viernes, 30 de octubre de 2009

La otra

Muchos años pasaron para mi segundo encuentro. Yo ya tenía marido, dos hijitos y vivíamos en la casa que una conocida nos rentaba, la cual no tenía nada que pudiera indicar ninguna presencia extraña. Era una casa común en una calle en la que viví en mi adolescencia, rodeada de gente con la que conviví en esa época.
Cuando nos mudamos a ella, Harry todavía no nacía. Y como la casa requería algunos arreglos, dejamos la habitación principal para el final, así que la cuna de William y nuestra cama estaban en un solo cuarto.
Después que nació Harry nos mudamos a la habitación principal, con cuna y todo, y pasando algunos meses, trasladamos a Harry al cuarto de su hermano. Sin embargo, no pasamos mucho tiempo ahí porque el techo se goteaba y cambiamos nuestra cama a otra área de la casa. Con el tiempo pudimos arreglar el techo y movernos nuevamente a la habitación.
No habíamos pasado muchos días ahí cuando yo comencé a despertar a media noche. Volvía a dormir y me costaba conciliar el sueño nuevamente, no por sentirme insomne sino por una opresión que sentía en el pecho, difícilmente describible con palabras.
Conforme pasaron las semanas pude identificar esa sensación como sobresaltos de terror. Cada noche se presentaban más frecuentemente y con mayor intensidad. Nuevamente nos cambiamos de cuarto, donde pude dormir tranquila durante algún tiempo, pero con tan mala suerte que ese cuarto también empezó a gotearse y hubo que regresar.
Con el regreso volvieron mis miedos aunados a la sensación de que había alguien más ahí.
No sé si esta sensación provocó que, una de las noches que desperté, viera al pie de la cama una forma humana, no muy grande, de rasgos indefinidos. Era una silueta con volumen, pero de densidad casi acuática. Pude ver a través de ella, el clóset que estaba detrás.
¿Cómo pude seguir durmiendo ahí? La misma estrategia que la de casa de la abuela Queta: racionalizando. Y tapándome con la sábana hasta las orejas.
Cierta día William enfermó. Estuvo tosiendo mucho y por la noche no podía dormir. Me lo llevé a mi cama para que se sintiera acompañado y cuando ya estuvimos acomodados y arropados, me dijo:
-- Mamá, me da miedo.
-- ¿Qué te da miedo?
-- Esa niña...
Yo no voltée a ver qué seguía su mirada. Lo abracé y le dije que no pasaba nada, que cuando enfermábamos creíamos ver cosas donde no estaban.
William tenía tres años y no tenía fiebre. No me pareció que alucinara.
Dos días después y aún pensando qué hacer con la casa, vi a William jugando en el cuarto. Yo les tenía dicho que no jugaran ahí pues había cosas que podían quebrarse y lastimarse. Quise recordarle las reglas:
-- No puedes jugar ahí.
-- Ah, sí. Ya sé. Porque es tu cuarto...
-- Ajá...
-- Y es el cuarto de papá...
-- Así es.
-- Y es el cuarto de la niña.
-- ...
Me dejó congelada y no pude pensar en otra cosa qué decirle, para su tranquilidad y la mía, que sí, que tenía razón, que ese cuarto también era de la niña.

Esa noche los terrores se fueron y no volvieron a aparecer.

miércoles, 28 de octubre de 2009

La historia, pues...

