sábado, 29 de septiembre de 2007

Mis gordas y yo sabemos que no solo de pan y sexo viven las golfas, tambien de cultura (oh, concepto tan genericointercambiable en estos dias, a segun el gobernante en cuestion) y hemos decidido participar de los festivales que se viven estos dias en la ciudad.
Nos hizo justicia la revolucion y el lunes iremos a ver a Regina Orozco en el parque El Acueducto.
Con suerte y nos toque que nos dediquen Tlacoyos con Coca Lait.

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Estigmas

No sé de dónde ni por qué salió, pero ahí está y parece que llegó para quedarse.
He decidido que, a menos que le salgan pelos, no lo llevaré al doctor a que lo revise.

Necesita un nombre.
Aunque, evidentemente, semeja el perfil de Adolf Hittler, creo que voy a llamarle de otra manera.

Se admiten sugerencias.

miércoles, 12 de septiembre de 2007

Nunca he tenido madera para ser popular. Lo cual no ha sido del todo malo. Con grandes poderes vienen grandes responsabilidades y yo prefiero evitar la fatiga.
Por eso me llamó mucho la atención que hace poco un amigo me preguntara cómo me había caído la fama en la universidad.
- Fama? La que gané con el título de la más mamona?
- No te hagas, tenías tus seguidores y tu nombre se mencionaba en las juntas de la facultad. Se callaban cuando en alguna conferencia, debate o mesa redonda, levantabas la mano para decir algo.
- Pssss... chale... y yo que pasé por la facultad echando mi desmadre como si nadie me conociera.

Después de la charla me sorprendieron algunos recuerdos que había logrado sublimar de mi memoria. Uno de ellos fue cuando A, destacado alumno y ahora respetable directivo de mi alma mater, me citó en la cafetería de la escuela para hablar de cosas importantes. "Ah, cabrón -me dije- en la cafetería... tiene que ser grave." Así que corrí a encontrarme con A.
Entonces me la soltó: Tú sabes que yo ya voy de salida como presidente de la sociedad de alumnos y nos interesa mucho que el siguiente presidente sea alguien de nosotros, alguien pues... con tus ideas... con tu forma de trabajar... Qué te parecería que te lanzáramos como candidato? Ya tenemos al resto de la planilla y te va a gustar el equipo de trabajo que hemos formado para que te apoye.
A mí todo eso me dio mucha risa pero me la aguanté. Se me ponía en plan Godfather y hablándome de la familia y esas cosas, así que tuve que decir que no, primero porque qué weba y segundo porque yo no soy títere de nadie.
Pero no se lo dije así.
- Sabes, A, yo ya me había comprometido con otra planilla. Pero gracias.
Y ante la insistencia de saber en qué planilla estaría, tuve que entrarle a una planilla pedorra.

Perdimos.
Cómo no íbamos a perder? Ni siquiera yo voté por nuestra planilla. La otra planilla que se tomó a alguien más buena onda que yo como presidente tenía un bonito cartelototote con dibujos de los miembros de la planilla dibujados por Kabeza. Estaba bien retechistoso. Cómo no iba a votar por ellos? (por eso te digo, Monero, que yo apoyo la reforma a la ley electoral y no nomás por verles la cara al Alatorre y a López Dóriga. Los que pueden comprar los medios son los que ganan. Vendido.).
El pedo es que nunca en mi vida me sentí más aliviada que segundos después que terminó el conteo de votos.
Y yo iba a algo pero no me acuerdo a qué.
No sé si a una crítica hacia mis nulas habilidades en el ejercicio de poder.
O a lo mejor había una moraleja, pero tampoco me acuerdo.
Ni modo, lamento haberte hecho perder el tiempo.
Será para la otra.

martes, 11 de septiembre de 2007

Hay dos abarrotes cerca de mi casa.
El primero lo abrieron unos cuantos meses después de que nosotros nos mudamos. Mientras estuvo a cargo la patrona de la casa, nunca faltó nada en el abarrotes. Una vez me compré una bella bolsa de mano de rayitas azules al súper precio de 29 pesos.
Pero luego la patrona desapareció, quién sabe qué sucedió y sus hijos se hicieron cargo del local. La hecatombe, el holocausto, el armagedón: comenzó a escasear todo.
Coincidentemente por esas fechas y aprovechando el nicho de mercado se abrió el otro abarrotes. Y no sólo nos ofreció una amplia variedad de productos, como los discos piratas de banda y la mermelada de chabacano tan difícil de conseguir. También nos ofreció un trato distintivo: "¿Qué anda llevando, vecino? ¿Cómo están los niños, vecina?". Si eso no es servicio al cliente, no sé que lo sea. ¡Ah! y además incluyó en su comercio diario algunas inovaciones como un encendedor gratis por cada cien pesos de compra o un boleto para la rifa de una televisión.
Ooooooooobviamente, nos hicimos clientes.
Hace unos días, por causas ajenas a mí, tuve que ir al primer abarrotes. Ahí estaba de nuevo la patrona. La tiendita lucía triste y desolada. No encontré lo que buscaba pero no podía salir de ahí sin llevarme algo. Me compré un chicle.
No pude evitar sentirme culpable. ¿Por qué? Ni idea.
Pero así me pasa a veces.
Ayer, por ejemplo, recibí una noticia estupenda, algo que involucra un poco de trabajo y algo más de dinero. Me dio mucho gusto hasta que me enteré que un amigo también hizo examen de selección junto conmigo, pero no fue elegido.
Tampoco pude evitar sentirme culpable.
Qué chingados.
Espero que sea sólo una fase.
Espero que sea la misma ovulación que hoy me hizo llorar mientras escuchaba Laika.

