lunes, 27 de septiembre de 2010

Muy triste

Falleció el papá de nuestro buen amigo y cómplice, C.
Todo tan de repente.

Yo tan lejos.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Reportándome

No ha sido una mala semana.
Me gustan los hoteles, con todo y su ordenado minimalismo deshumanizado.

Hemos estado trabajando mucho, pero no se compara al trabajo que nos espera cuando regresemos. Este curso fue para darnos el panorama de lo que tenemos qué hacer en nuestro puesto y debo decir que me he asustado un poco, pero todo es cuestión de orden y disciplina, cosas de las que a veces tengo algunas reservas guardadas para cuestiones laborales.

Además de mí, hay otras cuatro personas atendiendo a esta capacitación. Tres de ellas son menores que yo, y el cuate que es mayor, tiene mucha experiencia en la empresa aunque apenas empieza en el puesto, lo cual le da mucha ventaja.

Me agrada trabajar con gente joven pero francamente no les agarro el paso de ir cada noche a algún bar o antro. Salí con ellos el día del karaoke y un día después a caminar por el Centro Histérico. Después se fueron a seguirla y yo me quedé en mi habitación.
Hoy todos se fueron, tienen familiares aquí y pasarán el fin de semana con ellos.
Yo me quedé en el hotel y lejos de sentirme como la niña del internado con padres malvados, me he sentido sumamente bien.

Anoche me di un baño de desestrés, me tomé dos pastillitas de valeriana, puse el letrerito de "No molestar" en la puerta, platiqué un buen rato con Fefé, leí, vi la tele y programé la alarma para las diez de la mañana y únicamente porque son las nueve en Chihuahua, hora en que me toca programar una reunión virtual para los gerentes.

Me desperté a las ocho sin ayuda de bocinas de auto ni alarmas. Qué difícil desprogramarse de la hora habitual de levantarse. Pero con todo y eso, fue muy agradable sólo encender la televisión y estar en la cama sin pendientes.

Alcancé más tarde el desayuno buffet y decidí aprovecharlo al máximo, a diferencia de los otros días que estuve pagando por lo que consumían los gordos ejecutivos que pagan lo mismo que yo.

Me dispuse a caminar por Reforma a ver qué veía.

Primero me fui al Museo Rufino Tamayo donde tomé un tallercito acompañada de los bichos de Pachulpetec. !Arre, rata!

Me estaba quedando muy lindo, mucho mejor que a los otros participantes del taller. El hecho de que los demás tuvieran entre seis y ocho años no era excusa para no hacer un buen trabajo, ¿a poco no?

Luego me encontré enmedio de todos los rubios que habitan en el DF, que estaban ahí cheleando de a grapa por la inauguración de unas exposiciones.


Mucha cerveza y botana, la mejor cerveza por cierto (sigan consumiendo, que de su pedotas como yo)


Los bichos son un encanto, hasta posan para las fotos. Ya ni siquiera salen corriendo si te acercas, de hecho se han vuelto adictos a los chetos y toda clase de frituras, y te stalkean si te ven con ellas (Ley antiobesidad ¿dónde estás?)

De regreso vi lo que parecía un simulacro de algo en el angelote. Bueno, a lo mejor algo pasaba pero no me di cuenta.

Me encantó el programa de la Ecobici. Vi a muchísima gente durante la semana haciendo uso de las bicicletas, que te permiten traslados ilimitados a un costo de 300 pesos anuales. Yo me quería subir a una, pero no tengo tarjetita.


Me metí a un mercado cerca del hotel donde hallé esta joya geek: One ring to rule them all. Me acordé de este episodio de The Big Bang Theory.


Y del paseo por el Centro Histérico me quedaron algunas imágenes como la de la Torre Latinoamericana, a la que no subimos porque mis compañeras quisieron salir a caminar con tacones del 10.

El Palacio de Bellas Artes es mucho más hermoso de lo que se puede observar aquí, pero no conseguíamos cruzar la calle. De hecho una de mis incapacidades es no saber cruzar calles y nos costó algo poder hacerlo, además algo había en el Munal y había pura gente de la realeza y con ello mucho tráfico y seguridad.


Es maravilloso lo que se puede comer en el centro. Yo cené con 30 pesos unos ricos tacos de canasta, un elote y un postre de ésos que se ven detrás: frutas con crema en vasitos de chocolate.


