sábado, 30 de octubre de 2010

Más clips mortuorios

De una de mis películas favoritas:



Y algo más:




Todos somos ollitas quebradas.

Hasta los huesos

Excelente cortometraje.
Disfruten de la música y de la canción de la fiesta (y de mi catrina-sirena favorita).



Crónica sangrienta... y muy larga

Eran las diez y media de la noche de un domingo.

No es mi costumbre desvelar a mis hijos cuando al día siguiente hay escuela, pero esa noche pasaban por televisión La cité des enfants perdus y no era una oportunidad para dejar pasar.
De inmediato les hablé a los chicos. Harry apagó su consola de videojuegos mientras que William bajó de un brinco de su litera. Preparamos una botana y nos pusimos a ver la tele.

“Está clasificada como R” me dijo William, antes de empezar la película. Tuve que recordarle que su primera película fue “Carne Trémula”, cuando tenía ocho meses de edad y que yo confiaba en su madurez e inteligencia y en la de Harry para ver esa película.

Como siempre que la veo, no puedo dejar de sonreír estúpidamente por horas. En esta ocasión mi sonrisa se congeló para convertirse en un grito cuando, al terminar la película y encender la luz, observé un charco de sangre en el suelo junto a mi cama.
Charco, neta, no chingaderas.
Con la vista recorrí el charco hasta encontrar la fuente y vimos que la causa estaba en el pie de William, que se pegó levemente contra una silla al bajar de la litera.

No le dolía, no le molestaba, simplemente sangraba. Con ayuda primero de algodones, intentamos ver de dónde venía tanta sangre pero la hemorragia no nos lo permitía. Luego optamos por mejorar la vista con ayuda de un chorro de agua. Tampoco funcionó. La tercera opción fue una toalla de baño y medio nos sirvió, nos permitió ver por un nanosegundo de dónde provenía tanto humor circulatorio: era una protuberancia mínima en la piel, con apenas dos milímetros de apertura. Por ahí salía esa cantidad de sangre que no podíamos detener.

Eran las doce de la noche, hora en que el Dr. Google aun atiende consultas.
Nos pusimos a buscar información sobre cómo detener hemorragias: pierna levantada, torniquetes, puntos de presión, azúcar… pero algunas cosas no nos servían y otras simplemente no aplicaban.
Teníamos que identificar el problema para dar con la solución más apropiada.
Empezamos con “granito” y “sangre”. Muchas recetas contra el acné.
Luego buscamos como “grano sangrante”. No se les ocurra buscar, menos en imágenes. Hay muchas cosas que es mejor ignorar.
Finalmente en alguna de las páginas que vimos se mencionó la palabra verruga. Recordamos entonces lo que decían las abuelas de que si te quitabas una verruga podías morir desangrado.
Mientras yo buscaba, Fefé seguía limpiando la sangre que continuaba saliendo de la ahora recién conocida verruga.

Puesto que no teníamos gatos negros que llevar a un cementerio a medianoche, era mejor seguir explorando por soluciones para esa hemorragia.
Y finalmente en una de las páginas que encontramos, dimos con esta foto:


Le grité a Fefé para que se acercara y ambos volteamos a vernos y sonreímos.
(Efecto de difuminación nebulosa)

Corría el año del 2008…
Pasábamos vacaciones en Mazatlán.
Completamente exhaustos de haber pasado el día completo mirando el mar y viendo caer la tarde en compañía de cubetas de cerveza que venían, y venían y venían (fue lo más provechoso que hicimos esos días… el acuario es una pena) nos fuimos a descansar a nuestros aposentos.
Era 30 de julio. Al siguiente día celebrábamos el cumpleaños de Fefé y yo no sabía qué iba a regalarle. Aproveché que la siguiente media hora la pasaría viendo “Patito Feo” –la versión argentina, que es la que le gustó a mi marido—y así yo podría salir a la calle a buscar algo sin que me extrañara mucho.
Eso hice, pero después de media hora de buscar y buscar, me di por vencida.
Las opciones que me daban las tiendas de los alrededores eran: una playera tipo “mi amigo se fue de vacaciones y lo único que me trajo fue esta pinche playera”, un inflable en forma de Keiko, una pulgada de arena de Mazatlán o un adorno de conchitas con ranas vestidas de mariachi.
Estuve a punto incluso de ir a caer en un Sr. Frogs pero me contuve. Mejor el adorno de conchitas.


