viernes, 29 de mayo de 2009

Por eso no voy al médico

Llega una con su honesto y humilde temor, después de no dormir varias noches pensando en el historial familiar, haciendo un recuento de los cánceres... ¿para qué? Para que el médico diga: "No, mija (condescendiente el hombre), usted no tiene nada en los senos (no se necesitan tantos diplomas para saber eso), felicidades. Peeeeero... tiene un tumor en el útero. ¡Y grandote!"

Según mi carnala de todos modos debería ir con su médico por una segunda opinión, pero yo no estoy para que me vuelvan a toquetear y sin cobrar. Además este doctor se ganó mi confianza cuando dijo: "¿Así que 33 años, eh? ¡Pues dónde se los guarda que ni se le notan!".

Para demostrar experiencia y profesionalismo, sólo hace falta una frase.

Espero que tengan wireless en el hospital.

jueves, 28 de mayo de 2009

Overachievers

William encuentra sumamente útil el Youtube.
Primero lo utilizó para imitar trucos de magia, luego para subir sus videos en stop motion y ahora para aprender a tocar el piano.
Yo sigo usándolo para ver videos de Moy Moy Palaboy (es que son tan graciosos) y para subir videos de mis golfas borrachas.
* * * * *
Si alguien pensaba que Harry jamás encabezaría algo digno de prestigio en su escuela, déjenme decirles que el infante acaba de fundar la Liga Escolar Antifútbol, cuyas actividades en un principio consistían en quedarse solo dando vueltas por el patio mientras los demás niños jugaban en las canchas, pero desde que fue ganando adeptos, ya realizan actos de rebelión cuasi-terroristas, como lanzar los balones a los patios de las casas vecinas.
Y yo, ante eso, me pongo de pie y me quito el sombrero.
* * * * *
De los cuatro trabajos finales que tengo, sólo me preocupa uno, el que acabo de entregar hoy. Es un análisis de literatura que nunca había trabajado antes y pienso que quedó bastante aceptable, considerando que no tengo formación en el área de Letras.
Sin embargo, me quedé preocupada después de la entrega: fui la única ñoña en entregar el trabajo engargolado. A mí me entregan una cosa así y yo repruebo de entrada al o la nerd. Y además le aviento con él del lado del resorte. No sé qué estaba pensando.
El profesor se quedó viendo por unos segundos mi trabajo y luego por otros más a mí, luego ya no supe porque corrí a llorar a mi banca con la cara entre los brazos y el cabello sobre mi rostro, humedeciéndose por las lágrimas.
Luego me puse a justificar mentalmente lo del engargolado, pero la verdad es que no tengo excusa.

viernes, 22 de mayo de 2009

Hay cosas peores que la influenza

Como el gel antibacterial, pensaba hoy después de la llamada que recibí de la escuela de los niños, avisándome que Harry se había resbalado con el gel que les ponen en las manos cada mañana. Pensé lo mismo en el hospital, en Rayos equis y en el consultorio. Seguí pensándolo mientras hacía un recuento de las veces que Harry había ido al médico en los últimos seis años y las veces que había ingresado a urgencias. Cero contra... he perdido la cuenta. Para equilibrar el hecho de que no se enferma, el cosmos le envía los accidentes más extraños.

Todo salió bien. De la caída le quedó un chichón en la frente y en mí el deseo incontrolable de demandar a las compañías que elaboran el gel.
Hasta que llegó William y me contó la verdadera historia que se resume básicamente en que Harry estaba jugando luchas con un amigo, y su amigo lo tiró al suelo, y como no fue intencional el golpe, Harry no le dijo nada a la directora e inventó la versión del gel.
Los perdono, entonces.

A la hora de la comida se habló largo y tendido sobre el asunto de los juegos bruscos y la seguridad personal.
-- ¿Qué mensaje aparece en la pantalla cuando empiezan las luchas, Harry? Preguntó el papá.
-- Pues algo así como "No intentar esto en casa".
-- ¿Ya ves? Por algo lo ponen.
-- Peee... pero...¡Estábamos en la escuela!