Le tomé una foto a Sears, donde según me contaron, era donde vivía la Pícara soñadora... la novela de los muertos, dice una amiga.
Antes de irnos me metí a una exposición llamada "Del Paquín al webcómic" en el Centro Cultural España. Nótese que quería parecerme a Cindy la Regia, pero quién no.
Hicimos el trayecto muy rapidito, básicamente porque es difícil disfrutarlo si tus compañeros no saben quién es la Familia Burrón.
Y ya para rematar, nos aventamos una cerveza y yo por fin probé la Montejo, que me faltaba por ingerir para decir que ahora sí las he tomado todas.


* * * * *
He estado muy bien, cómo decir que no, pero extraño. Caray, con tanta gente abrazándose y besándose por la calle, parejas de novios y de novias, carajo, sí que extraño.
Me queda una semana todavía.
Ya reportaré desde la hermana república de Ecatepec, que es adonde me tengo que mudar mañana, de los gozos y tribulaciones de esta marchanta que ya terminó por mimetizarse con el contexto lingüístico regional. Ya nomás estoy practicando lo de decir "amiga" o "amigo" cada vez que termino una frase.
So long...

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Piso 16

Tercer día de mi curso, cuarto de estar en la Cd. de México.

Viaje sin contratiempos. El primer vuelo me fui sentada junto a un hombre que estaba invadiendo la mitad de mi espacio pero en el vuelo de Monterrey al DF, la revolución me hizo justicia y me tocó volar en clase Premier. La única vez que había volado tan bonito, fue de La Habana a Monterrey hace ya algunos años.
Qué lindo es volar, neta. Me cayeron gordos mis vecinos con cara de conquépocopinoleteahogas... Yo iba encantada, literalmente sobre las nubes, disfrutando cada bocadillo, acompañada de la música del Canal 8 del avión: clásica y una de las piezas, Danzón #2 dirigida por Dudamel (me sigue, qué puedo hacer) y sobre todo maravillada por cada nube, cada río y cada ciudad sobre la cual pasamos.

Me queda semana y media aquí.
Quisiera hacer muchas cosas aunque por el momento no hay tiempo. Ya salí con mi amigo Luis en un par de ocasiones y está planeando una cena la semana entrante con otra de mis amigas de aquí, que por cierto está ahorita en Chihuahua para participar en la ópera Las Bodas de Fígaro (chéquenlo los de Juárez).

Ya me tengo que ir. Los compañeritos del curso quieren ir a un karaoke, y quién soy yo para decir que no.

¿Qué se sentirá cantar en el ombligo de la luna?

sábado, 18 de septiembre de 2010

Normalidad

O de eso se trataba esta semana, tratar de volver a la normalidad, pero como ya estaba previsto hago maletas para irme mañana a Mexiquito.

Fefé está en casa y muy bien, tan bien que tengo que estarle recordando que se recupera y no puede andar por ahí tratando de hacer su vida regular. Ya le encargué a William que tiene que mandarlo a la cama cada vez que lo vea trabajando.

* Muchas gracias a todos por sus buenos deseos. Fefé los apreció bastante.


No me gusta hacer maletas, a menos que el contenido sea utilizado durante las vacaciones.

Por eso --y porque no tengo mucho que escribir-- puse unos danzoncitos que han de hacerme más llevadera la tarea y los pienso compartir con ustedes.









Mañana me saldrán alas.

Seré una lagartija con alas.


domingo, 12 de septiembre de 2010

Compañero:

Anoche soñaste que yo estaba a tu lado, haciéndome cargo de todo, dando indicaciones aquí y allá llena de seguridad. Bajo los efectos de las benditas drogas me viste junto a ti, tan claramente que al despertar me buscaste por la habitación y luego me hiciste llegar ese mensaje que me permitió dormir por unas horas (también soñaste que me dabas una moneda de diez mil pesos y por la mañana me la estuviste reclamando, pero ésa es otra historia).

Tristemente, no. No me hice cargo valientemente, fue muy diferente pero sólo lo supe hasta esta mañana en que te regresaron al cuarto después de la operación. En ese momento me temblaron las piernas y me di cuenta que el apoyo que te di fue por miedo, el empujón para que aceptaras la cirugía fue por el pavor de verte enmedio de tanto dolor y el mío, de no poder hacer nada por ti.

Anoche me quedé pensando en tus palabras: No tengo miedo de que me pase algo. Me la he pasado muy bien aquí.