De regreso a una de esas tiendas me fijé en un local que no había visto.
Era L´Occitane, un negocio de productos para cuidados de la piel, perfumes y cosas así.
Estaba bonito el negocio y el pequeño francés que me atendió me describió como maravillosos y milagrosos los productos. A mí esa parte me valía madre, lo único que quería es que fueran más bonitos que el inflable de orca.
Me ofreció cosas preciosas, lociones de aromas delicadísimos, cremas para todo el cuerpo –incluídas las orejas--, aceites para masajes con cientos de propiedades, desodorantes mágicos, jabones, geles, shampuses, todo en presentaciones exquisitas. Y caras.
Le dije al dependiente: “¿Qué me alcanza con esto?” y me llevó al fondo del local, donde estaban todos los productos relacionados con el rasurado.


Compré finalmente un estuche de aluminio inoxidable cuyo contenido era una crema de afeitar, un rastrillo muy elegante con mango de madera, una brocha y un gis que no supe para qué era. Lo envolví muy monamente y yo además, me puse un moño.
Fefé quedó encantado con su regalo. La verdad es que sí estaba muy lindo, bien nice.
(La crema de afeitar nunca la utilizó y se me hace que ya caducó. El rastrillo no pudo usarlo porque le faltaba la navaja. El francesito me dijo que ese tipo de navajas se compraban en cuaaaaalquier lado, y no era verdad. Y finalmente el gis tampoco, porque no sabíamos para qué chingados servía. El estuche continúa en una canasta dentro de mi baño.)


(Efecto de regreso a la actualidad, Fefé y yo mirándonos con cara de “¿Estás pensando lo mismo que yo?”)
Inmediatamente corrí al baño a sacar todo el desmadre que tengo en la canasta, las mil cremas que nunca uso, los rastrillos sin filo, los jabones y envasitos de shampoo que me robo de los hoteles, y un resto de cosas más que no sabía que tenía.


Refundido en la canasta estaba el gis. Que no era gis sino una barrita de sulfato de aluminio, que según lo que habíamos leído en internet, era lo único que podía cortar una hemorragia de verruga y además en tan sólo 10 segundos.
Nos llevó treinta en realidad.
Pero lo hicimos. Y sin necesidad de hablarle a mi mamá para que nos diera algún consejo.


Ya mudé mi lápiz hemostático del baño al cajón de los cuchillos. Parece que finalmente un regalo que hice a Fefé sirve para algo.


Y ahora sí, con la verruguita sellada y sin amenazas sangrientas nos podemos dar el lujo de planear ese tour al cementerio con el gato negro en un costal y el libro de Tom Sawyer para que nos dicte las palabras mágicas que habremos de recitar.


Habrá que buscar el gato negro y viendo próxima la Víspera de Todos los Santos, no tardarán en ir apareciendo.


¿Qué tal una visita al panteón el Día de Muertos?


Reflexiones paranormales

En una charla de ésas que se dan en el patio de una casa, al calor de un asador ya muy de madrugada, una de mis gordas reflexionó --previa ingesta de altas cantidades de etanol-- que si era cierto lo que decían sobre los espíritus de las personas que fallecen en muertes violentas, Chihuahua y Ciudad Juárez se estaban convirtiendo en un semillero de fantasmas.
La verdad es que sí estamos rodeados de ellos, si no como entes paranormales, sí como sombras que te van acompañando con cierto peso y memoria. Pregúntenle a la gente que pasa por mi rumbo cómo es caminar entre estas calles, pisando piedras que alguna vez la sangre salpicó, viendo las veladoras y las flores que muchas personas han dejado en algunas esquinas. Y eso nomás por mi zona, porque si nos vamos más lejos...

A mí me gusta creer en fantasmas. Ya saben mi postura al respecto. Pero creer que éstos andan por aquí me parece muy triste. Imaginar que andan por ahí cargando sus confusiones, sus preocupaciones y sus rencores, me da tristeza.

