jueves, 27 de noviembre de 2008

Instrucciones para hacer un papalote

¿Recuerdan que hacer un papalote era actividad obligada en los libros de la SEP de cada grado de primaria?

Las instrucciones han de recordarlas, van más o menos así: unir dos palitos de carrizo con hilo, sedal preferentemente, cubrir los carrizos con papel de china, enlazar retazos de tela a manera de cola y echarlo a volar.

Como una guía de ayuda para padres o futuros padres, les dejo aquí las instrucciones que Fefé y yo hemos desarrollado a lo largo de estos años para un mejor desempeño de las habilidades manuales de sus hijos (y de los padres por supuesto).


Versión materna

1. Buscar carrizos (what the...), si vives como yo en un lugar donde los carrizos no se encuentran ni tirados en la calle ni en ninguna tienda de la ciudad, es conveniente ir a comprar dos paletas payaso. Bueno, cuatro, uno nunca sabe si se puede ofrecer.

2. Comerse dos paletas Payaso.

3. Unir los dos palitos con el sedal (what the...), si como yo viven lejos del mar, usen estambre, no hay problema.

4. Apretar y apretar y apretar hasta que los palitos dejen de moverse.

5. Comerse las otras dos paletas Payaso.

6. Cubrir la estructura con papel de china.

7. Hacer la cola del papalote. Si como yo no tienen retazos de tela, pueden utilizar algún pañuelo o romper la orillita de una cortina.

8. Admirar la obra.

9. Tratar de volarlo y ver, ante la atónita y decepcionada mirada del infante, como se va contra el suelo con el papel de china hecho pedazos.



Versión paterna

1. Esperar hasta las 9 de la noche para mandarle a la madre un mensaje que dice "El retoño tiene que hacer un papalote y no encuentro carrizos." La madre pensará "Ah, pero qué inútiles son los padres, las madres no nos detenemos por esas nimiedades aunque terminemos re-usando (bien ecológicas) algunos elementos domésticos." Pero preferirá no contestar y espera a que el padre resuelva el problema porque ya es hora de que se ponga a hacer tarea con los hijos.

2. Salir corriendo a Soriana, o en el centro comercial de preferencia, a las 9:30 de la noche a encontrar un papalote para quitarle el plástico de encima y cubrirlo de papel de china, o sea, piratearse la obra ajena.

3. No encontrar papalotes porque no es la época y acelerar para poder llegar a Home Depot, o la ferretería de su preferencia, por listones de madera, serrucho, lijas, hule, pegamento para plástico y un carrete de hilo para papalotes.

4. Medir, serrar, lijar. Unir, pegar, cubrir. Hacer nudos de marinero, nudos simples, nudos de ocho, nudos gordianos. Enlazar, amarrar y apretar.

5. Llevar al infante a la cama, que se quedó dormido sobre la mesa, cansado y aburrido, porque el papalote fue terminado, sin su ayuda porque es muy peligroso, a las 2 de la madrugada.

6. Enseñarle a la maestra el papalote para que diga: No seguiste las instrucciones del libro. No te lo puedo revisar.



Conocimientos adquiridos
O se siguen las instrucciones, te ponen 10 y el papalote no vuela; o lo haces mejor, te esmeras, el papalote vuela pero te ponen cero.
¿Alguien sigue dudando de la eficacia y aplicación real de los contenidos de los programas de la SEP?

lunes, 24 de noviembre de 2008

Yo tuve un pogobol.

¿Ustedes tuvieron alguno de esos juguetes de fama inmediata y efímera?

El mío lo dejé descansando cómodamente frente al calentón y se deformó de un lado por el calor.

Nunca más volvió a brincar igual.

sábado, 22 de noviembre de 2008

La primera

Soñé que alguien moría pero no era Paty.
Hoy nos veríamos, hoy ya no estaría incapacitada y podríamos reunirnos.


