miércoles, 30 de noviembre de 2011

Me contaba mi amiga ayer, esta amiga a quien le asesinaron a su esposo hace dos semanas, todo lo que sucedió desde varios días previos a su muerte (tantas cosas se convierten en señales) hasta este proceso posterior.
Los motivos de este homicidio, como el de tantísimos otros, se desconocen. Hay quien cree que fue una equivocación, que iban tras el vecino de enfrente a quien ya habían denunciado antes porque le conocían nexos con grupos criminales. Otra teoría es que se trata de una venganza contra el papá de mi amiga, quien hace unas semanas atrapó en su bodega a un ladrón y lo retuvo hasta que vino la policía por él. Lo soltaron. El día de la muerte del esposo de mi amiga, volvieron a entrar a la bodega, mataron al perro guardián y dejaron un desmadre. El padre de mi amiga hizo algunas pesquisas entre conocidos que pertenecen a alguna corporación de seguridad o investigación y lo que le dijeron fue: "no le muevas, esa persona a quien detuviste está trabajando para (inserte el nombre del grupo criminal que guste, aquí)".
Mi amiga ha sufrido mucho. No falta el pendejo que le pregunta: "¿Ya estás mejor?" que no es más que una forma de decir, a sólo dos semanas del funeral: "Ya quiero que estés bien porque me causa incomodidad tu dolor." Mi amiga dice que sí, pero me cuenta que no, por supuesto, que en todo caso cada día se siente peor.
Pero se siente en paz, me dice.
Que un par de minutos antes de morir, su esposo entregó su alma a dios, pidió perdón por sus pecados y se arrepintió de ellos.
Que no se ha comunicado con ella nadie de ninguna corporación. Que no espera que lo hagan y que no quiere que lo hagan. Que no quiere sentir coraje.
Que lo bueno es que no estaban los niños afuera de la casa y que a ellos no les pasó nada.
Que dios la estuvo preparando previamente y le dio la oportunidad de despedirse de su esposo.
Que esto es voluntad de dios.

Sus hijos van a pedir un rifle a Santa Clós de navidad, para matar al dragón que mató a su papá.


Y en otro orden de ideas:


lunes, 28 de noviembre de 2011

La Tremenda Corte

Acusa: Nananina Calderón
Acusado: José Candelario Veintitrésmilpatines
El delito: Buennombredeméxicocidio




La nota por acá.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Tijeritas I


Hojeo revistas para encontrarme con imágenes que me gustan. Suelo guardarlas pero de repente me lleno de revistas y ya no tengo tiempo de recortar las fotos que me llamaron la atención.
Me gustaría traer unas tijeritas en mi bolsa para, cuando estoy esperando atención médica, o esperando mi turno en el banco, poder recortar lo que se me plazca. Pero no lo hago porque me preocupa que me vean recortando como si fuera una niña, aunque no me preocupa que me vean fumando o usando mi BB, actividades de adulto, claro está.
Un día lo voy a hacer, me llevaré mis tijeritas conmigo y los demás me envidiarán. Me envidiarán tanto que estoy segura que al poco tiempo me encontraré en los consultorios, en las filas de los bancos y en los restaurantes, con personas que en lugar de usar su celular, estarán jugando con plastilina o pintando con crayolas los márgenes de sus agendas.

