miércoles, 30 de marzo de 2005

Diálogo erotogastronómico

que como ya había dicho en otra ocasión una cosa y otra cosa llevan invariablemente a la misma cosa.

Preparé esta noche ensalada de nopalitos. Pero lo de la desflemada de los nopales no me funcionó. Siguieron igual de babosos.

- ¿Qué tal están, Fefé? ¿Te gustaron?
- Mmmm... Tienen muy buen sabor. Pero la textura, como que no me acostumbro a la consistencia.
- Welcome to my world.


Le Nopal

martes, 29 de marzo de 2005

La única vez que vi llorar a Fefé, fue hace unos seis años, después de que leyó una carta que le escribí. Recién había salido yo de una etapa bastante mórbida de mi existencia. Meses antes leí “La muerte de Iván Illich” de León Tolstoi y de alguna manera el libro me puso a reflexionar sobre mi vida y la muerte. La conclusión fue, después de un balance, dejar de temerle a la muerte. Eso decía la carta a Fefé.
Olvidé por seis años eso llamado “muerte”.
Este año regresó a mi vida. Con la ausencia de mi tía Socorro, tío Carlos, el primo Manuel y Tere, volvió a tomar sentido el significado de muerte. Y con todo y la cercanía, la mantuve a raya. No dejaba que se quedara mucho en el pensamiento. En el pensamiento consciente, digo, porque en mi inconsciente hizo tremendo lío del cual me fui a enterar anoche en pleno sueño.
Me vi a mí misma en una sala amplia y llena de luz. Los niños jugaban frente a mí pero no me hablaban. Me di cuenta de que estaba muerta. Fefé estaba conmigo. Aun podía hablarme. Comenzamos a ultimar detalles. Le di los números telefónicos de las personas a quiénes debería llamar para hacer más fácil que se conociera la noticia de mi muerte, arreglamos el asunto de la funeraria, incluso le dejé dicho qué quería para mi funeral (en realidad quiero ser cremada, pero el inconsciente hace cada cosa): que me metieran a la caja sin zapatos, ya que de todos modos pensaba quitármelos y no quería que me estorbaran en un lugar tan estrecho; una linterna y el libro de El Quijote y Rayuela, bastarían, porque pensaba leer Rayuela en todas las combinaciones posibles; ah, y que le dijera a mis amigos que cantaran, que cantaran mucho durante el funeral, al fin que no necesitan mucho aliciente para hacerlo.
Sé que en mi sueño llegó la hora del funeral. Y aún no estábamos ahí. Entonces lloré. Lloré muchísimo. Quería bromear sobre el hecho de que con mi muerte las cuentas de la casa y el auto quedarían saldados pero no salían las palabras. Sólo llanto. Desperté asustada.
Todo el día he estado pensando el “La muerte de Iván Illich”, en lo que pensé en aquella ocasión y en mi sueño de anoche.
Sigo creyendo lo mismo. No temo a la muerte. Pero… carajo… cuando alguien muere, los vivos extrañamos a esa sola persona que ha muerto. Pero, quien muere… caray… qué cantidad de personas extraña, qué mundo bárbaro es el que deja.

Me fascina el mundo y me entristece la idea de dejarlo algún día.
Una vez leí un poema, creo que era de Margarita Michelena en el que hablaba acerca de la muerte. Alguien muere y su familia, sus amigos, quedan desolados. El vacío es terrible para aquéllos que lo amaron. En cambio el que muere, pierde su cuerpo, vive en las piedras, en las raíces de los árboles, en las nubes, se une a la danza feliz de la energía del universo.

