jueves, 26 de febrero de 2009

El zapato de Agustín se lo puso el Chapulín...

No iba a escribir nada hoy. Fue un día ultrapesado con el show de terminar las 200 páginas que me restaban de La Casa Verde para el examen de hoy, además de prepararme para la exposición de Literatura, poner a los niños a estudiar, preparar la ropa para la tarde y acompañar a los hijos al concurso.
Sólo pude estar durante la participación de Harry pues William tenía el último turno para su presentación y yo tenía que estar en la fac. Fefé me relevó en las obligaciones materpaternales y yo me lancé a mi exposición.
Me fue muy bien en la citada, por cierto y además narré todita la historia de Bonifacia en el examen, creo que no equivoqué ningún dato, pero esto no es lo importante, no no no, lo importante del día de hoy es que saliendo del examen fui a encontrarme con mis hombres y ¿qué creen?... ¿qué creen?...

Pues que no tengo un hijo ganador de concurso.

¡TENGO DOS!

Yo ya les había dicho que me valía madre si ganaban algún lugar o no, que el proceso por el que pasaron para hacer su trabajo y el pararse frente a los jueces y el público era lo importante y aunque había leído sus cuentos y yo sabía que eran buenos, había muchos participantes, así que no esperábamos nada.
Qué bonito es no esperar y que te den una noticia como ésta, que los hijos van a representar a la escuela en la siguiente etapa.

Fefé me contó que Harry no dejaba de dar saltitos de lo feliz que estaba y que la presentación de William había sido estupenda, que se transformó frente a la gente.
Yo vi la presentación de Harry. El chaparrito se veía precioso contando su historia y justificándola, haciendo malabares con sus copias pero sin perder el estilo ni la entonación.

Yo no iba a escribir nada hoy pero no me pude aguantar.
Espero que ustedes aguanten estos exabruptos maternos.

¡Diana diana con chin chin!

miércoles, 25 de febrero de 2009

Yo pensaba que todas las mamáes (o mamases) éramos iguales.
Ora resulta que no, que yo soy una mamá "insistente" en contraposición a la forma de ser de las otras mamaes (o mamases) que son "liberales" y "democráticas". O sea que lo de insistente fue nomás para no decirme dictadora.
Y es que en eso de ser mamá yo comencé casi al mismo tiempo que ser maestra.

De alguna manera, como maestra, tienes que insistir, estar insistiendo si quieres que los engendros aprendan. También insistir cuando sabes que en esa criatura de cabellos lacios y ropa oscura, hay algo más que la negatividad que otros maestros suponen, hay decepción porque hemos fallado, todo el sistema les ha fallado, pero también hay resiliencia y seguramente una gran inteligencia.
Recuerdo algunos casos de resistencia pacífica. Por ejemplo, Arturo, agarrado con manos y pies del marco de la puerta: "¡Nooooooooooooooo! ¡Yo no quiero participar en el Fooooooooroooooooo!", resistencia que no sirvió de nada porque de todos modos me lo llevé y regresó feliz, satisfecho y dispuesto a participar el siguiente año porque había sido una experiencia maravillosa y había conocido muchas niñas lindas y hasta sus teléfonos había conseguido.
Otro caso fue El Gato. Pasó de ser "El Gato", el niño callado con quien todos hacían lo que se les daba la gana, a Su Majestad el Gato (para no confundir con la realeza del otro salón que ya tenía a José, Su Alteza Serenísima -y así firmaba los exámenes-) después de que lo arrastré a un concurso de ortografía en donde obtuvo un segundo lugar.

A mí me hubiera gustado tener maestros insistentes.
Qué insistentes... yo no necesitaba tanto, una señal cualquiera y yo no me habría hecho del rogar, me habría lanzado de inmediato si hubiera sabido que había alguien que intuía que yo tenía alguna habilidad, me habría lanzado con tal de ver para qué chingados era yo buena.

