lunes, 28 de febrero de 2011

La sala vacía

Previo a que me toque impartir un curso, según todos los lineamientos de la norma, tengo que dejar lista la sala de capacitación: pintarrones, marcadores, cañón, bocinas y otros etcéteras. Esa parte me cae gordita porque implica andar agachada conectando cosas, atornillando otras, configurando otras más.
Después da inicio el curso y es la parte de mi trabajo que más me gusta. Comparto, aprendo, enseño, me divierto, me río con los participantes, me río de ellos, se ríen de mí.
Hay jornadas que son agotadoras. Existen cursos muy largos que me dejan sin voz y cursos tan cortos que ni la lata que amerita todo el acomodo. Pero al final, independientemente de la extensión del curso, llega un momento que me encanta: cuando la sala se vacía.
Y no es porque haya terminado mi chamba del momento. Es más bien un instante de catarsis.
La desconexión de los aparatos, el volverlos a poner en su lugar, guardar y empaquetar, me vuelven a poner a mí en mi lugar. No soy ni seré lo más importante en el curso. Soy como uno de los aparatos que vuelven a su bolsa. El proceso de guardarlo todo es gozoso y calmo a la vez. Siempre en solitario, como debe hacerse una buena retroalimentación, la mejor de todas, a pesar de las que hagan de mí los demás. La más importante porque soy la juez más exigente.
Guardarlo todo es también cerrar un evento de aprendizaje que a la vez es el inicio de un conocimiento que se va a desarrollar.

Me encanta ese momento.
Cerrar es siempre comenzar algo.

lunes, 21 de febrero de 2011

E-mom

-- ¡Deja de cantar, mamá! ¡Por favor!-- se escuchaba en las bocinas de la tele, mientras al fondo se oía la voz de una mujer cantando un bolero.
El hijo en cuestión es amigo de William y compañero de juegos en el Xbox Live, razón por la cual el chico estaba tan mortificado: todos en casa podíamos escucharla y mientras más se angustiaba el hijo, más fuerte cantaba la madre.
Todo esto me llevó a una reflexión que quiero compartir con todos ustedes: la tecnología es nuestra amiga. No importa cuánto avance, siempre podremos utilizarla para hacer lo que hemos hecho por generaciones y generaciones: avergonzar a nuestros hijos.

viernes, 18 de febrero de 2011

Resoluciones

Soy una mujer sin propósitos. Lo más cercano que he tenido a un propósito de año nuevo fue tal vez aquel en el que resolví que 2007 sería el año del sombrero y hasta el momento en mi cabeza no ha caído ni uno solo de tan útiles artefactos. El año pasado quise formar parte del movimiento de abuelización del mundo, aprendiendo a tejer y fracasé nuevamente. Lo único que sé tejer son unos churros largos que parecen chorizos y pueden ser utilizados a manera de bufanda o como juguete para el gato, que es como suelen terminar mis churros.
Con todo esto como contexto me puse a pensar sobre algo que ya fuera un hábito y tomarlo como propósito de tal manera que yo no me sintiera frustrada por no poder alcanzar nada.
Mi primera idea fue "aprender a manejar" y como ya sé manejar pues... ¡Yei! ¡Lo hice! ¡Puedo cumplir mis propósitos! (Les aconsejo que hagan algo similar algún día, el sentimiento de logro es algo inigualable).
El problema con esta técnica es que uno termina muy pronto y todavía nos quedan diez meses del año por delante.
Así que mi segunda idea fue pensar en algo que ya estuviera haciendo y que tuviera que hacer cierto esfuerzo por mantener. Sumado a esto, decidí que tenía que ser benéfico para alguien, no sólo para mí. Adonde llegué fue a mi más recientemente adquirido interés por el ambiente. No, no es cierto. El ambiente no me interesa. ¿O sí? No lo sé.
Hace algunos años un amigo trataba de convencerme del apocalipsis vía Al Gore y su veldá. Yo contesté que no me preocupaba. Y era cierto. Siempre he pensado que la humanidad, en toda nuestra radiante y perfecta pendejidad, somos capaces, en algún momento cuesta abajo, de darnos cuenta que hay que agarrarse. Lo sigo creyendo y ahora somos testigos de un movimiento global cada vez más afianzado en materia ecologista.
Sigo despreocupada (adelante, vengan esa piedras) pero ocupada. He comenzado a hacer o dejar de hacer ciertas cosas que al menos me permiten defenderme de los vegetarianos que andan rondando y además, si yo no pude educarme en este paradigma, al menos poder educar a mis liendres.