jueves, 24 de noviembre de 2011

No mentirás o el karma me persigue

Hoy fue el último día de mi diplomado.
Los tres primeros días de este módulo los utilizamos en preparar el trabajo final -que debía ser hecho desde agosto que empezamos el curso- y finalmente hoy lo presentamos.
Yo no dormí muy bien y casi se me hace tarde por la mañana. Supongo que los nerviecillos que traía me provocaron horribles pesadillas que me tuvieron llorando toda la noche. O los diez segundos que duró mi sueño, ésas cosas son un misterio.
Ya en la universidad hicimos las presentaciones y pese a un pequeño detalle que se nos indicó (que de manera triunfante y gracias a mi talento y carisma convertí en acierto) todo salió muy bien. El coordinador del diplomado me preguntó si podía preparar un speech rápido para la ceremonia de entrega de diplomas (debió notar mi talento cuando le respondí por el detalle del trabajo) y por supuesto que lo hice. Soy muy complaciente y me encanta el micrófono.
La ceremonia fue muy rápida y agradable, y si hubiera tenido esa ridiculez llamada birrete, no sólo la hubiera arrojado, sino que además la hubiera pisoteado después de caer al suelo. Ya me tenía un poco agotada esto del curso.
El grupo completo nos fuimos a comer para festejar. Cuando comes con 35 personas más que requieren factura, pides y pagas y aún así salimos del restaurante hasta las seis de la tarde.
Miento, no éramos 35, éramos como 25 pues faltaron algunas personas que no pudieron acudir por diversas razones: despidos y accidentes. De hecho alguien llamó a este módulo "Destino Final: El Diplomado". De todos modos éramos un chingo y las facturas tardaron mucho. Mis compañeros, como buenos planeadores que son, se anticiparon a esto pidiendo desde el principio vastas cantidades de líquido, no nos fuéramos a deshidratar. Al poco tiempo se comenzaron a resentir los efectos. Me tocó sentarme junto al serio de la clase y de quien descubrí que el alcohol le quitaba la seriedad. Cómo habló el hijodesumadre. Y entre eso y los gritos de los demás comensales que veían el partido Miami-Dallas, me comenzaba a sentir ligeramente engentada. Así soy yo.
Después de escuchar que de ahí querían irse a un antro, comencé a idear un plan para zafarme: empecé a quejarme de dolor de estómago y a poner mi cara de circunstancia.
De regreso al hotel, "M" (quien es una tapatía enorme que me dice que soy bonita cuando digo maldades -ámola-) me dijo que me veía muy mal y me acompañó hasta una farmacia a comprar medicamento.
Y ahí vamos a la farmacia y yo pensando que ni modo, que si zafarme me iba a requerir un gasto, que lo viera como una inversión.
Les dije que descansaría un rato y luego los alcanzaba en el lobby, lo cual por supuesto no hice y el grupo terminó por irse por su cuenta al antro, no sin antes hablarme para ver cómo me sentía y que si necesitaba algo les hablara.
¿Culpita? Nada... ya tenía planeada mi noche.
Me puse a bajar dos programas de televisión y pedí una hamburguesa y un refresco a la habitación.
Ahí fue cuando el karma comenzó a actuar.
Todo iba muy bien. Los programas tenían ya cerca de una hora bajándose (pésimo wifi del hotel), mi comida estaba lista. Todo iba bien para sentarme en la cama y acomodar mi laptop a la altura necesaria. Cuando lo hice, el mouse cayó y algo se movió en la pantalla: el explorador se cerró. Mi hora completa de bajar los programas valió madres y padres.
Pero aun me quedaba la comida.
Puse el programa menos insultante en la televisión y me dispuse a comer. Quise servirme refresco en el vaso con hielos y al vaciarlo, medio bote se derramó: por higiene, el vaso venía cubierto por una capa de plástico, que con mi ceguera no pude ver. Me quedaba todavía medio bote y mi hamburguesa.
Acomodé mi trasero nuevamente, tomé la hamburguesa, la alcé a la altura de mi boca... (debieron ver qué hamburguesa: carne de a deveras, de casi tres centímetros de grosor, hartas y frescas verduras, pan calientito, mostaza, mayonesa y catsup en perfecto balance) y se me desbarató encima de la pijama.
No soy quisquillosa, de todos modos me la comí, pero me hizo falta un poco de refresco y ah, qué difícil es encontrar algo que ver en la tele.
Todo esto fueron mermas menores.
El problema fue que -no sé si les he dicho esto antes, pero yo soy un psicosoma andando- ahorita ya me quiero dormir pero no puedo porque traigo un pinche dolorón de estómago...