"Si no quiere participar, yo no la obligo, es su decisión." Decía una de las mamáses de ayer.
Estoy más que de acuerdo en que los niños deben ir tomando decisiones cada vez más importantes a medida que crecen y por supuesto, no siempre serán las decisiones que yo crea correctas. Y por esa misma razón, soy insistente.
Si creo que una opción que se les presenta los va a ayudar a crecer, a madurar, a desarrollar aspectos de su personalidad, a desarrollar habilidades, a descubrir gusto y aficiones, a encontrar en sí mismos una mayor satisfacción personal y a generar una mejor autoestima, pues lo siento pero insistiré hasta donde sea posible.
Debo admitir que no siempre mi insistencia funciona pues los hijos han desarrollado argumentos. Y me da gusto que así sea.

Harry y William participan mañana en un concurso de lectura y escritura. Para llegar hasta la primera etapa han tenido que leer mucho y escribir también. La primera parte fue fácil. Les gusta tanto ir a comprar libros y leerlos como ir al cine. La segunda requirió más trabajo, borradores, correcciones pero también salió. La tercera es una exposición frente a jueces y público.
Harry estuvo ensayando ayer su presentación y le sale muy bien. Sabe improvisar, utilizar un lenguaje adecuado y mover su cuerpo con naturalidad.
William me dijo que ya no quería participar porque le provocaba nervios hablar frente a la gente. Tuve que recordarle de aquella participación en un concierto en el cual no quería salir y al final le aplaudieron mucho, recordarle también cómo sacó del apuro a la maestra para que alguien dirigiera un saludo a la bandera y cómo fue un hitazo como Ebenezer Scrooge en la obra de navidad. Y también le dije que el mismo día que él tiene el concurso, yo tengo que exponer en mi clase de Literatura y también tengo nervios.
Fue suficiente. No tuve que insistir tanto, pero seguramente de no haber tenido las experiencias anteriores, no se habría decidido a participar en ésta.
No es mi objetivo que ganen premios o se luzcan, mi objetivo es que ganen seguridad y pierdan esos miedos que al menos a mí me afectaron durísimo mientras crecía y que fue tan difícil vencer ya que fui una adulta.

La verdad espero que mi estrategia no me falle.

lunes, 23 de febrero de 2009

¿Les había contado que Harry ya domina el arte de abrocharse los tenis?

Échenle un ojo...

Noten el nudo gordiano:


Y sólo nos tomó tres horas de tenerlo encerrado en mi cuarto con la advertencia-indicaciónpedagógica de "De aquí no sales hasta que no te abroches los zapatos".
Todavía le dedica cinco minutos a cada teni pero ahí la llevamos.

sábado, 21 de febrero de 2009

Esta mañana salió una mujer de su casa con su dentadura completa y regresó con un molar menos.
Fue fácil.
Audífonos puestos con todo el volumen, riéndome por dentro escuchando a Les Luthiers y los ojos cerrados para no ver la cara distorsionada de la doctora mientras hacía gala de toda su fuerza para obtener mi muela.
Y heme aquí, con la mitad de la cara dormida y acartonada. Qué cosa tan fea es poner un poco de brillo en unos labios que no sienten nada.

Sólo me quitaron una muela, la semana que entra la otra y en dos semanas más, la tercera. Después de eso los brackets y a recuperar mi sonrisa. Luego una rinoplastia, la lipo, estirarme un poco la piel del rostro (mi familia padece de exceso de epidermis -podría donarlo a Michou y Mao para no verme tan superficial-), implante de senos para dejar de usar corpiños de la Sirenita y a ver qué más se me ofrece por el camino.

Dicen que en el camino de la vanidad no hay regreso, que la gente se vuelve adicta a las operaciones y tratamientos cosméticos. Tengo una amiga a la que nomás le falta que le depilen la cabeza porque ya no tiene pelo en ningún otro lado más.

La verdad yo sólo espero con todo esto que me dejen de doler las quijadas. Y ya.

* * * * *
Anoche fuimos al teatro.









Las fotos no son mías ni de mi súperfregona cámara, que no tengo. No pudimos tomar fotos desde el culo del teatro donde nos tocó sentarnos.

Siempre un placer ver a Daniel Jiménez Cacho, con ese cuerpecito suyo, mmmm, ya recuperado de lo que tuvo que engordar para Arráncame la vida. Por supuesto también por su actuación, que no le robó ningún mérito a la de Diego Luna. Bueno sí, porque si eres un actor rechingón y no eres el protagonista, la capacidad de seguir actuando excelentemente bien sin opacar al otro, te vuelve a poner en el lugar de un chinguetas. O sea, haga lo que haga este señor, es un chingón. La señorita Azuela, qué bárbara, se me hace que sí se toma las anfetas para conseguir dar dos funciones diarias al ritmo de su personaje. Brutal la chica.