Pasábamos los veranos en el pueblo.
Calurosos, secos y polvosos días conformaban las vacaciones, sólo aliviados por la caída del sol que atraía a la familia y a los vecinos al fresco de la noche, con un refresco en una mano y un abanico en la otra, para atraer el aire, por un lado y espantar a los moscos, por el otro.
Con las sillas y las mecedoras en la banqueta, los adultos nos veían jugar.
Por la calle cruzaban los músicos. Luego Pomposita, la loca del pueblo, que se detenía un momento a platicar con mis tías. Más tarde, algún borracho que se quitaba el sombrero al pasar frente a mis abuelos.
Las horas continuaban su marcha, pero nadie quería despedirse; mucho menos los niños que habíamos encontrado un descanso de los juegos en la esquina de la cuadra, afuera de la tiendita de Godofredo, quien nos sentaba en el suelo, del lado de la calle oscura y se ponía a contarnos historias de aparecidos y difuntos.
Sabiamente cambiaba nombres y los protagonistas, herederos de maldiciones antiguas, llevaban nuestros apellidos. Yo miraba la calle oscura y en el cielo me parecía que de un momento a otro asomaría el manto blanco de la mujer aquella que lloraba por... no recuerdo por qué lloraba... el dolor siempre ha sido terrorífico sin necesidad de saber el por qué.
Sería el miedo o el calor, sentí en una noche de historias la boca seca y contra todos mis deseos, tuve que levantarme a casa de mi abuela por un vaso de agua.
Era la casa de Mami Queta una de esas casas antiguas, con altos techos de madera y un patio al que podía llegarse por todos los cuartos. En cada pared colgaban imágenes de vírgenes y mártires sangrantes. En cada esquina, la forma de un mueble oscuro y pesado acechaba a quien pasaba a su lado, en el silencio y la pesadez de una casa vacía.
Nadie quiso acompañarme a tomar agua. Yo tampoco habría querido acompañar a nadie. Fui sola y traté de llegar a la cocina con los ojos cerrados, para no encontrarme con nada que no quisiera ver.
Cuando abrí los ojos no pude evitar voltear hacia la puerta que daba al patio, justo como cuando estás mirando desde una altura elevada y no puedes evitar imaginar la caída e incluso desearla.
Entonces, al otro lado de la puerta vi formarse una imagen, un contorno humano, femenino. Se encontraba iluminado, como si una luz blanca naciera del centro de ella y la rodeara una estela multicolor. Su brazo ligeramente levantado parecía apuntar hacia mí.
No tomé el vaso con agua.
En los siete segundos que duró mi recorrido de la cocina a la calle, el cerebro dio a mi cuerpo tembloroso una explicación: Mami Queta tiene imágenes de vírgenes en toda la casa. Lo que vi era una de las figuras de la virgen de Guadalupe y debe tenerla rodeada de lucecitas de navidad, como los cuadros de su recámara. Eso es.
No volví a pensar en ello, tan conforme (y urgida de conformidad) estaba.
No volví a pensar en ello al otro día, ni siquiera cuando me di cuenta que en el patio no había ninguna figura.
No volví a pensar en ello por varios años, hasta el día que escuché charlar a mi madre con una amiga.
Hablaban de fantasmas y eventos extraños. Mi mamá contó entonces de una mujer que se aparecía en casa de la abuela. Contó también que varias personas la habían visto. La describió blanca e iluminada, paseando por las habitaciones de la casa.
Me recorrió el pavor que debí tener aquella noche de hacía ocho años. Le conté a mi madre, como debí haberlo hecho de no ser tan racional, tantos años antes. Temblorosa nuevamente, reajusté en un par de minutos todos los recuerdos pasados hasta terminar con una sonrisa tranquila y un semblante más calmado: mi abuelo había muerto, mi abuela vivía con una tía y si yo quería, no tenía por qué regresar ahí.
Y así lo hice.
Nunca regresé.
Cuando paseo por el pueblo, señalo desde la calle la casa de Mami Queta a sabiendas que desde dentro, alguien me señala a mí.

martes, 27 de octubre de 2009

Actualización

Dice mi mamá que es cierto, que deben ser las fechas porque ella también está percibiendo a sus difuntos.
Soñó a su mejor amiga antenoche y pasó el día recordándola, con la misma fuerza e insistencia que me sucedió a mí.

* * * * *

Yo me iba a esperar hasta mañana para contar la historia sobrenatural (y verídica) de miedo pero los eventos cotidianos nos sobrepasan.
Deben ser las fechas.
Los límites entre el mundo físico y el otro, se empiezan a difuminar.