Ay, el karma...

domingo, 20 de noviembre de 2011

Hoy festejamos que mi papá finalmente y a sus 66 años se retirara de la vida laboral.
Pasó más de 40 trabajando para la misma empresa. Cuando vivíamos en Beautifulville era el jefe de la oficina, una que a mí me parecía muy bonita y que me hacía sentir importante cuando al salir temprano de la escuela, me llevaba un rato con él. Además de la secretaria, tenía a varios técnicos a su cargo. La secretaria me daba café y galletas mientras esperaba que fuera hora de comer. Si café con galletas no te hacen sentir importante, no sé qué chingados lo haga.
Le ofrecieron, el año que yo cursaba sexto grado, un cambio a la ciudad donde ahora vivimos. Al tomar la oficina, no sólo se convirtió en el jefe... además fue secretario, recepcionista, técnico e intendente. Era el único que atendía el negocio aquí. La empresa comenzó a cambiar: compras, ventas, alianzas, negociaciones internacionales... todo esto llevó a que un día liquidaran a mi papá y le dijeran: Si quieres seguir trabajando con nosotros, cómpranos una licencia. Y mi papá lo hizo. Una parte de su liquidación la donó y la otra la prestó. Resultó el peor cobrador de la historia.
Así estuvo algunos años trabajando, con su oficina en casa. Todos éramos recepcionistas, tomábamos llamadas, contestábamos a los clientes y a mi papá le iba muy bien, a veces, y otras, yo creo que no tanto porque hubo momentos de graves problemas económicos, sobre todo cuando nos mudamos de casa y un tiempo después de hacerlo no pudo continuar pagando la casa debido a esta figura llamada anatocismo, que muchas familias sufrieron en esa época. Al tiempo, la empresa seguía cambiando y un día la licencia que tenía mi papá dejó de funcionar y le dijeron: Si quieres seguir trabajando con nosotros, va a ser a través de una empresa outsourcing. Y así fueron estos últimos años.
Dice mi madre que inicialmente la empresa tenía excelentes planes de retiro para sus colaboradores, pero ahora no sé qué quede de la empresa donde mi papá comenzó a trabajar hace tanto tiempo. Tampoco sé en qué va a quedar la pensión de mi papá y si va a alcanzar a pagar la renta de la casa donde viven (porque a partir de la pérdida de la casa al banco, ya no les fue posible adquirir otra) más las necesidades de dos personas adultas, ambas, por fortuna, fuertes y saludables.
Pensaba en todo esto hoy que comíamos con él, convencida de que él se merecía mucho más... aún no sé cuánto le puedan ofrecer, pero sí sé que se merece mucho más y ojalá que mis hermanos y yo podamos tener suficiente para lo que les haga falta.
Pensaba también que somos cuatro y de alguna manera nos las arreglaremos para ayudarlos.
Luego pensé en Fefé y en mí.
¿Qué pasará las siguientes décadas? ¿Qué tanto habrán cambiado las empresas para entonces? ¿Dónde estaremos trabajando? ¿Cómo les irá a nuestros hijos? ¿Encontrarán trabajo? ¿Crearán trabajo?
No crean... son cuestiones que preocupan.
Yo por lo pronto me voy a dar a la tarea de entrarle al Catvertising, porque a este paso el único que podrá darme de comer con toda seguridad es Lucky.




Y si no resulta bueno como actor, siempre queda la opción de mandarlo a trabajar:




Bueno, tal vez tampoco sea la mejor idea, pero ya la iremos mejorando.

Voy a hacer maletas.
De nuevo al DF a terminar mi diplomado.
Flojera.

