William entendió y siguió comiendo en silencio.
A mí se me atoraron los tallarines, pero traté de que no se notara mucho y ya no seguí comiendo. Se me quitó el apetito.
- Espera, mamá. Es que ahí afuera están los primos de Ana y no me agradan. No quiero que me vean. -respondió desde el sillón de la sala, sitio ideal para ver a la calle sin ser visto.
Cinco minutos después, salió corriendo a la tienda y regresó con mi encargo.
Se escapó por un pelito, me dijo.
Luego de un rato tocaron a la puerta. Era Ana acompañada de varias chicas, muy lindas. Adolescentes todas ellas en sus treces o catorces. Le hablé a William, pero él volteó a verme con un ruego en su mirada, así que volví a la puerta y le dije a las niñas que William había amanecido muy mal de la alergia y que todavía no saldría.
Me quedé un poco preocupada por la reacción del enano, me preguntaba si le habrían hecho algo, si lo habrían molestado antes, o a lo mejor era otra cosa... así que me fui directo a preguntarle por qué no le agradaban esas chicas. Con un marcado sonrojo, me dijo:
- No es que me caigan mal, es que... son muy... son muy empalagosas. Nada más quieren estarme abrazando y dando besos y me cansan con tantos cariños. Por eso no quiero salir.
Su respuesta me hizo sonreír, le dije que esas niñas lo abrazaban porque se daban cuenta que él era un chico lindo y guapo, pero que estaba perfectamente bien que él decidiera dejarse abrazar o no.
Salí del cuarto y él siguó jugando videojuegos.
Algunos días, a la hora de la comida, me bombardean con preguntas sobre las niñas, que si por qué son así, por qué a veces juegan bien, otras veces pegan, a veces molestan y en una ocasión o dos lloran con sus amigas en el baño durante el recreo.
No les respondo mucho.
No les digo que algunas de sus preguntas no se esclarecerán fácilmente.
Tampoco les explico que, como dijo Beauvoir, no se nace mujer, se llega a serlo y en ese proceso se experimentan una y mil contradicciones.
Callo y sus preguntas me las hago yo.
¡Qué maravillosa película! Hacía mucho que no disfrutaba de una película tan sabrosa, con un guión tan ágil y bien armado.
La historia se centra en un festival de cine lationamericano de mujeres y en el jurado que realizará la selección: mujeres con compromisos artísticos, políticos, amorosos, familiares. El personaje que hace Geraldine Chaplin es divino, lleno de libertad, de desfachatez y de energía. Carmen Montejo también hace un personaje encantador, en su fortaleza y en la firmeza de sus convicciones feministas. Y por supuesto, buenísimos también, los diálogos de nueve mujeres distintas que proyectan las búsquedas y la resignificación constante del ser mujer, sin que por ello la película se convierta en un panfleto ideológico o didáctico.
Excelente comedia. La vi en algún sitio en internet en DVD a 50 pesos y he de comprarla.

No lo habría pensado yo mejor que como él lo concibió.
La parte más hermosa es que está leyendo y adentrándose en cosas que a mí me interesaba que entendiera.
Ya me lo confesó: Soy lesbiano y feminista.
