viernes, 30 de diciembre de 2011

Lo más maravilloso de la celebración de fin de año es que se realiza sin el estrés de las compras.
O al menos eso pensaba yo hasta que se me ocurrió ir a un banco y en los centros comerciales a donde llegué, la gente se veía igual de enloquecida que hace una o dos semanas.
Ya no hay regalos pero ¿qué tal hojas de tamal?

Y por cierto... ¿cómo les fue de merri crismases?
Y por merri crismas me refiero a qué les trajo santa. Y por santa me refiero a su pareja (porque ya a nuestra edad, como bien expliqué a mis hijos, la única persona que te regala es tu pareja --en realidad a los hijos les expliqué que a partir de los quince es la edad legal para que los padres dejen de regalarles cosas a los hijos, conseguirse novi@, un trabajo y comenzar a devolver todas las atenciones recibidas a padres, padrin@s y tí@s--).

viernes, 23 de diciembre de 2011

No soy una amargada en estas fiestas

pero esto es precioso.

39 Degrees North Presents: Nicholas Was from 39 Degrees North on Vimeo.


Nicholas Was…
older than sin, and his beard could grow no whiter. He wanted to die.
The dwarfish natives of the Arctic caverns did not speak his language, but conversed in their own, twittering tongue, conducted incomprehensible rituals, when they were not actually working in the factories.
Once every year they forced him, sobbing and protesting, into Endless Night. During the journey he would stand near every child in the world, leave one of the dwarves’ invisible gifts by its bedside. The children slept, frozen into time.
He envied Prometheus and Loki, Sisyphus and Judas. His punishment was harsher.
Ho.
Ho.
Ho.

Gracias, ALT1040, por el enlace.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

La última vez que me enfermé fue en marzo, exactamente la semana de mi cumpleaños. El universo sigue confabulándose en mi contra porque estoy nuevamente enferma, justo en la semana de fiestas. El dolorcito de garganta de la semana pasada se transformó en una horrenda tos, de ésas con las que no duermes. Al momento me han recetado, además de los medicamentos, toda clase de menjurjes abuelísticos: untadas de vicks en los pieses, cebolla con azúcar, cebolla rebanada y dejada al sereno con unas gotas de limón y una cucharada de miel (de ser posible bajo la luna llena), té de orégano, té de rabanitos, té de flor de bugambilia... Y lo pruebo todo. Ya huelo a Arámbula. O bueno, para no verme tan regional, ya huelo a Mercado de Sonora. ¿Por qué nadie me recomienda unos pistos o ya de perdis un té de laurel con sotol? Mi papá recomendó laxantes. Que a ver si así me animo a toser. Ustedes ¿qué me recomiendan?

jueves, 15 de diciembre de 2011

Pues no soy de hule

Y finalmente atrapé el bicho que mantuvo a mi familia en estado de zombie toda la semana.
Me siento bien excepto por la chingadera de la garganta, mezcla de sensación de resequedad y dolor al pasar saliva.
Esto no representaría ningún problema para mi vida cotidiana de no ser porque yo... soy una artista.
Así es, y mi voz es mi instrumento.
Y justo como Adele tiene que cuidar su voz, yo también debo hacerlo.
Fui con el médico del trabajo para que me arreglara, porque yo así no puedo hacer mi trabajo y después de revisarme (juro que no pudo, yo no sé abrir la boca con la boca adentro y el palito ése, el abatelenguas, pues, por eso dudo que haya podido ver qué tengo) sacó algunos medicamentos de su cajón: tabcin (yo ni mocos tengo), ambroxol (ni que fuera derechohabiente del imss) y unas inyecciones para alergia (ni alergias tengo).
Después de eso me recomendó no hablar en todo el día y luego me tuvo media hora en su oficina echando el chal.
Y heme aquí con mi instrumento descompuesto todavía, pensando en qué voy a hacer mañana que tengo que dar una capacitación.
Pero mis preocupaciones las voy a detener a eso de las siete, hora en que me veré con un amigo que acaba de llegar de Extranjia.

En peores trazos he dado cursos.