Ella murió hace unos años. Espero que tenga razón.

lunes, 28 de marzo de 2005

Curioso fin de semana.
Ir a ver garzas y patos al río, jaripeo con becerros y chivas, vuelo de papalotes, paseos a la plaza (por cierto, pobres hijos citadinos que tengo). Dijo mi prima Lourdes "¡Vámonos a la plaza!" y Darío preguntó: "¿Qué plaza? ¿Plaza del Sol?". Pobres chicos. Pero ya se empaparon un poco del ambiente campirano y los apapachos de las tías.
Habíamos 40 parientes el sábado en la tarde, contando por supuesto a la más reciente adquisición, el bebé de mi prima la Cuquis. Nació este año el mismito día que yo. Otro Piscis gentil, sensible y generoso para el mundo.
Y no es que hubiera pachanga o algo por el estilo. Son cuatro las personas que viven en ese caserón y usualmente, el promedio de personas que conviven ahí es de veinticinco a treinta. Sumando los doce que llegamos el sábado ¡eh! yo no sé sumar. Ustedes sumen.
Se nos antojaba una lunada por la noche pero empezó el airecito típico de semana santa, que se trae un viento gélido de no sé donde diantres y mejor la pasamos en el porchecito, escuchando como los hombres (porque por supuesto en el pueblo se arman bandas de machos y hembras) se asustaban entre ellos contándose historias de aparecidos. Suceso que después aprovechamos para jugarle una broma a uno de mis primos. Las hembras podemos ser sumamente diabólicas, pero más divertidas. Por eso mi papá se cansó rápidamente de las charlas entre ingenieros e inteligentemente se fue a sentar a las piernas de mi madre. Show de ventriloquia gratuito.
Parece que dejamos todo bien por allá. Saludos de Brother Pepe, desde un escondido monasterio en las montañas de Nuevo México (¿o es Texas?). De veras, mi sobrino Pepe, Licenciado en Diseño Gráfico, va a ser monje. Siempre me pasó por la mente que iba a ser sacerdote. No pasas tu infancia yendo todos los días a misa por gusto, si no te vas a dedicar al sacerdocio. Pero a él le gustan las cosas complejas (es un chico inteligente este Pepito) y será un monje de los que hacen votos de silencio y todo. Mientras tanto, puede hablar y nos manda muchos saludos.


Ahora estoy en casa haciendo las cosas típicas de la semana santa. Además de comer capirotada, nos pusimos a hacerle cosas a la casa. Nada fuera de lo común. Una pintadita al baño, cambio de llaves mezcladoras, cambio de regadera, el clóset de mi recámara. Todavía me quedan muchas cosas qué hacer pero no soy de hule y voy a echarme a la cama a ver The Gilmore Girls. Dios mío, cómo me he ablandado.

jueves, 24 de marzo de 2005

En Comala comprendí que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver.
Joaquín Sabina.

Pese a todos los pronósticos, voy a salir de la ciudad. Pero no se me alboroten mucho, regreso el sábado, si no me aburro antes.
Iré al pueblo, a visitar a la familia.
Cuando vivía en Sonora, visitábamos el pueblo cada verano y uno que otro invierno. Esperar por ese viaje hacía el año inmensamente largo. Mi mamá preparaba el equipaje, mi papá el Dodge Valiant y nosotros cargábamos todas las canciones aprendidas, en la escuela y fuera de ella (que eran siempre mejores).
Era un viaje muy largo: catorce horas multiplicado por la edad del niño en cuestión y dividido entre las coplas que cantaba mi madre, los descansos en la carretera para ver liebres y los sándwiches en algún restorán.
Pero la parte que me parecía eterna, era la última hora. Para los primeros treinta minutos mi hermano y yo teníamos el siguiente juego: “Que éramos buenos hermanitos y luego nos peleábamos” repetido hasta el cansancio y haciendo la mímica para cada situación emotiva. Es decir, nos abrazábamos y luego nos pegábamos unos buenos moquetazos. Para los últimos treinta minutos cantábamos “Un elefante se columpiaba…” o “Sal de ahí chivita, chivita…” Pasada esta etapa se comenzaban a ver las arboledas que se alzan al lado de la carretera los últimos diez minutos del viaje. Entonces la emoción era tremenda. Y hablábamos sobre los abuelos, los tíos, los primos y los bebés nuevos en la familia.
Llegábamos usualmente a las once de la noche y afuera de la casa de mi abuela esperaba la familia. Los tíos y abuelos sentados en sus mecedoras y los niños en la banqueta. La hora de dormir se alargaba hasta las dos de la mañana. Y mi día comenzaba cada mañana a las siete: desayunaba con mi Mami Queta y con Pichí. Por madrugadora me tocaba la nata de la leche bronca. Luego corría a visitar a todos los tíos. Hasta la fecha todos son vecinos. Con mis primos pescábamos cangrejos en las acequias, y si la pesca no era muy buena, me sentaba a leer revistas y tomar refresco en un puesto de revistas cercano y amigo. Por las tardes mis primos mayores nos llevaban al río y a veces mi papá me llevaba de pesca.
Las tardes podían variar: hacíamos obras de teatro, jugábamos a la escuelita, a la lotería, recortábamos muñecas de papel o nos disfrazábamos.
Cada noche cenaba en una casa distinta y antes de dormir, pasábamos el rato afuera de la casa, espantándonos los moscos y contando historias de miedo.