Luego Girls´night out, o lo que quedó de la noche porque salimos retetarde de la función.

* * * * *

Anoche hice con mis amigas cosas que rebasan los límites de la amistad entre mujeres. Un premio a quien adivine qué fue.

* * * * *

Y qué bueno que hice esto ayer, siquierita tengo el recuerdo del cóctel emocional de la función, las cervezas heladas de después, la música del bar y el sueño profundo y entrepiernado de la noche, para aguantar el fastidio de mis labios a medio mover. Y lo que le sigue.


jueves, 19 de febrero de 2009

Pa su mecha...

.. qué de visitas a la farmacia.


Hay semanas así.

Fefé anduvo con resfriado, una muela dándole lata y fiebre.
William tiene salmonellosis.
Harry ya empezó su tratamiento (a prueba).

Fefé ya anda de maravilla. En realidad las enfermedades no le pegan seguido, pero cuando le dan le dan (a mí también, cuando me dan me dan... jo). Fefé podrá ser un hermoso hombre moderno pero cuando se trata de enfermedades es un cavernícola que difícilmente admite el dolor. Además le funciona muy suave la adrenalina, apenas le duele algo le da risa. Eso es bueno. Es suficiente con dos hijos. No me gustaría un tercero.

El tratamiento de William se alargó, nomás sería una semana con antibióticos pero recayó y le cambiaron las pastillas por unas más poderosas. Se ve mejor esta mañana.

Harry empezó el tratamiento de ritalín, pese a nuestras reticencias. Tenía que darle la oportunidad. El periodo de prueba será de tres meses. Empezamos con un cuarto de pastilla hasta llegar a la pastilla completa y luego nos regresamos. Al parecer con 3/4 de pastilla le es suficiente.
De ser el niño que no terminaba los trabajos de clase, ahora es de los primeros tres niños en terminar. De dedicarle cuatro horas a las tareas por andar papando moscas, las termina en una hora y con poemas memorizados, en inglés.
Está muy motivado. Su letra ha mejorado. Hace unos días me costó trabajo no llorar cuando vi su cuaderno con las letras derechitas y sobre el renglón. Se siente muy satisfecho con sus logros. Pero las matemáticas nomás no. Ahí vamos a necesitar apoyo externo porque no logramos desentrañar el significado de las instrucciones de su libro de texto.


Yo fui al dentista ayer. Resulta que no tengo una muela del juicio chingando. Tengo tres.
Mañana me iban a quitar dos. Pero mañana después del teatro tenemos Ladies´ Night Out en un lugar de reputación dudosa y con una gasa metida en la boca no iba yo a poder gritar, cantar, pistear o fumar.
Cambié la cita y sé que entre más tiempo pasa más maricona me vuelvo. Y no me ayuda en lo absoluto andar leyendo en internet las terroríficas experiencias de gente a la que le quitaron las muelas y se volvieron impotentes. O cosas así. No puedo evitarlo. Mi morbo es mayor.
Lo que más más más más pánico me provoca de todo esto, no es el arma utilizada para sacar mis muelas, ni la sangre, ni el sabor metálico en la boca. Es el algodón.
La única vez que permití que un dentista hurgara dentro de mi cavidad bucal, no pude tener la motita de algodón metida en la boca por más de cinco minutos.
¿Qué va a ser de mí ahora?

¡Ahhh... porque no saben lo más chido!... después de las muelas, me van a poner brackets.
Pinche viejorrona de 32 años, casi 33, con brackets. Yo ésos los quise en secundaria, cuando era muy nice traer metales y ligas en la boca. Pero entonces no tenía la mordida toda descuadrada.

Después de vejez, viruela.

Prometo poner fotos de mi sonrisa.