Hoy alguien pasó desde el otro lado y me guiñó un ojo.
Eso sucedió a la una de mediodía. Entender qué sucedió, lo acabo de descubrir.

Hace dos años por estas fechas yo trataba de inscribirme a un curso con mi amiga y exmaestra Paty en la facultad, para liberar unos papeles que me hacían falta. Terminé no inscribiéndome pero sí tomándome unas cuantas cervecitas con ella y riéndonos hasta las lágrimas con el recuento anual de nuestras vidas.
El año pasado por estas fechas, Paty y yo estábamos trabajando juntas y pegándonos unas buenas divertidas entre idea e idea.
El año pasado, el 22 de noviembre, Paty murió.
Hubo las lágrimas de rigor, el duelo acostumbrado y el paulatino regreso a la rutina regular.
No volví a llorarla, aunque sí a recordarla y hoy curiosamente, de una manera extraña.
Regresaba del curso y vi a una mujer caminando por la acera. No se parecía en nada a Paty. Pero el cabello arreglado en una coleta me hizo recordar su cabello y sonreí pensando en qué curiosas conexiones hace el cerebro con los recuerdos.
Llegué a casa y a la una de la tarde me comuniqué con una persona que me daría la información de ciertos trámites que tengo qué hacer. Esta persona me dijo "permíteme un momentito para revisar tu caso". Esperé en la línea y otra mujer tomó la llamada. Preguntó mi nombre y me dio la respuesta a mis dudas, planteándome mis alternativas: "Lo más grandioso y lo más maravilloso de esto..." dijo.
Grandioso y maravilloso.
Y entonces su voz sonó como la de Paty.
Ya no eran nomás sus palabras, era la voz.
Estuve a punto de preguntar el nombre de la persona que hablabla pero no pude porque yo ya estaba llorando. Me limité a escuchar.

Estuve pensando en esa llamada durante la comida y la verdad es que ¿qué empleado administrativo utiliza esos adjetivos para explicarte algo? Ninguno. Menos con ese énfasis medio en serio, medio burlón que Paty solía imprimir en sus conversaciones.
No me cupo duda.
La mujer a la que vi caminar por la acera me preparó para este encuentro, me puso en sintonía.
Era Paty que me guiñó un ojo y de paso me dijo: "¡Ya toma el pinche curso, Juana, y arregla tu situación de una vez!"

Ya le regresé el saludo y le dije que la quiero.
¿Alguien quiere que le pase algún recado para el otro lado?
Recuérdenme que les cuente unas historias de miedo.
Y de la vida real.

viernes, 23 de octubre de 2009

Colapso mental

Traigo un zapping mental así bien cabrón.
No sé a qué se deba. He pensado que podría ser el hecho de que ya tengo más canales en la tele o el tiempo que paso en la computadora de una búsqueda a otra, de una página a otra. El caso es que me estoy desesperando porque apenas cruza un pensamiento por mi cabeza, paso a otro y luego a otro. En ese inter queda una huella del primer pensamiento y me cuesta mucho trabajo volver a él. Y cuando lo hago me doy cuenta que dicho pensamiento era una estupidez. Y el segundo y el tercero también.
O vuelvo a tomar las súperpastillas para la concentración (en mis momentos de lucidez y calma puedo ver que eso es otra estupidez, porque en este momento no tengo mucho en que concentrarme) o busco algo más qué hacer, pues lo que estoy haciendo ahorita me es insuficiente.

Me parece que la convocatoria que me llegó para un taller de administración no es una mala idea.
Al menos me va a tener concentrada durante las mañanas.

