miércoles 30 de noviembre de 2011
lunes 28 de noviembre de 2011
La Tremenda Corte
viernes 25 de noviembre de 2011
Tijeritas I

Hojeo revistas para encontrarme con imágenes que me gustan. Suelo guardarlas pero de repente me lleno de revistas y ya no tengo tiempo de recortar las fotos que me llamaron la atención.
jueves 24 de noviembre de 2011
No mentirás o el karma me persigue
domingo 20 de noviembre de 2011


Bueno, tal vez tampoco sea la mejor idea, pero ya la iremos mejorando.martes 15 de noviembre de 2011
domingo 13 de noviembre de 2011
#mareoflores
A propósito del Teletón
Harry tenía un año de edad cuando comenzó a recibir terapia psicomotriz.
A esa edad no hacía lo que los bebés usualmente hacen: rodar, gatear, arrastrarse. Me llamaba mucho la atención y me preocupaba que no hiciera el menor intento por sostenerse con sus piernitas, como el resto de los niños hace cuando los tomas de las manos. Se lo comentábamos al médico en sus revisiones mensuales hasta que nos atendió un médico distinto y le preocupó también la falta de movilidad de Harry y nos mandó al Hospital Infantil del estado para que recibiera terapia.
El área de rehabilitación y terapia psicomotriz del hospital en esa época era un espacio pequeño donde tenían que agendar las visitas de todos los pacientes. A nosotros nos tocó dos veces a la semana con 45 minutos cada sesión. El costo era muy accesible pero nos parecía muy limitado lo que estábamos haciendo.
Una compañera de mi trabajo me recomendó que fuera mejor a una escuelita cercana a mi casa, una escuelita que era además, un centro de atención para niños y niñas con dispacacidad (o capacidades diferentes, como debe decirse hoy). Esta compañera trabajaba por las tardes en un centro similar, pero me recomendó el que quedaba más cercano. Ahí estuvimos yendo varios meses. El costo mensual era de 150 pesos con sesiones de lunes a viernes de dos horas cada una. En el Hospital Infantil con dos sesiones de 45 minutos pagaba 140 pesos. Y además, al ser un centro de atención público, si no podías pagar dichas mensualidades –que más bien eran como una cuota- no había ningún problema.
A Harry le tocó estar en un pequeño grupo de cinco niños. Dos terapeutas los atendían y los papás y mamás participábamos en la terapia.
Además de la parte de estimulación física, había una parte de estimulación social: cantábamos con los niños, bailábamos, nos sentábamos con ellos en una mesa, los niños aprendían a comer, a convivir con otros, a compartir.
Los niños con quien Harry compartía su comida eran pequeños con microcefalia. Casos graves todos. Las madres sabían muy bien que lo único que podían ofrecer a sus niños era una mejor calidad de vida pero que jamás podrían caminar por sí mismos, hablar o llevarse una cuchara a la boca. Sin embargo ahí estaban, día tras día.
Una de esas madres viajaba en autobús hasta el centro, cargando además de su pequeña, a dos niños más que no tenía donde dejar.
Había además una madre muy joven. Ella estaba en el primer turno en la maquila. Su esposo en el segundo. Él cuidaba a la nena por las mañanas y a las tres de la tarde la llevaba en camión a entregarla a su mamá en la maquila. Él entraba a su trabajo y ella tomaba un camión para llegar a tiempo a la terapia. Así cada día. Por fortuna quedaba muy cerca, nos decía.
Harry estuvo ahí varios meses. El día del Minimaratón escolar, fue elegido para llevar el banderín de su grupo ya que para esas fechas caminaba un poco, siempre y cuando tuviera algo en las manos. Sus compañeritos lo seguían detrás en brazos de sus madres.
Harry caminó finalmente y la noche que se soltó no logramos que dejara de hacerlo. Caminaba de un lado a otro entre carcajadas, de los brazos de Fefé a los míos, cayéndose y levantándose otra vez, tan distinto al niño que apenas unos meses antes había ingresado al centro.
A William también le tocó su parte de terapia, por sus problemas de lenguaje. Fue un año completo a uno de esos centros, precisamente en el que trabajaba mi compañera, quien fue la encargada de administrarle la terapia que llevó a William a hablar mejor. Todavía se come algunas letras pero no es tan notorio y ya sabe qué tiene que hacer para hablar correctamente.