Ésta es la primera muerte de alguien tan cercano a mí.
Es la primera muerte mía también, supongo.
Antes no había entendido el fin de los funerales y los velorios. Pensaba que a los muertos había que dejarlos solos y tranquilos, a lo mejor en una de ésas hasta se levantaban a vivir de nuevo, como dijo Sabines.
Pero el velorio no es para los muertos, es para los vivos, los que estamos ahí sentados en una capilla, frente al ataúd abierto, midiendo los pasos que nos separan del féretro, como midiendo también qué tan real queremos que se vea la muerte.
Sentados frente al ataún medimos también la presencia y la ausencia. Primero dejamos que el cuerpo invada nuestro espacio, como calculando cuánto de esa vida estaba presente en la nuestra. Luego la vamos soltando, de poquito a poco para que duela menos, imaginando lo que va a quedarnos ahora, cuidando de no confundir la vida, la muerte y los recuerdos.
Los muertos nos hacen un último favor, ahí quietecitos.
Patty tenía las manos sobre su pecho. Nunca me había fijado qué tan blancas y pequeñas eran sus manos.

Me sobrecogen los vivos.
Su madre, que en su dolor de madre sola con su única hija en un ataúd, todavía era capaz de consolar a los demás y decir: "Cuánto te quería, cómo hablaba de ti."
Su tía, que estuvo haciendo todas las llamadas ayer, repitiendo y llorando cada vez que debía decir "Paty se murió."
Ahora tengo yo que repetírmelo una y otra vez, mientras conjugo esa verdad con la imagen de su cuerpo en la caja.

No concuerdan.

Ella me enseñó hace ya muchos años la absoluta realidad de las palabras, frente a lo concreto que nada tiene por decirnos, y por lo mismo, ninguna verdad por revelar. Su cuerpo vacío no me dijo nada. Han sido las palabras por el teléfono las que me siguen tocando cuando me niego a aceptar su muerte.

¿Cómo puede morir alguien así? Debería estar prohibido.
Que dejen de respirar los que ya están muertos de antemano.

Con el entierro o la cremación, terminan por disiparse todas nuestras dudas. No hay más qué afrontar que ese puño de cenizas es lo que queda de la persona, enorme, generosa, invasiva, ruidosa.
Y ya no hay de otra. Ya no está más aquí.
Es irreversible y por lo tanto debe ser superable.
Lo es, más cuando sabes que la primera muerte, es la tuya propia y hay que aprender a admitirlas porque no será la última.
Al final, dijo Liliana, todos somos sólo un montón de tierra.

jueves, 20 de noviembre de 2008

William es el fundador y director del periódico escolar. Ya lleva dos números editados.
Apenas dos números y ya comenzó a recibir amenazas.
Es el oficio del periodista. Siempre al filo del peligro.
Las amenazas eran de Harry que no quería que se publicara el resultado del partido de fútbol que tuvieron contra otra escuela (10-0, en contra). La amenaza consistió en intimidar por medio del "no te voy a prestar mi videojuego". Pero William es fuerte y sus valores, firmes. Además él posee la concesión del Wii, mientras que Harry sólo los videojuegos.
El asunto se arregló sin derramamiento de sangre.



* * * * *
Y a propósito de sangre...
Siempre me llamó la atención la disposición de Harry de convertir cualquier objeto en arma de fuego. Me explico: en la casa nunca entraron los juguetes bélicos, pero ni falta que hicieron porque Harry tomaba un auto de su hermano y apuntaba. Lo convertía automáticamente en pistola. Ahora que participa en bailables escolares y representaciones cívicas, le ha tocado ser pueblo armado y me tiene muy preocupada la seriedad con la que actúa los disparos. Una prima me dijo que cuidado, que a lo mejor iba para sicario. Y esto me dejó todavía más preocupada, sobre todo con lo que leí hoy en el periódico:

José Reyes Baeza, gobernador del estado, reveló que es lamentable que entre la detención de sicarios se cuente con menores de edad, que ya saben lo que hacen y que estos cobren mil pesos por evento.


O sea, con lo cara que está la vida...¿cómo podrá vivir Harry con eso? ¿No es para preocuparse?



miércoles, 19 de noviembre de 2008

Parte II y fin.