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En otras noticias...

Después de dos semanas de recibir misivas como éstas:
HOLA, RECIBA UN CORDIAL SALUDODESGRACIADAMENTE LOS CIGARROS POPULAR ANDAN ESCASOS EN TODOS LADOS, ASI QUE EN CUANTO LLEGUE EL PRODUCTO A NUESTRAS BODEGAS LE HARE LLEGAR OTRO CORREO CON LA INFORMACION SOLICITADA, SIN MAS POR EL MOMENTO AGRADECIENDO SU ATENCION, ME DESPIDO.
o
Agradezco su correo, efectivamente el Popular Light (azul) salió del mercado, al menos en México, y fue sustituido por el Popular Dorado. El motivo fue por una mejora de sabor y combustión del tabaco. Yo los comercializo en el estado de veracruz en su mayoría. Si usted gusta puedo ofrecerle el paquete de 10 cajetillas de Popular Dorado en $250 más flete de $80 hasta por 10 paquetes. Cualquier otra duda estoy a sus órdenes.
... di con un distribuidor que bajo la promesa de vender su producto en mi expendio (me voy a condenar) me mandó dos paquetes de Popular Dorado, o sea, 20 cajetillas.

It´s not quite the same. Está suavecito como el otro, pero se interpone entre mi gusto y el cigarro, el sabor del tabaco rubio. Ni moyo. Es un buen placebo y no pega en la garganta. Puedo aprender a disfrutarlo.

lunes, 18 de mayo de 2009

Sí me sirve la vida que es vida hasta morirse

A mi cuenta de correos llegan cada día un aproximado de 20 ó 30 mails diarios, contando los que me llegan de sitios a los que me he suscrito, los que llegan al facebook, los correos-cadena, unos cuantos de mis gordas y uno que otro que se cuela. Cada día realizo una limpia a mi bandeja de entrada: los que se van, los que se quedan, los que van en esta carpeta, los que tengo que contestar, los que guardo para más tarde. Mi bandeja de entrada está limpia y organizada pero tiene dos inquilinos permanentes, ambos provenientes de Fefé y representan dos fechas muy importantes en nuestra vida juntos. Ésos no se van a ningún lado. No están ahí sólo para poderlos leer en cualquier momento. Están ahí porque en mi nido de inseguridades, la presencia de esos humildes bytes se convierten en reafirmación de confianzas, en renovación de fe.

Fefé no dice mucho en esos correos. O bueno, sí dice, pero a través de alguien más. El primero de ellos contiene Táctica y Estrategia, poema que nos trae el recuerdo de un llaverito vulgar, con la imagen vulgar de una pareja caminando por una playa rojiza. Fue diseñado para tirarlo a la basura pero al reverso estaba impreso ese poema, así que anduvimos un rato por la vida en compañía del llaverito, hasta que las palabras terminaron por borrarse, no así el recuerdo de esos primeros días, cuando había tanto que nos queríamos decir y nos faltaban palabras. El señor Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno Benedetti Farugia se convirtió, junto con muchos otros, en nuestro interlocutor.

El segundo mail contiene Me sirve y no me sirve, con un twist que agregó Fefé al final:

me sirve tu sendero compañera
si me sirven tus ensueños
tus suspiros húmedos
si me sirve

si me sirve tu lucha
por la vida
me sirve tus ojos con su luna

me sirve la noche, Dios, la tierra
el Sol, la lluvia,
la vida,
si la vive al lado de la mía
compañera.
Empecé esta entrada pensando en Fefé y en Shelle, y en algunos más que he leído y que se encuentran sumidos en el desconcierto de esas muertes que no deberían ser. Me sentía a salvo de ese desconsuelo. Pero apenas releí los dos correos, se me vinieron tantas cosas encima: las horas interminables del café, las canciones y los amigos, los encuentros sin citas, las caminatas a las dos de la mañana, Tierra Luna y Lalo, El lado oscuro del corazón con Fefé a un lado y sin saberlo, luego en el cine y ya con mi mano en la suya, mis alumnos cantando Te quiero, Harry cantando Yo no te pido, una historieta que guardo con cariño aunque no sea mía y cada poema que envié cada día la última vez que Fefé no estuvo aquí.