martes, 15 de noviembre de 2011

Mi estatura me ha recompensado siempre en forma inversamente proporcional a ella.
De no ser por mi tamaño no me habrían sentado nunca en la primera banca de la primera fila los últimos tres años de mi educación primaria. Y no me habrían sentado con el que fue mi mejor amigo esos tres años: R.
"Llega un señor muy apurado a la tienda y pide un rollo de papel de baño. La señora le dice: ¿De qué color lo quiere? Tenemos azul, rosa, blanco... El señor le responde: Démelo blanco, al cabo que yo me encargo de darle color" me contaba R cuando nos tocaba estar juntos en el recreo vendiendo dulces de la cooperativa. Y cuando no estábamos en la cooperativa, estábamos colgados de un árbol en el parque de la escuela, o metidos en el salón leyendo su almanaque anual, o los del librero de la maestra.
Lo recuerdo como un chico callado que nunca me jaló las trenzas --que no tenía, pero es alegórico esto, chic@s-- y de quien fui muy cercana sobre todo el último año que estuve en esa escuela, que fue el último que viví en Beautifulville.
Lo dejé de ver en 1986, diciembre, en la posada escolar. En los primeros días de enero nos mudamos para acá y la vida me dio un giro.
A lo largo de 25 años lo recordé en varias ocasiones y me preguntaba qué sería de él. Ya con Google a mi alcance, lo busqué un par de veces. Pude enterarme así que estaba divorciándose, o algo. Información pública de los juzgados. Con FB esperaba mejor suerte, pero no la hubo. No todo mundo está en FB, claro.
Desistí.
Pero déjenme les cuento que ayer por la mañana recibí una llamada telefónica de una persona que me preguntaba si me llamaba de tal forma, si había estado en tal escuela, si mis hermanos se llamaban así y asá, que no colgara, que me iba a parecer extraño pero que quien llamaba era un excompañero mío llamado... "¡R!" grité en mi interior mientras él lo decía en voz alta.
Que mi nombre nunca se le había olvidado, que se encontraba por pasar por mi ciudad y que buscó en un directorio y dio con mi número, que ojalá pudiéramos saludarnos, pero oh contrariedad, le dije que yo debía salir de la ciudad ese día, que ya sería en otra ocasión. Él respondió que si no iba a estar yo ahí, no valía la pena detenerse, que seguiría hasta su siguiente punto. Platicamos unos minutos más sobre qué habíamos hecho de nuestras vidas, en qué trabajábamos, intercambiamos números y así y así. Nos despedimos.
Me entró una nostalgita agridulce después de colgar. Comencé a sufrir una memory overload pero durante el día se me fue componiendo. Al mediodía hice maletas y en eso recibí un mensaje telefónico suyo. Necesitaba que le recomendara un hotel al pueblo donde iba... coincidentemente el mismo pueblo al que iba yo.
Y qué más les puedo contar...
Anoche tuve uno de esos viajesotas, de risas, carcajadas y lágrimas.
Él ya no es el mismo pequeño de cabello de casco, con lo que yo planeaba identificarlo. Sus ojos siguen teniendo el mismo color. Creció. No nos hubiéramos reconocido de no saber que en el lobby nos estaríamos buscando. Y es que de hecho dejamos de ser los mismos varias veces.
Sabíamos que no lo éramos y sin embargo, buscábamos referencias: Y te acuerdas cuando nos regañó la maestra por culpa de.... Y te acuerdas cuando dibujábamos una línea en el pupitre... Ahí estábamos los dos y aunque sacamos nuestras fotos de primaria para platicar de los excompañeros, la verdad era que nos estábamos buscando y no, no nos hallamos.
Bueno, sí, sólo un poco.
Me contó un chiste y lo escuché reír. Ahí estaba, o estuvo, por un minuto R.
Estuvimos sentados en el jardín del hotel hasta muy noche. Había tanto que contar, pero R ya no es ni puede ser mi mejor amigo. Y en la distancia, las cosas ya no son y por lo tanto, parece que lo que yo creía, tampoco fue.
"Al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver" dice Joaquín.
Pero no aprendo.
De mi viajesote nostálgico queda un vacío donde ya no se acomodan algunos recuerdos.

domingo, 13 de noviembre de 2011

#mareoflores

Con eso de que el domingo descanso de mi BB, ni enterada estaba de la detención de @mareoflores hasta que me puse a leer noticias en mi lap.
La nota aquí del periódico Omnia.
Pero como es más útil Twitter para estos fines noticiosos, ya salieron algunas cosas a relucir.
No detuvieron a Mario por hacer bromas sobre la muerte de Blake Mora.
Un día antes había escrito: "No salía tan temprano del trabajo desde que se cayó la avioneta de Mouriño. Anden con cuidado, funcionarios voladores". Así que las agencias investigadoras en las que tanto invierte el gobierno para que cuiden las redes sociales detuvieron a Mario en su domicilio.
Este boletín apareció en la página de la Procuraduría General de la República:


Qué estupidez.
Y aunque lo detuvieron en calidad de "testigo" y le preguntaron si sabía algo sobre "lanzar misiles", no habían dejado entrar a su abogado y la detención se llevó a cabo sin orden de aprehensión, y a decir del padre de Mario, con violencia.