Al salir pasamos más tiempo en la tienda de regalos que en el recorrido de las cavernas. Me quedé con ganas de traer café con sabor a piñón, pero ya nos habíamos gastado 100 dólares en pendejadas. Bueno, Fefé compró unas pendejadas bien lindas, hasta eso. Y claro, también compramos el producto local por excelencia: bumper stickers.

La idea era irnos a Alamogordo (tampoco es albur) y alcanzar a llegar al Museo de Historia Espacial, pero en el camino nos encontramos con un pueblito maravilloso llamado Cloudcroft. Yo me sentía casi casi como en Cicely. Sniff.
Sobre el lugar, William dijo: Parece uno de esos pueblitos de las montañas de Estados Unidos. Antes de que pudiera yo reaccionar, Harry ya estaba botado de la risa diciendo: ¿será porque estamos en un pueblito, en una montaña, en Estados Unidos?

Ahí comimos en un restaurant de ésos de gringos gordos, donde todo lo que hay de comer tiene queso o papas. Vendían unos burritos enormes, cubiertos de queso por supuesto. El lugar era mmmm... pintoresco, porque los gringos también tienen lugares pintorescos; el frío que estaba haciendo se hizo menos con la comida y la amabilidad de la mesera mexicana que nos contó sobre su vida en el Chuco y su tienda de productos argentinos.
Una maravilla de lugar. Acababa de nevar en esos días y todavía se veía nieve en algunas partes. Pensar que estábamos en plena montaña, con el frío calándonos hasta los callos, admirando los pinos y las liebres muertas en la carretera (del lado mexicano nomás vimos ratas muertas, hasta en los roedores son mejores los gringos) y a 20 minutos de camino estaba nuevamente el desierto.
Después de hartarnos de brisket, elotes, caldillo con verduras, pollo frito y puré de papas, nos fuimos a Alamogordo. No llegamos a tiempo al museo así que nos metimos a ver Madagascar 2. A mí ya se me había pasado el efecto de la droga para el dolor de muelas, pero el dolorcito se me quitó con la película y los avances de La pantera rosa 2. ¡Sale John Cleese!

Nos quedamos en el hotel más gacho en que nos hemos quedado. Fefé se quejó al día siguiente y dijo que debíamos habernos quedado en el Best Western al menos. Pero el Best Western no tiene empleados de la India a los que no se les entiende ni madre cuando te dan las tarifas por noche, ¿verdad?, ¿verdad? Tuvo que darme la razón.

Desayunamos en otro restaurant de gringos gordos donde tuve más miedo que en plena Francisco Villa a las siete de la tarde (contexto: en la calle Francisco Villa se han cometido más ejecuciones en Chihuahua que en ninguna otra calle). Era el típico restaurante donde entra el gringo esquizoide a disparar contra todos los otros gringos que de todos modos se van a morir por la cantidad de colesterol de los desayunos.
Yo me comí tres hot cakes con mermelada de crapberries (o fuckberries o algo así) y crema batida, cuatro rebanadas de tocino, dos huevos (sunny plis!) y papa hash brown. Nada más. Para no volver a comer el resto de día, que fue casi como sucedió porque después de tomarnos muchas fotos con los misiles del museo, y volvernos green y pacifistas con la película del IMAX (así es, yo también noté la contradicción) partimos hacia El Paso con el firme objetivo de comprarme un saco. Y lo conseguí. Fefé quería comprarme uno en Abercrombie a 260 dolarucos. Él es fino. Yo no. Conseguí uno igual por 50. Soy bien pinche naca. Y coda. Y pobre. Pensaba comprarme calzones también, pero en la tienda me encontré con una amiga y su esposo, justo en la sección de lencería. Y el marido no se le despegaba. Hay ciertas cosas que todavía me incomodan.