Ese centro, como el anterior y muchos otros, eventualmente cerraron.
Según lo que me enteré, con el fin de integrar a los niños y niñas de esos centros a escuelas regulares, mandaron a los docentes a estas escuelas donde funcionan como personal de apoyo para los casos de niños con necesidades especiales. Pero en estas escuelas no cuentan con material de terapia ni rehabilitación. Y en realidad los padres de familia con niños en estados más graves, no inscribieron a sus hijos en estas escuelas. Durante unos meses hubo protestas afuera de los centros cuando los padres y madres fueron avisados que cerrarían.
Todo esto me vino a la mente esta mañana mientras veía a una chiquilla en una esquina con su bote del Teletón.
Aquí en la ciudad se abrió un CRIT hace algunos años. Queda en un extremo de la ciudad.
Harry tuvo un compañerito en la primaria que según contaba su mamá, al nacer le había faltado oxígeno y el bebé había desarrollado problemas de aprendizaje, psicomotrices, etc. Estaba en una escuela regular y había avanzado muchísimo, pero ella quería ingresarlo al CRIT, ya que era muy muy cara la terapia que estaba pagando, considerando que también tenía que correr con los gastos de la casa y todo lo demás (el papá del niño los había dejado mucho tiempo atrás). Estuvo intentando un tiempo, moviendo sus influencias, porque había una lista larga de espera. No supe si su contacto con conocido comediante le había facilitado este acceso, pero hasta las últimas noticias que tuve, no lo había conseguido.
Recuerdo todo esto y pienso en esas mamás que llevaban a sus hijos a terapia junto con Harry.
Pienso en ellas y creo que aunque habrían recorrido cielo, mar y tierra por amor a sus hijos, les habría sido muy complicado ir tan lejos, esto es, de haber conseguido un lugar en el CRIT.
Pienso en Harry y en William y en qué habría pasado si cuando ellos lo necesitaron no hubiera habido centros. Fefé y yo habríamos trabajado más duro, seguramente él habría tenido que dejar la universidad y yo habría tenido que dejar la escuela donde estaba trabajando y optar por otro tipo de labor con tal de que tuvieran el apoyo necesario.
Fuimos afortunados, pero hay quienes no lo son. Y me preocupa que tanto énfasis en el Teletón, invisibilice la responsabilidad del Estado en la salud y educación de la población.
¿O que no son la salud y la educación derechos y obligación del estado proveerlos?
Qué bueno que existan organizaciones que contribuyan a la salud de la población pero ¿por qué cortar programas del estado que tenían un buen alcance poblacional y personal capacitado?
Triste.
miércoles 9 de noviembre de 2011
sábado 5 de noviembre de 2011
Diana diana con chín chín
miércoles 2 de noviembre de 2011
El expediente Leyzaola
Las loas que hablan y escriben de él periodistas de la talla de José Cárdenas y el periódico El Universal (“Leyzaola va a Juárez tras limpiar Tijuana”, Yahoo, 10 de marzo de 2011), en el sentido de que bajo su gestión como jefe policiaco se logró convertir a esa ciudad fronteriza en “modelo de seguridad”, son harto preocupantes porque eso quiere decir que, finalmente, dio resultado la campaña mediática del XIX ayuntamiento de Tijuana y del gobierno de Baja California en medios locales y nacionales: difundieron las andanzas del militar metido a jefe policiaco como si fuera el salvador de la patria.
Podemos asegurar que Leyzaola no es precisamente un jefe policiaco, sino un concepto de Estado basado en la fuerza y la brutalidad para cumplir, a como dé lugar –sin éxito, por cierto–, el objetivo de acabar con las mafias del narcotráfico.
Es increíble que el presidente municipal de Ciudad Juárez, Héctor Munguía Lardizábal, haya menospreciado los principios constitucionales y los tratados internacionales, así como las recomendaciones de la Procuraduría de los Derechos Humanos de Baja California (PDH) y la Comisión Nacional de los Derechos Humanos contra Leyzaola por el delito de tortura, y las denuncias llevadas ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la Organización de los Estados Americanos.
Dice Teto Munguía que, para contratar a Leyzaola, “consultó” a Felipe Calderón y al gobernador César Duarte. Peor todavía: conociendo los antecedentes de Leyzaola, que son del dominio público, no se le ocurrió consultar a la CNDH y a las organizaciones no gubernamentales (ONG), que tienen a punto el expediente Leyzaola (ignoramos por qué la CNDH no ha girado la recomendación correspondiente, si cuenta desde el año pasado con las pruebas de tortura obtenidas mediante la aplicación del Protocolo de Estambul).
