domingo, 30 de agosto de 2009

Las mujeres

El primer día de clases de este ciclo, a la hora de la comida y después de preguntarle a los talibanes cómo les había ido en la escuela, la primera respuesta que obtuve fue de William que me decía: "¡Mamá, Harry y Edith ya CASI son novios!". Miré a Harry para que me aclarara ese CASI y me contestó muy serio: "Es que ya nomás me falta preguntarle que si quiere ser mi novia, porque ya me enteré que va a decir que sí". William se notaba intrigado. "¿Y por qué no te le declaras?" le preguntó. Y Harry respondió, haciendo gala de toda la experiencia de una vida como Ladie´s Man: "Porque no quiero que nos suceda lo que a ti con tu exnovia, que decían que eran novios pero ni platicaban en el recreo, ni se sentaban a comer, ni jugaban juntos. Yo no quiero que pase eso. Me voy a esperar hasta que estemos en sexto. " William continuó cuestionándolo: "¿Y si en sexto ya no le gustas y tiene otro novio?". Harry no dudó en responder: "Pues ni modo, a lo mejor a mí en sexto ya no me gusta tampoco, pero no creo porque estoy enamorado de ella desde el primer día de cuarto grado. El otro día que estábamos chateando casi casi me le declaro, pero me aguanté porque quiero que todo salga muy bien."
William entendió y siguió comiendo en silencio.
A mí se me atoraron los tallarines, pero traté de que no se notara mucho y ya no seguí comiendo. Se me quitó el apetito.

* * * * *
-Por última vez, William, ve a la tienda y tráeme lo que te encargué - le dije/grité a William esta mañana.
- Espera, mamá. Es que ahí afuera están los primos de Ana y no me agradan. No quiero que me vean. -respondió desde el sillón de la sala, sitio ideal para ver a la calle sin ser visto.
Cinco minutos después, salió corriendo a la tienda y regresó con mi encargo.
Se escapó por un pelito, me dijo.
Luego de un rato tocaron a la puerta. Era Ana acompañada de varias chicas, muy lindas. Adolescentes todas ellas en sus treces o catorces. Le hablé a William, pero él volteó a verme con un ruego en su mirada, así que volví a la puerta y le dije a las niñas que William había amanecido muy mal de la alergia y que todavía no saldría.
Me quedé un poco preocupada por la reacción del enano, me preguntaba si le habrían hecho algo, si lo habrían molestado antes, o a lo mejor era otra cosa... así que me fui directo a preguntarle por qué no le agradaban esas chicas. Con un marcado sonrojo, me dijo:
- No es que me caigan mal, es que... son muy... son muy empalagosas. Nada más quieren estarme abrazando y dando besos y me cansan con tantos cariños. Por eso no quiero salir.
Su respuesta me hizo sonreír, le dije que esas niñas lo abrazaban porque se daban cuenta que él era un chico lindo y guapo, pero que estaba perfectamente bien que él decidiera dejarse abrazar o no.
Salí del cuarto y él siguó jugando videojuegos.

* * * * *
Son unos niños y las mujeres ya despiertan en ellos emociones, sentimientos, apegos y dudas.
Algunos días, a la hora de la comida, me bombardean con preguntas sobre las niñas, que si por qué son así, por qué a veces juegan bien, otras veces pegan, a veces molestan y en una ocasión o dos lloran con sus amigas en el baño durante el recreo.
No les respondo mucho.
No les digo que algunas de sus preguntas no se esclarecerán fácilmente.
Tampoco les explico que, como dijo Beauvoir, no se nace mujer, se llega a serlo y en ese proceso se experimentan una y mil contradicciones.
Callo y sus preguntas me las hago yo.

* * * * *
Anoche vimos por canal Once, Las caras de la luna de Guita Schyfter.
¡Qué maravillosa película! Hacía mucho que no disfrutaba de una película tan sabrosa, con un guión tan ágil y bien armado.
La historia se centra en un festival de cine lationamericano de mujeres y en el jurado que realizará la selección: mujeres con compromisos artísticos, políticos, amorosos, familiares. El personaje que hace Geraldine Chaplin es divino, lleno de libertad, de desfachatez y de energía. Carmen Montejo también hace un personaje encantador, en su fortaleza y en la firmeza de sus convicciones feministas. Y por supuesto, buenísimos también, los diálogos de nueve mujeres distintas que proyectan las búsquedas y la resignificación constante del ser mujer, sin que por ello la película se convierta en un panfleto ideológico o didáctico.
Excelente comedia. La vi en algún sitio en internet en DVD a 50 pesos y he de comprarla.