Un video al momento de su liberación:



En este momento #mareoflores es trend topic en Twitter.
Si quieren conocer más sobre lo que está pasando, voy a estar retuiteando en mi cuenta.
Cáiganle.
Este asunto, además de la gravedad en sí que tiene la detención de una persona en las condiciones en que fue hecha, deja en evidencia que no tienen ni la más reputa idea de qué pasó en el accidente. ¿Pero qué tipo de inteligencia va y busca en twitter "líneas de investigación"?
No, no, no... no los creo tan pendejos ¿o sí? Lo que plantea que hay algo más: ¿otra advertencia para los tuiteros?
(¿También piensan detener a @Morf0?)


Sobre Mario.
Es ilustrador y diseñador. Muy muy bueno.
Aquí están sus páginas:
(Se le admira y se le tiene cariñito porque es el único que me favea mis tuits).



A propósito del Teletón

Harry tenía un año de edad cuando comenzó a recibir terapia psicomotriz.

A esa edad no hacía lo que los bebés usualmente hacen: rodar, gatear, arrastrarse. Me llamaba mucho la atención y me preocupaba que no hiciera el menor intento por sostenerse con sus piernitas, como el resto de los niños hace cuando los tomas de las manos. Se lo comentábamos al médico en sus revisiones mensuales hasta que nos atendió un médico distinto y le preocupó también la falta de movilidad de Harry y nos mandó al Hospital Infantil del estado para que recibiera terapia.


El área de rehabilitación y terapia psicomotriz del hospital en esa época era un espacio pequeño donde tenían que agendar las visitas de todos los pacientes. A nosotros nos tocó dos veces a la semana con 45 minutos cada sesión. El costo era muy accesible pero nos parecía muy limitado lo que estábamos haciendo.

Una compañera de mi trabajo me recomendó que fuera mejor a una escuelita cercana a mi casa, una escuelita que era además, un centro de atención para niños y niñas con dispacacidad (o capacidades diferentes, como debe decirse hoy). Esta compañera trabajaba por las tardes en un centro similar, pero me recomendó el que quedaba más cercano. Ahí estuvimos yendo varios meses. El costo mensual era de 150 pesos con sesiones de lunes a viernes de dos horas cada una. En el Hospital Infantil con dos sesiones de 45 minutos pagaba 140 pesos. Y además, al ser un centro de atención público, si no podías pagar dichas mensualidades –que más bien eran como una cuota- no había ningún problema.


A Harry le tocó estar en un pequeño grupo de cinco niños. Dos terapeutas los atendían y los papás y mamás participábamos en la terapia.

Además de la parte de estimulación física, había una parte de estimulación social: cantábamos con los niños, bailábamos, nos sentábamos con ellos en una mesa, los niños aprendían a comer, a convivir con otros, a compartir.

Los niños con quien Harry compartía su comida eran pequeños con microcefalia. Casos graves todos. Las madres sabían muy bien que lo único que podían ofrecer a sus niños era una mejor calidad de vida pero que jamás podrían caminar por sí mismos, hablar o llevarse una cuchara a la boca. Sin embargo ahí estaban, día tras día.

Una de esas madres viajaba en autobús hasta el centro, cargando además de su pequeña, a dos niños más que no tenía donde dejar.

Había además una madre muy joven. Ella estaba en el primer turno en la maquila. Su esposo en el segundo. Él cuidaba a la nena por las mañanas y a las tres de la tarde la llevaba en camión a entregarla a su mamá en la maquila. Él entraba a su trabajo y ella tomaba un camión para llegar a tiempo a la terapia. Así cada día. Por fortuna quedaba muy cerca, nos decía.

Harry estuvo ahí varios meses. El día del Minimaratón escolar, fue elegido para llevar el banderín de su grupo ya que para esas fechas caminaba un poco, siempre y cuando tuviera algo en las manos. Sus compañeritos lo seguían detrás en brazos de sus madres.

Harry caminó finalmente y la noche que se soltó no logramos que dejara de hacerlo. Caminaba de un lado a otro entre carcajadas, de los brazos de Fefé a los míos, cayéndose y levantándose otra vez, tan distinto al niño que apenas unos meses antes había ingresado al centro.