Como se ha de suponer, llegado un momento todo eso acabó.
Yo había cambiado. Mis primos también. La comunicación se volvió difícil y mis ganas de regresar al menos una vez al año de visita, se tornaron imposibles.

Sigo sin llevar una excelente comunicación con mi familia, con mis primos y primas. Somos tan diferentes. Pero algo nos ha igualado: el ser padres.
Quien siga soltero y se siente a escuchar una plática entre padres, podrá darse cuenta que entre padres no existen diferencias sociales, económicas, académicas o culturales. Casi una utopía.

Y es por eso que ahora regreso.
El río ya no lleva agua. La acequia fue convertida en calle. Mami Queta ya no está. Pero están los niños para quiénes ese pequeño viaje de una hora resulta una tortura interminable.


La arboleda


Lalo Nájera. Hijo predilecto del pueblo y único atractivo turístico.

miércoles, 23 de marzo de 2005

La Guerra de los Sexos

Family Matters

The King of Queens


George López

Center of the Universe

Yo ya lo había pensado en alguna ocasión y lo había visto en los anuncios de televisión de productos familiares. Me indignaba que el padre de familia o la cabeza de la casa fuera un hombre gordo y/o calvo y la mujer una espiritifláutica y guapísima ama de casa.

Ahora que he tenido unos días libres y he visto televisión, me siento confundida. No importa la situación racial o social o económica que retrate el programa de televisión, invariablemente el señor de la casa es feo, gordo, calvo o un inútil completo para las cosas del hogar. O todas las variantes anteriores. Y la mujer del hogar, ama de casa o no, es una belleza con todas aquellas cualidades que sólo suelen decirnos el día de la madre.

Mi confusión radica en ¿qué es lo que quieren transmitir con esos modelos? Tengo dos teorías:

Uno: La visión machista. Soy el señor de la casa. Puedo engordar y aún así estarás rendida a mis pies. Pero tú tienes que estar hecha un cuero o te dejo.

Dos: La visión feminista. Eres un gordo inútil que no sirve para nada en casa. En cambio mírame a mí, tengo una carrera, atiendo a la familia y peso 50 kilos.

¿Algún experto en mass media que me pueda explicar?

Bien. Seguiré confundida. Voy a ver Ellen.

Hey... ¿ya les dije que estoy nuevamente enamorada?

Se llama Susie Porter y ya la vi dos veces esta semana.

Tiene ese acentito como el de Russell Crowe que la hacen ver completamente adorable, mate.

Recomiendo ampliamente las películas australianas Better than Sex y The Monkey´s Mask.

martes, 22 de marzo de 2005

El sábado que salí, Fefé se preparó para estar sin mí. Rentó dos películas y compró palomitas. Antes de salir quise ver de qué películas me iba a perder. Vi el título de una y exclamé "¡Hey, rentaste Fantasía...! Eh, opa..."
No era Fantasía. Era Fantasies.
No tengo ningún conflicto con el soft porn. Realmente no.
El problema es que Fefé rentó la película, con mi credencial, en un videoclub que pertenece a los papás de una alumna. Y si no son los papás los que están atendiendo, es el hermano de otra alumna o la hija de los dueños. Que es un plomo.
Aparte de todo, la peli es un fiasco. Me resulta más sexy ver el ballet de los hipopótamos que la peliculita, de la cual ya debemos dos días más de renta porque no nos hemos animado a entregarla.