Mientras tanto, ésta les podrá ir dando una idea de lo que van a ver de mí en los próximos meses:


lunes, 16 de febrero de 2009

No soy una persona de andar abrazando bebés.
Seguramente se lee tan mal como se escucha pero ni modo de andar contando mentiras.
Y debe leerse más mal debido a que viene de una mujer con dos hijos que alguna vez fueron bebés.
Yo agradezco enormemente todos los abrazos que mis amigos regalaron a los enanos cuando eran pequeñitos, pues lo hicieron desinteresada y sinceramente.
No suelo cargar a los bebés de mis amigas y ojalá no se hayan dado cuenta de este defecto que tengo de fabricación.
Mi relación con ellos empieza ya cuando tienen un año o dos, ya que nos hemos tratado y conocido lo suficiente como para aceptarnos con nuestros mutuos defectos.
El amor maternal lo concibo como el resultado de un proceso de conocimiento entre madre e hijo y no como un don que se nos dé por el simple hecho de tener útero.
Claro, hay mujeres muy idealistas que quieren al productín apenas salido de sus dentros, seguramente porque sintieron que lo conocían desde que vieron la primera sonografía. Hay otras mujeres, más racionalistas, cuyo amor se desarrolla con el tiempo y la relación. Pertenezco al segundo grupo.
Creo.
Porque todavía no entiendo cómo es que esta tarde me puse a llorar sin consuelo por el deseo de abrazar a una nenita que acaba de nacer y que se encuentra del otro lado del mundo.

sábado, 14 de febrero de 2009

Ecos de San Valentín

Hace una semana Harry compró un perro de peluche y una paleta de chocolate para una niña de su salón. El peluche lo guardó en su cuarto y la paleta en el congelador. Un amigo lo felicitó por su astucia.
- Para que no se derrita ¿verdad?
- No, para que no lo encuentre mi mamá.


* * * * *
William está en el equipo de futbol de la escuela, en el club de ajedrez, edita el periódico escolar, lleva muy buenas calificaciones, lee mucho más que yo y acaba de ganar un concurso de creación literaria. Le gusta jugar con su Wii, andar en bicicleta, hacer trucos con la patineta y está aprendiendo a hacer trucos con el trompo, muchos de los cuales le salen ya muy bien. Toca algunas cancioncitas en el piano y ahora hasta en la flauta. Dibuja historietas porque se le da muy bien dibujar y en vacaciones graba con su videocámara películas de acción y aventuras. Pero todo esto lo hace para sí mismo y no en un afán de competencia. Le encanta aprender y probar cosas nuevas. Es simpático, buen niño, se preocupa por los demás, es colaborativo, ordenado y limpio, cualidad que suele estar siempre peleada con tener 10 años de edad, no así en su caso. Es guapísimo, tiene unos ojazos oscuros y una piel morena que provocan envidia (una prima le decía cuando estaba más pequeño: "¿Qué hago para tener ojos como los tuyos?" él contestaba "Lávatelos"). La estructura de su cuerpo denota desde ahora que será atlético y fornido. Su trato es gentil y caballeroso.
Pese a todo esto llegando estas fechas se deprime.
Unos días antes compra una tarjeta o un regalo para la valentina en cuestión pero no lo entrega. Sufre mucho por lo que puedan pensar los demás y lo que podamos decirle su papá y yo al respecto ya le es insuficiente. Cree que lo que le decimos lo hacemos porque somos sus papás y no se da cuenta de qué clase de estuche de monerías es.
¿Se dará cuenta algún día, lo suficientemente pronto para no sufrir en su adolescencia?
* * * * *
Harry entregó su regalo de San Valentín y sus compañeritos le dijeron que qué atrevido era al darle un regalo a una niña frente a todos. La niña agradeció el regalo y lo invitó a su casa a jugar nintendo. Y yo que ya le había prometido a la mamá de la agraciada que las intenciones de Harry eran completamente desinteresadas y entre él y su hija sólo existía una amistad pura y transparente.
* * * * *
La maestra de William me habló ayer de la escuela para que fuera a recogerlo temprano pues seguramente le había caído mal la comida del festejo de San Valentín.
Corrí por él rezando para que mis gelatinas no le hubieran hecho daño a los niños, y al esperar a William en la recepción me encontré con la mamá de otro niño que también se había sentido mal, compañero de salón de mi niño.
Cuando fui a recoger a Harry más tarde, le vi el rostro que traía entre pálido y verdoso pero con una gran sonrisa.
- ¡Vomité tres veces! ¡La mitad del salón estaba vomitando! ¡Mamá, era el paraíso del vómito!
Luego me enteré que del salón de William, sólo un niño no había devuelto el estómago. Y que en tercer grado había pasado lo mismo (fiuuuú, no fueron las gelatinas). O sea, que básicamente la mitad de la escuela se entregó a una orgía de comidas, postres y bebidas y terminó vomitando en el baño (bring the feather, decían los emperadores romanos). Bueno, no nomás en el baño porque según Harry casi resbala en las escaleras con un charco de color rosado. Y los baños estuvieron constantemente ocupados mientras afuera niños y niñas descargaban su estómago en los botes de basura o en lo que estuviera más cercano.
William lamentó no haberse quedado en la escuela para ser testigo de la mayor crisis de vómitos en la historia.
* * * * *
Ayer participé como invitada especial en un programa de radio para hablar del amorsss y de la perspectiva humanista de las relaciones.
Me gustan los micrófonos.
* * * * *
Mi lap acaba de cumplir un año. Habrá que hacerle unas actualizaciones para festejar.
* * * * *
Fefé se sigue superando.
El año pasado fue la lap. Ahora boletos para Coachella.
Yo le regalé una galleta Sponch. Una. Más de una deja de ser amor para expresar una obsesión.
* * * * *
Feliz día del amorssss y la amistad. Se les quiere a todos.
* * * * *
Edición propuesta por la Shelle:
El sábado en lugar de ir a la fiesta erótica del Momo, nos fuimos a la Granja de los Corazones Pinchi Solos (así se llamaba, ¿verdad?). Hubo fogata ahumadora, cheves bien frías, botanas varias y buenos amigos. Fefé y yo nos tomamos una botella de La Linda y como que nos pegó el vinito. Terminamos la noche en las hamburguesas del Papillon (en la ciudad tenemos puestos con nombres tan literarios como ése, o el Quo Vadis, o Macondo) y cotorreando un ratín en el departamento de un amigo. Fefé aprendió un par de cosas muy muy importantes y útiles para el viaje a Coachella: Shelle y yo necesitamos comer. Nos tiene que mantener bien alimentadas durante el viaje o si no nos ponemos bien bitches. Y eso a mí no se me da, no. Pero puede suceder.