* * * * *
Fefé me acaba de hacer un regalazo: se puso a diseñarme el sitio web para el negocio.
No lo habría pensado yo mejor que como él lo concibió.
La parte más hermosa es que está leyendo y adentrándose en cosas que a mí me interesaba que entendiera.
Ya me lo confesó: Soy lesbiano y feminista.


miércoles, 26 de agosto de 2009

Lecciones de Historia

Harry pretende que le rente un bonito disfraz para participar en la representación de la Independencia.
Todavía no tiene papel.
No quiere ser el Cura Hidalgo porque su peluca es bien fea y todos los niños se burlan lo que resta del año escolar del pobre lepe, que además de cargar con lo del cura, suele ser el consentido de la maestra y ya esto es motivo suficiente de mofa y rechifla.
El problema es que no sabe quién quiere ser para la audición porque no recuerda quién estaba a la mesa de los conspiradores. Lo que es un hecho es que ya no quiere ser del pinchi pueblo otro año (¿cómo culparlo?).

Al menos sabe quién es el Cura Hidalgo.
Quién sabe qué más olvidará cuando termine la primaria, con los nuevos programas.

Chale.
* * * * *
Una vez que recogí a William del kinder, lo encontré molesto y callado. Cuando le pregunté qué le pasaba, me contestó: "¡Es que esto de la historia está bien difícil! Tengo que aprenderme los nombres de los de la independencia y son un chorro. Mira: Miguel, Hidalgo y Costilla."

A él se le disculpa porque tenía cuatro años.

El resbalón de Elba Esther es imperdonable. Lo que pasó me hace imaginar cómo viven estas personas poderosas, sin relación real con el mundo ni a través de los medios de comunicación. Si no sabes siquiera cómo se llama el virus que se ha mantenido en los titulares de México y del mundo desde hace cuatro meses, ¿cómo justificas una posición que admite o rechaza lo que todos los niños de este país deben saber?

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Me lo encontré en Milenio:

Los misteriosos orígenes de México

Como una deferencia a los exhaustos colegiales y para que no se acomplejen a tan temprana edad, la SEP contará hasta el libro de cuarto año de primaria la historia de la Conquista y la Colonia. Aquí les presentamos algunas explicaciones que podrían darle a los chiquillos avispados que pregunten sobre ese pasado de México antes de terminar el tercer grado

  • 2009-08-26•Qrr

Foto: Especial

¿De dónde venimos?
Nuestra bendita historia de México comienza con el triunfo de Vicente Fox. Antes, México estaba sumergido en la Atlántida, donde los mamuts luchaban contra Torquemada y los nahuas se enchufaban a las serpientes enchufadas; pero ese mundo quedó atrás, antes de que nos salvaran nuestros hermanos gringos, a quienes debemos obedecer e idolatrar.

Preguntas frecuentes

¿Qué rayos son los concheros?
Son desertores de caravanas de gitanos.

¿Quién jolines es Juan Diego?
Es una leyenda creada para que sepan lo que es amar a Dios en tierras que antes eran de indios.

¿Qué diantres son las pirámides de Teotihuacan?
¿Cuáles pirámides, hermano?

¡Esas!
Ah, esas… son algunas de las cien mil viviendas que este año entregó mi valiente presidente. Cuarto Informe de Gobierno.

Rafael Tonatiuh

lunes, 24 de agosto de 2009

Lunes malcocido



Ayer fuimos a efectuar la última compra previa a la entrada a clases. Sólo nos faltaban los libros de lectura que cada niño puede elegir y los zapatos negros de Harry.
La semana pasada compré los uniformes y ¡caray, que me sorprendió el crecimiento de los hijos! Y con la ida a la librería me volvió a sorprender otro tipo de crecimiento.
Esta vez no tuve que mostrarles los libros ni dar consejos de ningún tipo. Ellos llegaron directamente al área de literatura y comenzaron a buscar libros. Solos pidieron ayuda a la dependienta para preguntar si ya estaba el último de Nicolás, si tenían algo más de Goscinny, que dónde estaban los de Pescetti y que querían algo de Roald Dahl. Finalmente William salió con "Frin" de Pescetti y con "Charly y el ascensor de cristal" de Dahl. Harry se decidió por "Bituin, bituin Natacha" también de Pescetti y un libro en inglés sobre el peor jugador de un equipo de baseball que resulta ser chaparrito y flaco. No sé por qué lo habrá elegido. En la escuela sólo les pidieron uno a cada uno pero el segundo lo llevan a casa para leerlo por su cuenta.
Puede que ya no quieran mi consejo para decidir qué leer, pero espero seguir disfrutando por mucho tiempo de acompañarlos a las librerías.