* * * * *
Ya es primavera.
Se siente en el aire.
En las moscas.
En las alergias.
* * * * *
Pues ya me mudé a Haloscan. ¿Ahora qué? ¿Por qué no me aparecen mis links? Ya sé. Me van a regañar porque no tengo mis links en el template. Bueno, intentaré con las palabras mágicas: Abracadaba! Bloglinker!!! Hokus Pokus! Bloglinker!!! Ábrete Sésamo! Bloglinker!!!!
Si esto no funciona, tendré que tomar medias al respecto.
* * * * *
Leí Queremos tanto a Glenda. Me encantó la compilación de cuentos para esa edición. Ahora intento leer El libro de Manuel y estoy teniendo problemas con la lectura. Disfruto cada palabra y cada línea para luego darme cuenta que no recuerdo qué he leído. Ayuda.
* * * * *
Necesito salir de vacaciones. La cama me ha tenido atrapada los últimos tres días. Se me comienza a llagar la espalda y el trasero debido a la inactividad. ¿Alguien tiene un plan? Debí empezar diciendo que no tengo un quinto. Ahora sí... ¿alguien tiene un plan?
* * * * *
Ayer vi a las niñas de Del Cabaret por Tele Hit. Me dio muchísimo gusto. Ya están a punto de estrenar disco y si alguien quiere entrar a su página, les encargo que les dejen muchas buenas vibras.

domingo, 20 de marzo de 2005

Cuando tenía alrededor de trece o catorce años conocí a un hombre llamado Manuel. Hombre me parecía entonces, ya que era unos diez años mayor que yo y mis amigos. Era muy agradable, simpático, querendón. Tocaba bastante bien la guitarra y la batería y por estas tantas cualidades se convirtió un poco en una especie de gurú moral.
Yo lo admiraba mucho.
Lo sigo viendo de repente. Sigue siendo muy querendón.
Anoche me acordé mucho de él.

Fefé me dejó puesto un disco de Joaquín Sabina en el auto, antes de salir con la Shelle. El disco con la grabación en acústico que teníamos había terminado por quedar inservible. En la nueva grabación metió algunas rolitas más y dejó fuera dos que tres.
Me gustan algunas muchas canciones de Sabina. Pero no podía dejar de sentir un agrio sabor en la boca cuando escuchaba Calle Melancolía, Princesa e Incompatibilidad de Caracteres. ¿Por qué?
Ahí es donde entra Manuel.
Solíamos pasar a veces las tardes en casa de amigos. Después de refrescos, pizza y papas fritas (todavía no conocíamos el alcohol ni el tabaco) Manuel tocaba su guitarra. Tocaba algunas canciones de grupos que estaban de moda entonces como Skid Row o Damn Yankees (¿se acuerdan de Can you take me high enough?) y ya más entrada la noche tocaba canciones propias.
Podría tener en aquella época trece o catorce años, pero mi sensibilidad musical era excelente entonces (si bien, muy influida por la necesidad de pertenencia de todo adolescente) y él cantaba dos rolas propias que me hacían querer llorar. Una de ellas la había escrito para una exnovia. Ambos habían estado metidos en líos de drogas. Él había logrado salir pero ella se quedó atrás. Y le dedicaba esa canción. Recuerdo que tenía palabras muy duras pero la música me dejaba siempre algo impactada.
La otra rola era más nostálgica, más tristona. Hablaba de la necesidad de amar, de la mala suerte que había tenido y cuánto quería encontrar la felicidad.
Ya que habíamos quedado algo alelados, tocaba algo para alegrarnos un poco. Esa la había escrito para su actual novia. Hasta la fecha tengo grabado dos versos que decían: Siempre que en mi techo de lámina llueve, en su buhardilla brilla el sol.
Reunión tras reunión yo pedía que las cantara. Me parecían canciones maravillosas, con metáforas deslumbrantes y música poco ordinaria, para lo que yo había escuchado por aquellos tiempos.
Claro que habrán caído en la cuenta que esas tres composiciones de Manuel no son otras que las tres rolas de Joaquín Sabina que mencioné arribita.
Por mucho tiempo tuve un desagradable dolor de estómago cuando me enteré quién era el verdadero autor. Supongo que se llama decepción. No sé a quién subestimó más Manuel, si a la música de Sabina y su permanencia, o mi capacidad para recordar.
Digo que por mucho tiempo tuve esa sensación agria en la boca, en las vísceras. Pero ya no más. He comenzado a ver a Manuel con ojos de ternura. Mira, qué deseos de agradar, de sorprender a unos pollitos de catorce años con mentiras. Ahora que estoy al frente de 30 adolescentes, me resulta fácil entenderlo.
Y después de todo, en un tiempo donde no había mucho de donde escoger, puso al alcance de mis oídos a Joaquín Sabina, bajo el nombre de Manuel.



