viernes, 31 de diciembre de 2010

Cáele, 2011

Tenemos memoria, tenemos amigos,
tenemos los trenes, la risa, los bares,
tenemos la duda y la fe, sumo y sigo,
tenemos moteles, garitos, altares.

Tenemos urgencias, amores que matan,
tenemos silencio, tabaco, razones,
tenemos Venecia, tenemos Manhattan,
tenemos cenizas de revoluciones.

Tenemos zapatos, orgullo, presente,
tenemos costumbres, pudores, jadeos,
tenemos la boca, tenemos los dientes,
saliva, cinismo, locura, deseo.

Tenemos el sexo y el rock y la droga,
los pies en el barrio, y el grito en el cielo,
tenemos Quintero, León y Quiroga,
y un bisnes pendiente con Pedro Botero.

Más de cien palabras, más de cien motivos
para no cortarse de un tajo las venas,
más de cien pupilas donde vernos vivos,
más de cien mentiras que valen la pena.

Tenemos un as escondido en la manga,
tenemos nostalgia, piedad, insolencia,
monjas de Fellini, curas de Berlanga,
veneno, resaca, perfume, violencia.

Tenemos un techo con libros y besos,
tenemos el morbo, los celos, la sangre,
tenemos la niebla metida en los huesos,
tenemos el lujo de no tener hambre.

Tenemos talones de Aquiles sin fondos,
ropa de domingo, ninguna bandera,
nubes de verano, guerras de Macondo,
setas en noviembre, fiebre de primavera.

Glorietas, revistas, zaguanes, pistolas,
que importa, lo siento, hastasiempre, te quiero,
hinchas del atleti, gángsters de Coppola,
verónica y cuarto de Curro Romero.

Tenemos el mal de la melancolía,
la sed y la rabia, el ruido y las nueces,
tenemos el agua y, dos veces al día,
el santo milagro del pan y los peces.

Tenemos lolitas, tenemos donjuanes;
Lennon y McCartney, Gardel y LePera;
tenemos horóscopos, Biblias, Coranes,
ramblas en la luna, vírgenes de cera.

Tenemos naufragios soñados en playas
de islotes son nombre ni ley ni rutina,
tenemos heridas, tenemos medallas,
laureles de gloria, coronas de espinas.

Tenemos caprichos, muñecas hinchables,
ángeles caídos, barquitos de vela,
pobre exquisitos, ricos miserables,
ratoncitos Pérez, dolores de muelas.

Tenemos proyectos que se marchitaron,
crímenes perfectos que no cometimos,
retratos de novias que nos olvidaron,
y un alma en oferta que nunca vendimos.

Tenemos poetas, colgados, canallas,
Quijotes y Sanchos, Babel y Sodoma,
abuelos que siempre ganaban batallas,
caminos que nunca llevaban a Roma.