A manera de reforzar mis compromisos y propósitos, les doy a conocer algunas prácticas que hemos iniciado en casa y otras que todavía no, pero son las próximas a alcanzar.

* Bañarnos a cacerolazos. Esto comencé a hacerlo una vez que me desconectaron el bóiler y lo seguí haciendo con el bóiler funcionando. Una ducha de cinco minutos puede gastar casi 95 litros de agua. Y la neta ¿quién se baña en ese tiempo? Yo solía durar mucho más. Ahora sólo lleno mi balde de 10 litros y bañada en un santiamén.

* Encender el bóiler cuando va a ser usado y apagarlo completamente después. Sugiero la compra de un bóiler de paso o uno solar, porque el mío que funciona como de paso y además tiene un pequeño espacio para almacenar agua caliente, se jodió del termostato de tanto andarlo abriendo y cerrando, prenderlo o apagando. Habrá que comprar otro después, pero no ahora mismo, lo cual me lleva al siguiente punto.

* Dejar de comprar tanta chingadera que no sea realmente requerida. Esto es algo bien pinchi difícil, la verdad, porque hay tantas cosas tan lindas, brillantes, estúpidas y sensuales en los aparadores que dejar de consumir tanto se convierte en algo muy difícil. Pero ahí la llevamos. La última vez que fui a El Paso sólo compré unos pantalones para Harry, unos tenis para William, un pantalón de pijama para mí y una botella de vino para Fefé. El no necesita nada más.

* Comprar localmente. Lo intento y lo intento, pero para ciertos productos no se me da).

* Dejar de usar de una buena vez las bolsas de plástico. Si eres hábil con la costura como yo... no, puedes convertir unas playeras viejas en bolsas para el súper y traerls siempre en el auto.

* Dejar de comprar agua embotellada. ¿Qué caso hay? ¡El agua es gratis! Y el uso del PET tiene un fuerte impacto ambiental en su proceso de fabricación. Y además, ¡no necesitamos envases plásticos! Con un buen bote resistente a golpes podemos cargar agua a donde queramos. Y aplica también para el café nuestro de cada día.

* Cambiar el detergente. Ya existen en muchos negocios detergentes hechos a partir de borax, vinagre, bicarbonato, entre otros ingredientes. También puedes usar jabón Zote rallado, buenísimo, que al no ser detergente, carece de algunos elementos muy dañinos para el ambiente.

* Usar sólo agua fría en la lavadora. ¿Qué tiene que tus blancos no estén tan blancos? Mejor aun, compra ropa colorida.

* Descontinuar el uso de servilletas de papel. Se pueden comprar toallitas de cocina o de las de baño que sirven para tallarse el cuerpo. Yo conseguí en una tienda a diez pesos. Mejor aun si sabes coser, hacer algunas de toallas de cocina viejitas, y estarlas reusando.

* Limitar el uso de la secadora. Si se tiene el espacio para un tendedero, hay que aprovecharlo. Con una ampliación que le hicimos a la casa, me quedé sin patio, pero todavía tengo un pasillo que aguanta muy bien tres cuerdas, para felicidad de Lulú, que adora el aroma de la ropa limpia. ¿Ya les había dicho que me encanta tender ropa?

* Cuidar el agua del retrete. Si te da flojera el rollo ese de meter una botella con agua en el tanque y tienes un gusto por destruir cosas, tengo una solución para ti: abre el tanque y dobla el alambre del flotador, sólo un poco para que el flotador quede a un nivel más bajo y no permita que el tanque quede muy lleno.