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viernes, 18 de marzo de 2005

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Me mudé a Haloscan. Espero que funcione mejor. Al menos tiene mejor cara. Ustedes me dirán.

Todavía ando crudita.
No está bien tomar tequila en un parque público, pero a mí la música no me sabe si no estoy tomando.
Próximamente: la entrevista que la Shelle le hizo a Fernando Delgadillo.
No me busquen mañana. Me gané una cortesía para un corte de cabello en el programa de radio de la comadre y estaré pensando todo el día qué quiero para mi cabello, para terminar haciéndome el mismo corte de ñoña de toda la vida. De todos modos, este proceso puede tomarme el día entero.

Pórtense.

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lunes, 14 de marzo de 2005

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, frente al pelotón de fusilamiento el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde en que, al despertar de un sueño agitado, Gregorio Samsa se encontró en su cama transformado en un horrible insecto.
En otro lugar de la Mancha, Samsa escuchó asombrado las palabras de Lady Chatterley: “Espérame en tu casa del bosque. Iré con Justine, y llevaré sogas y un látigo, como a ti te gusta. Mientras tanto, el coronel Buendía hacia morisquetas a los integrantes del pelotón de fusilamento.
Una mañana, al despertar de un sueño agitado, un horrible insecto se encontró en su cueva transformado en Gregorio Samsa. Le dio muchísimo asco.
Samsa, o, mejor dicho, el bicho, recuerda que, salvo en su apariencia semihumana, sigue siendo un bicho, que pertenece a una familia de bichos; su naturaleza estaba dividida. No podía traicionarlos, por más bichos que fueran. Su parte humana le pedía pisar a esos bichos, y su parte bicho, los quería salvar. Terminó dándose un golpe en un ojo.
En ese momento apareció la madre del bicho y, al verlo con la apariencia de Samsa, salió corriendo mientras gritaba: “¡Socorro, un hombre!”. Samsa entendió perfectamente el asco de su madre: ella también le daba asco a él. Eran lo que se dice, una familia tipo. “No debo sentir vergüenza de que mi madre/hijo sea un bicho/humano” – pensaron los dos al mismo tiempo-. En ese momento a Samsa se le cruzó una idea por la cabeza: ¡No tendría complejo de Edipo! ¡No podía tenerlo con un horrible bicho! Cargaría con la vergüenza de ser el único de su generación sin ese complejo. Aunque, por más que tuviera seis patas, ella era su madre.
A la mañana siguiente, Gregorio Samsa, después de un sueño agitado, despertó convertido de un horrible mueble para el televisor.