A William también le tocó su parte de terapia, por sus problemas de lenguaje. Fue un año completo a uno de esos centros, precisamente en el que trabajaba mi compañera, quien fue la encargada de administrarle la terapia que llevó a William a hablar mejor. Todavía se come algunas letras pero no es tan notorio y ya sabe qué tiene que hacer para hablar correctamente.


Ese centro, como el anterior y muchos otros, eventualmente cerraron.

Según lo que me enteré, con el fin de integrar a los niños y niñas de esos centros a escuelas regulares, mandaron a los docentes a estas escuelas donde funcionan como personal de apoyo para los casos de niños con necesidades especiales. Pero en estas escuelas no cuentan con material de terapia ni rehabilitación. Y en realidad los padres de familia con niños en estados más graves, no inscribieron a sus hijos en estas escuelas. Durante unos meses hubo protestas afuera de los centros cuando los padres y madres fueron avisados que cerrarían.


Todo esto me vino a la mente esta mañana mientras veía a una chiquilla en una esquina con su bote del Teletón.

Aquí en la ciudad se abrió un CRIT hace algunos años. Queda en un extremo de la ciudad.

Harry tuvo un compañerito en la primaria que según contaba su mamá, al nacer le había faltado oxígeno y el bebé había desarrollado problemas de aprendizaje, psicomotrices, etc. Estaba en una escuela regular y había avanzado muchísimo, pero ella quería ingresarlo al CRIT, ya que era muy muy cara la terapia que estaba pagando, considerando que también tenía que correr con los gastos de la casa y todo lo demás (el papá del niño los había dejado mucho tiempo atrás). Estuvo intentando un tiempo, moviendo sus influencias, porque había una lista larga de espera. No supe si su contacto con conocido comediante le había facilitado este acceso, pero hasta las últimas noticias que tuve, no lo había conseguido.


Recuerdo todo esto y pienso en esas mamás que llevaban a sus hijos a terapia junto con Harry.

Pienso en ellas y creo que aunque habrían recorrido cielo, mar y tierra por amor a sus hijos, les habría sido muy complicado ir tan lejos, esto es, de haber conseguido un lugar en el CRIT.

Pienso en Harry y en William y en qué habría pasado si cuando ellos lo necesitaron no hubiera habido centros. Fefé y yo habríamos trabajado más duro, seguramente él habría tenido que dejar la universidad y yo habría tenido que dejar la escuela donde estaba trabajando y optar por otro tipo de labor con tal de que tuvieran el apoyo necesario.

Fuimos afortunados, pero hay quienes no lo son. Y me preocupa que tanto énfasis en el Teletón, invisibilice la responsabilidad del Estado en la salud y educación de la población.

¿O que no son la salud y la educación derechos y obligación del estado proveerlos?

Qué bueno que existan organizaciones que contribuyan a la salud de la población pero ¿por qué cortar programas del estado que tenían un buen alcance poblacional y personal capacitado?


Triste.


miércoles, 9 de noviembre de 2011

Días de asaltos y sobresaltos.
De conocer asaltados y asaltantes.
De meter y quitar manos en el fuego.
De llorar por el golpeado y llorar por el encerrado.
Son días confusos.
No hay un "aquí están los buenos y allá están los malos".
Tampoco hay garantías, ni referencias, ni horarios libres de riesgos, ni lugares a salvo.
Los demonios salen como nuestras sombras.
Junto a nuestras sombras.
Son nuestras sombras.
¿Somos?

* * * * *
Y termina la semana con el asesinato del esposo de una buena amiga.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Diana diana con chín chín

Que dice Blogger que ésta es la entrada número 1000.
Y yo en estas fachas.

Desearía tener algo así bien importantote qué decir, o algo emocionante qué contar, o un regalo qué hacerles, o... o...
Sin embargo lo que ahora tiene ocupada mi mente es una maqueta que tiene que hacer Harry.
Se supone que la maqueta debe simular un sismo y ha buscado la manera de hacer que tiemble y nomás no le funciona.
Yo tengo la solución... posee un par de aparatos que podrían fácilmente resolverle el problema. Desgraciadamente temo que me pregunte para qué los uso, así que quedan completamente descartados. Ciencia 0-Mamá 0 (porque cuando la ciencia pierde, chavos, nadie gana).