Pero yo sí lo tuve, aunque en el torbellino de tanto por hacer lo haya dejado temporalmente relegado en un área de mi mente que sólo se abrió cuando te vi salir de la operación.

Pobres criaturas sin mayor control sobre sus vidas más que el día a día, que por otro lado, no hay otra forma de hacerlo, nos complacemos en decir que estamos bien. Tú allá, yo aquí.

El día quince estarás en casa y será motivo de festejo tu libertad y mi independencia.

Compañero:  suéñame fuerte, entera, que tu confianza me da el valor que ahora necesito para llorar un poquito.

Pero nada más un poco.

Durmamos y soñemos pues. 

Los sueños estarán llenos de los deseos de tanta gente nuestra que cerca o lejos nos han estado acompañando.

No se puede pedir más por hoy.

Yo también te amo.

viernes, 10 de septiembre de 2010

El que se enoja pierde

Una vez hice un recuento de acciones-consecuencias que me hicieron pensar que el universo está de mi lado en las diferencias conyugales.

No recuerdo en este momento toda la lista porque realmente estas diferencias-conflictos se dan con muy poca frecuencia, pero recuerdo especialmente una. Fefé y yo nos molestamos y él se fue a una granja con unos amigos y cuando regresaba se le averió algo a su auto, tuvo que solicitar la grúa y esperarla a una temperatura de dos graditos nomás y su auto estuvo en el taller como dos meses esperando que le llegaran unas piezas. Cuando me enteré me repetí que esas cosas eran señal de que el universo estaba de mi lado. No consideré en ese momento la friega que iba a ser andar en un solo auto, yendo y viniendo a recoger hijos y marido a sus respectivas obligaciones cotidianas.

Pasaron cosas similares en ocasiones distintas con más o menos las mismas consecuencias.

A principios de esta semana pasaron un par de situaciones que me molestaron mucho y de nuevo el universo se confabuló en contra de Fefé, mandándolo al hospital con lo que creíamos era una contractura muscular y resultó una hernia discal que necesita cirugía.

Las consecuencias, además de las obvias en la salud del afectado, me han hecho reconsiderar  que el universo no está a mi favor. En realidad creo que el universo me castiga a mí por andar de delicadita.

Voy a tener al pobre hombre incapacitado en casa, dos hijos que llevar y traer en diferentes turnos y yo con mucho trabajo que me requerirá salidas fuera de la ciudad esta semana y un viaje de diez días al DF en una semana más.

Bien dicen que el que se enoja pierde.


Mañana operan a Fefé.

Buenas vibras, muchas buenas vibras por favor.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Haciendo un alto

Yo solía tener un mundo privado en mi computadora.

Este mundo privado se regía por reglas y rutinas. Me gustaban mis rutinas diarias: lectura de noticias, blogs, redes sociales y mi curso de francés.

No era mucho, no era complejo o profundo, pero era mío.

No pensé que fuera a hacerme tanta falta cuando dije que sí, vendámosla y compremos un poco de seguridad.

Intento reconstruir ese mundo desestructurado y perfecto en mi máquina del trabajo, pero no es posible. 

Me he peleado mucho con la idea de comprar una netbook, por aquéllo de que soy remala leyendo en una pantallita, pero viendo los tiempos que tengo disponibles, los espacios que estoy creando para mí enmedio de esta otra vida que nos estamos creando, ya no me parece tan malo contar con mi pequeño mundo-to-go en forma de computadora de bolsillo.

Veremos, veremos.

* * * * *

Harry y William van por su segunda semana en la escuela.

La maestra que queríamos que el grupo de Harry tuviera otro año, se nos fue, pero nos dejó un nivelazo en los niños. 

Que la escuela haya escalado muchos escalones hasta quedar en el sexto lugar de puntaje en la ciudad en el examen Enlace no dice mucho. Lo que sí me dice bastante es que Harry llegó con un diploma de segundo lugar en el examen diagnóstico que les fue aplicado, sumado al hecho de que a pesar de no tener supervisión en casa, no ha fallado trabajos ni tareas. Es decir, lo que aprendió, lo aprendió muy bien. Obtuvo un 9.3 de promedio en quinto grado y piensa que puede salir mejor, si obtuvo mejores resultados en el diagnóstico que sus compañeros de mejores promedios.

Las calificaciones son lo de menos.

Que se sepa con el potencial adecuado para hacer lo que desea en su vida, eso es lo que a lo largo de estos años hemos ido trabajando, y creo que no vamos tan mal.