Copyright.
Lucas Modím de Bastos



Finalmente me regalaron el libro de Luis Pescetti y Jorge Maronna, Copy right. Pasé todo el viernes y el sábado riéndome estúpidamente (ya sé que cada quien se ríe como puede). Pero ya me puse seria otra vez. Me preparo para ver qué otro libro llega próximamente a mis manos.
Acuérdense, ya mañana es mi cumple.
¿Ya pensaron que me van a regalar?

viernes, 11 de marzo de 2005

¿Cómo estás, mano? (qué estupidez, pero la fotito me dio mucha risa). Se aceptan piés de fotos. Posted by Hello
Nuevo horario
A Fefé lo volvieron a cambiar de horario en el trabajo. Ahora va de 10:30 de la noche a 6 de la mañana. Estoy en la gloria. Es decir, ¿para qué lo quiero en mi cama de 10:30 a 6 de la mañana? Son horas desperdiciadas. En cambio, llego yo a casa y aquí está. Y nos pasamos la tarde en la cama, y la cama puede ser muy sugerente de vez en diario. Dormitamos juntos, hacemos de comer, hablamos y hablamos.
Por mí, que su horario siga así.
Y los que estén pensando en contestarme la hipotética pregunta de “¿para qué lo quiero en mi cama de 10:30 a 6 de la mañana?” déjenme les digo que el sexo vespertino es riquísimo. Anda uno todavía con mucha energía y sexosidad.


Rana dixit
La Shelle me habló hace un rato. Platicamos un buen, teníamos un rato sin hacerlo, creo que desde la vez que fuimos a despertar a la Rana a su casa. Y antes de hoy sólo la llamada que le hice ayer a cabina, por cierto yo no sabía que estábamos al aire… qué pena. Bueno, la cosa era que me platicó del post de hoy de la Rana que yo no leía todavía. Se acordó incluso de algunas líneas que me hicieron reflexionar sobre la idea que tiene la gente de mí. Esto fue lo que leí en el post de la Rana (que por cierto su blog de hoy, como siempre, está chidísimo):

Tenía cerca de un mes que no gozaba de una noche placentera cómo la de anoche. ¡No Beba, nada que ver con sexo!

Luego recordé otro comentario en un post de Raffa:

El martes pasado (16 de noviembre, creo) sucedio un milagro en mi casa y mas especificamente, en mi cuarto!... no seas cochina Beba, no aparecio nada nuevo en mi cama, es solo que me levante a las siete de la mañana!!! =P

Y finalmente, me acordé que la Güendi había escrito algo similar:

En la noche me eche al Gringo. Con la pena, pero es la cereza en el pastel y le tengo que dar credito en mi dia tambien. No dare detalles. (No Beba y Rafa.. no insistan.)

O sea… ¡qué! ¿acaso mis intereses no son completamente normales? ¿Qué la gente normal no piensa en sexo el 90% del día?

Velita dice que soy “cogelona”. La Shelle dice que soy “sexosa” así que no me vengan con reprimendas por ser como soy. Así me quieren ¿no?
Por cierto, el deber llama.
Ahí nos vemos.

P.D. ¡Seré pervertida sexual, pero tengo buena ortografía! (imagínense que les estoy sacando la lengua)


Wondering
Íbamos camino al kinder cuando vimos volar unas palomas a la altura de un semáforo. Esto hizo que Darío preguntara: “Mamá, ¿que los pájaros no respetan los semáforos? Para no variar, la pregunta me descontroló. Pero Alex siempre tiene las respuestas adecuadas: “Sólo cuando van conduciendo un auto.”