Pues ya está. En lo que se resuelve lo otro de la escuela, tengo que hacer algo con mis neuronas ociosas.
Adiós zapping.
Bienvenida seas a mi vida, contabilidad.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Making smart people smile since 1985

Anne Taintor, divorciada y con una niña que mantener, se encontró cierto día hojeando una revista y preguntándose qué estaría pasando por la mente de esas glamorosas mujeres que aparecían en los anuncios de revistas. ¿Eran, esas hermosas amas de casa, tan perfectas y satisfechas como parecían ser? Anna lo puso en duda y comenzó a imaginar lo que realmente estaba pasando por sus cabezas. Puso manos a la obra y pegando frases en antiguas imágenes publicitarias comenzó a vender postales e imanes, iniciando así Anne Taintor Inc. En ellas, Anne plasma lo que muchas mujeres pensamos, pero somos demasiado correctas para decir en voz alta.

Yo conocí algunos de sus productos cuando andaba de viaje por Nuevo México. Ella radica en Coyote, N.M., pero sus productos se pueden encontrar ya en muchísimos lugares.
En mi refrigerador tengo esta imagen:

(Nomás pa´que se acuerden y no se descuiden)

Me agradan bastante sus diseños y sobre todo las frases corrosivas que nos hacen sonreír, porque, de alguna manera, nos sentimos identificadas.

Si tienen dudas sobre qué regalarme en navidad, en su página están todos los productos disponibles. Los artículos de oficina son especialmente útiles:


¿A quién no le gustaría tener estos post-its sobre su escritorio?

martes, 20 de octubre de 2009

¡Mom power!

Chequen esto:

Madres de familia, los nuevos motores del ciberespacio bloguero
Reconocen amas de casa su influencia sobre consumidores en venta de productos por Internet

Féminas sustituyen al estereotipo de internauta pendiente de novedades tecnológicas
Afp

Las Vegas, 19 de octubre. Durante años, el estereotipo de un bloguero era un fanático de las computadoras, pendiente de novedades tecnológicas, o un obsesionado con las celebridades; hoy, el motor de los blogs son personas con un perfil bastante diferente: madres de familia.

En la BlogWorld Expo, convención de blogueros –presentada como la más grande del mundo–, mujeres que comentan su vida familiar en Internet comandan más de una docena de sesiones especiales y son buscadas afanosamente por una plétora de encargados de marketing, empresarios que acechan en la expo.

“Esto demuestra el poder del blog y el de las madres”, expresó Beth A. Davis, de theplussizedmommy.com, quien fue invitada al BlogWorld por Healthy Choice, línea de comida congelada baja en calorías, para evaluar un posible patrocinio.

Si digo que un producto es maravilloso y tienes que probarlo, los lectores me escucharán debido a mi influencia y saldrán a comprarlo, indicó Davis.

No estaba claro cuántos de los 2 mil 500 asistentes a BlogWorld de 20 países eran “blogueras mamás”, pero el tipo de obsequios y patrocinios que reciben daba una idea.

(La Jornada, 20 de octubre 2009.)

Interesante.
A ver...
Levanten la mano (y por levantar la mano quiero decir que escriban un comentario) todas mis lectoras bloggers-mamás...
Como quiera si somos muchas nos presentamos en una convención de ésas y también nos toca una tajada del pastel ¿no?

lunes, 19 de octubre de 2009

Corazón salvaje


Pienso seriamente que Eduardo Yáñez puede tener mucho más éxito como modelo de novelas románticas que como actor de televisión.

sábado, 17 de octubre de 2009

Feliz cumpleños, Harry

Hace una década a esta misma hora, me encontraba acostada en mi cama, descansando de una pachanga que tuve en mi casa el día anterior; pachanga que organicé para despedirme de la vida pagana al menos el tiempo que me requiriera el exigente ejercicio de la maternidad reciente.