Hay sucesos o personas que atraviesan nuestra vida. Se nos olvidan.
Hay sucesos o personas que son un hilo que atraviesan y unen los pedazos de nuestra vida.
Se quedan, deveras se quedan.

jueves, 14 de mayo de 2009

Verdad o reto

No podía existir un momento mejor para la entrada del Verdad o Reto en la vida de un niño de diez años, que éstos que estamos viviendo, con las maestras con tapabocas, termómetros y geles antibacteriales a la mano.

Se llega la hora del recreo y en algún sitio escondido del patio, niños y niñas se reúnen para el juego. Apenas se puede creer que los niños que están ahí sentados sean los mismos que un par de semanas antes pasaban los recreos jugando futbol y burlándose de las niñas. Pero ahora están ahí, sentados como iguales, con el corazón en la boca esperando que se acabe la Verdad y empiecen los retos, porque ¿qué tantas verdades se pueden tener a los diez años? Se agotan lo suficientemente pronto para que la mejor parte del juego empiece.
Gritar “¡Estoy loco!”, decirle una grosería a alguien que está pasando, robarle una paleta a aquel niño. También los retos acaban pronto porque en realidad el que están esperando, da para mucho más.

Imagino a William sentado en el suelo con la piernas cruzadas, manteniendo la calma mientras se lleva una mano a la boca y juguetea con sus uñas. No dice mucho ni interrumpe porque no quiere que el momento se retrase más. Al mismo tiempo que la tensión crece en el pequeño grupo, aumenta la sensación de complicidad nacida del riesgo: el de la suspensión o el de un contagio de influenza.

La parte más interesante del juego empieza junto con los cuchicheos y los grititos de resistencia, aunque después de un par de pruebas, los besos se regalan como frutas, como dulces o como flores.
Después del timbre todos vuelven al salón con el estómago todavía agitado de tanta emoción.

A la hora de la salida los espero afuera de la escuela y veo a William aproximarse con los labios apretando una sonrisa. Se ve que guarda un secreto y lo envuelve como un regalo precioso que no planea compartir. Guarda un secreto pero de poco sirve la cautela cuando se tiene a Harry de hermano menor.
- ¡Mamá! ¡Unas niñas estaban besando a William en el recreo!
- ¡Cállate!

Yo no digo nada. Sólo espero y no tengo que hacerlo por mucho tiempo cuando William comienza a contarme, con las palabras volando de su boca, cómo fue que jugaron, quién lo besó, quién no quiso besarlo y quién lo hizo después por gusto y no por obligación.

Mientras escribía esto, me asomé a la calle y vi a dos muchachitas de secundaria platicando con él. Minutos después llegó una camioneta repleta de niñas en uniforme deportivo. La conductora-mamá se bajó de la camioneta y pidió mi autorización para llevar a William a jugar con las niñas, pues ellas deseaban que él las acompañara en su festejo (le ganaron a uno de los mejores equipos de su categoría en un torneo de futbol). William volteó a verme. “¿Sí?” Sí, le contesté. Se sentó entre sus amigas de inmediato y se despidió, no de mí, sino de las chicas de secundaria que dejó afuera de la casa.

Yo tenía un final para este texto pero una opresión en el pecho me impide terminar. No quiero interpretar qué es. Esperaré a que sea la hora de recogerlo y que me platique cómo le fue. Y tal vez ni entonces quiera saberlo y simplemente me siente a embobarme con su charla repleta de asombros y descubrimientos.