* Cambiar el papel sanitario por uno de papel reciclado. No raspa, neta. Es bien suavecito.

* Cuidar la gasolina del auto. Esto puede hacerse de muchas maneras: comprar autos compactos -aunque las SUV y las camionetas sean tan atractivas-, si no puedes cambiar de auto, traerlo bien afinadito y con sus llantas con la presión indicada. Otra cosa mucho mejor es cambiar el auto por transporte público o bicicleta. Yo eso aun no lo domino. Es medio difícil aquí con las rutas de transportación mal diseñadas. O tal vez no sea así y es mi excusa para no utilizarlo. Otra cosa que puede hacerse a este respecto es no calentar el auto más de 30 segundos. No requiere más y apagarlo mientras que esperas que tu amiga borracha consiga entrar a su casa. .

* Usar domos para capturar la luz solar, utilizar focos ahorradores, aislar térmicamente la casa -tras eso ando ahora-...

* Desconectar aparatos eléctricos después de usarlos o comprar uno de esos enchufes que automáticamente se apagan al detectar que el aparato conectado no se está utilizando.

* Imprimir sólo lo que sea necesario. Y eso incluye los chistes que te mandan a tu correo -debo platicar seriamente con mi papá sobre esto-. Usa papel reciclado y de reuso.

* Reducir consumo de carnes. Un día vegetariano a la semana es una buena idea.

* Reciclar,reusar, reducir. En reciclar es donde debo trabajar más, a pesar de la gran práctica que tengo en el reciclaje de mis ideas.

Lo mejor de todo es que no se requiere ser un convencido del fin del mundo para comenzar a hacer algunas cosas. Es, por otro lado, un asunto económico. En el último bimestre logramos reducir en un maravilloso 60 por ciento, maomeno, el gasto en consumo eléctrico con algunas de las prácticas que escribí.

Hay mucho que me falta por hacer, como cambiar los productos de limpieza o dejar de usar shampoo y perfumes (NEVER!) pero hay cosas que pueden adaptarse al estilo de vivir de cada quién.
Y pues ahí están, grabados en piedra mis compromisos. En la penca de un maguey estaría como que más ad hoc pero no sería lo correcto. No, señor.

Y ahora... A compartir. ¿Qué ideas propones?

(Inguesumarejuayderito, qué doloroso es postear desde el BB)

miércoles, 16 de febrero de 2011

Juaritos

Algunos kilómetros antes de llegar a Cd. Juárez, se encuentra el desierto de Samalayuca que es este lugar hermoso, de arenas doradas que forman dunas de diferentes alturas y extensiones. Una vez, durante muchos años, cientos, miles, hubo aquí un mar. Lo que resta de él son esas arenas y pequeños fósiles marinos que cada vez son más difíciles de encontrar.
En la carretera, a la altura de Samalayuca, hay un letrero que me encanta que dice: Precaución, médanos en movimiento. Siempre que veo el letrero no puedo evitar sonreírme y pensar en esas toneladas de tierra como un ente vivo que se transporta a placer, por sobre la carretera, bajo los autos y sin que podamos hacer algo por contenerla.


(Ayer finalmente pude tomarle una foto)



Me gusta venir a Cd. Juárez. No sé si me gustaría vivir aquí pero definitivamente me gusta venir.

Anoche mi amiga la Flaka me invitó a visitar el estudio desde donde su Caníbal y algunos otros amantes de la tecnología se reúnen a grabar semanalmente un programa de televisión que se transmite vía televisión por cable e internet. Me fascinó volver a un estudio de televisión y ver a la gente hacerse bolas entre cables, cámaras y monitores, sobre todo en este caso pues dicho grupo hace este trabajo por mero amor al arte. Llevan un año haciéndolo y tal vez en algún momento les represente alguna utilidad. Por el momento el proyecto es un bebé al que están alimentando con mucho amor y dedicación. En algún momento de la noche el Caníbal me comentó que sería buena idea entrevistar a William en sus facetas de cineasta y amante de Adobe, pero ésa es otra historia.