jueves, 6 de septiembre de 2007

¡Bravo, Hernán!

Mañana sale a la venta —sólo de este lado del océano, por el momento— España, Perdiste, un libro que recopila aquellos textos de Orsai en donde, durante tres años, me dediqué a despotricar contra la cultura ibérica, desde los ojos exagerados, nostálgicos y pedantes de un argentino en el exilio. Con este volumen en la calle es posible que deje de escribir aquí esos textos de reivindicación nacional, un poco porque ya creo haber dicho lo que tenía para decir, y otro poco porque quejarse tanto provoca úlcera de estómago.


Y claro, yo de este lado, igual que con la Gorda, tendré que esperar un año para tener el libro entre mis manos.


Ya es la segunda vez que uno de mis blogs se convierte en un libro de papel, con tapas, publicidad y gira promocional, y en este caso —como en Diario de una mujer gorda— también ocurrirá que los textos completos, además de estar a la venta en las góndolas de las librerías desde mañana, permanecerán, de forma gratuita, en Internet. No un poco. No un adelanto. No uno o dos capítulos. No una muestra gratis. Sino en su totalidad.

¡¿?!

Lograr esto no ha sido una tarea sencilla, puesto que la editorial que publica mis libros es una empresa multinacional, y estas compañías (tan grandes, tan serias) no están acostumbradas a vender algo que la gente de a pie puede conseguir también de forma gratuita.

Existe, en el comercio tradicional ya en decadencia, la sospecha de que las obras culturales (los libros, los discos, las películas) deben guardarse bajo siete llaves para poder venderlas después con el valor agregado de la exclusividad. De este modo ocurrían los negocios en el siglo XX, y de este modo, también, quienes no podían adquirir un bien cultural debían aguantarse y no disfrutarlo.

Estoy encantado de que estos métodos escurridizos y mezquinos estén cambiando. Algunas veces lo hacen de manera forzada, y otras tienen que ver con el diálogo entre los autores y las empresas que los patrocinan. En mi caso, este diálogo fue civilizado y humano.

Inicialmente la editorial (por costumbre y tradición) me pidió que quitase los textos online que serían publicados en papel, a efectos de preservar el negocio. El de ellos y el mío. Como es lógico, les dije que tal cosa me resultaba imposible de hacer. No por ética ni por generosidad, ni mucho menos por cabezonería, sino por vergüenza. Yo no podía regalar algo y más tarde, por el solo hecho de participar en un negocio, quitárselo a los agasajados.

—Permítame usted que le arranque de las manos este obsequio que le hice el año anterior, porque ahora es mi deseo poder vendérselo a quince euros.

No, no me parecía lógico.

Estaba dispuesto a resignar mi contrato a causa de este impedimento vergonzoso, pero entonces descubrí algo que (por prejuicio) no pensé que pudiera ocurrir. Los editores no se cerraron en banda al oír mis planteos, no me dieron una patada en el culo por comunista y por hippie. Por el contrario, me escucharon e, incluso, les pareció que el mío era un argumento razonable.

Entonces redactamos, a cuatro manos, una cláusula inédita en mi contrato, que espero siente precedentes para futuros autores. Es un inciso a la cláusula número ocho, que en su versión estándar dice que “EL AUTOR no podrá autorizar, sin permiso de EL EDITOR, la reproducción total o parcial de ningún capítulo de la obra”; en la versión corregida se aclara que esto sigue en pie, “a excepción de los derechos de web, que pertenecen en su totalidad a EL AUTOR”.

De este modo, la empresa editorial acepta, por primera vez, que está dispuesta a comercializar un producto cuyo núcleo (el texto) permanece en un sitio público, de forma gratuita y al alcance de todos los que deseen hacer uso de él.

Por mi lado, yo creo que los libros, los discos y los dvds son, más que bienes culturales exclusivos, objetos hermosos. Yo me descargo de Internet series y libros, películas y música, pero si alguna obra me vuela la cabeza necesito poseerla de un modo físico. Y, lo que es más importante, tengo la necesidad de recomendarla y también de regalarla para un cumpleaños, o de obsequiársela a otro porque sí.