* * * * *
- Y a ti, Harry ¿alguna niña te ha besado?
-Déjame contar... ¡Uy! Han sido tantas, que no me acuerdo.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Retomando

Salir de la ciudad me implica un desbalance espacial y temporal del que me cuesta recuperarme. Pero aquí estoy.

¿Qué se puede contar de un viaje relámpago?
Un día de viaje, un día de visita en Denver, medio día de viaje, un rato de visita en Santa Fe, unas horas de viaje, descanso, comida y compras en El Paso y se acabó.
Parece muy poco y no es así. He aprendido a disfrutar cada instante de cada viaje. La frase aquélla de que el viaje no es el destino, o algo por el estilo, es de una verdad irrefutable y aunque la admitía como cierta, no es hasta hace muy poco que me parece que empiezo a vivirla.

Los hijos hacen los viajes cada vez más placenteros (especialmente cuando duermen) y la pasé divertidísima peleando con William a causa de un elogio que hice a la capacidad de Harry de disfrutar del viaje y del paisaje. William reaccionó dejándome de hablar, indicándome que ni me molestara en hablarle y que si yo fuera una madre justa querría a sus dos hijos por igual, aunque luego corrigió y dijo que si yo fuera una madre justa querría más al primogénito. Con Harry también tuve algunas desavenencias sobre todo cuando me dijo que no había visto el venado que le señalé en la carretera porque él sí vivía en el mundo real y no en el mágico mundo de mi imaginación.
Ni hablar. Nuestras cada vez más frecuentes diferencias resultan entretenidas y deliciosas.
Y ni qué decir de las charlas con Fefé en la carretera que en realidad son pocas (el paisaje nos absorbe) pero sustanciosas.
Fue un viajecito placentero, con visitas a parques y un acuario, con accidentes (no nuestros) en la carretera, con el shopping de rigor.
Festejamos el día de la madre en Santa Fe pero mi regalo llegó al día siguiente: la cuarta temporada de Northern Exposure de parte de Fefé, Thud me lo compró William y una libretita Moleskine que eligió Harry.

Ahora a dejar de soñar un rato con vacaciones, es el mes de los trabajos finales en la maestría.

Trivia: ¿Cuántas veces escribí la palabra "viaje" en este post?

miércoles, 6 de mayo de 2009

Retazos

* Sigo soñando con cada pendejada...

* Tengo que ir a entregar mi permiso a Juárez. ¿Iremos a Denver? Angurria.

* Estoy leyendo un libro, adjetivado ad nauseam (si un día abuso de los adjetivos, avísenme)...

* ... pero gracias al libro acabo de darme cuenta que he vivido en el engaño. Yo había utilizado la palabra "angurria" para esa mezcla de angustia con diarrea que provoca la incertidumbre y no es así. Angurria significa: . 1. coloquial. Amér. Deseo de comer incontrolado: después de una semana de dieta, la angurria no lo dejaba dormir; (fig) la besuqueaba con la angurria que pone para manotear el queso y el maní. 2. Amér. Afán de poseer muchas riquezas por el solo placer de atesorarlas sin compartirlas con nadie: sí, esa hipotética interlocutora era dueña de poderes quizás capaces de calmar su angurria por adquirir más y más.
Lo bueno es que puedo seguir utilizando la acepción número 1. Se adapta a situaciones varias en mi vida.

* Tengo que ir a entregar mi permiso a Juárez. ¿Iremos a Denver? Angustia.

* Me pusieron los brackets que me faltaban y ahora cuando voy en el carro acompañando a Eugenia León con que si eso es escandoloso es más vergozoso no saber amar... me sale algo como que zhi ezhto ezh ezhcandalozho, ezh mázh vergonzhozho, no zhaber aaaaamaaar... y además escupo para todos lados. Soy un foco de infección.