Seguiré informando.


miércoles, 2 de noviembre de 2011

El expediente Leyzaola

Por Raúl Ramírez Baena
Presidente de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste; exombudsman de Baja California

Las loas que hablan y escriben de él periodistas de la talla de José Cárdenas y el periódico El Universal (“Leyzaola va a Juárez tras limpiar Tijuana”, Yahoo, 10 de marzo de 2011), en el sentido de que bajo su gestión como jefe policiaco se logró convertir a esa ciudad fronteriza en “modelo de seguridad”, son harto preocupantes porque eso quiere decir que, finalmente, dio resultado la campaña mediática del XIX ayuntamiento de Tijuana y del gobierno de Baja California en medios locales y nacionales: difundieron las andanzas del militar metido a jefe policiaco como si fuera el salvador de la patria.

Podemos asegurar que Leyzaola no es precisamente un jefe policiaco, sino un concepto de Estado basado en la fuerza y la brutalidad para cumplir, a como dé lugar –sin éxito, por cierto–, el objetivo de acabar con las mafias del narcotráfico.

Es increíble que el presidente municipal de Ciudad Juárez, Héctor Munguía Lardizábal, haya menospreciado los principios constitucionales y los tratados internacionales, así como las recomendaciones de la Procuraduría de los Derechos Humanos de Baja California (PDH) y la Comisión Nacional de los Derechos Humanos contra Leyzaola por el delito de tortura, y las denuncias llevadas ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la Organización de los Estados Americanos.

Dice Teto Munguía que, para contratar a Leyzaola, “consultó” a Felipe Calderón y al gobernador César Duarte. Peor todavía: conociendo los antecedentes de Leyzaola, que son del dominio público, no se le ocurrió consultar a la CNDH y a las organizaciones no gubernamentales (ONG), que tienen a punto el expediente Leyzaola (ignoramos por qué la CNDH no ha girado la recomendación correspondiente, si cuenta desde el año pasado con las pruebas de tortura obtenidas mediante la aplicación del Protocolo de Estambul).

Asimismo, han sido ignorados por el alcalde juarense los llamamientos al gobierno de Calderón hechos por Amnistía Internacional, Human Rights Watch, el Observatorio para la Protección de los Derechos Humanos y la Oficina de Washington para América Latina, y las recomendaciones de la PDH, la CNDH y la CIDH para la aplicación de medidas cautelares con el fin de salvaguardar la integridad y la vida de Blanca Mesina y Silvia Vázquez, defensoras investigadoras en Tijuana de los casos de tortura perpetrada por Julián Leyzaola, por militares en el 28 Batallón de Infantería en Tijuana y por el capitán Gustavo Huerta, discípulo de Leyzaola y hoy flamante jefe policiaco en la administración priista de Carlos Bustamante.

Blanca y Silvia tuvieron que salir urgentemente de Tijuana por las graves agresiones y amenazas de muerte recibidas en 2010, cuya principal sospecha recae precisamente en Leyzaola y en sus escoltas. La Secretaría de Seguridad Pública y el gobierno de Baja California tuvieron que cumplir un urgente emplazamiento de la CIDH, vía recomendación, para el establecimiento de las medidas cautelares.

Nada de esto valió, ni las denuncias penales contra Leyzaola, Huerta y el ejército ante el Ministerio Público local y federal, interpuestas en octubre de 2010 por policías municipales y civiles de Tijuana, víctimas de tortura.

Por cierto, en Baja California ya se aplica pomposamente el nuevo Sistema de Justicia Penal, Oral y Alternativo, cuyo pionero fue, precisamente, Chihuahua, con la asistencia, promoción y costo de la United States Agency for International Development (la ONG Proderecho, creada ex profeso en México por el gobierno estadunidense).

Julián Leyzaola, antes en Tijuana ahora en Juárez, reproduce el proyecto de militarización de la seguridad pública impuesto por Felipe Calderón en su “guerra” personal contra el narcotráfico, que ha costado ya más de 36 mil “daños colaterales”.

Durante el paso de Leyzaola por Tijuana, murieron más de 70 policías acribillados por el narco, y muchos más se corrompieron (o plata o plomo) por esa torcida visión de meter a los policías preventivos en tareas de persecución del narco, que es una atribución federal, no municipal, estatal ni militar en tanto no se decrete la suspensión de garantías.