Joaquín Sabina

domingo, 26 de diciembre de 2010

Post aguado

Pues no.
Que yo ni reflexiono en navidad ni hago nada de las cosas que dicen que deben de hacerse en estas fechas.
Mi festejos decembrinos giran en torno a tres cosas: familia, amigos y comida.
Todo lo demás que se supone debo hacer lo hago durante todo el año, a veces sin éxito y otras con alcances poco considerables.
Pasa la navidad y uno empieza a padecer la resaca no sólo del alcohol y los tamales, sino también de ese vacío que queda con el "¿Qué? ¿ya terminó? ¿tanto decorado, luces y estrés para que todo pasara tan rápido?".
Y henos aquí, de nuevo encarrerados en la rutina cotidiana.
Todavía no termina el fin de semana y yo ya estoy en La Ciudad de la Furia porque mañana debo impartir unos cursos muy temprano.
Me encantan estos días, que no se piense que no.
Y me encantan los regalos, el sentido último de estas fechas.
Santa llegó desde hace algunas semanas a casa. Los enanos querían un Kinect, para el cual estuvieron ahorrando varios meses y la última vez que tuvimos que ir a El Paso se los compramos, pero además les compramos, como regalo navideño, un nuevo XBox ya que él que tenían estaba bastante fregado. Tuvimos que dárselos juntos pues venían en la misma caja, con la advertencia de que ya no habría más obsequios.
En un principio los enanos estuvieron bastante contentos pero conforme fueron avanzando los días se dieron cuenta que era muy aburrido llegar al 25 sin esperar nada.
Para Fefé y para mí, en cambio, resultó grandioso pues no tuvimos niños gritando sobre la cama a las seis de la mañana.
Desafortunadamente ver la emoción de los hijos es una droga maravillosa y no pudimos abstenernos de comprarles algo más para que sí tuvieran una caja primorosamente envuelta que romper con desesperación.
Fue sumamente divertido hablarles para que despertaran a las once de la mañana y decirles que había regalos en la sala.
No me creyeron.
Les dije que había un par de cajas y que si no se levantaban en cinco segundos me las quedaría yo.
Con mucha desconfianza pero picados de curiosidad se levantaron.
William empezó a abrir su caja y Harry lo miraba. Al preguntarle por qué no abría la suya dijo que porque seguramente no habría nada adentro así que mejor esperaría. Apenas vio que William sacó un nuevo videojuego se abalanzó sobre su caja y encontró un reproductor de música y un disco de Queen.
Qué divertido es jugar con los sentimientos de los hijos.
Si no es para esto que somos padres, no sé para qué.

Sigue el festejo de fin de año.
Pinchi año que ya todo mundo desea que se acabe aun con la certeza de que el siguiente puede ser peor.
Pero los límites son siempre significativos.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Deveras que la gente se pone difícil en estas fechas.

Hoy llegué a una tienda de regalos a bobear, básicamente, porque ya, acabóse el dinero en la vorágine consumista que me aflige una vez al año.
En eso vi un difusor de ésos de aceites aromáticos exóticos y dije: "¿Por qué no?" o como diría el abuelo de una amiga: "¿Por qué no, babosa?". Así con tanta enjundia sí me logro persuadir.
Tomé el difusor en forma de estufita con una teterita arriba, ya saben ¿no? y me fui a pagar.
En eso una mujer me preguntó dónde lo había encontrado. Le respondí y ella se quejó de no hallar ninguno. La llevé a dónde estaban y dijo: "Es que sí hay pero no como el que usted compró, era el último."
En mi infinita bondad estacional le dije que podía llevarse el mío y yo compraría de los otros.
Nos dirigimos las dos a la caja y fue cuando me di cuenta que mi nuevo difusor era más caro.
--Ah, qué caray... el que le di era más barato...
En ese momento el espíritu festivo debía haber obligado a la mujer a responder: "No se preocupe, por su sacrificio, yo pagaré la diferencia." Luego yo habría dicho, magnánima y generosa: "Noooo, pero cómo cree... si de esto se tratan estas fechas...". Ella habría insistido una vez más, como cortesía y nuevamente yo me habría negado. Y así las dos quedaríamos contentas.
Pero no.
Ella dijo "Sí ¿vedá?" y yo no tuve más opción que decirle: "Devuélvame mi difusor, como que éste ya no me gustó tanto."

Deveras que a un día de que sea navidad no sabe uno dónde quedó la cortesía y la amabilidad ¿vedá?

Felices fiestas pues.




* * * * *
Otra cosa que pueden hacer en estas fechas es ir al Palacio de Gobierno y dejar una vela, como reclamo encendido de indignación y exigencia de justicia.

jueves, 16 de diciembre de 2010

El año pasado escribí sobre lo que significaba para Lucky subirse al lavabo a tomar agua.

"Cada vez que lo veo sobre el lavabo no puedo evitar preguntarme en qué diablos piensa Lucky. Me parece que reflexiona, y que su reflexión no es propiamente científica sino filosófica.
Tal vez piensa como Heráclito, que todo está siempre en movimiento o tal vez intenta capturar, como Parménides, la esencia, que nunca cambia, que siempre permanece en ese chorro de agua que se escapa pero que vendrá formar parte de un mismo todo (por favor, no le exijan que contraste a otros filósofos, es un gato)."