Asimismo, han sido ignorados por el alcalde juarense los llamamientos al gobierno de Calderón hechos por Amnistía Internacional, Human Rights Watch, el Observatorio para la Protección de los Derechos Humanos y la Oficina de Washington para América Latina, y las recomendaciones de la PDH, la CNDH y la CIDH para la aplicación de medidas cautelares con el fin de salvaguardar la integridad y la vida de Blanca Mesina y Silvia Vázquez, defensoras investigadoras en Tijuana de los casos de tortura perpetrada por Julián Leyzaola, por militares en el 28 Batallón de Infantería en Tijuana y por el capitán Gustavo Huerta, discípulo de Leyzaola y hoy flamante jefe policiaco en la administración priista de Carlos Bustamante.
Blanca y Silvia tuvieron que salir urgentemente de Tijuana por las graves agresiones y amenazas de muerte recibidas en 2010, cuya principal sospecha recae precisamente en Leyzaola y en sus escoltas. La Secretaría de Seguridad Pública y el gobierno de Baja California tuvieron que cumplir un urgente emplazamiento de la CIDH, vía recomendación, para el establecimiento de las medidas cautelares.
Nada de esto valió, ni las denuncias penales contra Leyzaola, Huerta y el ejército ante el Ministerio Público local y federal, interpuestas en octubre de 2010 por policías municipales y civiles de Tijuana, víctimas de tortura.
Por cierto, en Baja California ya se aplica pomposamente el nuevo Sistema de Justicia Penal, Oral y Alternativo, cuyo pionero fue, precisamente, Chihuahua, con la asistencia, promoción y costo de la United States Agency for International Development (la ONG Proderecho, creada ex profeso en México por el gobierno estadunidense).
Julián Leyzaola, antes en Tijuana ahora en Juárez, reproduce el proyecto de militarización de la seguridad pública impuesto por Felipe Calderón en su “guerra” personal contra el narcotráfico, que ha costado ya más de 36 mil “daños colaterales”.
Durante el paso de Leyzaola por Tijuana, murieron más de 70 policías acribillados por el narco, y muchos más se corrompieron (o plata o plomo) por esa torcida visión de meter a los policías preventivos en tareas de persecución del narco, que es una atribución federal, no municipal, estatal ni militar en tanto no se decrete la suspensión de garantías.
Tijuana no es Ciudad Juárez. En la primera, los narcos han llegado a acuerdos de no agresión, dada la aparente debilidad del cártel de los Arellano (que es la principal razón de la disminución de la violencia después de la captura del Teo y el Muletas, no por Leyzaola, como nos quieren hacer creer). Tijuana es una plaza en la que no han entrado los cárteles de los Carrillo Fuentes, del Golfo y Los Zetas, como en Chihuahua, Coahuila, Tamaulipas y Nuevo León, donde se vive una violencia desbordada.
Ignorando las recomendaciones de la PDH y la CNDH, el alcalde de Ciudad Juárez dijo que, desde Tijuana, los empresarios le “recomendaron” a Leyzaola. Sería bueno saber qué empresarios tijuanenses le vendieron la idea barata al edil juarense y cuáles se la compraron, y por qué no observó las recomendaciones de referencia.
Algo tenemos que agradecer desde Baja California a un ingenuo y desesperado Héctor Munguía: sacó a Julián Leyzaola de esta entidad, donde acababa de ser nombrado subsecretario del Sistema Estatal de Seguridad Pública por el gobernador Osuna Millán, en la antesala de ser designado secretario (¡gulp!). En su primera reaparición estelar, Leyzaola encabezó un grupo de 300 policías municipales, estatales y ministeriales en un operativo masivo de arrase en Mexicali, que arrojó, como siempre, la detención mayoritaria de adictos, infractores e inocentes que de inmediato fueron liberados, pero cuyas estadísticas cumplieron la función mediática de consumo popular. Y todos contentos.
Mil gracias, don Teto, y mucho éxito con su nuevo jefe policiaco. De lujo…
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Oí comentar esta mañana que a Gustavo de la Rosa, visitador de la CEDH, no le permitieron entrar a ver a los detenidos en Cd. Juárez.
Así estamos.