Era domingo y estaba fresco. Luego ya no estuvo fresco: se puso friísimo. El primer día frío de 1999. Le dije a Fefé que armara la camita de William, pues algo iba a cambiar además del clima ese día y había que tener lista la cuna para Harry.
No tenía dolores. Ayudé a armar la cama y William, de apenas un año y dos meses, se puso a jugar sobre el colchón, contento con esa novedad en su vida.
Vimos la televisión, mientras William hacía su primera siesta de niño grande.
Intenté dormir pero me sentía muy inquieta y emocionada. Me relajé y me dediqué a hablarle al productín para saber cuándo llegaría. Unas horas después me di cuenta que Harry no se había movido durante la última hora.
-- Ora sí --les dije a mis hombres -- vámonos.
Maletas listas, fuimos primero con mi madre a dejar a William, de quien me despedía por primera vez para una ausencia de dos días y luego al hospital.
Llegué de muy buen humor y bastante dilatada. Me atendieron dos médicos guapísimos, así tipo George Clooney en sus años de E.R.
A la hora de entrar a la sala de expulsión, iba saliendo una chica conocida en una camilla. Me saludó con su rostro agotado y el cabello revuelto y me dijo: "Me va a tocar ver a tu esposo en el pasillo, ¿quieres que le diga que chingue su madre?". Agradecí tan generosa oferta con una sonrisa y me dediqué a decirle a Harry que no se pusiera terco como William el día de su nacimiento, que el mundo era un caos, era cierto, pero era un caos de lo más divertido.
Sólo tuve que pujar un par de veces. Pasaditas las once de la noche, Harry entró de dos empujones a la vida --empujones que hasta la fecha he de dar... para que se bañe, para que se acueste, para que se vista...
Harry aprobó su primer examen con un hermoso 8/9, a diferencia del primogénito que tuvo un 7/8 en el Apgar, dato que Harry emplea con frecuencia para bajar las ínfulas de su hermano mayor en la entrega de boletas.
Si me hubieran dejado, ahí mismo me habría levantado de la camilla y me habría ido a mi cuarto caminando, con mi hijo en brazos.
Tres kilos y cuatrocientos gramos de vida consiguieron aumentar mi capacidad de amor en una forma que yo no creía posible.
Dos días después salí de ahí, con cosas menos y cosas más.
Ni siquiera me imaginaba en ese momento cómo esa figurita larguirucha sellaría y compactaría ciertos huecos que desconocíamos que había en nuestra convivencia.

Feliz primera década, Harry.
Gracias por enseñarnos a ver el mundo desde otro lado, el lado zurdo, rebelde, abierto, total.
Ese lado que nos permite ver la vida como tú la ves: cada día el mejor día de nuestras vidas.



Te queremos tus papis, tu hermano y tu gato.

jueves, 15 de octubre de 2009

Done

Diagnóstico confirmado. El 40% de las personas que padecen rinitis, desarrollan asma.
Dos inhaladores distintos, pastillas nuevas para la alergia, corticoides, agua marina y mometasona.
Mientras su alergia esté bajo control, el asma también lo estará (no más subir cerros por lo que resta de esta temporada).
En un par de días más, ya que sus bronquios reaccionen debidamente a los medicamentos, podrá seguir con su rutina normal de futbol y atletismo. Mientras, él dice, utilizará el tiempo para dedicarle más al libro sobre Pancho Villa que está leyendo, el de Taibo (soy una vergüenza, él ha adelantado más a su libro, que yo a "Ulises").
Confío en su disposición para cuidarse y en la atención de su neumólogo.
Y bueno... ni moyo.
A cualquiera le puede pasar.


(Mostrarle a su hijo una viñeta de Alberto Montt puede ocasionarle un ataque de risa complicado con tos y dificultades para respirar. No lo vuelvo a hacer.)

martes, 13 de octubre de 2009

Madre orgullosa

Ayer William se sentía un poco mal, sin embargo se puso a terminar lo que le correspondía de un trabajo de equipo (más o menos el 90% del proyecto). Estuvo trabajando en él viernes, sábado y domingo. El lunes le dio los toques finales y nos fuimos a la papelería a comprar hojas de colores, mandar a imprimir en ellas, hacer ampliaciones a color y todo lo necesario para quedara esto:

Lo que William hizo fue la edición de las fotos de sus compañeros, la creación de los billetes, los monitos para jugar, las tarjetas de propiedades, las tarjetas de castigo y de premios y todo adaptado al entorno escolar; es decir, las propiedades son salones, canchas, oficinas y cafetería de la escuela, mientras que los castigos y premios tienen que ver con maestras, tareas, exámenes y reportes. ¡Ah! En inglés, por cierto, porque el proyecto era para esa materia.