Para quitarme-les el sabor de boca les dejo una canción de Paté de Fuá que me gusta mucho.

Felices fiestas mortuorias.
Con tanta muerte que hay por recordar.

Y además a estos jóvenes les iba a dar una capacitación.

sábado, 23 de octubre de 2010

Extraño


Pasan muchas cosas y a mí me gustaría poder escribir sobre todas.

Cosas tristes, cosas terribles.
Todos los días, no sólo hoy.
Y también cosas felices que se asoman muy tímidamente y con cierta vergüenza ante tanto dolor.

No sé si ustedes necesiten leer al respecto. Lo que sé es que yo necesito escribir (egoísta que es una).
Por desgracia es tanto que no sé ni por dónde, así que he decidido que este día, este momento en el que tengo el tiempo y la tecnología para hacerlo, no lo haré.

Mejor voy a compartirles unas páginas que mis momentos de ocio laborales me han permitido encontrar. Páginas sencillas, con ideas, con belleza, con iniciativas, que sé que sabrán apreciar.

Los invito a leerlas.

GOOD Home Page

Monkeyzen

Etsy

It gets better

sábado, 16 de octubre de 2010

The full Monty

I just met a wonderful new man. He's fictional but you can't have everything.
(Cecilia, La rosa púrpura de El Cairo)

En una fiesta de cumpleaños que organicé o la que asistí o algo, hace un par de años, estuvimos mis amigas, las Soccer Moms, platicando un buen rato hasta que algo nos distrajo: era la visión maravillosa, casi gloriosa de un hombre muy muy muy guapo.
De inmediato las mujeres me preguntaron quién era tal sujeto y por los chicos que lo acompañaban pude saber que era el esposo de una de nuestras conocidas.
Lo invitamos a la mesa, claro, para que no se fuera a estar solo, pobrecito, y andando tantas mamás solas en las fiestas de cumpleaños, podría fácilmente ser víctima de alguna de ellas. Así que mejor que fuera víctima de nosotras que de otra cualquiera.
El hombre se sentó con nosotras y comenzó a seducirnos con su inteligencia. O sea, además de bello era inteligente. ¡Y había llevado a los niños a una fiesta!
Luego a alguien se le ocurrió preguntar por su esposa: “Está en casa. Tuvo una reunión anoche con sus amigas y se desveló. Mejor dejamos que durmiera otro rato y nos vinimos nosotros a la fiesta. Le vamos a llevar de comer porque de seguro se va a despertar con mucha hambre.”
Y justo en ese momento, cuatro calzones se cayeron al suelo.

No estoy inventando nada de esto. Ese hombre existe.

Me acordé de él porque esta semana Fefé llevó a Harry a una fiesta de cumpleaños.
Y es que yo no sé qué tienen los papases contra las fiestas infantiles.
Bueno, sí sé. Las mamases sentimos lo mismo pero nos lo callamos para llevar a las criaturas a que se cansen, digo, diviertan un rato. Y tratamos de sacarle el mayor partido.

Yo no me puedo quejar.
En la medida de lo que le era posible, Fefé estuvo al pie del cañón en las fiestas, divirtiéndonos en medio de la horda de niños salvajes que corrían a nuestro alrededor, que tiraban refrescos sobre nosotros, que gritaban como poseídos… y ésos eran solamente los nuestros, había que tolerar a los otros también.
Pero esta fiesta fue su primera vez. Su primera vez solito y en forma voluntaria.

Tengo que darle una estrellita.
Se ha graduado como papá, haciendo todo lo que las mamases y papases hemos de hacer.

Yo no sé qué va a pasar cuando termine su incapacidad. Ya hasta estoy pensando muy seriamente sacarlo de trabajar y dejarlo en la casa.

Qué cosa tan bonita, la verdad, es trabajar completamente despreocupada por la casa, los niños, los uniformes, las tareas, la comida, la ropa, y etcéteras.