Yo había quedado satisfecha con esto, pero hace poco leí este artículo que me hizo cuestionarme nuevamente las razones de mi gato para tomar agua del lavabo.

Conclusión: Lucky no es un filósofo. En realidad, a diferencia de sus congéneres, no sabe nada de física.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Alma viajera

La dificultad que impera en el acto de imaginar el día en que ya no seamos capaces de pensar, provoca que nos andemos inventando cosas sobre lo que va a suceder después de nuestras muertes.

Yo de niña veía un mundo material, un gran bosque donde personas, plantas y animales convivían en total armonía.
De adolescente imaginaba que ese mundo debería ser espiritual, pero no entendía cómo. ¿Qué íbamos a estar haciendo ahí? ¿Volar de un lado a otro?
Luego, años después, de mis lecturas de ciencia ficción vi al mundo siendo sólo energía. En otro plano, en otra dimensión no éramos sino energía extrañando sus cuerpos humanos y creando de vez en vez y con mucho esfuerzo, una lágrima que se dolía de no contar más con el contacto físico.

Yo la verdad ya no sé ni estoy muy segura si me interesa.

Mi preocupación más grande ahora es mi funeral.
Al principio quería que me cremaran. Y luego mis cenizas serían puestas en delicadas bolsitas de tul, cual recuerdo de quinceañera, con pétalos de rosas y moñitos, con la leyenda "Gracias por venir a mi funeral" o "A lo mejor te tocó una nacha".
Hoy cambié de idea. La cremación es muy contaminante.
Ser metida en una caja no me gusta mucho tampoco.

Yo creo que la opción más ecológica es ser puesta directamente bajo la tierra. O sobre ella. Estoy imaginando que no estaría nada mal que me dejaran recostada en una playa, con los rayos del sol entibiando la arena. Y desnuda. Eso es muy importante porque nunca he ido a una playa nudista. Poco a poco los cangrejitos y las gaviotitas se darían cuenta que no me muevo y harían su trabajo.
Así sí puedo visualizar esta vida después de la muerte.
Ya no tendré una conciencia humana así que no pensaré como tal. Tendré tal vez conciencia de arena, de pez, de ave, de mar. A lo mejor tampoco hay tal. Pero no me va a importar porque mi conciencia humana se habrá extinguido.

Cosas que una piensa cuando anda en carretera y se le atraviesa un pendejo.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

William está teniendo problemas con las fracciones. Fefé se sienta a estudiar con él y William se frustra más.
"Mira, es muy fácil" le dice su papá y le explica el método, ante lo cual el nene se frustra más todavía.
Tengo que decirle a Fefé aparte que no hay cosa más triste para los poco duchos en esas artes que nos digan que son fáciles porque entonces nos sentimos todavía más inútiles.
Entonces me siento yo con William y Fefé y tratamos de razonar los problemas. Le digo que yo también batallo pero que no nos van a ganar. William poco a poco se serena, seca sus lágrimas y entiende el problema que a mí me costó tanto comprender. Da con la solución y seguimos. Fefé sigue tratando de resolver el problema con sus métodos. William y yo nos sonreímos.

Harry salió hoy de la escuela con los ojos rojos. Nos dice que en la clase de Conversation hicieron un concurso. Formaron equipos. Cada integrante sacaba un papelito y según la palabra que le tocaba tenía que cantar una canción. Tenían un minuto para recordarla y así obtener un punto por cada palabra. El equipo de Harry llegó a 9 puntos y empató con otro equipo. Les faltaba una sola palabra para que les dieran el 10 a todo el equipo en esta unidad. De su equipo eligieron a L y del otro a K, quien por cierto es la niña que le gusta a L. L sacó el papelito y le tocó la palabra "love".
-- ¡Love, mamá! ¡Pudo cantar "Somebody to love", "All you need is love", "Love the way you lie"! Pero no, se dejó perder para que ganara el equipo de K. ¡Sacrificó a su equipo por una niña!
Después de escucharlo yo no sabía si reírme o llorar con él que deseaba tanto ese 10.
Luego se calmó y hasta nos dijo que antes de iniciar el concurso la maestra dijo: "Vamos a hacer un juego y de seguro todos querrán elegir a Harry en su equipo."
Le digo que en la posada del sábado y en la del domingo habrá karaoke y me dice que tal vez cante un poco.