Qué lujo verlo frente a la computadora de la papelería indicando a la dependiente "Ahora hojas rojas", "Ahora cartoncillo amarillo", "Impresión a color", "Impresión blanco y negro"... todo con una autonomía que me deja con el ojo cuadrado.

De ahí lo llevé al médico, pues seguía sintiéndose mal y me lo canalizaron a neumólogo, el cual ya tiene pero ahora para atenderlo no sólo de las alergias sino también por asma.
Y con todo y las broncas que traía para respirar se aventó su trabajazo.

Como todas las madres, soy Mamá Cuervo, pero sólo porque mis críos me tienen mal acostumbrada, superando límites como William, o sus propios límites, que está también cabrón, como Harry.

Ayer por la mañana Harry se levantó sin que hubiera que llamarle dos veces, se preparó para la escuela a celeridad e incluso se preparó el desayuno. Hoy después llamarle como cinco veces y a sabiendas que se atraen más moscas con miel que con hiel, le recordé lo orgullosa que me había sentido por lo que había hecho el día anterior. Me volteó entonces a ver con sus ojotes todavía lagañosos y me dijo: "Si lo hiciera todos los días, no te pondrías tan contenta".
Buen argumento. Me recordó aquella tira de Calvin y Hobbes en la que Calvin se baña sin que se le ordenara y ante la mirada sorprendida de su madre, le advirtió: "Pero ni creas que se me va a hacer costumbre".

Soy bien consciente de que los hijos se forjan mayormente a pesar de uno y en muy pocos casos, gracias a uno; sin embargo, no me voy a negar el gustito de exclamar, al menos de vez en cuando: "¡Ésos son mis hijotes! ¡Tan inteligentes y guapos como su madre!" (sic).

domingo, 11 de octubre de 2009

Conversaciones serranas

-- ¿Y no le dio miedo venir sola para acá?
-- ¿Miedo? ¿De qué?
-- Pues de los narcos...
-- Pero me dijeron que por acá no pasaba nada...
-- ...
-- ¿Que no?
-- No, no, ejem, no pasa nada. Adiós.

* * * * *

-- Qué guapa te ves ahora, Josefa ¿qué te pasó? Hasta zapatos traes.
-- Pos por el (inserte nombre del más famoso narcotraficante de México aquí).
-- ¿A poco vives con él?
-- No, pero me contrató para ir a limpiarle una casa que tiene por aquí. Y me paga en dólares. Viera qué bonita cabaña tiene, con animales que yo no sé ni cómo se llaman.
-- ¿Y conoces al (inserte nombre del más famoso narcotraficante de México aquí)?
-- Nomás una vez lo vi. Casi nunca está en esa casa.
-- ¿Quién le cuida la cabaña, pues?
-- El licenciado que trabaja en Recaudación.

* * * * *

-- Al salón de baile nuevo le dicen "El cazo".
-- ¿Por los cueros?
-- No, por los chicharrones secos.



¡Ah, raza!

* * * * *

Regresé.
Volví con muchas cosas en la cabeza. Unas me alegran pero la mayoría me indignan.
Que tengo que enfocar esa indignación hacia la investigación y las propuestas de políticas públicas que estamos elaborando, es muy cierto, pero todo está muy fresco todavía.
Espero recuperar claridad durante la semana.

Buen inicio para todos.

jueves, 8 de octubre de 2009

Artículo de divulgación

El Premio Nobel de Medicina a una investigación sobre cromosomas y telómeros; el de Física, a innovaciones en torno a fibra óptica; el de Química, a descubrimientos sobre los ribosomas...

¿Y..?

O sea, ¿dónde quedaron esos inventos y descubrimientos que nos eran realmente útiles, como el desarrollo del velcro y la mantequilla suave?