jueves, 12 de febrero de 2009

Si es tan gracioso, cuénteselo a todo el grupo...

Pese a todo, no he desertado.
Decepcioné a uno de mis profes, pero no he desertado.
Y es que ¿cómo voy a adivinar lo que él quiere que yo responda?
Así estuvo la cosa:
Puso un ejemplo con una palabra que él suponía nadie conocía.
- ¿Alguien sabe el significado de la palabra "bajel"? (el éxito del ejemplo dependía de que nadie conociera la palabra).
- Es... ¿una embarcación? - ahí está la pendeja contestando.
El profe, viendo que el ejemplo había valido gorro, decidió averiguar de dónde conocía yo la palabra. En este punto el profe ya no se veía decepcionado por el fracaso del ejemplo, sino más bien emocionado porque preveía que yo iba a contestar "De la Ilíada" o "De la Odisea" y podría retomar el ejemplo.
- A ver, ¿dónde leyó esa palabra?
- Emmm... no la leí, la escuché...
- Díganos dónde...
- ... en un chiste.
- Cuéntelo.
- Mmm... preferiría no hacerlo.
- Ande, adelante, cuéntelo.
- Bueno, es que eran unos marineros que estaban reflexionando sobre el nombre de las embarcaciones y está muy chistoso, y... - y mejor dejé de hablar. Preferible reprobar por no participar que seguirme humillando más, aunque con eso también me llevara entre las patas al pobre del catedrático que tuvo que ilustrar el ejemplo con bajel, sin el efecto esperado.

Y para quitarme el pésimo sabor de boca del fracaso y la decepción, disfruten por favor Las Majas del Bergantín. Y luego sigan leyendo abajo del video.