Antes de salir de El Paso, le dije a Fefé que no tenía ganas de llegar a Chihuahua. Fefé me dijo que podíamos quedarnos un día más, pero eso no iba a solucionar nada. La verdad es que yo no quería regresar a Chihuahua ni ese día, ni el otro, ni el siguiente...
Pffftttsss... así es como están las cosas ahora. Yo que no aguanto lejos más de cinco días sin comenzar a extrañar mi casa, mis gatos, mi desierto, mi tele, mi trabajo... ya no quería regresar.
A lo mejor poco a poco y casi sin darme cuenta, me voy haciendo a la idea de que no quiero que mis hijos crezcan en un lugar donde la violencia, la muerte y la corrupción son la regla y no la excepción. No le temo a la inseguridad. Le temo cabrón a la insensibilidad.
Pero ya estamos aquí.
Haciendo planes para regresar a Cloudcroft en diciembre y tratando de resistir la tentación de leer el periódico cada mañana.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Parte I

Me fui tres días y no tenía las más mínimas ganas de regresar.

Es increíble lo bien que se descansa después de dejar de leer en las noticias el número de muertos del día.

Fue una salida corta y por las fotografías que tomamos el álbum podría titularse "Un chingo de cerros y piedras". Pero hasta los cerros y las piedras se disfrutan sin la sangre nuestra de cada día. Tomamos 283 fotos por cierto. Sin ningún valor de impresión. Pero claro, uno se siente Ansel Adams ante cualquier paisaje medianamente estético y resulta que nos falta el talento. Extraño las cámaras de rollo.

Primero fuimos a Cuchillo Parado (sin albur), cuna de la revolución, que sigue siendo el mismo pueblo polvoso de hace cien años aunque una vez al año sesione ahí el congreso y prometan pavimentar la calle principal y la madre. El atardecer es lindo ahí, he de admitir. Y el río, aunque ya sin tanto caudal, luce todavía limpio e invitante.

Le seguimos al norte hacia Ojinaga. No pudimos ver el Pegüis y eso fue una pena. Estaba ya oscuro. En Presidio tramitamos los permisos bastante rápido y en un ratito ya estábamos en Marfa, siendo detenidos por un güero al que no le gustó que fuéramos tan rápido. Es que el pinchi pueblo está gachísimo y lo único que queríamos era dejarlo atrás. Imagino que el pavor se nos veía en los ojos porque el gringo nos dejó ir sin multarnos. Marfa es uno de esos pueblos donde nunca pasa nada y sus habitantes están metidos en sus casas desde las siete de la noche y se sienten orgullosos de ello, mientras los adolescentes andan en la calle sin lugar a donde ir y comprando cerveza de manera ilegal en los changarros. Nos tocó ver a varios haciéndolo en el negocio donde llegamos por café. Huimos a tiempo y llegamos a Van Horn a recargar gasolina, papas fritas y café. En la gasolinera nos dijeron que no era necesario quedarnos en un hotel en Van Horn, que en media hora llegábamos a White´s City. Ajá. Desgraciadamente nuestro único mapa disponible llegaba precisamente hasta Van Horn y sin sospechar siquiera las oscuras intenciones de los gringos, agarramos camino. Si no nos querían ahí, nos hubieran dicho.

A White´s City llegamos a la una de la madrugada a despertar a la monita de la recepción del hotel. En la mañana temprano arrancamos a las cavernas de Carlsbad y nos preparamos para hacer las dos horas del recorrido.
Piedras.
Piedras.
Piedras.
Y todavía no sé la diferencia entre estalacticas y estalagmitas.
En el camino hay monos en trajes de policía montada que te enseñan cosas en las piedras. Como una monita que nos detuvo y nos dijo: Do you want to see a ghost? Yo le contesté que no, que estaba viendo una roca con forma fálica así que el fantasma me tenía sin cuidado. Pero me di cuenta que su trabajo era ése: agarrar incautos que quisieran ver el fantasma entre las rocas. Me paso de buena gente y arrastré a mi familia a ver el fantasma.
No vimos ni madre.
Y la mona con una sonrisa en su rostro, preguntando: do you see it?! do you see it?!
¿Cómo decirle que no? El truco del fantasma parecía ser su razón de vivir, así que fingimos, pero sólo porque somos buenas personas y porque cuando haces llorar a una gringa a la que en su trabajo obligan a vestir como policía montada, te vas al infierno.
Más adelante nos topamos con otro de ésos que quería enseñarnos algo con su linternita y una pared. Resulta que unas sombras en la pared, si pasas la linterna por unos huecos, parecen la little red riding hood y el lobo. Cuando vi eso, admiré a esos güeyes. Me di cuenta que su trabajo no consiste meramente en enganchar gente que acepte ver el truco sino en pasar horas en las cavernas iluminando cada hueco de las piedras y ver qué chingados aparece en la pared. Eso sí que es un trabajo duro. Tampoco tuve el valor de decir que no pude ver a la pinche caperuza ni al puto lobo.
Lo que sí vi fue esto:




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Jijijiji....Fefé lo descubrió y no podíamos aguantar la risa. Y luego nos ocultamos para ver las reacciones de las demás personas y ¡nada! Nadie se rió. Salimos de nuestro escondite, volvimos a ver la piedra y seguimos riéndonos. Jijijiji. Pinches gringos apretados.

martes, 11 de noviembre de 2008

Solución

Si yo fuera Calderón, despenalizaba las drogas y ponía a los líderes de cárteles a cargo de la SAGARPA.
Qué crisis alimentaria ni qué la chingada.
Qué bonito sería... la producción, la distribución, la seguridad, las exporataciones, ¡la autonomía alimenticia!
Además, no estaría yo aquí sentada tratando de pensar en qué antro no va a ser incendiado de aquí al sábado, para poder festejar el cumple de la Lore.

jueves, 6 de noviembre de 2008

El cabrón

No faltan. Nunca faltan.
Un grupo no estará jamás completo sin el cabrón.
Los que trabajamos en la instrucción, la capacitación o la docencia, lo sabemos. Y hay que aprender a tratarlos. Uno de mis técnicas es demostrar que yo soy bien decente y linda, pero también puedo ser bien cabrona.
Esta semana he estado impartiendo un curso de ortografía dirigido a profesionistas. Todos están bien burros, excepto, ¿ya saben quién? ¡Claro! El cabrón. Porque entre las características del cabrón del grupo, además de ser líder, carismático, no mal parecido, es ser inteligente. Entonces no sólo tienes que lidiar con la ignorancia de los burros, sino además con los comentarios del cabrón.
El curso, como sólo contrataron unas cuantas horas, tiene que ser impartido a madre. Además ni el tiempo, ni el área de enseñanza, ni la distribución, ni el número de participantes, ayudan mucho a que sea una instrucción dinámica. Yo puse todos esos "peros", sin embargo, así quisieron que se impartiera, como cátedra de universidad gringa. Así, ante chorromil monos y entendió quien entendió.
Ayer que salimos del curso, escuché al cabrón del grupo decir a sus compañeros "¿Ya les dijeron que la semana que entra nos van a dar clases de Ciencias Naturales?". Y yo dije, "de aquí eres, mi reina, demuéstrale con quien se está metiendo, demuéstrale la clase de cabrona que puedes ser" y le respondí: "No. Te informaron mal. La semana que entra siguen clases de Historia." Le sonreí, me di media vuelta y me fui. Así, bien bien cabroncísima.

Nómbre..... si cuando quiero puedo ser bien mala y cabrona.

Beware.

martes, 4 de noviembre de 2008

Veo que en la tormenta de noticias nacionales e internacionales, a todos les importa un ovario de chapulina mis andares como instructora; sin embargo, haré una declaración para aclarar un poco el panorama periodístico nacional.

Ejem...

Lo de Mouriño, no fue el Peje, ni fue el Narco, fue este señor.

Creepy.

Lo más raro de todo es que se está muriendo gente que antes no se moría.

¿Cómo va Obama?
-- Entonces, convertimos las palabras en sobreesdrújulas al agregar los pronombres personales. En los ejemplos de la pantalla utilizamos me, te, se y l... luego, podemos utilizar otros como lo.

¿Quién dijo que dar este curso de ortografía iba a ser sencillo?
¡¿A ver, quién?!