Yo quiero hacer un homenaje a esos ilustres y anónimos ciudadanos que dedican sus vidas a investigaciones empíricas y que sin contar con el apoyo de recursos de grandes fundaciones y universidades, hacen aportaciones muy significativas a nuestra vida cotidiana.

Por eso quiero citar aquí los resultados de la investigación de mi amiga "R", que en aras del bien común y la paz mundial, realizó la tesis titulada: "Los efectos de los alimentos en el sabor del semen."

La verdad es que es de admirarse la dedicación de mi amiga en esta faena, y por supuesto, la de su cochinillo de Indias, que sobrevivió a los cambios en su dieta y a las extenuantes sesiones de experimentación, pero todo con el fin de comprobar la hipótesis inicial.
Ayer, finalmente, mi amiga me dijo: ¡Esto debe saberlo todo el mundo!
Y por eso estoy aquí, dedicando este espacio a la conclusión de su trabajo:

Chan chan cháaaaaaaan...

El apio.

Apio en la sopa, en el arroz, en la ensalada, solo, crudo, cocido, pero mucho mucho apio y en cuestión de días notarán una grata diferencia.

Hombres y mujeres del mundo:
Esparzan la semilla de la verdad y la ciencia.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Carretera

Y entonces, cuando tenía unos trece o catorce años, fantaseaba con una camioneta Ford 1976 (el año de mi nacimiento) en la cual aventar una mochila con ropa y libros y agarrar camino para cualquier lado.

Hace unos meses, previo al diagnóstico médico, angustiada por no saber qué me sucedía, me pasó por la cabeza la posibilidad de una enfermedad grave y con ella, la siempre presente posibilidad de la muerte.
En ese estado de cosas me preguntaba qué me gustaría hacer antes de morir.
Me da gusto decir que batallé. Estoy bastante feliz con el rumbo de mi vida y supongo que por eso no encontraba vacíos qué llenar.
Sin embargo, después de rebuscar --digo, ¿cuál vida que merezca vivirse está satisfecha por completo?-- me encontré con mi antigua fantasía.
Eso haría y eso tengo qué hacer. Tomar unas cuantas cosas, aventarlas al auto e irme.
Recuerdo que alguna vez eso fue mi visualización de "libertad" (ahora lo es cambiarme de ropa sin tener que cerrar la puerta de la habitación).

Mañana tengo que salir de la ciudad. Vamos a continuar con la investigación que estamos haciendo en un municipio cercano. Mi prima, con quien trabajo en este proyecto, ya está allá. Me habló esta mañana, que me vaya en camión, ella me recoge en la central de autobuses y nos regresamos juntas.
Es un buen plan.
Y por otro lado... aventar mis cosas al auto, detenerme si quiero, escuchar los discos que deseo, tomar fotos en el camino... No sé.
Nunca he sido práctica.

¿Qué hacer?

martes, 6 de octubre de 2009

Receta

Tomatitos a la Kwong *

Ingredientes:
* 20 tomatitos cherry
* Aceite de oliva
* Un trocito de jengibre fresco rebanado finamente
* Azúcar morena
* Salsa de soya
* Vino tinto
* Vinagre de arroz

Preparación
1. Calentar el aceite en una sartén.
2. Freír las rebajadas de jengibre durante un minuto.
3. Agregar los tomatitos y freír hasta que se les levante la piel.
4. Añadir a la mezcla tres o cuatro cucharadas de azúcar morena hasta que caramelice.
5. Sazonar con un chorrito de salsa de soya y otro de vino tinto. Dejar cocinar unos minutos.
6. Agregar un chorrito de vinagre de arroz y cocinar dos minutos más.
7. Servir sobre lechuga y acompañado con espárragos frescos.


Hemos de seguir comiendo, bebiendo y viviendo.