* * * * *

Querido blog:
Aunque ya lo sospechaba, tengo que decírtelo: esto de los blogs y los bloggers y los blogstars y blogósfera y toda esta parafernalia bloguística, no es una cultura, en el sentido amplio de la palabra.
Sí, admito y esto lo defenderé siempre, que eres una herramienta cultural, como cualquier medio, con algunas ventajas, eso sí, pero en ningún momento podrá aplicarse a ti el concepto de cultura, al menos no en este momento histórico, al menos no en el concepto de Edward B. Taylor, ni de León Olivé, que al parecer fueron los conceptos grupalmente aceptados como criterios.
Esto no significa que te quiera menos. Al contrario, te quiero en tu justo valor, como referencia obligada para lo que definirá el futuro de esta ola en la que andamos surfeando.
¿Por qué te digo todo esto? Por insomnio. Porque eso de discutir con gente con argumentos como "Sin el blog, Yépez no se habría dado a conocer" o "Hay gente que vive de su blog" o "¿Sabías que
hay reuniones de bloggers?" me deja con mis razonamientos atravesados y no me deja dormir.
Dicho esto, te dejo un enlace de un texto de Hernán Casciari, que podrá ayudar a entenderte a ti mismo.
Te quiero, blog.
* * * * *

Poesía religiosa.


lunes, 9 de febrero de 2009

Tengo lo que va del año, toooooodooooo lo que va del año excepto los tres días posteriores al primero de enero, y del 6 de enero y hasta el 2 de febrero, haciendo ejercicio todas las mañanas.
No sé de dónde saqué las ganas, pero de algo sirvió el clima de este invierno, al que debería darle vergüenza recibir tal nombre, he de decir.
Posiblemente esto de la escuela me obliga a buscar reservas donde no creí que hubiera. Mi amigo terapeuta me decía que el peor enemigo de mi personalidad era el creer que mis recursos podían agotarse, llámense fuerza, conocimiento, energía, etece. Yo creía entonces que mi peor enemigo eran los calambres que me daban cada vez que me movía a una velocidad mayor que la habitual. Luego fue que entramos a natación que tuve que dejar después de un tiempo de ver que absorbía tres horas de mi día. Volveré a nadar cuando el alcalde cumpla lo de la construcción de un centro deportivo cerca de mi casa.
Mientras esto sucede, sigo caminando.
Al principio era así: caminar, caminar, caminar, a paso rápido primero media hora hasta alcanzar la hora completa. Luego comencé a trotar en tramos pero desistí cuando sentí una presencia tan poderosa y pesada a mis espaldas que me impedía seguir tratando de correr. Sin embargo, ya sin poder dar marcha atrás me dije "¡Ah no! ¡Las nalgas no me van a detener! ¿O qué creen que se mandan solas?". Así que a pesar de ellas seguí corriendo, y mi voluntad funcionó porque ahora cuando empiezo a trotar ya no siento que se bambolean, pareciera más bien que se apeñuzcan y se agarran cuando se dan cuenta que es día de ejercicio.
O eso quiero creer y no que la única razón por la cual mi vida marital funciona, está desapareciendo,
(Lagarto, lagarto)
Hoy hubo un cambio en mi rutina: hice todo el trayecto trotando. Con esto dejé de sentirme una farsante por usar ropa deportiva, tennis para correr, gorra y ipod.

Hay dos mil trescientas cincuenta y seis cosas en mi vida que he dejado inconclusas.
Espero que ésta no sea una de ellas.
Cuando se llega a la edad del antes nunca es preciso implementar algunos cambios de rutina y como no pienso sacrificar cosas tan importantes como la nieve de gansito y los bagels de queso crema con mermelada de zarzamora, pues a darle por otro lado que es lo único que me queda si pretendo tener la fuerza de terminar la maestría, continuar con mi trabajo en la organización, seguir educando dos hijos y mantener encendida la hoguera de la pasión, o sea seguir cogiendo, por si no captaron mi originalísima metáfora.

Por ahora, a tomarme mi tecito reparador y a hacer tarea.
Buen inicio de semana.

viernes, 6 de febrero de 2009

It was the night before Hogwatch

Este post es sólo una manera de probar que Terry Pratchett no es uno de mis escritores favoritos imaginarios.
El hombre del sombrero existe. Peungmasta lo puede confirmar. Y más aún, la película que vi ayer por el canal que es el equivalente teleivisivo de la revista Selecciones: Hallmark.

