antropólogas, científicas, artistas...
Pero el día de hoy, ante los dilemas que el tiempo pone frente a mí, debo elegir de quien aprender (o desaprender) para dar mi siguiente paso.
Ya lo he hecho.


Lean, piensen, reflexionen, comenten entre ustedes y aplaudan:



I'm old enough and cranky enough now that if someone tried to tell me what to do, I'd tell them where to put it.

(Gracias, querida Dolly Parton)

Por eso tengo el propósito de ponerme al día (también de poner al día ciertos documentos en el trabajo... ejem...) conmigo misma. Quiero verme y ante cada cuestionamiento, preguntarme: ¿qué haría yo a los cuarenta?
¿Será la clave?
Tal vez sí, y como quiera cuando cumpla los ochenta podré decir, como Liliana Felipe, que seré vieja vieja, pero no pendeja.






jueves, 12 de enero de 2012

Memoria y olvido


Tengo el tiempo y la memoria para escribir, pero a veces querría no tenerlos… La memoria pues, el tiempo sí.
A veces me sorprenden mis recuerdos. Llegan tan lejos y soy capaz de ubicar espacios y palabras, no así rostros o colores.
Soy muy buena recordando lo intrascendente mientras que aquellas cosas que el sentido común reconocería como Importante, se desecha en algún resquicio de mi cerebro al que no puedo entrar.
Lo intrascendente, al final, ni útil ni productivo, se convierte en espacio de vuelo libre donde me paseo y recreo, y también creo. Mis recuerdos son entonces quimeras de las cuales ya no sé reconocer la línea que divide la realidad de la fantasía.

Tengo unos recuerdos claros de la semana que pasó.

Gwen vino de visita. Atravesó su país de residencia en auto para luego toparse aquí con las burocracias fronterizas que le impidieron el paso, la maltrataron y amenazaron incluso con quitarle su camioneta. “Querían dinero” decimos todos pero ella no iba a ceder, ¿por qué chingados? Con ella, además de su familia, venía el novio de su hermana, a verla y pedir su mano. La misma noche que nosotros cenábamos con Gwen, que fue la última noche que pasó aquí, porque al día siguiente todos partirían de regreso a su país, asaltaron a su hermana y al prometido. Además del asalto, los privaron de su libertad unas horas y luego los abandonaron afuera de la ciudad. Y yo que les decía que no había tanto que temer al venir para acá.
También esta semana asaltaron a un compañero del trabajo. Le quitaron su cartera, su chamarra y al intentar quitarle sus tenis, uno de los asaltantes dijo al otro: “Ya mátalo, mejor” y le dispararon. Así nada más. Mi compañero es delgado. El tiro entró y salió sin tocar algún órgano vital. Tuvo mucha suerte, dijeron los médicos. No te tocaba, le dijeron otras personas. Yo le pregunté por el dolor. ¿Qué se siente un disparo? No es morbo, es preparación psicológica. En cualquier esquina te puede tocar. “Duele un chingo” me contestó.
Otro suceso de esta semana fue la reunión que tuvimos para recordar a Susana Chávez en el primer aniversario de su asesinato.
Yo no la conocí como lo hicieron algunas de las personas presentes. Yo la conocí en la foto infame de los periódicos. Infame porque no retrata la persona que fue, que es la función de la fotografía, ¿no? La foto del periódico retrata a una mujer sin alma, sin contexto y es una imagen a la que se le puede atribuir fácilmente toda la clase de cosas que los periódicos dijeron sobre ella. En la reunión conocí otra foto, la de una mujer alegre. Y las palabras de las que la conocieron le dieron todavía más belleza. Leímos algunos poemas suyos, más bellos todavía y disfruté el lujo de conocerla un poquito más, pero sobre todo el lujo que es la posibilidad de no olvidar.
Porque aunque yo no lo quiera, aunque hay tanto que quisiera olvidar, la memoria es un lujo y es también una obligación y una responsabilidad.
“L” leyó un poema de Susana que habla sobre la memoria. Me movieron profundamente sus palabras porque sí, no estamos en condiciones de olvidar, hoy más que nunca no debemos olvidar.

El artículo “Para el no olvido” que se publicó en Animal Político comienza con el siguiente párrafo: “El olvido al que convoca la amnistía tiene que ver con el mandato de olvidar o la prohibición de recordar. El Estado decreta olvidar. El no olvido se relaciona con la verdad.” Gilou García Reynoso.

Hay muchas cosas que no debemos olvidar. Esta semana que pasó se ha publicado sobre la demanda de Zedillo por Acteal, sobre la exoneración de la prima de Margarita Zavala en el caso de la Guardería ABC, sobre las posibles corruptelas en la edificación de la Estela de Luz… y se van a seguir juntando a la par con nuestras propias desgracias y las ajenas (que al final son las mismas) y es obligación no olvidarlas.
Esta semana en Davos, los líderes mundiales se preocupan porque la desigualdad está atizando la irritación social… claro que no se preocupan por lo que esto genera en la población, sino porque las manifestaciones de esta irritación pone en riesgo los sistemas actuales.
Pero ¿es que olvidaron que esto lo habían advertido desde hace varios años esos “globalifóbicos”, como los llamó Zedillo, que desde hace varios años ya habían surgido manifestaciones, desde la Selva Lacandona hasta los altermundistas en Seattle?
La memoria.
Mi memoria personal es un desmadre.
Hoy por ejemplo olvidé que unas pastillas que me dieron se deben tomar antes de dormir. Me las tomé esta mañana y ya me hicieron efecto: tiemblo y no me es posible seguir escribiendo.

La memoria colectiva, por favor, ayúdenme a seguirla manteniendo.

miércoles, 4 de enero de 2012

En la preocupación total.
Mis hijos se están lavando los dientes... sin que yo tenga que recordarles.

* * * * *
Y en otras noticias dentales...

Que me duele un diente, que voy al dentista y que me dicen que me tienen que endodoncizar.
Estoy muerta por dentro. O al menos en la parte de uno de mis premolares.
Se siente raro pensar que voy a traer en la boca algo ajeno a mí...
Bueno...
Este.
Mmmm.

Mejor les dejo un video de Les Luthiers con un sketch que recordaba mientras el dentista me explicaba el procedimiento.



(Soy tan mala comunicándome que utilizo videos de Youtube como sustitución)

martes, 3 de enero de 2012

"Hello, my name is Iñigo Montoya. You killed my father. Prepare to die." es una de mis líneas favoritas en una película. Una película que también es de mis favoritas.

El domingo falleció Bob Anderson, el entrenador de esgrima que estuvo detrás de los personajes de Darth Vader, Luke Skywalker, Aragorn, El Zorro, Highlander y por supuesto, Íñigo Montoya.



Supongo que sus vidas no serían las mismas sin la información que les aporto día con día, así que....
de nada.