martes, 8 de marzo de 2005

Siempre me han agradado los voceadores de periódico.
En un mundo ideal yo sería bibliotecaria, cartero o voceador de periódicos.
Pensándolo bien, voceador no. No tengo dotes de vendedor. Pero los admiro mucho.
Salgo de mi casa cada mañana a las 6:35 y ellos ya están, no sé desde qué horas, en el frío de la madrugada, con el periódico en la mano, la sonrisa en la boca, la palabra veloz en el aire.
Me agradan los voceadores de periódicos. Me hacen confiar en la gente: "Señito, no traigo cambio, aí me lo paga mañana." Yo intento ser recíproca: "Si no tiene cambio, me lo da mañana." Y sin falta, al día siguiente, el cambio está en mis manos.
De todos los vendedores de periódicos que hay en la ciudad, tengo tres favoritos. En realidad son favoritas.
La primera reparte el periódico en el Complejo Industrial Chihuahua. Es una mujer entrada en años, de cabello corto y alborotado. La imagen de la matriarca, enorme, risa alborotada, camino lento y confiado. Me saluda con un "Cómo le va, mija" o un "Cómo amaneció hoy", no importa que no le compre el periódico.
Cuando la veo, me siento abrazada por el alma de la mujer mamá. Me hace sonreír.
La segunda voceadora la encuentro frente a Plaza del Sol. Es una chica, joven, aunque me sería difícil deducir su edad. Podría tener 18 ó 30. Tiene una energía envidiable. Corre de un carro a otro, saluda a unos, platica con otros. A mí me ganó el día que vio a Darío en el auto y dijo que se parecía a mí (por una vez no dijeron que era un clon de Fefé). Además ella se convirtió en mi proveedora oficial de la Enciclopedia de Carlitos, una promoción de El Diario.
Hoy estaba en el carro y sentí dos toquecitos en el vidrio, era ella. Se ofrecía a conseguirme los números atrasados de la enciclopedia para que no me faltara ninguno. Seguí mi camino muy contenta.
Un par de horas más tarde, avanzando por el Boulevard Díaz Ordaz, encontré a mi voceadora favorita número tres.
Si ustedes la ven caminar hacia ustedes, bajen un poco la ventanilla del auto y la podrán escuchar cantar. ¡Qué voz tiene! El Diario debería hacerle un reconocimiento. Inventa canciones o les cambia la letra para promocionar el periódico. Y su voz de mezzo podría ser la envidia de cualquier cantantilla de ranchero. Es un espectáculo. Y uno sigue su camino sonriendo.

No soy nada. Nunca seré nada. Dice Fernando Pessoa. Pero somos unos "nadas" diminutos y complejos, que cuando logramos ver más allá del parabrisas del auto, nos damos cuenta de la red que formamos y como cada persona en este mundo se relaciona, se influye, influye en otros y en ocasiones, cambia de forma abrupta la vida de un desconocido.
Ningún hombre es una isla, reza un texto de John Donne como prólogo a Por quién doblan las campanas.
Creo que no hay mejor manera de decir lo que quería decir.


Día de la mujer
Estoy convencida. Este día lo crearon los hombres por tener un pretexto para agasajarse a las mujeres.
Hoy tuve miedo.
Mucho miedo.

domingo, 6 de marzo de 2005

Primicia

Siempre hemos dicho que la Shelle es nuestra gurú de Cultura Pop. Ella dice que le decimos así por no decirle Pinche naca. La verdad es que si quisiéramos decirle pinche naca, no nos andaríamos con eufemismos. Es nuestra gurú porque la Shelle posee una habilidad para capturar en su memoria momentos claves del pópulo. Por ejemplo, hoy le pregunté si sabía quién era Sergio Fachelli ¡y sí lo sabía! incluso me informó que era un tipo medio violento y que su popularidad había sido afectada a causa de una situación con un arma. O algo así. Es el tipo de cosas que recuerda. Pero no sólo eso. No sólo es capaz de bailar como Niurka sino que se sabe el Oh Fortuna de Carmina Burana. Puede recordar perfectamente quién cantaba Africa y recomendar un buen libro. Actúa diálogos completos de la época de oro del cine mexicano e invita a la muestra de la cineteca.
Bueno, pues este talentito algún día tenía que servir para algo.
De mañana en delante (que esperamos que sea mucho tiempo) la Shelle será locutora de una estación del A.M. Sólo diré que estará al aire de las 6 a las 10 de la madrugada (suponemos que no se acostó con la persona correcta para conseguir este trabajo, dado el horario que le fue adjudicado) y si ella lo aprueba o bien, lo publica, les diré en qué canina estación la podrán escuchar.
Por lo pronto ya le advertí: O me dedica Mi amigo el Puma mañana o puede olvidarse de su comadre.