En notas relacionadas...
Hoy amanecí de la chingadísima (y sí tiene que ver con el asunto anterior).
Después de las compras de ayer (¿ya ven que sí hay relación?) me fui a casa de "L" por aquello de la reunión de negocios. De las cinco horas que pasamos ahí, utilizamos media para platicar del bisnes y el resto para ponernos al día de los últimas dos semanas de nuestras vidas, que son siempre tan complejas y versátiles. Acompañamos la platicada con los alcoholes de rigor, yo con una botella de vino tinto.
No comí durante la noche y ése fue un gran gran gran error.
Llegué a la casa medio mareada y me fui a acostar. Fefé se recostó junto a mí y me dijo con su voz que es toda insinuación y coquetería: "¿Vamos a coger esta noche?". Acto seguido, me incorporé a vomitar. Espero que no se lo haya tomado de forma muy personal.
El pobre se levantó a prestarme esa clase de servicios tan necesarios para la ocasión: toalla, papel de baño, vaso de agua, ropa limpia... Cuando el trance terminó, me volví a acostar... Y luego comenzó de nuevo.
Mi marido es la neta del planeta.
Sobra explicar por qué amanecí de la rechingadísima. No sabía yo si seguía peda o estaba cruda, o una mezcla de las dos. Y todavía me faltaba forrar los libros de lectura de los niños (ahí está nuevamente la relación) para entregar el material en la escuela. Busqué el contact, las tijeras y los libros y me dispuse a la operación. Hay cosas tan simples que resultan tan ridículamente complicadas cuando se está en un estado alterado de conciencia... ¡Tardé una hora en forrar los dos libritos! para que luego William llegara y me dijera: "¿Por qué forraste Frin? Es el que voy a leer aquí. Hay que forrar el otro."
Puse mi cara de Marga López y con toda la abnegación posible forré el pinche libro.

El día ha mejorado paulatinamente: con un café, un jugo de naranja, un vaso de refresco, una cajita de leshe shocolatada y un vaso de tezcalate.
Parece que controlo al 80% mis movimientos y con ese porcentaje he puesto a funcionar la lavadora para el control de daños (tres veces la misma sobrecama).

Pregunté en Facebook qué más se puede tomar en estos casos y alguien contestó: Conciencia.
Tal vez.
A la otra voy a comer muy bien antes y durante mi ingestión etílica y esto no pasará nuevamente. Al menos no por otros cuatro años al menos.

sábado, 22 de agosto de 2009

Intermedio musical

Lucky nunca quiso aprender guitarra.
Sí, se subía encima y rascaba las cuerdas pero nunca con el sentimiento y la disciplina con que Nora lo hace:



¿Por qué no tengo una mascota talentosa que me gane muchas visitas en You Tube?

jueves, 20 de agosto de 2009

La modernidad

Uno de los retos que tenemos las Gordas Golfas para esta etapa en el mundo en el que fuimos arrojadas, es el de superar la crisis.
Reto de todos en este momento, supongo, más difícil a veces para las mujeres. (Léase sobre Feminización de la pobreza para mayor información.)

"M" acaba de ser despedida, por el más reciente recorte de personal. Divorciada y con dos hijos por los cuales ver, hay que pensar en alternativas mientras encuentra otro trabajo. Porque claro... ella tiene que ser "consciente" de la crisis, y de que su ex se volvió a casar y tiene familia que alimentar, tiene que ser consciente y no ser tan exigente, aunque los niños igual tengan que comer.
"L" no tiene tantos problemas. Cuenta con un buen puesto en una buena organización, pero siempre está el riesgo del recorte o el despido. ¿Pensar en comprar una casa o un auto? Quién sabe hasta cuándo. Y ella que ya quisiera dejar de pagar renta y mejor invertirlo en una casa propia.
"W" tiene un trabajo que le gusta, y para lo que trabaja le pagan poco. Los puestos superiores en las instancias de educación de nuestro país, los tienen los hombres. Los mandos medios se los pueden dejar sin remordimientos a las mujeres. Y son las que se avientan toda la chamba.
El problema es en su casa, con un marido educado de tal forma que piensa que dinero es igual a poder en el hogar. Cuando "W" comienza a meter más dinero en la casa, el marido se encrispa porque para él es un cambio en la toma de decisiones, en la cual resulta afectado.
"R", en proceso de divorcio y con tres hijos, divide su tiempo entre el trabajo, el cuidado de las criaturas (con lo que conlleva: estancias infantiles, encontrar transporte, ver si la abuela puede cuidarlos cuando sale tarde, llevarlos y traerlos de una casa a otra, porque no hay de otra, hay que trabajar) y el divorcio, el cual la absorbe mental y emocionalmente. El hombre no firma porque quiere la mitad de la casa, casa que ella compró y construyó con su dinero. Además el señor no quiere ascender en su trabajo -tiene la opción, por una serie de acuerdos en educación después de que terminas una carrera en la UPN- por no darle más dinero de pensión.
"A" mejor dejó de trabajar. Con dos nenes pequeños y uno que necesita que lo estén llevando a terapias, ni cómo trabajar para nomás estar pagando niñera o guardería o la gasolina para llevarlos hasta casa de su mamá. Para amolarla más, le robaron su auto hace unas semanas y el seguro les dio una baba.
De mí, qué puedo decir, dejé un trabajo ultra absorbente por el riesgo de la incertidumbre. Es cierto que no siempre tengo los cursos que me gustaría poder impartir, ni el número de ellos para estar económicamente mejor, pero al menos tengo el tiempo. Y con ese tiempo me he podido preparar más, buscarle por otros lados y darle más atención a los críos, que ahora lo necesitan más que nunca. Sin embargo, no poseo ningún tipo de seguridad... ni estoy haciendo puntos en infonavit, ni estoy ahorrando para mi retiro. Y si me tienen que operar (como me pasó) ni moyo, se me fueron dos cursos durante la convalecencia.