Terminamos casi a las diez, hora en que nos reunimos con la Flaka para ir a cenar. Me dejaron en el hotel a la una de la mañana y dormí soñando con algunas balaceras. Debieron ser las patrullas que no dejan de escucharse por la noche.



Pensando en ellas y en la gente a la que le he venido a dar cursos aquí, fue que se me vino repetidamente a la mente el letrero de Samalayuca.

Mucha gente piensa que Cd. Juárez es la tierra de nadie, una ciudad perdida ya entre tanta violencia, drogas y armas.

Yo no la veo así.

Yo veo a mucha gente levantándose a trabajar cada mañana, mucha gente iniciando proyectos sociales, artísticos, educativos y muchas más que creen en seguir invirtiendo en proyectos productivos.

Las cosas no son fáciles pero esta gente cree en el trabajo y es valiente, muy valiente. No se amilanan fácilmente.

Quien cree que estamos perdiendo a Juaritos, recuerde el letrero: PRECAUCIÓN, CIUDAD EN MOVIMIENTO.

Y agárrense porque va a seguir haciéndolo.

lunes, 14 de febrero de 2011

PS. I love you

He soñado ya dos veces con mi pirata favorito.
Y además cada que escucho Hoppipolla no puedo evitar pensar en él y en muchas otras cosas.

Hay una época muy definida en mi vida, de mis 19 a los 21, un tiempo en el que se dieron los acontecimientos que más me han marcado y él estuvo presente en ellos.
Recuerdo su compañía en la biblioteca, en las andanzas teatreras, en los más sublimes momentos de nuestras historias románticas mutuas. Recuerdo las caminatas por media ciudad a las doce de la noche, las canciones y los cafés, los cuentos, las historias inventadas, el sentido de belleza que le hallábamos a todo y su apoyo constante en las más variadas situaciones.
Luego se fue. Nos fuimos todos de alguna u otra manera. Nos fuimos aunque muchos nos quedamos.
En mis dos sueños lo recuerdo como el niño que era, el más hermoso de todos, el de los ojos más bellos, la tez más hermosa, la imaginación más elevada, la poesía mejor vivida... y me da por extrañarlo mucho.



Más te vale que vengas en primavera, Eduardo. La tierra de las sirenas te echará de menos pero acá lo hacemos más.

De trabajo y amistades

-- ¡Soy una pendeja! Se me perdieron 200 pesos, chingado. No sé dónde los dejé o si se me cayeron cuando saqué unos recibos.
-- Pues ojalá los haya encontrado alguien con más necesidad que tú.
-- Mmm... Pues sí. ¡Ya sé! Seguramente mientras yo rezaba para que el billete apareciera, alguien más rezaba por encontrar algo con qué comprar comida o una medicina. Sí, eso eso. Diosito me escogió como su instrumento para que alguien más supiera que su oración había sido escuchada.
-- O eres una pendeja.
-- Estúpida.

¿Hay algo más bonito en esta vida, más lleno de solidaridad y cariño que poder pendejear a una compañera y ser estupideada por ella?


Nota: Este post fue escrito completamente en un Blackberry. A lo mejor luego aprendo a extenderme y a poder escribir con la regularidad de antes.

domingo, 6 de febrero de 2011

Brrrrrrrr...

Todavía no se reestablecen en muchos lugares algunos servicios y ya tenemos encima un nuevo frente frío.

A quienes viven bajo la nieve toda esta temporada, no tengo nada qué contarles. Seguramente se están riendo de nosotros por ñangos. A los que viven en zonas mayormente primaverales o cálidas puedo impresionarlos con las temperaturas a las que llegamos en días pasados: ... mmm... no me acuerdo exactamente pero el jueves me levanté a trabajar con -13 grados y cuidándome de no resbalar con el hielo que una nieve así bien finita y pendeja comenzó a dejar sobre el pavimento. Me tocó ver, camino al trabajo, más de diez accidentes automovilísticos. Y durante el día siguieron en aumento.
El miércoles anterior hizo mucho frío. Se me ocurrió que me lavaran el carro y no pudieron terminar de hacerlo porque el agua se congelaba sobre el vidrio y la carrocería.