Así inicia la película, como una forma de adentrarnos al Multiverso de Mundo Disco y a Ankh Morkpork.

´
Los fans podemos objetar un montón de cosas: que si Mustrum Ridcully no es tan energético, que si lo pintan demasiado listo, que si los magos están demasiado limpios, que si Ponder está muy flaco, que si la ciudad sale muy limpia, que si Nobby parece humano... y eso nomás con respecto a la descripción de los personajes, porque si nos metemos en la producción...
Pero los fans no podemos objetar nada de esto porque somos como ancianas a las que no les importa si Cristo es Hugo Stiglitz o James Caviezel, el chiste es ver el libro favorito convertido en película en semana santa.



Y aunque es muy difícil capturar el sentido del humor de los libros en la pantalla, la película logra mantener esas pequeñas perlas filosóficas tan propias de Pratchett.



Para los fans, ésos a los que nos les importa qué tan mala es la película, les dejo el tráiler de El color de la magia.

Si pudiera objetar, me quedaría con el casting que hizo el autor del alma gemela de mi blog. Sólo cambiaría a Liam Neeson por Brendan Fraser como Zanahoria. Hugh Laurie definitivamente se queda. O sea, Rincewind no puede ser un viejito bonachón, ¡tiene que ser un cobarde cínico!

(Wendy, Peungmasta, gracias por llegar hasta esta parte del post)

Esperaremos El color de la magia pues (Hogfather era un estreno televisivo aunque se filmó en el 2006) y que sea lo que Flátulo de los vientos, Foorgol de las avalanchas, Pátina de la Sabiduría, Petulia del Afecto Negociable, Tuvelpit el gordito dios del vino, Offler el Dios Cocodrilo, la GranVaca del Arco Celeste Diosa y reina del Djel, quieran. (¿Se fijaron lo que hice aquí? Metí los nombres de los dioses del Mundo Disco para darle un final jocoso al post. Jijiji.)

Por cierto, ya cambiamos de año. 2008 fue el Año de la Liendre Encabronada.
2009 es el Año de la Liebre Meditabunda.

martes, 3 de febrero de 2009

Después de terminar mis clases de hoy, me quedé sentada dentro del carro viendo cómo jugaban fútbol algunos jovencitos, seguramente estudiantes de primer o segundo semestre de la universidad.

Psss... cómo sirven algunas imágenes como llaves de archiveros que creíamos perdidas.

Ahí estábamos nosotros otra vez, jugando fútbol en una hora libre, pero no era solamente jugar fútbol sino encontrar nuestro lugar en ese espacio inmenso lleno de cientos de almas parecidas a nosotros, con los mismos miedos, con las mismas dudas y esperando enfrentar los mismos fracasos.

Entonces no lo veíamos así. Nos sentíamos fuertes, únicos y vitales. La gente nos veía y eso nos hacía todavía más fuertes.

Ni la secundaria o la preparatoria significaron tanto en mi vida como la universidad.

Ahí saludé cada mañana, reí cada hora libre, canté cada cambio de clase y me divertí continuamente, con un grupo de jóvenes tan distintos en raíces como parecidos en anhelos.

Ahí conocí a mis gordas golfas. Ahí cambié, de mi novio adolescente al otro que sería el amor de mi vida. Ahí se forjaron las semillas de mis dudas, mis inquietudes y mis ideologías.

Tuve suerte de convivir con ese grupo y también de tener los maestros que tuve. Pese a todo.

Me quedé contemplando la imagen del juego unos segundos más, y al mismo tiempo vi pasar mi propia vida en una película, hasta que me despertó de mi ensoñación el rebote del balón en un charco de lodo que luego fue a golpear contra el cofre de mi recién lavado carro, así que salí hecha la chingada para agarrar la pinche pelota y tronarla con mis agujas de costura que siempre traigo bajo el asiento para cualquier contrariedad. Luego recordé nuevamente esas imágenes, y me dije... Son sólo unos chicos...

Y además juegan ahí todas las tardes y mi carro se queda solo por tres horas y no quiero saber lo que serían capaces de hacer unos pubertos cabrones como ellos con mis pobrecitos bienes.

Más poesía estudiantil. Erótica.