jueves, 28 de julio de 2011

Felicidades a mí

Hoy William cumple trece años.¿Qué estaba haciendo yo a su edad? Pasando a tercero de secundaria, embobada con dos o tres mocosos, tratando de sobrevivir la adolescencia con una autoestima bajísima y una inseguridad muy elevada.Veo a William y pienso en lo que él hace: Lee mucho (en inglés y en español), hace videos –y con efectos especiales-, discute conmigo sobre películas y series de televisión, investiga, aprende, actúa en sus videos, sale con sus amigos, está a punto de regresar al futbol americano…Aparte de esto es simpático y agradable, muy buen amigo, generalmente buen hermano, siempre excelente hijo.Es mi mano derecha para muchas cosas, el único de la casa que tiene la cabeza en su lugar, el que recuerda todo lo que yo olvido, el que siempre se asegura que la puerta esté cerrada, que las luces queden apagadas. No cabe duda que los hijos se desarrollan a veces aun pese a sus padres. Feliz cumpleaños a mi primogénito. Hoy yo cumplo trece años de ser mamá, aunque desgraciadamente no con tan buen desempeño como el que cumple trece de ser mi hijo.

domingo, 24 de julio de 2011

Los límites del amor

es el título del libro del que mi amigo "R" me contaba anoche y que ahora leía a sugerencia de un amigo suyo, después de que "R" diera por terminada una relación en la que no existía mucha reciprocidad.
De esto me hablaba mientras a mi lado derecho estaba "D", otro gran amigo de mi infancia (más información por acá). A media reunión de excompañeros de secundaria y después de 25 años de no vernos, ocurrióseme preguntarle a "D" que si cómo estaba, si era feliz (con este antecedente, son preguntas que ya debería saber no debo preguntar).
La respuesta que me dio me preocupó: mal, me estoy separando. Considerando sus fotos y comentarios en FB, yo lo ubicaba a él y a su pareja como un matrimonio feliz.
Long story short: ella está enamorada hace dos años de otro hombre; "D" se enteró hace un mes, han sido semanas terribles para él; ella le cuenta todo --como por ejemplo que ese día, ella y el galán se habían peleado-- y mi amigo está devastado: dieciocho años juntos, tres hijos. Además "D" le liberó una tarjeta de crédito (una lanota) para que ella pueda ir a Extranjia, que es donde el sujeto vive, a comprobar si es el amor de su vida. "D" incluso la llevará al aeropuerto este jueves.
O O
Me abstuve de decir mucho.
De eso se encargaron "R" que andaba en su propia catarsis y "L", que es psicólogo y ha tenido experiencias al respecto.
Hay siempre dos historias. Imagino que ella, la esposa de "D", se ve a sí misma como una especia de heroína de los Puentes de Madison (lo sé por una entrada de su blog). Y "D" la ve como... como la mujer de su vida sin la cual no puede vivir y por la cual está dispuesto a pagarle ese viaje a Sudamérica a que compruebe que su bohemio amante es la persona con la que quiere estar.
¿No es eso romántico?

Prrrrrtttttt.......

La noche acabó entrada la madrugada, con "D" dormido en el cuarto de "R" después de agotar muchas lágrimas, y con tres mujeres botaneando en la sala de la casa, una de ellas borrando una a una las doscientas fotos que "D" tiene de su mujer en su Iphone, y sustituyendo su salvapantallas por una foto de él con sus tres hijos, la otra trolleando el blog de la mona y la tercera buscando información del amante en internet --sí encontré--.
(Pá qué nos dejan solas y con alcohol si ya nos conocen).

En las relaciones debe haber límites. Algunas mujeres que conozco tienen un pequeño manualito de tres o cuatro cosas que jamás permitirían por parte de sus parejas. A mí eso me parece una idea estupenda. Y muy útil también para los hombres.
Cada persona tiene límites diferentes. Hay situaciones que admitiría resolver, pero no podría seguir con una persona si dejara de saber lo que siente por mí.

Yo recuerdo a "D" como una persona con una gran dignidad y amor propio.
Por cosas que dijo, veo que ya no lo es. Y eso es tremendamente triste. Y justo lo que sucede cuando los límites se van traspasando una y otra vez.

jueves, 14 de julio de 2011

Tengo todo lo que perdí



Y no hay manera de evitar el salto mortal de vivir.
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Y cuando tardas en venir, mi cama es una cama de hospital.

miércoles, 6 de julio de 2011

Esta mañana Lucky se veía muy feliz y satisfecho: había conseguido servirse croquetas él solo y además atrapó una cucaracha que entró incautamente a la casa.
Yo de ambas cosas me siento muy orgullosa. Más de lo segundo que de lo primero.
Afrontémoslo: mi gato es un sopenco inútil.
Y estoy más orgullosa de que se haya servido croquetas, porque yo intenté que mis hijos fueran autónomos e independientes desde el año de edad, pero nunca fueron capaces de servirse cereal sin tirarlo. Ni ahora. Y eso que les compraba fruty lupis, que aunque le daban alergia a William, era el más fácil de limpiar.
Lo de atrapar la cucaracha no me impresiona mucho. Los niños fueron capaces de tragarse hormigas, arañas y cualquier cosa patienta, desde que gateaban. Pura proteína.
Pero al menos mi gato ha decidido ser idependiente. Sacar su parte salvaje y civilizada. Y cómo no, con esta humana desentendida.
Lo que no ha aprendido, aunque no le falta mucho, es llamar por teléfono a la Sociedad Protectora de Animales.