¿Ya mero salen de vacaciones?

martes, 13 de diciembre de 2011

Gente pudorosa, absténganse

Hacía mucho que no platicaba cosas felices de mis mujeres. Tal vez porque hacía un tiempo que andábamos en el hoyo.
Pero ya no más.
 Anoche nos reunimos a festejar que la madre de "P" hubiera salido bien de su cirugía y que, al menos por ahora, su cuerpo esté libre de cáncer.

Como en toda reunión que se respete, se pisteó, se discutió, se cantó, se bailó... Y claro, se habló de los grandes tres temas que surgen cada vez que varias personas se reúnen:

POLÍTICA
- Yo soy colorada como mi poncho, dijo "L".
Y ya, ahí terminó esa discusión.

RELIGIÓN
- Pues a veces diosito se porta bien y otras se porta mal. Tu mami ya está bien. Diosito se portó bien.
- ¿Cuál dios?
- Diosa, pues.
- Bueno.
Y así terminó la otra discusión.

El tercer tema que hablamos, ése sí, verdaderamente casi rompe las fibras más delicadas de nuestra amistad. Hablamos de... los vagipedos.
¿Qué? ¿Ustedes no saben qué es eso? Gente decente, tápense los ojos.
 Ocurre en la vida de las mujeres sexualmente activas que por acción del tipo de ejercicio, ejem, sesual, cierta cantidad de aire ingresa a su vagina y como todo lo que entra tiene que salir, pues sale. Y se escucha justo como su nombre lo indica: como un pedo. Esto puede llegar a ser bochornoso para algunas almas sensibles. No se preocupen. En esta página se explica cómo pueden evitarse. Para otro tipo de personas no representan ningún problema. Y bueno, que yo no me acuerdo cómo se llegó anoche al tema el caso es que "P", como doctora que es se puso a aleccionarnos sobre el punto.
Para empezar, "P" negó completamente la existencia de los pedos vaginales, o vagipedos. Nos dijo que los pedos únicamente vienen del colon y que si los sentíamos en otra parte, era por acción del viaje de dicho aire a salvasealaparte. Pero que el pedo jamás sería, ni podría ser un aire expulsado por la vagina.
Como "L" y yo defendíamos la existencia del vagipedo y la doctora se vio muy extrema ("¿pedos vaginales? ¡Mejor mátenme! ¡Encájenme algo! ¡No puedo vivir en un mundo donde existan los vagipedos!") tuvimos que recurrir al Charlito, que es el dueño de la cantina, hombre de mundo y experimentado que tuvo a bien responder que sí, que sí existían los vagipedos.
Pero esto no resolvió la discusión.
La doctora se puso entonces a explicarnos de gases, de cerillos y de flamazos y cómo eso nunca sería posible hacerlo con un vagipedo y por qué, porque para empezar ¡no eran pedos!.
Y dado que la doctora comenzaba a debilitar sus argumentos y yo soy conciliadora nata quedamos en que podía tener razón. Que el meollo de la discusión era una diferencia semántica. Que nos diera un nombre para llamarle a los vagipedos.
Y ahí la volvimos a meter en un pedo. Sin embargo, ella es una mujer preparada, inteligente y supo cómo afrontar el reto.
Ahora los vagipedos se han de llamar: VAGIESPASMOS.
La noche terminó felizmente. Había más de cincuenta fotos en mi cámara y ya logré reducirlas a diez, porque las demás estaban tan borrosas como nosotras.
La madrugada no me tuvo tan feliz, por otro lado. Pasé de la etapa de sana alegría a cruda en cuestión de minutos. Pasé la noche entera cruda. Sólo pude dormir una hora cuando Fefé se acercó a mí y recargó su mejilla en mi frente. Así se me quitó el dolor de cabeza sólo que luego me empezó a picar su barba y me tuve que retirar y seguir con mi sufrimiento.

Ya son las 2:30 de mediodía y después de un licuado, muchos vasos de agua, dos cafés, dos aspirinas y un aguachile, parece que me he empezado a recuperar.