William, por otra parte, se ha sentido muy bien en la escuela. Lo veo distinto, muy maduro. Leo sus trabajos y en mi experiencia como maestra de secundaria, me doy cuenta que va muy bien. Se organiza, se esmera, adelanta trabajos, los revisa y consigue estar listo para ir a la escuela sin adultos a su alrededor.

Tal vez era el momento de soltarlos y yo no me había dado cuenta.

Alguna vez William me dijo que no podía demostrarme que podía hacer las cosas por sí mismo si yo siempre estaba diciéndole lo que tenía qué hacer.

Cómo nos equivocamos en nuestros juicios, aun con aquéllos a quienes creemos conocer más, pero qué bueno es haberme dado cuenta a tiempo.

Me siento tremendamente... no sé, tal vez bendecida podría ser la palabra que más se acerca a lo que quiero expresar.

A veces pienso que no he sido una mujer de grandes decisiones, de esas decisiones extremas que le cambian la vida a la gente. Más bien he ido optando en forma paulatina por lo que ha sido mejor en cada momento en que las situaciones se han ido presentando. Tal vez esto me ha ahorrado las decisiones desgarradoras que he visto en otras personas.  Y espero que la práctica en lo pequeño me ayude cuando un momento que requiera todo mi poder de decisión se presente.

No he sido una mujer de grandes decisiones pero no creo ir por el camino equivocado.



jueves, 2 de septiembre de 2010

Carreteras

¿Cuándo se me irá a quitar esta inquietud que me da cada vez que tengo que salir de la ciudad varios días? Me preguntaba ayer. Yo misma me respondí, tampoco estoy tan tonta: “Se te va a quitar el día que ya no regreses.”

Supongo que ese cosquilleo, esa inquietud no es más que la forma que tiene mi cuerpo de mostrarse emotivo cuando racionalmente quiero suprimir cualquier señal de tristeza o preocupación.

 * * * * *

Revivo cuando manejo en la carretera.

Y no digo esto porque me guste estar viajando (que sí me gusta pero no es la razón).

Me pasa algo curioso cuando me encuentro ante una de esas curvas que no esperabas que fueran tan cerradas o ante un auto que de repente se mete en tu carril.

Mi mente dice “Fiú, de la que me salvé” pero me quedo pensando si eso fue realmente lo que sucedió. ¿Quién dice que no me quedé atrás en un accidente mientras que al tiempo se abrió esta realidad alternativa en la que sigo viva?

Voy dejando huellas de lo que he sido en cada camino.

Lo que fui está siendo en un universo desconocido.

Lo que soy ahora persiste en cada una de mis muertes.

Cada muerte me revive.

Qué gran oportunidad.

 * * * * *

Hace unas noches trataba de dormir en la habitación de un hotel que me pareció demasiado grande. Tan grande que daba mucho espacio a que entrara la soledad.

No era una habitación fea. En realidad el hotel era muy lindo. Las habitaciones estaban dispuestas en una media luna, todas con vista al jardín. Para acceder al jardín cada habitación contaba con un par de puertas corredizas de cristal. Puedes salir por ahí si deseas a la alberca, a tomar el sol o simplemente dejar abiertas las cortinas para disfrutar de la vista.

Yo no hice ninguna de estas cosas el día que llegué. Tuve intención de tomarme una cerveza y fumarme un cigarro pero si tengo la oportunidad, prefiero leer un poco y dormir.

A los minutos de haberme quedado dormida me despertaron varias detonaciones. Eran balazos y no podía darme cuenta de dónde venían ni adónde iban así que me eché al suelo.

Siguieron por algunos instantes más.

Estaban muy cerca.

Después, cuando yo esperaba que hubiera alboroto pues había muchos huéspedes en el hotel, se instaló un grave silencio. Es cierto lo que dicen de estos silencios. Son pesados, invaden el espacio.

Sólo se relajó un poco el ambiente después de que se escucharon las patrullas – comúnmente, si llega la policía es que los delincuentes ya están lejos--. Yo me levanté del suelo y traté otra vez de  dormir.

Sorprendentemente, sí pude.

No me dio miedo, no me quedé con el pendiente de que volvieran luego… ¿que estará pasando lo que tanto temo? ¿me estaré volviendo insensible?

A los dos días me enteré de que habían ejecutado a un joven de años.

* * * * *

Sigo saliendo.

Otro mes de mucho movimiento.