Los chihuahuenses tenemos la costumbre en invierno de estar checando tres veces al día el Weather Channel, porque aquí puede amanecer un 30 de abril perfectamente soleado y caer un nevadón el primero de mayo. Como el año pasado.
Gracias a eso y a la manía de la gente de quejarse por las redes sociales sobre el clima, nos dimos cuenta de lo que se avecinaba; sin embargo, no nos preparamos. Yo la única decisión que tomé fue no mandar a los hijos a la escuela. Fuera de eso no creí que iba a ser necesario tomar mayores medidas.

Leí en el periódico que hay grupos exigiendo la renuncia del jefe de Protección Civil. Yo la verdad no sé si las acusaciones que se hicieron son ciertas porque ni veo la televisión local y rara vez escucho la radio, así que toda la información que recibí fue de periódicos digitales y en ellos se hacía la recomendación de que se aislaran las tuberías de agua y se tuviera cuidado con los calentones. Fuera de eso no se dijo más.
Lo que sucedió en estos días fue, además de las bajas temperaturas a las que no estamos acostumbrados, que la CFE sufrió severos daños que ocasionaron que los pozos de agua que funcionan con energía eléctrica fallaran resultando en desabasto para media ciudad. Sumado a ello, aún con aislantes térmicos, en muchísimas casas se reventaron tuberías. El gobernador giró la orden de que se diera atención en forma gratuita a la ciudad para la compostura pero debido a las más de 15,000 tuberías rotas reportadas en las primeras horas, los plomeros no se daban abasto. La gente salió a comprar lo necesario para realizar las reparaciones ellos mismos y se encontraron con largas filas en las ferreteras en las que permanecieron a temperaturas bajo cero, tratando de comprar las mangueras e implementos necesarios. En muchos negocios se terminaron muy pronto. Las gaseras fueron otro negocio que se mantuvo con filas de gente esperando el servicio.

En mi trabajo, así como en muchos otros en la ciudad, no tuvimos energía eléctrica. Las rutas tardaron en salir por la mañana pues hubo que hacer cargas manuales y regresaron muy tarde pues había que manejar con sumo cuidado. El show debe continuar. En las oficinas nos encerramos esperando la orden de "pueden irse a su casa" pues no había mucho qué hacer ahí sin electricidad. A otros negocios les fue peor.
(Acá más información sobre la contingencia)

Ya es domingo. Esto empezó desde el miércoles por la noche y todavía muchísimos hogares siguen sin agua. Algunas personas lo tomaron con humor. A quiénes no nos faltó el agua o el calor, nos dimos por bien servidos aunque no tuviéramos energía eléctrica. Twitter y Facebook estaban llenos de comentarios sobre "los hediondos que salieron a trabajar sin bañarse" y cosas parecidas.
Van al momento 24 personas fallecidas a causa del frío, 19 son de Chihuahua. Además según leí hubo un aumento estos días como del 500% de malestares y enfermedades relacionadas con el clima. Y murieron 64 animales en el zoológico por la falta de energía eléctrica para hacer funcionar las calefacciones.

No sé qué habríamos podido hacer para evitar muchos de estos daños.
Ignoro qué tanta influencia tiene el cambio climático en estos fenómenos. No está de más, sin embargo, seguir cuidando agua, energía, recursos...
Ahora que hay desabasto hasta de agua en las tiendas, la gente lo está entendiendo.

Por ahora no nos queda más que avisar a los vecinos que aquí sí tenemos y que las puertas están abiertas a quien necesite un baño. Y prepararnos para el nuevo frente frío.

Y seguir viendo la Serie del Caribe (soy Yaqui por partida doble, de nacimiento y ahora de camiseta).