martes, 5 de julio de 2011

El difícil arte de tomar una decisión

Esto de decidir, otra vez, qué hacer con los muchachos con respecto a dónde van a continuar sus estudios de secundaria, pone en juego factores no sólo pedagógicos o económicos, sino también emocionales e incluso, ideológicos.

Por un lado yo estuve convencida, el año pasado, de que meter a William en una escuela pública era lo mejor, por diferentes razones. Que se relacionara con todo tipo de gente, era una de ellas y sigue siendo muy importante. Otra razón fue que estuviera en un ambiente más diverso y estimulante, con más chicos y chicas, que como él estuvieran muy interesados en aprender. Desgraciadamente, William sólo halló dos o tres. La plante docente no fue tampoco muy motivantes para conseguir que los alumnos se involucaran más… lo que me lleva a la situación con los maestros.

Admiro mucho a los docentes comprometidos. El problema es que las condiciones en las que trabajan dificultan ver resultados a este compromiso.

En la secundaria de William hay maestros y maestras que trabajan los dos turnos, matutino y vespertino. ¿Qué pueden ofrecerle a los alumnos del turno vespertino que se encuentran además en un horario que hace más pesado el aprendizaje?

Antes, en el turno vespertino, había la mitad de alumnos comparado con el turno matutino. Los maestros nos contaban que les gustaba dar clases en la tarde, que era más sencillo, que el ambiente de aprendizaje era mejor por ese factor.

Ya no es así. Existe el mismo número de alumnos en ambos turnos, pese al incremento de escuelas particulares (o tal vez por lo mismo).

Otro de nuestros criterios para elegir secundaria pública para William, fue que se llevara la reforma (muchas escuelas particulares medio cumplen para impartir sus propios programas, ya sean bilingües o religiosos).

Mucho se ha dicho de los programas de la reforma. Yo los conocí cuando di clases y la verdad es que a la mayoría los encontré coherentes y respondían a cuestionamientos que me hacía antes de que se diera.

En la escuela donde trabajé adaptamos un número adecuado de alumnos al aula, cambiamos mobiliario y hasta el número de horas por semana de las materias, para poder trabajar debidamente los programas. Yo daba seis horas a la semana de Español, con un grupo de 25 adolescentes, sentados en mesas de trabajo para favorecer la integración y supervisión de equipos.

Eso no lo van a hacer en una escuela pública y los maestros terminan desgastándose, tratando de implementar planes que teóricamente funcionan pero que para ser llevados a la práctica y alcanzar los propósitos, se requerirían muchas cosas que el sistema educativo no provee. Así, terminan impartiendo lo que pueden y como pueden.

La experiencia de William no fue TAN mala. Tal vez para un niño o niña promedio, habría sido una buena experiencia. Pero pese al riesgo de escucharme bien mamona, William no es un niño promedio. Él es como deberían ser todos los niños antes de que los adultos les matemos las ganas de aprender: autónomo, autodidacta, curioso, ingenioso, emprendedor y además de esto, responsable y perfeccionista. Mal combo cuando se está en un sistema que ha adormecido a las criaturas y que ve a estos estudiantes como amenazas.

Hubo un maestro que admitía que William era el chico más interesado en aprender en su clase, el más adelantado, pero se la pasaba amenazándolo con bajarle puntos por cualquier pendejada. La última, porque en una exposición William no pudo evitar usar muletillas. Así en plan malpedo, no por querer ayudarlo a mejorar.

Y ahí viene el otro.

Harry ama aprender y compartir lo que sabe. Se emociona con la información que le dan, pero lamentablemente se le dificulta seguir cada una de las indicaciones que los maestros dan. En la secundaria, Harry tendrá que lidiar con maestros que no están preparados para trabajar con alumnado con problemas de aprendizaje y que le responderán con cosas como “Si no puso atención, no pregunte.” Harry contestaría “Si hubiera podido poner atención, no tendría necesidad de preguntar.” Pero los maestros no ven la lógica de esto.

Decía que estas decisiones implican muchas cosas. Pone en conflicto lo que consideramos nuestro rol de padres y madres al plantearnos: ¿qué quiero para mis hijos? ¿Cómo los quiero tener? ¿Entre algodones o en medio del caos?

Obviamente una parte dice “¡Sí, qué chido, entre algodones!” y otra dice: “El caos puede enseñarle más cosas.” Pero no estoy segura que haya sido así.