* Receta de Kylie Kwong según lo que recordó Harry, quien me pasó la lista de ingredientes. El procedimiento hubo que improvisarlo.

lunes, 5 de octubre de 2009

Penas continentales

Ayer tuve un intercambio de mensajes de texto de lo más absurdo. Todo porque mi amiga "V" cambia de celular como de toalla sanitaria (¿a poco no está más cabrón?) y yo estoy bien güey, así que yo no sabía ni quién me estaba hablando o de qué.
El mensaje inicial trataba de lo triste que estaba mi amiga por la muerte de Mercedes Sosa. Luego degeneró en un par de insultos pero eso no es lo importante, sino lo otro.
"V" es la más grande de mis amigas, de todo, en todo. Pertenece a una generación distinta a la mía (si lee esto me pone una chinga y ¿ya dije que es grande?) pero de alguna manera nos conectamos muy bien desde que nos conocimos. La muerte de Mercedes patentiza esta conexión, aunque en mi caso no padecí esta muerte tanto como "V".
Tal vez fue que tenía días preparándome para la noticia.

El viernes que llevé a Harry al oftalmólogo, el médico me estuvo contando de un amigo que va a cantar en la ópera Carmen, de quien no escuché el nombre porque yo estaba más ocupada cuidando que Harry no desmadrara alguna de las tan interesantes y delicadas cosas que los médicos tienen en sus consultorios, ya saben, partes del cuerpo de cristal o figuras a escala desarmables que nadie puede luego volver a armar. El médico tomó el periódico para enseñarme lo de la ópera y ahí nos quedamos leyendo las noticias de espectáculos y fue cuando me enteré de la hospitalización de Mercedes.
Horas más tarde me fui a tomar un café con Gris y Vivi, las argentinas del proyecto Cine a la intemperie, y nuevamente escuché la noticia. Las dos comentaban muy tristes que se les iba la Negra.

Finalmente sucedió, como ya muchos se resignaban a que pasara.

Es cierto que no me tocó todo el contexto en que surgió el movimiento de canto nuevo latinoamericano, pero es tan reciente que igual compartimos la historia. Y bueno, incluso lo que ha pasado hace cien o mil años es un continuum del que formamos parte, lo compartimos y nos afecta. Mucho más cuando vivimos sobre la misma plataforma continental.

Qué penoso es que se nos mueran cantoras y poetas.
Es como muchas muertes en una sola, sobre todo cuando esas cantoras y esos poetas han cantado y contado de sus pueblos y de otras tantísimas muertes.

Un abrazo solidario a todos los que están llorando a la Negra.
Y dos canciones que me encantan:



viernes, 2 de octubre de 2009

Dice mi madre que las pesadillas que se tienen la madrugada del viernes, tienen que contarse para que no se hagan realidad.

Yo soñé con sicarios y persecuciones. Soñé que llegaba a casa después de sobrevivir a una persecución y mis hijos no estaban ahí. Los busqué y sólo encontré a uno. El otro había caído en un canal, me dijeron. Dijeron también que había sido un accidente, pero yo sabía bien que no era así.
Desperté porque mi niño del sueño se despertó también, con pesadillas de asesinos que lo perseguían.
Se acurrucó en la cama junto a su papá y pude volver a dormir escuchándolo respirar cerca de mí.

jueves, 1 de octubre de 2009

Quihúbo, qué...

Ayer pasé todo el día en la casa.
Ésa no es vida.
Claro que ya vienen los días en los que se antoja más que otra cosa quedarse en casa, viendo al frío quedarse del otro lado de la ventana, con una taza de café en la mano y una cobija encima.
Tuve el placer de disfrutar de esos días por primera vez el año pasado.
No sé si el antojo me dure para este año también. O deje asté el antojo... la necesidad.

Hoy debiera estar estresadísima pensando en la impartición de un curso, y los eventos deportivos de los hijos y la chingada, pero se canceló el curso y siento como que me falta mi dosis de tensión.
También me falta mi dosis de café.

Me voy a la calle.
No faltará qué hacer ni qué comprar o qué pagar.

Les dejo unos pedacitos de un documental que vi anoche (y que se me pasó ver en el cine hace algunos años) el cual recomiendo ampliamente.
Hermoso, mágico y triste.