Tijuana no es Ciudad Juárez. En la primera, los narcos han llegado a acuerdos de no agresión, dada la aparente debilidad del cártel de los Arellano (que es la principal razón de la disminución de la violencia después de la captura del Teo y el Muletas, no por Leyzaola, como nos quieren hacer creer). Tijuana es una plaza en la que no han entrado los cárteles de los Carrillo Fuentes, del Golfo y Los Zetas, como en Chihuahua, Coahuila, Tamaulipas y Nuevo León, donde se vive una violencia desbordada.

Ignorando las recomendaciones de la PDH y la CNDH, el alcalde de Ciudad Juárez dijo que, desde Tijuana, los empresarios le “recomendaron” a Leyzaola. Sería bueno saber qué empresarios tijuanenses le vendieron la idea barata al edil juarense y cuáles se la compraron, y por qué no observó las recomendaciones de referencia.

Algo tenemos que agradecer desde Baja California a un ingenuo y desesperado Héctor Munguía: sacó a Julián Leyzaola de esta entidad, donde acababa de ser nombrado subsecretario del Sistema Estatal de Seguridad Pública por el gobernador Osuna Millán, en la antesala de ser designado secretario (¡gulp!). En su primera reaparición estelar, Leyzaola encabezó un grupo de 300 policías municipales, estatales y ministeriales en un operativo masivo de arrase en Mexicali, que arrojó, como siempre, la detención mayoritaria de adictos, infractores e inocentes que de inmediato fueron liberados, pero cuyas estadísticas cumplieron la función mediática de consumo popular. Y todos contentos.

Mil gracias, don Teto, y mucho éxito con su nuevo jefe policiaco. De lujo…

* * * * *

Oí comentar esta mañana que a Gustavo de la Rosa, visitador de la CEDH, no le permitieron entrar a ver a los detenidos en Cd. Juárez.

Así estamos.


martes, 1 de noviembre de 2011

Monsi

De ese tamañito estaba Monsi el día que llegó a casa.
Creció mucho en apenas un par de meses.
Tanto creció que se sentía gato grande y se salía a perseguir a Lulú a la cochera y hacía intentos por asomarse a la calle entre el enrejado.
Fue cauto un tiempo, hasta que se sintió grande.
Lo encontraron los niños esta mañana junto a la banqueta. Fefé lo recogió y dice que se veía tan lindo y guapo como cuando lo encontrábamos dormido en un cajón, en mi almohada o en algún sillón.
Parece que un auto lo golpeó.
No hubo sangre.
Yo estaba fuera de la ciudad cuando Fefé me avisó y no los pude acompañar a llevarlo al campo.
Cuando llegué a casa, Harry lavaba trastes lanzando suspiritos. Me acerqué a abrazarlo y fue que se desbordó en muchas muchas lágrimas.
Me preocupaba más William, mi adolescente que según sus maestros, se siente el chico malo del salón, ése que todo sabe y que nada le preocupa.
Lo encontré en su cama, en silencio. Me di cuenta que también lloraba sólo por la forma en que su pecho se agitaba. Mi chico malo no dejaba de llorar.
Yo también me sentí muy triste, hasta por Lucky que pasó toda la tarde buscando a Monsi bajo las camas, en los clósets, en la cocina.

Yo sé que es sólo un gato, un gato entre muchos gatos, pero fue nuestro gato. Y era lindo sentir el bulto calientito en nuestros pies por las noches, y por las mañanas reírme mientras metía sus garras bajo la puerta del baño para atraparme, o verlo por las tardes corretear a un gruñonsísimo Lucky y ya por la noche encontrarlos juntos acicalándose el uno al otro antes de una siesta.
Fue un gato muy valiente que trataba de aprovechar cualquier oportunidad de salir al patio para ver a Lulú y tratar de agarrar su cola. Era tan valiente que no temía las caras de mostro de Fefé ni mis regaños cuando se robaba mis calcetines.

Fue muy valiente y estoy segura que el auto que lo atacó, no debió salir tan bien librado de esto.

Ya lo estamos extrañando.