*****
Qué idea arraigada ésa de que la mejor etapa en la vida es la de la infancia. Y se los decimos a los niños por todos los medios. La verdad es que es una mentira. Yo tuve una infancia maravillosa pero por nada volvía a mi época escolar. Qué flojerísima.
Los niños nos escuchan quejarnos de nuestras responsabilidades, de nuestras desazones mientras ellos viven sus propios problemas que han de terminar pensando que si ésta se supone es la mejor etapa, qué pasará cuando crezcan. Claro, así quién va a querer crecer.
Hay que revalorar nuestros treintas, cuarentas, cincuentas... ¿a poco no es padre ser independiente, autosuficiente, traer lanita en el bolsillo --aunque sea para los chicles, los cigarros y el café--?
Seguiré diciendo a mis hijos que esta etapa es preciosa y que se preparen, porque viviéndola como debe ser les espera una edad adulta más que feliz.
¿Verdad que es chido hacer tooodo lo que ahora podemos hacer?

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Lo hecho, hecho está

Mientras veía caer mis lacios cabellos sobre el piso, pensé en la variedad de peinados que no voy a poder utilizar (y que al final de cuentas ni sé cómo hacerme, ni tengo la paciencia, gracia o habilidad) y vi desfilar a todas mis amigas y sus bellos peinados frente a mí.

Pasó primero A a quien envidio muchamente sus canas. Tiene un cabello negro, lacio, brillante, surcado por plateadas estelas de luz. Así lo lleva, no se molesta en teñirlo. Y luce preciosa. Ni parece que tenga el tiempo para peinarlo y además atender su trabajo como promotora cultural y atender a su familia.
Luego pensé en Li que suele llevarlo trenzado haciendo juego con sus vestidos coloridos y sus pestañas soñadoras. Sus faldas se mueven de un lado a otro junto con ella, cuando va de su asociación a otra, y luego de una reunión de mujeres a otra, y de una actividad ciudadana a otra.
Hermosas las dos.

Sobra decir de mis gordas. L que tiene los chinos más salvajes y los sabe llevar junto con sus ojos de felina y su piel morena, tan acorde a su carácter fuerte y al mismo tiempo mimoso, como un gatito que luego se transforma en leona.
Nuestra querida W, la rubia más lista, sabrosa y ganosa del universo. Siempre perfectamente peinada, luciendo sus ojazos verdes y causando toda suerte de bajas pasiones a su alrededor. Generosa con todas y con todos (¿cómo podría negarle al mundo tanta sabrosura?)
Por supuesto, mi comadre... que con su sonrisa perfecta y sus hoyuelos en las mejillas (mujer con hoyuelos es mala mujer) no tendría ni que peinarse. Y aunque no lo haga, ni use una pizca de maquillaje es preciosa y no hay hombre que la conozca que no resulte mortalmente enfermo de amor.
Y G, que hace del cabello ajeno su modus vivendi, y sabe portarlo con glamour en exceso, peinado o sin peinar, rojo, verde o azul, con peluca y sin peluca; el jícamo hecho mujer.

Pienso en ellas y en todas las demás, y joder, qué preciosas son.

No me voy a comparar.
Ninguna tiene comparación.
Ustedes también, amigas que me leen, y a las que conozco a través de tantas letras, son hermosas, lo sé.

Sirva este post como un homenaje a las mujeres que me habitan y a las que habito y como un homenaje póstumo a los pelos que ya no están, y a la mujer que dejó de ser junto con tanto epitelio.

¡Salud, con mi taza de café!