Otra cosa que también pienso recuperar, es mi dignidad pisoteada, porque miren lo que me encontré:


Ahí vengo, tengo una cita donde Charlito, para darle un wikipediazo a la doctora.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Palinuro de México

"Hacíamos el amor compulsivamente. Lo hacíamos deliberadamente.
Lo hacíamos espontáneamente. Pero sobre todo, hacíamos el amor diariamente. O en otras palabras, los lunes, los martes y los miércoles, hacíamos el amor invariablemente. Los jueves, los viernes y los sábados, hacíamos el amor igualmente. Por últimos los domingos hacíamos el amor religiosamente.
O bien hacíamos el amor por compatibilidad de caracteres, por favor, por supuesto, por teléfono, de primera intención y en última instancia, por no dejar y por si acaso, como primera medida y como último recurso. Hicimos también el amor por ósmosis y por simbiosis: a eso le llamábamos hacer el amor científicamente. Pero también hicimos el amor yo a ella y ella a mí: es decir, recíprocamente. Y cuando ella se quedaba a la mitad de un orgasmo y yo, con el miembro convertido en un músculo fláccido no podía llenarla, entonces hacíamos el amor lastimosamente.
Lo cual no tiene nada que ver con las veces en que yo me imaginaba que no iba a poder, y no podía, y ella pensaba que no iba a sentir, y no sentía, o bien estábamos tan cansados y tan preocupados que ninguno de los dos alcanzaba el orgasmo. Decíamos, entonces, que habíamos hecho el amor aproximadamente.
O bien Estefanía le daba por recordar las ardilla que el tío Esteban le trajo de Wisconsin y que daban vueltas como locas en sus jaulas olorosas a creolina, y yo por mi parte recordaba la sala de la casa de los abuelos, con sus sillas vienesas y sus macetas de rosasté esperando la eclosión de las cuatro de la tarde, y así era como hacíamos el amor nostálgicamente, viniéndonos mientras nos íbamos tras viejos recuerdos.
Muchas veces hicimos el amor contra natura, a favor de natura, ignorando a natura. O de noche con la luz encendida, mientras los zancudos ejecutaban una danza cenital alrededor del foco. O de día con los ojos cerrados. O con el cuerpo limpio y la conciencia sucia. O viceversa. Contentos, felices, dolientes, amargados. Con remordimientos y sin sentido. Con sueño y con frío. Y cuando estábamos conscientes de lo absurdo de la vida, y de que un día nos olvidaríamos el uno del otro, entonces hacíamos el amor inútilmente.
Para envidia de nuestros amigos y enemigos, hacíamos el amor ilimitadamente, magistralmente, legendariamente. Para honra de nuestros padres, hacíamos el amor moralmente. Para escándalo de la sociedad, hacíamos el amor ilegalmente.
Para alegría de los psiquiatras, hacíamos el amor sintomáticamente. Y, sobre todo, hacíamos el amor físicamente.
También lo hicimos de pie y cantando, de rodillas y rezando, acostados y soñando. Y sobre todo, y por simple razón de que yo lo quería así y ella también, hacíamos el amor voluntariamente."

Leer a Fernando del Paso siempre me provoca ganas de escribir.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Lo maravilloso de habitar El Punto es que requiere todas mis habilidades de malabarista. No es fácil estar parada sobre un punto, verán, inténtenlo... y eso me mantiene muy entretenida mientras con mis manos hago machincuepas, dándole vueltas a todo lo demás.

Siento.
Otra vez siento.
Ansias, agruras, náuseas, mareos.
La vida en El Punto parece un embarazo perpetuo.

But I don´t wanna miss a thing.

viernes, 2 de diciembre de 2011

El punto

Hay un momento entre que te cortas el cabello y lo traes largo de nuevo, en que dices “¿cómo no me quedó así desde el principio?”. Hay un momento entre que te rasuras el rostro y ya traes barba de nuevo, en que dices “¿por qué no me puede quedar así?”. Hay un momento entre que te tiñes el cabello y ya traes chingos de canas de nuevo en que dices… bueno, ya saben qué.

Esta mañana amanecí dándome cuenta que mi vida está en ese punto.

Cuánta fragilidad.
 

(El reto es aprender a disfrutar las canas, las caras peludas o irritadas y los cabellos de maleza).