Esperando un avión que me llevara a Monterrey, encontré entre mil curiosidades en la tienda del aeropuerto, Más respeto que soy tu madre. Lo había leído tantas veces en la red, lo había recomendado, lo había copiado y pegado a todos mis contactos vía email. Pero un libro es un libro. Tenía que comprarlo. Y por ningún motivo me pasó por la cabeza pensar que me podía ahorrar algunos pesos navegando en internet.

Lo que no suelen entender las empresas tradicionales (y en decadencia) es que nadie obsequia para un cumpleaños un disco virgen con canciones, ni las hojas impresas en .pdf de una novela, por ejemplo. El obsequio sigue manteniendo su hálito de exclusividad, su toque distintivo de amor y fraternidad, y todos sabemos que los objetos más obsequiados son los discos y los libros. Y que todo el mundo cumple años y tiene amistades, parejas y parientes cercanos.

Desde este espacio en la Red, y justo hoy que el nuevo libro está a punto de salir a la calle, me gustaría recomendar a escritores y narradores que publiquen sus obras, al completo, en sus espacios virtuales, al mismo tiempo o un poco antes de su salida a la venta. Me gustaría aconsejar que conversen sobre el tema con sus empresas editoriales, que intenten educarlas en las nuevas formas de venta y promoción de las obras. Con suerte ellos, los otros, en vez de morder y ladrar, quizás tiendan la patita y muevan la cola.

Para ayudar a esa decisión, para subrayar este consejo, y también porque confío (con ingenuidad y con pasión) en que el mundo está cambiando y en que hay que ayudar a que ese cambio se produzca, les dejo ahora el libro completo que mañana sacará a la venta una multinacional, y que lleva mi nombre en la portada.

martes, 4 de septiembre de 2007

Eufemismos

A mí me gustaría ir por la vida como heroína de García Márquez: segura, certera, desenvuelta, casi volátil al ras de la tierra.
Pero no soy así.
Me siento más marciana que terrícola. Me afecta la gravedad, el oxígeno y la presión atmosférica.
Me manejo torpemente, con mi cabeza queriendo ir más rápido que mis pies.
Yo no fui creada para las tarjetas bancarias, las zapatillas, los vestidos o los afeites, para la espera, las interpelaciones, para pelearme o para defenderme.
Y sobre todo, no fui hecha para la tecnología.
Todavía tengo presente el incidente del iPod suicida, resbalándose en cámara lenta sobre el suelo del segundo piso de mi trabajo, hasta quedar colgado sujeto únicamente porque los audífonos se atoraron en una silla mal puesta.
Luego, el Sony Ericsson cayendo de mi mano y atravesándose en el camino de un adolescente más torpe que yo, que cuando lo quiso agarrar volvió a patearlo 10 metros.
Y finalmente, mi nuevo Nokia, a unas horas de haber sido estrenado, se escapó de su estuche mientras yo caminaba despreocupadamente por la calle. Se estrelló contra el suelo y la bonita tapa de acero inoxidable fue a dar derechito a una alcantarilla apestosa de un metro de profundidad. La Shelle detuvo el tráfico unos minutos mientras yo salvaba a mi bebé.
Bueno, pero no era dar tanta evidencia de mi pendejez el objetivo de este post.
Resulta que esta mañana nos hablaba un compañero sobre el asombro, la curiosidad y la filosofía. Decía que los filósofos andan como turistas por la vida, reconociendo y viendo todo por primera vez.
Entonces me dije: No, mi reina, si tú no eres pendeja, es que eres filósofa.
No es falta de psicomotricidad ni torpeza todo lo que me pasa, es reconocimiento del mundo.
Así que ya saben, ya pueden ir comenzando a decirme La Filo, La Extranjera (como me dijo mi compañero) o La Camus, ustedes elijan.

NOTA: Se perdieron la foto de mi cara cuando se me cayó el celular y la de la tapita mirando lastimosamente desde su foso apestoso, y todo porque la Shelle perdió en ese momento su objetividad periodística.
El Pulitzer se fue otra vez, comadre, pero nuestra amistad permanece.

sábado, 1 de septiembre de 2007

La vida conyugal

- ¿Me quieres?
- No, ya no.
- ... ¿y qué vas a hacer ahora que ya no me quieres?
- Pues... supongo que buscar a alguien más a quien querer.
- ¿Por qué no a mí?
- ¿A ti?
- Sí. Es fácil, mira: ya me conoces, sabes cómo soy... ¡ya vivo aquí! Te ahorrarías tiempo y muchas molestias.
- Es cierto. Ya te quiero otra vez.
- ¿Qué vas a hacer ahora que me quieres de nuevo?
- No sé, creo que empezar a dejarte de querer.

Y ésta es sólo una de las ventajas del matrimonio.