Si bien en casa siempre hemos intentado equilibrar responsabilidades, Fefé en esta ocasión se ha sentido con la obligación de absorber todo lo doméstico. Tal vez porque mientras no trabajé de tiempo completo, fuera de la casa, y él sí (además de trabajar extra en sus bisnes) yo también traté de abarcarlo todo.

Me pregunto si los hombres que trabajan fuera del hogar, con sus esposas trabajando en casa, valorarán el trabajo que hacen o sólo dan por hecho que así debe ser.

Yo creo que ustedes no me pueden responder. Vivimos bajo otras circunstancias.
Lo que sí sé es que yo sí lo valoro. Enormemente.

He vuelto a ver al hombre de la fiesta. Es gerente de un banco al que ocasionalmente tengo que ir.
No es tan guapo (nuestra percepción fue efecto de una ilusión visual causada por su aparición en la fiesta en compañía de sus hijos, y la falta de café)

Mi hombre sí lo es.
Mucho mucho más.
Todo el paquete.

martes, 5 de octubre de 2010

Enseñanzas

El último día que estuvimos en el DF hicimos una visita rápida a la fábrica de cervezas.
Fue una excelente experiencia. Me sentía como Charly en la fábrica de chocolates, sólo que sin Oompa Loompas.
A medio paseo nos robamos regalaron una lata de cerveza, así salidita de la línea de producción. Deliciosa. Como pan recién horneado (después de eso fue que empecé a ver Oompa Loompas saltando de un lado a otro).
La visita culminó con la vorágine de compras en la tienda de la fábrica de donde salí con algunas chucherías para la familia.
A Harry y William les tocaron unas cachuchas bastante padres con el nombre de una cerveza al frente. La de Harry tiene un abrebirrias destapacorchos en la visera.
El domingo estuve pensando sobre si sería adecuado regalarles a los niños productos promocionales de bebidas alcohólicas lo que dio pie en la sobremesa a discutir con ellos sobre el consumo de cerveza.

La discusión fue muy provechosa. Hablamos sobre los maravillosos terribles efectos del abuso de cualquier sustancia y de lo divertido embarazoso que resultan sus consecuencias.

Pienso --hasta este momento, el tiempo me dirá otra cosa-- que la influencia, la presión social para consumirlas y la publicidad están en todas partes y que en todo caso, el hecho de que yo trabaje en una empresa que las elabora y distribuye puede ser una experiencia útil para poder conversar con ellos en forma abierta y con información de primera mano.

Pero al final la mejor moraleja la van a tomar no de lo que Fefé y yo les digamos, sino de la vivencia en carne propia de tener que salir cada domingo en la mañana a comprar Alka Seltzers al abarrotes para la mamá que amaneció con dolor de cabeza, bajo la desaprobadora mirada de la dependiente.

No es por gusto, no.
Es por dejarles una enseñanza útil a mis hijos.
Y si eso no es ser una buena madre, no sé qué lo sea.

Adelante, siéntanse libres de utilizar mi experiencia.

De nada.

viernes, 1 de octubre de 2010

Ya mañana

Temprano tomaré un avión que me lleve a mi casa.
Espero que exista alguna cura rápida para mi pronunciación chilanyucapotochiapatijuachihuahuense y que funcione pronto, si no anticipo muchas burlas de parte de mis hijos.

Ya quiero estar en allá.

Pasé dos semanas muy interesantes y con experiencias tan entretenidas como fue tomarme una cerveza sacada directamente de la línea de producción, todavía sin pasteurizar.
Descansé cuanto pude, a pesar de no tener ni mi cama, ni mi almohada ni a mi cojín -jiji- al lado.
No hice comida, ni limpié, ni lavé nada durante dos semanas.
Todos los días comí postre.

Pero ya me quiero regresar.

Pasaron cosas difíciles mientras estuve aquí. Mataron a un exalumno y a su hermano. Falleció el papá de C y hoy el papá de R, una amiga muy muy querida.

Mañana regreso a mi casa, que está hecha una ruina, me dijo Harry (Fefé desmintió esa versión pero creo que deberé confiar en mi hijo) pero no importa porque es mi casa.

Mi casa.

¿Les dije que ya me quiero regresar?