Así estamos muchas. Unas menos jodidas que otras. Unas más agradecidas con la vida que otras.

Y con este panorama, las Gordas Golfas hemos decidido desarrollar una alternativa:

Una Sex Shop.
Por supuesto, ¿qué más?

El domingo tenemos reunión corporativa, amenizada con deliciosos dulces de tequila y licor de miembrillo que nos trajo la muy querida "Ll" desde Guadalajara.

Los tendré al tanto, para cuando subamos la página web.

lunes, 17 de agosto de 2009

Confesión

Hago una pausa en el desarrollo de mis actividades profesionales con el propósito de abrir mi corazón.
No puedo más con esto dentro y debo confesarlo:

ME ENCANTA LAVAR ROPA

Ya estuvo. Fuera de mí. Y es que admitir esto no estan fácil para quien, como bien dice Kyra Galván, se enfrenta ante Contradicciones Ideológicas al Lavar un Plato.

Me gusta lavar ropa, aunque no siempre fue así. Mientras trabajé de siete de la mañana a tres de la tarde, lavar ropa era una dura carga que debía terminar en un tiempo determinado, por si llovía, por si se nublaba, por si estaba muy húmedo, por si hacía mucho frío...
Ahora que dispongo de mi tiempo, lavo ropa con todo el placer del mundo.
Y es que realmente hay gran placer en el hecho de dividir la ropa en montoncitos: la blanca, la oscura, la de color, la delicada, la mía, la de los niños, la clara y la muy sucia, y así jugar con todas las combinaciones posibles.
Luego hay que mover los botones de la lavadora, ciencia que también juega con las combinaciones: agua caliente-tibia-fría, nivel bajo-regular-lleno, movimiento delicado-lento-rápido, enjuague sencillo-doble, lavado delicado-remojo-prelavado-permanent press (nadie sabe qué es eso).
Elegir el jabón se presta a decisiones trascendentales: ropa oscura-ropa blanca-todo tipo de ropa-ropa delicada-ropa de los niños. Y por supuesto, decidir si para la ropa es mejor un blanqueador o un quitamanchas.
La parte anterior es la parte táctica, la que requiere el uso del intelecto, porque después de que la lavadora ha terminado su ciclo, hay que efectuar la práctica y ruda, que es tender la ropa y básicamente, la parte que más me gusta.

Yo tengo una secadora, pero habita junto con la lavadora como un inquilino que no pertenece al resto del mobiliario ni de todas las cosas que existen en mi casa. Es un inquilino de esos molestos, pero necesarios. Existe por los "por si´s..." anteriormente expuestos. Me molesta saber que gasta energía eléctrica y gas, además de emitir contaminantes al ambiente, mientras que el noble Sol está ahí como diciendo "¡Yo la seco, déjame, yo lo hago!".


A mí me gusta abrir la tapa de mi lavadora y dejar que el olor de la ropa húmeda y recién lavada lleguen a mi nariz, y que la sensación fresca de la ropa se impregne en mis manos. Luego me gusta dar un tirón a la ropa, ver cómo se extiende y así llevarla al tendedero. Prenda por prenda voy colgando, con gratitud porque tengo ropa, y mi familia también; con placer, porque mi vista, mi oído, mi olfato y mi tacto participan en este ejercicio; con júbilo, porque los colores de la ropa me envían toda clase de vibraciones; y con emoción, por saber que esa pequeña actividad forma parte de una larga cadena que se completa cuando veo a mis niños, guapos y limpios, o cuando Fefé llega a casa y lo abrazo y todavía se desprende de él y de la ropa ese fino olor del agua.