¡Mucha suerte, comadre!

viernes, 4 de marzo de 2005

Psiquiatría 101

La culpa se solaza, gorda y brillante como una garrapata, en nuestra humana sangre.
Nos crece como un hongo y se permite una existencia inmisericorde.
En un niño, la culpa tiene una existencia fugaz, prerrogativa infantil originada en el limitado acervo moral.
Pero no se fíe.
La culpa puede ocultarse por años hasta que una eminencia psiquiátrica dictamine: Complejo Edípico Irresuelto.

miércoles, 2 de marzo de 2005

Regalo de Fefé en un día nublado

Que bien es dormir hasta las 2:00 pm y que la lluvia te despierte,...bueno despues te das cuenta que tu compañera 7, dejo ropa en el que tiende y sales hecho la calcuta a tratar de salvar lo que el sol tardó en tiempo....!!!!pero, Que bien es dormir hasta las 2:00pm y que la lluvia te despierte, ...bueno despues te das cuenta que tu compañera 6, dejo unos burritos de frijolitos en la cocina y le envias un Gracias y un pequeño suspiro....!!!!pero, Que bien es dormir hasta las 2:00pm y que la lluvia te despierte, ...bueno despues te das cuentaque tu compañera 5, dejo su Guitarra en la sillla de la estancia y que cuando el hombre se levanta despues de prepararse una cafe y elburrito calientito, se da cuenta que su compañera 4 esta recobrando su vida pasada, y que al hombre le fascinan estas cosas de la individualidad porque supone que su compañera 3 esta un poquito mas feliz...!!!!pero, Que bien es dormir hasta las 2:00pm y que la lluvia te despierte, ...bueno despues te das cuenta que tu compañera 2 no tarda en llegar y Yo no me he bañado!!!!.... asi que solo me falta añadir que la quiero compañera 1 usted siempre sera la primera!!!.

el Fe-fe

martes, 1 de marzo de 2005

Hace siete años metí mi guitarra en el clóset.
Solía sentir su mirada recelosa y yo la evadía, cerrando nuevamente las puertas, temerosa de su vista.
Muchas veces me preguntaba qué seguía haciendo ahí. En muchas ocasiones quise regalarla, hacerla desaparecer, dársela a los niños para que terminaran el trabajo que el tiempo estaba realizando. Y es que yo sabía que no se abandona a alguien en esa forma, con las cuerdas apretadas y sin un estuche de protección. Otras veces simplemente la ignoraba.
Por eso no sé por qué, ayer que abrí el clóset, decidí bajarla.
Culpa, nostalgia, vergüenza, qué sé yo.
Me senté con ella y la abracé largamente contra mí, tocando sus clavijas, acariciando la curvatura de la caja que tan bien se me adaptaba.
Me hizo recordar la primera vez que la vi.
Tenía 15 años y yo estaba con mis amigos. Regresé a casa por mi bolsa. Mi mamá estaba en la cocina, abriendo el empaque de su deslumbrante horno de microondas. Iba de salida cuando mi papá me dijo que me asomara a mi cuarto. Sobre la cama estaba mi Tres Pinos.
Yo quería una guitarra, aunque no se lo había dicho a nadie. Habría aprendido a tocar un poco de piano en los años anteriores y mis amigos me estaban enseñando a tocar la guitarra. Grité, salté sobre la cama y corrí con ella en los brazos de nuevo con mis amigos. Olvidé nuevamente la bolsa, pero no me importó.
Por los siguientes siete años toqué de manera interrumpida. A veces con urgencia y otras con obstinación. Aprendí un par de piezas de guitarra clásica, un buen número de cantos y muchos boleros.
Fuimos a serenatas, a cumpleaños, a reuniones.
Uno no olvida tan fácilmente. Eso es lo malo. Uno no olvida por que abandona ciertas cosas, no se olvidan las culpas y algunos rencores. Pero cuando se superan, es posible volver a empezar.
Ayer la tomé de nuevo. Recordé algunos acordes, uno que otro arpegio. Es gratificante. Es grato volver a sentir el ritmo de las cuerdas y del corazón.

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Tras largos años de pelear contra el cáncer, mi tía Tere por fin descansa.
Mujeres, cuídense. Por favor.

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Una editorial me ofreció la posibilidad de impartir un diplomado para maestros en el área de fomento a la lectura. Ya tengo casi todo listo. Sólo me falta pensar cuánto voy a cobrar. Será un taller de 10 horas. Se aceptan sugerencias.