* He caído tan bajo.
No he necesitado fumar estos días. Nunca fumo entre semana. Mi cuerpo asocia cigarros con compas y salida nocturna de fin de semana, pero mis manos están acostumbradas a tocar la cajetilla cada vez que hurgo en mi bolsa por las llaves o la agenda y el vacío que existe me pone triste, triste (como a William cuando le doy de comer brócoli y se pone triste, triste). El problema fue que hoy me asomé al bote de basura de mi oficinita y me di cuenta que nadie lo había vaciado y luego recordé que recientemente eché una cajetilla vacía con un cigarro a medio fumar. Pues me eché un clavado en el bote con todo y que había una cáscara de plátano de esas bien hediondas entre la basura. Me valió madre. Encontré la cajetilla y ahora mis manos y mi bolsa sienten de nuevo esa presencia cálida y aromática en su interior.
Soy de lo peor.

* Mañana reanudo clases. ¿Les dije que llevo dos diececillos en mi clase de Literatura? Jijijiji. Se siente lindo y Fefé me va a dar algo especial por esmerarme tanto en la escuela. ¿Qué será?

martes, 5 de mayo de 2009

No debe uno dejarse ganar por el "sólo cinco minutos más". Cinco no son nunca cinco, son hasta veinte minutos de un sueño no merecido y por lo mismo, mal dormido.
Tanto puede pasar en veinte minutos... como que te creas despierto, te levantes y descubras que no hay café mientras en la amargura del descubrimiento te sorprenda observar que sobre las ventanas de la sala cuelgan y se agitan cortinas de bugambilias. Hay más gente en la sala de tu casa, se murmura un primo enfermo, y todavía hace falta café. Alguien te lleva a conseguirlo y en el camino un auto a toda velocidad se cruza en la calle. Ahí va Pancho Vega con su mujer, huyendo.
El despertar se convierte en sueño del que no se termina nunca de soñar.
Sigo sin café y El lugar sin límites sigue esperando sobre mi buró.

No vuelvo a dormir otros cinco minutos.

domingo, 3 de mayo de 2009

Bonita la hora en que se les ocurrió a los proveedores de cigarrillos cubanos, dejar de surtir en los negocios locales, con toda la paranoia, mis compulsiones y la cuarentena.

Todo fue tan paulatino que de alguna manera me fui haciendo a la idea de que este día llegaría en forma irremediable.
Primero fue Casa Arias, luego la gasolinera, después Sanborns de la Ortiz Mena y la semana antepasada, entre convulsiones y fiebres, compré las últimas dos cajetillas apachurradas y lastimadas, del Sanborns de Plaza del Sol.
No me quedaba un solo cigarrillo y lo único que me impulsó a salir a la calle anoche, fue la esperanza de encontrar esa cajetilla que no compré en el local de la otra gasolinera.
No hubo tal. Alguien más la compró y yo me tuve que conformar con... con nada en realidad porque aunque lo he intentado, ninguna marca de cigarrillos puede sustituir a mis Populares.
Pasé la noche en buena compañía pero con la sombra, no de la cruda de la noche anterior como se podía suponer, sino de la ausencia de cigarros en mi bolsa.

Supongo que tengo que declararme adicta. Tengo necesidad de saberme con una cajetilla en la bolsa aunque no fume por días o semanas.

Estoy triste y esta cuarentena ociosa se hará más lenta, insípida y desmigajada.
La opción que me queda es dejarme ir hacia otras compulsiones, menos sanas, más obsesas:
Cortázar y Donoso, el Manú y la Manuela; la búsqueda de citas para conformar un ensayo sin dejar que el ensayo pierda el camino por culpa de las citas; la lectura escrupulosa de Habermas para ver si ahora si le entiendo a un libro, que es otro compendio de citas y fuentes; el cine actual y ver Synecdoche N.Y. para luego brincar a Eco y tratar de conjuntarlo todo para un solo trabajo final.

No me resigno.