Me gusta lavar ropa.

Doblarla... ése es otro cantar.
(Pero para eso tengo marido y tengo hijos, faltaba más).

jueves, 13 de agosto de 2009

De mis días en el modelaje

Porque así soy de versátil, alguna vez fui modelo.
De manos.
Y no fue tan sencillo para alguien cuya relación entre uñas y dientes comenzó a temprana edad y amenazaba con no terminar tan fácilmente.

Desde que recuerdo me comía las uñas.
Onicofagia es el nombre de este hábito y no había nada que mi madre no hubiera probado para quitármelo. Yo también había intentado hacer uso de mi fuerza de voluntad, pero era insuficiente.
Llegué a mis quince primaveras sin gozar de la satisfacción de ver pintadas mis uñas con los esmaltes robados a mi madre o a mi hermana mayor. Eso fue hasta que tuve un novio que un día me dijo: Tienes manos muy bonitas. Se te verían muy bien con las uñas largas.
Esa frase logró lo que ni mi mamá ni yo habíamos conseguido en años y me di cuenta de tres cosas muy importantes:
1. Había algo bonito en mí.
2. La vanidad es un arma poderosa.
3. Un novio que se fija en el largo de tus uñas, no puede estar bien (en esa época desconocíamos la palabra "metrosexual"). ¡Al cabrón con él!
De la noche a la mañana dejé de comerme las uñas y ellas comenzaron a crecer sanas, fuertes y ansiosas de libertad.

Un par de años después de eso mi hermana estuvo trabajando para el departamento de mercadotecnia de una agencia de autos y creó una campaña centrada en frases relacionadas con las manos (cuidado, compromiso, etc.).
Las manos de la publicidad eran las mías. Dos días estuve posando en diferentes posiciones para la campaña.
Fueron días de fama y gloria, que por fortuna dejé, porque en el mundillo del modelaje de manos la competencia es encarnecida y las mujeres son malas, muy malas (hay un cuento de Hitchcock que lo confirma). Además la vanidad es cosa buena, en pequeñas dosis.


martes, 11 de agosto de 2009

Aniversario

El pasado 6 de agosto, mientras yo me encontraba haciendo esto:


... Quécenópancho llegó a los cinco años de edad, así solito y sin fiesta.

¿Qué son cinco años en tiempo blog? ¿Será ya la mayoría de edad o estará en pleno decaimiento?
No lo sé. Seguramente hay cifras y estadísticas, pero carezco de la energía para averiguarlo.
En cambio sé lo que significan cinco años en tiempo humano. O al menos lo que los últimos cinco años han significado para mí.
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Antes peda que emotiva.

Voy a festejar.

lunes, 10 de agosto de 2009

El San Lunes...

...es más cabrón si recién regresas de vacaciones y no querías volver.
¿Quién querría? Las camas de ese hotel son mejores que las mías; el calor es paliable; el uso de cierta ropa es una opción, no una obligación; el reloj es un artículo superfluo y todo lo que se necesita para disfrutar del día, cabe en una bolsita. También es opcional la bolsita, porque el libro se puede traer en la mano.

Hubo una vez, hace un montón de años, en que el bloqueador solar era un desconocido. También los googles. Uno se hundía en el agua a ver los peces que las olas traían sin sentir los ojos ardiendo. La piel roja era señal de buena salud. No existían marejadas ni tsunamis ni banderas que avisaran que en la playa había aguamalas. Las aguamalas eran parte de la experiencia.
Algunas cosas han cambiado.
Otras permanecen.

Quién sabe qué es lo que tiene el mar que nos atrae irremediablemente.
¿Metáfora del útero? ¿Materia primigenia?
No sé, pero es un absoluto.
Es inútil decir "Nomás me voy a mojar los pies".
No se puede porque apenas tus pies tocan el agua, el cuerpo entero se arroja al mar antes de que tu cabeza se dé cuenta que tienes sal y arena en lugares que ni siquiera acostumbras nombrar.

Los niños y el mar...
Ya Rainer Maria Rilke lo ha dicho. ¿Qué caso tiene explicar?

Y ahora, con algunos granos de arena aun en las sandalias y las maletas (y en el ombligo) nos preparamos para entrar de lleno a otro océano. Pero si Neruda de la oscuridad recoge sombras, yo también recogí mar para mucho tiempo.

domingo, 9 de agosto de 2009