Que de algo le ha servido a William esta experiencia, sí. Que padeció bastante desesperación y frustraciones, también. ¿Valieron la pena comparado con el aprendizaje adquirido?

Ahí es donde creo que no.

No tiene que ser así.

La letra no tiene que entrar con sangre, con dificultades, como en una carrera de obstáculos.

Ayer recibimos la gratísima noticia de que Harry había sido aceptado en la secundaria donde William estudia. Es, según dicen en las escuelas vecinas, una secundaria a la que es muy difícil entrar. O eres listo o tienes buena palanca. Nosotros no tenemos lo segundo.

Le tocó en el turno vespertino, porque a los hermanos los ponen en el mismo turno.

Desde que William entró a la secundaria quisimos cambiarlo de turno, ya que no se nos hacía el más adecuado para sus actividades. Tuvo que dejar el futbol americano y ahorita no practica ningún deporte ni participa en algún club o actividad extraclase porque suelen ser en la tarde.

Ahora está en una lista de espera y probablemente este año pueda entrar a la mañana.

¿Y Harry? ¿Hasta el año entrante? ¿Y sus clases de karate que tanto le han servido para mejorar su motricidad, su autoestima?

Además Harry no es autoadministrado como Wlliam y el turno vespertino nos dificultaría mucho la supervisión en sus trabajos.

Si bien es cierto que Harry no requirió de nuestra supervisión este último año de primaria, también es cierto que en su colegio las cosas eran muy muy estructuradas, lo que facilitaba que niños muy inquietos o distraídos, pudieran encontrar la forma de encaminarse nuevamente.

En la secundaria no será así. Ya lo vimos con William.

Así que aquí estamos ante tamaña decisión.

¿Qué hacemos? La misma pregunta de hace un año.

Pienso en las escuelas particulares que conozco y sé que el hecho de que sean particulares no garantiza calidad educativa.

Luego enlisto y descarto: quiero que sea económicamente accesible, que no sea bilingüe, que no sea religiosa, que me quede cerca, que tenga un nivel educativo aceptable…

Y pues obviamente se me acaban las opciones.

En ese punto estamos. Tratando de decidir.

viernes, 1 de julio de 2011

Sólo nos resta confirmar que Harry haya sido aceptado en la secundaria, recoger boleta de William e ir por los últimos papeles a la primaria para considerarme libre.
Y es que aunque yo no esté de vacaciones, el hecho de que ya no tenga que preocuparme por llevar hijos temprano y además de eso, disfrutar del tráfico matutino sin la locura matinal de los padres que llevan niños a la escuela, realmente me relaja.
Más aún porque a Fefé le dijeron adiós en el trabajo hoy.
Pues sí... apenas tenía un par de semanas de haber regresado.
¿Recuerdan que en septiembre del año pasado lo operaron de una fractura de disco? Estuvo incapacitado hasta hace dos semanas. En ese tiempo anduvimos moviéndonos para demandar al IMSS porque pese a la investigación que hicieron en la planta y los testigos, pese a lo que le dijeron los neurólogos que lo vieron, calificaron el problema de Fefé como enfermedad general y no como accidente de trabajo.
Pinches.
No se me olvida cómo llegó del trabajo un día con un dolorón después de haber levantado un equipo y cómo fue empeorando hasta que ya el dolor no le permitió moverse y tuve que ir a recogerlo al trabajo y llevarlo directo al hospital.
Sospechamos manejos turbios y por eso vamos a demandar.

De alguna manera sabíamos que podía pasar. Mi amiga de RH del trabajo se sorprendió que la liquidación no se hubiera dado inmediatamente cuando regresó a la chamba.
Ñé.
Fefé está tranquilo. Le va a dar tiempo para ir a las terapias de rehabilitación a las que el IMSS nunca lo mandó y estar nuevamente con los niños, que era algo que extrañaba mucho ahora que había vuelto al trabajo.
Y yo feliz de que esté a cargo de la cocina otra vez.

* * * * *
Hoy se graduó Harry.
Yo que soy tan machín pasé toda la ceremonia con la lágrima asomada amenazante. Ver a William graduarse fue muy emocionante. Ver a Harry hacerlo, tan pequeñito todavía, me causó un vuelco en el corazón. Cuando fue el momento de pasar a decir un speech que me encargaron las mamases, me fue difícil leer el primer párrafo. Se me atoraron las palabras en la garganta. Luego me recuperé y pude seguir hablando para los graduandos y graduandas.
La parte final del speech era la sorpresa que teníamos para ellos: rentamos un salón de fiestas donde, después de la entrega de papeles, los llevamos a que bailaran, cantaran, se disfrazaran, hicieran show... al final fue más divertido para las mamás que nos quedamos ahí que para ellos.

Se acabó.

* * * * *
Con esto de la graduación, estuve reflexionando... Al final uno trabaja, lucha por que los hijos puedan tener lo que uno no tuvo.
Yo ya lo conseguí: el cabello chino.
Con eso me doy por satisfecha.